LA "CUCA" ANTÓN... LA MUJER SÍMBOLO DE LA REPRESIÓN

"Los años de plomo", definición retórica y siniestra de una época oscura de la historia nacional. Los ´70 fueron años icónicos por la sucesión de hechos trascendentes, sobre todo políticos, que marcaron a fuego la identidad nacional. Entre 1974 y 1975, los atentados y hechos de violencia perpetrados por Montoneros y el ERP (durante el gobierno constitucional de "Isabel" Perón), desataron una espiral de violencia incontenible. El golpe de estado de 1976 y el decreto de "aniquilamiento de todo elemento subversivo", dictado anteriormente al golpe, por el presidente interino Luder (Isabel estaba de licencia), para restablecer el orden, terminó de desmadrar todo, pues las Fuerzas Armadas consiguieron el "elemento legal" para reprimir. Sin embargo, los excesos fueron notorios y demasiados. La historia de hoy, fuerte y macabra, tiene como protagonista a una mujer, que reprimió y torturó a detenidos (algunos hoy desaparecidos), en los centros clandestinos de detención de Córdoba. Mirta Graciela "Cuca" Antón, ostenta el triste privilegio de ser la única mujer condenada a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. Nació el 11 de noviembre de 1953, hija de Herminio Antón, también policía, y de Martha Lidia Belén. Además de  "Cuca", la familia la conformaban sus otros 4 hermanos : Herminio, Gabriel, Walter y Ada. Sus padres se conocieron en un concurso de canto en la radio LV3, donde Herminio era el pianista (luego ingresaría a la policía) y Martha concursaba (luego dejó de lado su carrera artística y se hizo costurera). Durante la Revolución Libertadora del ´55, su padre, ferviente peronista, fué detenido y encarcelado por los militares en un allanamiento. Su esposa debió limpiar casas de familia todo el día para subsistir, por lo que los hermanitos Antón fueron criados por sus abuelos, Alcides y Rosario, quiénes vivían enfrente. Como eran analfabetos, para hacer las tareas escolares, Mirta debía cruzarse al frente para que su madre la ayude. "Cuca" estudió en el Liceo de Señoritas y luego quiso estudiar psicología. Su padre, que había alcanzado el grado de comisario, le propuso entrar a la policía, para tener un sueldo y así, pagarse los estudios. Hizo el curso de ingreso e, igual que sus hermanos Herminio y Walter, ingresó a la fuerza, el 1° de febrero de 1974, a los 20 años, en el sector Orden Social y Político. Luego, fue derivada al Departamento de Informaciones de la denominada D2, ubicada en Pasaje Santa Catalina, entre el Cabildo y la Catedral de Córdoba. Allí rotulaba los elementos que se secuestraban a los "presos políticos", (según consta en su legajo, estuvo hasta el 22 de diciembre de 1975 y, volvió a ingresar el 18 de marzo de 1976, hasta el 11 de enero de 1984). También conoció ahí al amor de su vida, Raúl "Sérpico" Buceta, compañero de trabajo de la misma edad. Él le propuso noviazgo luego de algunas salidas, pero había un inconveniente : "Sérpico" ya estaba separado y tenía una hija, a pesar de su corta edad. Obstinado, le contó la situación a don Herminio y, éste terminó aceptando. Se fueron a vivir juntos, aunque no podían casarse (recién lo hicieron en 1991), porque aún no existía la ley de divorcio. En 1975, ambos fueron enviados a Buenos Aires a realizar un curso de "Análisis y explotación de material terrorista". Durante ese lapso, un grupo guerrillero puso una bomba en la casa de sus padres, quiénes se salvaron de milagro. Al poco tiempo quedó embarazada de su primera hija. En su trabajo en la D2 mostró su peor cara. Según relató Charlie Moore, sobreviviente de la D2, Mirta, su esposo y su hermano, todos policías, salían a "cazar" jóvenes militantes con "carnadas" humanas. Una noche, mientras Buceta (su marido) y Herminio (su hermano) esperaban en el auto, "Cuca" esperaba junto a una joven detenida en la D2 en una parada de colectivos. Mientras le hablaba como si fuera su amiga, ella le apuntaba con un arma en las costillas y le ordenaba : "Hablame, sonreí". Minutos después, dos jóvenes se acercaron y saludaron a la chica. Aunque la joven se esforzó en no darles conversación, Mirta se dió cuenta que eran compañeros de universidad. Al quedar solas, volvieron al auto y sentenció : "Dos más en la lista". Cuándo llegaron a la D2, entre los 3 torturaron a la chica hasta que les dijo los nombres de sus compañeros. Era especialista y disfrutaba aplicando la picana eléctrica a las mujeres, en la vagina, los pechos, el estómago y las orejas. Cometía éstas atrocidades estando embarazada y las víctimas también lo estaban. El antes mencionado Charlie Moore, en el juicio en su contra, la acusó de torturar a su esposa, Mónica Cáceres : "La metió en una pieza y empezó a torturarla. No le preguntaba nada porque en realidad de esa forma quería torturarme a mí. Mientras la amasijaba, se reía como una loca. Se vestía como una puta de cabaret, con jeans ajustados, zapatos con tacos y toda pintarrajeada. Eso le daba un tinte grotesco a su maldad". En el mismo juicio, Ramona Domínguez, ex policía de la D2, declaró que allí "las mujeres no torturaban, a excepción de Mirta Antón, que era jóven y tenía muchas ínfulas". Al respecto, Charlie Moore, quién luego investigó, declaró que "Antón y los grupos de tareas de la D2, mataron al menos a 12 policías y se mostraron después acongojados ante sus familiares, a quiénes ofrecieron custodia para prevenir "posibles atentados". En el colmo del cinismo y la impunidad, comenzaron a robar, como piratas del asfalto, pero vestidos de policías. Al regresar, sacaban el dinero robado de las bolsas y se lo repartían. Y... como frutilla del postre... pusieron un negocio... dónde vendían lo robado. También Moore la describe con respecto a su accionar : "Matar le daba placer. Era la perfecta asesina. Si vos querías contratar a una mujer para que se lo charle al tipo y lo asesine, la Cuca era la persona indicada. Se hacía la pendejita inocente y después te mataba de 5 tiros. Estuvo metida en la mayoría de los asesinatos de la D2. Y en los crímenes de policías estuvo envuelta en todos". Mirta Antón formaba parte del grupo paraestatal "Comando Libertadores de América", integrado por suboficiales de la policía de Córdoba, creado por el represor Luciano Benjamín Menéndez con el fin de combatir a grupos de izquierda. El mismo comenzó a actuar mucho antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Entre los integrantes de éste grupo, además de Mirta Antón, figuraban su hermano Herminio "Boxer" Antón, su marido Raúl "Sérpico" Buceta, Carlos "Tucán Grande" Yanicelli, Calixto "Chato" Flores, Luis "Cara con Riendas" Lucero y Miguel "Gato" Gómez. Otros testimonios son tremendos, como el de María del Rosario Miguel Muñoz, secuestrada en 1975 : "Cuándo llegué al D2, me sodomizaron, me golpearon después y me pusieron en un patio hasta la mañana. Creo que eran como las 7 y llegaron los torturadores que marcaban tarjeta, como su fueran panaderos. Me llevaron a una sala de torturas con toda la panoplia de la tortura : picana, submarino. Mientras era golpeada e interrogada, una torturadora que tenía tacos altos de aguja saltaba sobre mí. Luego supe que estaba embarazada. Al mediodía los verdugos se retiraron a almorzar y al regresar me hicieron un simulacro de fusilamiento". También declaró Humberto Vera, delegado de una fábrica, detenido en 1974, el cuál expresó : "Me pinchaba con alfileres y me pisaba los testículos con los tacos de sus zapatos. Era Antón. Pude verla cuándo se me corrió la venda. La reconocí porque íbamos al mismo club de baile". Más desopilante fué la expresión de Gloria Di Rienzo, otra detenida :" Cuándo me torturaron, ella me retorció los pezones y me tiró agua caliente para que abriera las piernas y los policías me pudieran violar". También declaró Carlos Eduardo Santa : "Entre tantos hombres, escuché la voz de una mujer. Era la "Cuca". Después de acercarse a mí y decirme un montón de groserías, me dijo los nombres de cada uno de los que vivían en mi casa, cerca del hipódromo, en Barrio Jardín. Supongo que ella vivía por ahí. Muchas veces escuché hablar de ella y del sadismo que tenía, especialmente con las mujeres". Antón y su marido se retiraron con los años de la policía. Él moriría trágicamente electrocutado en la pileta de su casa y ella vivió tranquila hasta el 28 de junio de 2009, cuándo por disposición del Juzgado Federal N° 3, fué detenida cuándo se presentó a votar en las elecciones legislativas. Ese día, entró a una escuela e hizo la fila para entrar al cuarto oscuro, saludó a dos vecinos y esperó su turno. Antón, que luego escribió un diario personal, se refirió al respecto : " La presidente de mesa era una señorita a la que conocía de la infancia, su madre tenía una mercería y ella siguió con ese negocio. De pronto, en la puerta, ví a un hombre, que me parecía extraño y que hablaba por celular. Tenía un rompevientos rojo y azul. Sus movimientos eran ansiosos. En la fila había otras dos mujeres, que nunca había visto en el barrio. Mi corazón me decía que algo extraño estaba ocurriendo. Entregué mi documento, pasé al cuarto oscuro y, cuándo salí, me interceptó el hombre del rompevientos. Me pidió el documento, noté que le temblaban las manos y se identificó como policía. Enseguida aparecieron las dos mujeres de la fila con un con un sobre que anunciaba mi detención". Ella siempre se declaró inocente. Así se lo hizo saber a Ana Mariani, quién escribió el libro "La Cuca". El apelativo se lo pusieron allí en relación a su comparación con las cucarachas : "Yo jamás trabajé en la calle. Jamás use un arma contra nadie. Nunca disparé una bala....! No maté a nadie..¡¡ El 25 de agosto de 2016, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° |1, la condenó a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención de La Perla, Campo de la Ribera y el D2. El juicio fué conocido como "Megacausa de la Perla". Junto a ella fueron procesados 45 represores por torturas y homicidios. Se presentaron 900 testigos. A ella le imputaron 211 delitos, desglosados en : 73 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas (por el hecho de ser policías), 76 imposiciones de tormentos agravados, 56 homicidios calificados, 2 imposiciones de tormentos seguidos de muerte, 1 tentativa de homicidio calificado y 3 abusos deshonestos agravados. Fué trasladada a la cárcel de Bower, dónde al principio le negaron la prisión domiciliaria, pero luego se la concedieron por razones médicas al padecer un cáncer de mama avanzado. El argumento para tal resolución sostiene : " Si bien la interna no requiere intervención hospitalaria, la condición de encierro y las situaciones vivenciales, la edad de la paciente, el diagnóstico actual y el hecho de estar lejos de sus afectos, son condiciones que pueden agravar las patologías existentes e impedir su recuperación". Una conclusión parecida sacó el médico forense de Tribunales Federales : "... la edad, las patologías que padece, en particular un cáncer de estado avanzado, se encuentran condicionantes y agravantes para el alojamiento carcelario, por lo que se sugiere prisión domiciliaria para mejor acceso a centros de estudio y tratamiento de las afecciones. Fijó domicilio en Barrio Cerveceros, dónde no puede ausentarse del mismo sin autorización previa del tribunal, bajo apercibimiento de revocación del beneficio acordado". Una de sus hijas, Soledad Gómez, fué designada a cargo de la supervisión de la pena de su madre. Existe una foto emblemática de la megacausa de La Perla, en la que están sentados todos los represores escuchando la sentencia, con Videla y Menéndez en primera fila y Antón, la única mujer, dos escalones más arriba. Ésta es la historia de una mujer "oscura", cuyo mayor placer era torturar. Incrédula, una amiga de la infancia, Liliana, no sale de su estupor : "No puedo dejar de preguntarme que los llevó a ser torturadores y asesinos..¿ que vivieron ? ¿ Qué parte nos perdimos de lo que pasaba entre esas 4 paredes ? ! Cómo puede ser ¡¡  Éramos como hermanos. Iban a mi casa a tomar la leche con el pan que hacía mi abuela. Los considerábamos de la familia. Es la época de la infancia y no te la podés olvidar nunca". La respuesta puede estar en una reflexión acerca de la tortura : "El mal y la perversión no tienen género. Una mujer o un hombre pueden llegar a torturar de la misma manera"...


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