HORACIO ACCAVALLO, CAMPEÓN DEL MUNDO, TAMBIÉN DE LA VIDA
Hay un estigma que persigue a los deportistas de origen humilde, sobre todo los futbolistas y boxeadores. Tal situación alude a la dilapidación de los dineros (en algunos casos, fortunas) ganados por su actividad, en lujos innecesarios, excesos y frivolidades, propias de personajes del jet-set internacional o la farándula local. Éstas actitudes no les permiten "asegurar su futuro", pues la mayoría de las veces no invierten y terminan malgastando el capital ganado. Resultado : una vez retirados de la actividad vuelven a la misma pobreza y miseria con la que se iniciaron. Sin embargo, hubo excepciones. Pocas, pero las hubo. Y, uno de los casos más reconocidos fué el de un campeón mundial de boxeo. Horacio Enrique Accavallo, nació en Lanús Oeste, en el asentamiento marginal de Villa Diamante, el 14 de octubre de 1934. Su padre, Roque, inmigrante italiano, de la zona de Pietropertosa y, su madre, Balbina, oriunda de Lalín (Pontevedra), en la región de Galicia, eran analfabetos, pero con una enorme contracción al trabajo, virtud que supieron transmitir a sus hijos. "Roquiño", (diminutivo heredado del nombre de su padre), se crió junto a sus 4 hermanos en "La Quema", depósito de basura de la ciudad, juntando cartones para poder venderlos y, así sobrevivir. También se ganó la vida como lustrabotas, botellero y trapecista (dónde también hizo de faquir, contorsionista y equilibrista), gracias a la gran plasticidad de su cuerpo. Decidió probar suerte en el boxeo, dada su gran condición atlética. Realizó su primera pelea profesional el 21 de septiembre de 1956, a los 22 años, venciendo por knock out técnico, en el 5° round a Emilio Ávila. Siempre fué un "buscavidas" y, a los 27 años, siendo ya campeón argentino y sudamericano mosca, inauguró la Galería "Horacio Accavallo", ubicada en calle Osorio esquina Warnes, en Villa Diamante, el barrio en que vivió desde los 5 años. En ese lugar alquilaba de todo : trajes, zapatos, heladeras, ollas, mesas de mimbre y jardín, entre tantas cosas. También probó suerte con una pizzería, un restaurante, una mueblería y una heladería. Su carrera boxística seguía en ascenso y logra una chance internacional, en 1965, contra el campeón mundial de la categoría, el italiano Salvatore Burrini, pero éste lo venció en un discutido fallo en el combate realizado en Cagliari. Debido a su buena actuación , consigue la revancha. Burrini aceptó venir al país, a cambio de 30.000 dólares, pero el italiano no quiso exponer el título. Accavallo le dió una paliza descomunal en el Luna Park. Ante éste cuadro, Burrini eligió otro retador para pelear por el cinturón y no a Accavallo. El desaire del campeón obligó a la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) a despojarlo del título (ni lerdo ni perezoso, Burrini se pasó al flamante CMB) y, ordenó una pelea entre el N° 1 del ránking (Accavallo) y el N° 2, el japonés Hiroyuki Ebihara, (pues el título quedaba vacante), a disputarse en febrero de 1966, en Tokyo. La comitiva nacional partió hacia Japón, integrada por el empresario Juan Carlos "Tito" Lectoure, el entrenador Juan Aldrovandi, el médico Luis Mancuso y el mánager Héctor Vaccari. Pero, en las semanas previas a la pelea, Ebihara se lesionó y la AMB ordenó que Accavallo permaneciera en Tokyo y que peleara con el N° 3 del ránking, el japonés Katsuyoshi Takayama. La entidad boxística puso como condición obligatoria que, el ganador de ese combate, debía aceptar como primer retador a Ebihara. La pelea tuvo lugar el 1° de marzo de 1966, en el estadio "Kuramae", el mismo en el que 12 años atrás, Pascual Pérez se consagrara como primer campeón mundial argentino. Otra coincidencia fue que, el árbitro estadounidense Nick Pope (un ex oficial que combatió en Pearl Harbor, en la 2° Guerra Mundial), también dirigió el combate que consagró a Pérez. Accavallo, quién siempre tuvo problemas para dar la categoría, llegó con el límite permitido del peso, 50,800 kgs. Antes de comenzar la pelea, hubo una acción insólita y artera (aunque legal) de Takayama : mientras al argentino le colocaban el protector bucal, el nipón se acercó trotando hacia Accavallo (quién se encontraba de espaldas). Sonó la campana, "Roquiño" se dió vuelta y, el japonés, en lugar de saludarlo, le propinó un violento y traicionero golpe en el rostro. Si bien puede decirse que fué reglamentario, estuvo fuera de todo código de honor. Aunque sentido, Accavallo absorbió el golpe y mantuvo la pelea pareja hasta el 3° round. El 4° asalto lo ganó claramente y en el 5° y 6°, sendos ganchos de izquierda y de derecha al estómago, hicieron tambalear a Takayama. Luego, el nipón se recuperó, ganando el 8° y 9° round. Finalmente, Accavallo ganaría por puntos en decisión dividida : el árbitro Pope falló a favor de Accavallo por 73 a 69, el argentino Eloy González, también vió ganador a "Roquiño" por 74 a 66 y el japonés Ko Tayama, en un fallo totalmente localista vió vencedor a Takayama por 71 a 70. Era el segundo campeón mundial argentino de la historia (luego de Pascual Pérez) y, esa noche celebraron en la embajada argentina con empanadas y vino. De la velada participó el eximio guitarrista Eduardo Falú, quién justamente se encontraba de gira por Japón. Al respecto de la pelea, el campeón, años después, recordó : "Me cambiaron los guantes, ya en el 3° round tenía los nudillos destrozados, la pelea fué pareja hasta el 8° round, después lo tuve tambaleando a Takayama y, si no pude noquearlo fué porque con cada golpe, me dolían las manos". Al regresar al país, la bienvenida fué apoteótica, con una caravana que lo acompañó desde Ezeiza al Luna Park. La 1° defensa la realizó, justamente en éste estadio, el 15 de julio de 1966, ante Hiroyuki Ebihara, como había establecido la AMB. En ésta ocasión, Accavallo salió airoso, venciendo por puntos en forma unánime. La segunda defensa fué la más complicada ante el mexicano Efren "Alacrán" Torres, quién le provocó un corte grande y profuso en la cara, incluso esa noche Accavallo "besó la lona". El corazón y coraje del argentino le permitió imponerse por puntos en fallo unánime. Al año siguiente, el 11 de agosto de 1967, enfrenta nuevamente a Ebihara, en su 3° defensa, al cuál vence por puntos. En ésta ocasión, cada round fué fallado otorgando 20 puntos. Las tarjetas marcaron 297- 296 y 298 -293 a favor de Accavallo. La restante marcó empate en 294 puntos. Pero, al año siguiente, el 1° de octubre de 1968, después de una sesión de entrenamiento en el gimnasio del Luna Park, se dirigió a la oficina de "Tito" Lectoure para comunicarle su retiro de la actividad, porque "el cuerpo ya no respondía". Anunció públicamente su retiro el 2 de octubre de 1968, doce días antes de cumplir 34 años, en una conferencia de prensa en el salón central del Lomas Sud, en Lomas de Zamora, acompañado de su mánager Héctor Vaccari. "Estoy saturado, ya no tengo el entusiasmo de antes para entrenarme. Para defender el prestigio del país, hay que estar muy seguro de poder realizar el sacrificio que exige un entrenamiento a fondo. Estoy triste por dejar el título, pero debo reconocer que siento una oculta alegría, porque ahora que dispondré de más tiempo, voy a ser más útil a la sociedad". La prensa especializada calificó la decisión de "inesperada, aunque ejemplar y entendible". Se retiró con un récord de 83 peleas, las cuáles venció en 75 de ellas (34 por knock out), 6 empates y sólo 2 derrotas (por el italiano Salvatore Burrini y el japonés Kiyoshi Tanabe). Nunca, como hacían la mayoría de los boxeadores retirados, quiso volver a pelear. En una sola ocasión, se calzó los guantes en una exhibición en el Luna Park, junto a otros ex campeones mundiales, como Nicolino Locche y Miguel Ángel Campanino, el 13 de diciembre de 1980, cuándo tenía 46 años. Luego de su retiro y, con sus ahorros, inició un emprendimiento comercial que aseguró su futuro y le permitió vivir cómodamente, "Accavallo Deportes", dedicado a la venta de indumentaria deportiva. Llegó a tener 30 locales comerciales distribuidos en el Gran Buenos Aires, siendo, además, el mayor distribuidor de Adidas en Argentina. Las claves de su éxito fueron la excelente administración de los dineros ganados y su gran contracción al trabajo : "Gané muy bien, pero también invertí bien. Ganaba un peso y a los dos meses tenía diez. Además, nunca le esquivé al bulto, al laburo. Cuándo era campeón del mundo, yo mismo bajaba la mercadería del camión repartidor. La verdad es que supe usar la plata, supe escuchar los buenos consejos", expresó en una nota concedida a la revista "El Gráfico", en 1975. En 1980, en ocasión de la 1° entrega de los premios "Konex", recibió el diploma al mérito, como uno de los mejores 5 boxeadores del país. Nunca olvidó sus orígenes, a tal punto que, en octubre de 2001, participó de la 1° Jornada Multisectorial sobre Reciclado y Recicladores, realizada en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí fué elegido presidente honorario de la Mesa Coordinadora de Recolectores de Residuos de C.A.B.A. y el Conurbano. En su discurso, dijo : "Hay que buscarle la vuelta para que los cirujas puedan ganarse el manguito. Yo voy a poner todo el esfuerzo para que así sea". Era fanático de Racing y, asiduamente concurría a ver a su "Academia". Como reconocimiento a su fidelidad al club, el gimnasio de boxeo del Polideportivo de Avellaneda, inaugurado en mayo de 2009, lleva su nombre. Se había ganado el respeto de la sociedad y, por ello, integraba el "Jurado de Notables" para definir anualmente el Premio "Consagración" del diario Clarín, junto a otras glorias del deporte, como José Froilán González, Roberto De Vicenzo, Amadeo Carrizo, Noemí Simonetto, Juan Carlos Harriott y Carlos Raffaelli, entre otros. Siempre abundaron los reconocimientos, pues en la primera defensa del título mundial supergallo de Sergio Víctor Palma, frente al panameño Ulises Morales, en el Luna Park, portó la bandera de ceremonias. También, el 13 de julio de 2002, en ocasión de la pelea mundialista entre Omar Narváez y el nicargüense Adonis Rivas, en el Luna Park, la Federación Argentina de Boxeo, decidió homenajear a los (hasta ese momento), 16 ex campeones mundiales del país. Conmovido, Accavallo, declaró : "Me pellizcaba solo porque no lo podía creer, un Luna Park colmado. Parece una de las grandes noches. Estoy emocionado, se me caen las lágrimas". En cuánto a lo personal, muy joven se casó con el amor de su vida, Ana María Sawicz, con quién tuvo 4 hijos : Horacio, Analía, Silvana y Gustavo. Sin embargo, la vida lo golpearía duro, el 9 de junio de 1998, cuándo en un accidente vial, falleció trágicamente su hija Silvana. Ese día, a las 13:30, la joven de 25 años, cuándo cruzaba la avenida Caseros, a la altura de la calle Catamarca, fué golpeada violentamente por el espejo retrovisor de una pick up Ford F-100 que doblaba. Murió en el acto. Al respecto, años después, compungido, dijo : "Hay que tener hijos para saber lo que significa ésto. Cada día que pasa se me evapora la imagen de Silvana. A un padre o a una madre, perder a una hija le arruina el resto de su vida. Ésto me ha destrozado por completo". Fué reconocido por el arte, tanto en el cine, como en la música, ya que en 1968, al retirarse, filmó, junto a la actriz Simonette, la película "Destino para dos", dirigida por Alberto Dubois, donde se interpreta a sí mismo. En televisión era asiduo invitado al programa humorístico de Pepe Biondi, "Viendo a Biondi". En 1986, participó del documental de Carlos Sorín, "La era del ñandú". Sin embargo, una de sus actuaciones más recordadas, ocurrió cuándo le puso su voz a la introducción del tema "Piñas van, piñas vienen", del álbum "Viva la alegría, vieja...!!!", de la banda punk porteña "Dos Minutos". En el inicio del tema, con su característica voz ronca, "Roquiño" dice : "No me bajes los brazos pendejo, vamos todavía". Desde 2010, comenzó a tener problemas neurológicos, que más tarde, lamentablemente, confirmarían un principio de Alzheimer. En 2020, con el mal avanzado, fué internado en un Centro de Rehabilitación Neurológica. Tras 12 años de batallar contra ese mal, "Roquiño" falleció el 14 de septiembre de 2012, a un mes de cumplir 88 años. Dejó un legado, su hijo Horacio, maneja uno de los locales de su empresa, llamado "El Campeón" que, aún funciona en Caseros al 2700, en Parque Patricios. Allí hay un pequeño museo donde hay capas, guantes, indumentaria y fotos de él. Horacio Accavallo rompió el molde y salió del halo negativo creado sobre la dilapidación de los dineros ganados y la posterior miseria de los boxeadores. Como coincidencia positiva, el 14 de septiembre, fecha de su muerte, en Argentina se celebra el día del boxeador, en conmemoración de la "Pelea del Siglo", disputada en 1923 entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey. Su ejemplo de vida y superación, él mismo lo expresó, de manera simple, como era él : "Mis padres me enseñaron que la vida es lucha, que cuándo se gana el pesito, hay que cuidarlo. No sabían leer ni escribir, pero después una de las mejores satisfacciones de mi vida fué hacerles una casa en Parque Patricios"... Una forma de vida y un ejemplo a seguir...
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