"ACÁ NADIE SE RINDE...M..." CRÓNICA DE LA "OPERACIÓN PRIMICIA", ATAQUE FRUSTRADO, PERO SANGRIENTO

Hay frases que quedan eternizadas en la memoria colectiva de un país, unas más conocidas que otras, o pronunciadas por próceres reconocidos o héroes casi anónimos. La rica historia de nuestro país, por muchísimos años, ha sido marcada por las luchas internas que nos desangraron como Nación, la mayoría con tinte trágico. Nuestra historia de hoy, surge a partir de una emblemática y enérgica frase pronunciada por un soldado conscripto, ante un ataque subversivo a su cuartel y, que serían las últimas de su vida. Pero ésta dramática historia tiene un comienzo feliz... Nos ubicamos en la lejana (para la mayoría de los habitantes) Formosa, más precisamente en el inhóspito Paraje Lamadrid (Departamento Patiño), ubicado a 30 kms. de la localidad de Las Lomitas, muy cerca de la frontera con Paraguay. Allí, en ese lugar, dónde sólo hay 2 o 3 casas precarias, sin luz eléctrica, habitan Jesús Luna, quién se gana la vida como albañil, su esposa Secundina Vázquez, experta en amasar un riquísimo pan que vendían en la zona y 13 hijos (10 varones y 3 mujeres), quiénes a medida que iban creciendo, ayudaban en la economía de la humilde familia. Entre los varones se encontraba el protagonista de ésta entrega : Hermindo Luna, nacido el 26 de junio de 1954 y, como todos los hombres del clan, trabajaba en el campo, especializándose en el cuidado de los animales. Ello lo llevó a convertirse en un hábil baqueano, dónde el monte era una extensión de su casa, además de una marcada fortaleza física. Pasado un tiempo, la familia de mudó a Las Lomitas, aunque seguían trabajando en los sembradíos. Hermindo, junto a sus hermanos mayores, Nicasio y Mario,  construyó un horno de ladrillos, buscando otra salida laboral. Ninguno de los hermanos fué a la escuela en su niñez, por el simple hecho que no había ninguna cerca de dónde vivían. Pero, ya en Las Lomitas, Hermindo se esforzó y, a los 18 años, finalizó la escuela primaria nocturna. Le gustaba ir al cine a ver películas de acción y tenía el hobby y la habilidad de dibujar y pintar. Su hermana menor, Jovina, cuenta al respecto : "Lo hacía muy bien. Cuándo yo era chica, con mis hermanos, veíamos los dibujos y los rompíamos, de puro traviesos que eramos. Qué arrepentida estoy de no haberlos conservado". Sin embargo, a pesar de las inocentes travesuras de sus hermanos, Hermindo no se enojaba, pues era muy compinche de ellos. También le gustaba el fútbol, era hincha de River, pero no por fanatismo, sino porque era el club de su madre, por la que sentía profunda devoción. Como ocurría con todos los jóvenes de la época, salió sorteado para hacer el servicio militar obligatorio. El sorteo se transmitía por radio y toda la familia estaba pegada al receptor, pendiente de la suerte de Hermindo. De acuerdo al número que le tocó, iría al Ejército, pero estaba nervioso porque su hermano mayor lo había hecho en la Marina, en Buenos Aires. Tuvo más suerte, ya que le comunicaron que debía prestar servicios en el Regimiento de Infantería N° 29 , de Formosa. Al menos, quedaba en su provincia. Cuando partió al Regimiento, toda la familia (que se había levantado más temprano que de costumbre) fué a despedirlo a la estación. Cuenta su hermana que se lo veía feliz y sonriente, agitando sus manos por la ventanilla, diciendo adiós. Debido a sus conocimientos de campo, estaba a cargo de la caballeriza del cuartel, tarea que disfrutaba, Gozaba de un buen concepto, pues sus superiores informaban que siempre estaba dispuesto a colaborar. En junio le dieron la primera licencia y volvió a Las Lomitas para visitarlos. Unos meses después, su hermanita Jovina cumplía 11 años y, como regalo pidió un viaje en tren, pues ella nunca había usado ese transporte. Quería visitar a su hermano. Era 1° de octubre y, luego de estar juntos un buen rato, Hermindo se despidió de ella con el clásico tirón de orejas, diciéndole : "Que la pases bien y decile a mi viejita que pronto voy a ir a verla". Fué la última vez que vieron con vida a Hermindo. Llegamos así al domingo 5 de octubre de 1975. Después de almorzar, los conscriptos habían jugado un partido de fútbol y se dirigieron a las duchas. Luego de ello, una reparadora siesta. Ese día la Agrupación "Montoneros" llevaría a cabo la "Operación Primicia", dónde se daría el bautismo de fuego del comando terrorista, en pleno gobierno democrático. La misma estaba a cargo del N° 4 en la cadena de mando de "Montoneros", el ingeniero químico santafesino Raúl Clemente Yaguer, alias "Roque", "Mario" o "El Gringo". Su objetivo era apoderarse de armamento bélico del Regimiento N° 29 de Formosa. La primera etapa de la operación consistió en el secuestro de un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas, con 106 pasajeros a bordo, que cubría el trayecto desde Aeroparque hasta Corrientes. Tras su captura, el vuelo fué obligado a desviarse a Formosa. Simultáneamente, otro grupo copó el Aeropuerto Provincial "El Pucú", acción en la que un policía fué asesinado. Mientras tanto, en el cuartel había un infiltrado. El traidor en cuestión era el soldado Luis Mayol, santafesino, estudiante de derecho y militante montonero. Él fué quién, a las 16:25 horas les abrió las puertas de entrada a 5 camionetas, con 30 montoneros a bordo. En el puesto N° 1 es abatido el conscripto Edmundo Sosa, quién había cedido su franco a otro soldado que necesitaba viajar a Clorinda para ganar unos pesos acarreando bolsas de harina que, de contrabando, iban a Paraguay. A continuación, el sargento Víctor Sanabria intenta operar la radio para dar alerta de la situación, pero es abatido antes de poder hacerlo. Ingresaron a la cuadra y, a sangre fría, asesinan a 5 soldados mientras dormían. En la otra cuadra, sentado con su fusil entre las piernas, Hermindo Luna custodiaba el sueño de sus compañeros. Se levantó a dar una ronda y se topó con 5 montoneros provistos de fusiles FAL. Uno de ellos le grita : "Rendite negro, dame el arma que la cosa no es con vos". Luna, fusil en mano, lanza la frase que, hoy ya forma parte de la historia : "Acá no se rinde nadie, mierdas..!!! Trascartón, una ráfaga de ametralladora prácticamente lo partió en dos. Cayó mortalmente herido, sin largar su FAL. El cuadro era tremendo, las vísceras se le escurrían por los agujeros abiertos por los balazos. Murió de a poco, gritando de dolor que lo mataran de una vez. Ésto terminó alertando a sus otros compañeros que dormían la siesta. Algunos soldados intentaron refugiarse en los baños, por lo que los Montoneros les arrojaron granadas por las ventanas. En tanto, el el soldado traidor, Luis Mayol, guió a los atacantes al depósito de armas, pues el objetivo del ataque era robarlas, pero se encontraron con una fuerte resistencia de los conscriptos, algo que no esperaban. El botín fué magro : 18 FAL (Fusil Automático Liviano) y 1 FAP (Fusil Automático Pesado). Emprendieron la retirada, temiendo que llegaran refuerzos al cuartel. Sin embargo, una ametralladora que los soldados habían puesto sobre el mástil provocó numerosas bajas a Montoneros. Paradójicamente, al soldado infiltado Mayol, se le trabó el fusil al querer matar al subteniente Massaferro y, también cae acribillado. Además de Massaferro, en defensa del cuartel, murió el sargento Víctor Sanabria y los soldados Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Edmundo Sosa, Tomás Sánchez, Marcelino Torales, Alberto Villalba y Hermindo Luna. El saldo fué de 24 muertos (12 por cada lado). Al llegar los refuerzos y salir a patrullar, el ejército abatió a 3 civiles que no tenían nada que ver, entre ellos un adolescente de 15 años. Los atacantes escaparon en el avión Boeing que habían secuestrado y aterrizaron en una pista clandestina en Rafaela (Santa Fe), para pasar a un pequeño Cessna 152 que los depositó en Corrientes. Todo lo contrario ocurría a 320 kilómetros del cuartel, era un día de fiesta en casa de los Luna, ya que festejaban el cumpleaños del padre (ocurrido el 1 de octubre) y el de Jovina, ese día. Comían empanadas y chivo asado. La infausta noticia se conoció al día siguiente, cuando su hermano Remigio, recibió en su trabajo, un telegrama que comunicaba el deceso de Hermindo (no había celular ni Internet). A los 3 días el cuerpo llegó a Formosa y , ante una  multitud fué velado a cajón cerrado. Su hermana Jovina fue la encargada de recordarlo y que se hiciera justicia ( a medias) tanto con él, como los otros soldados caídos. A un hijo suyo le puso Hermindo. Su padre murió en 2003 y su madre en 2006. Durante 14 años, Jovina batalló ante cada gobierno por la apertura de los archivos secretos militares, con resultado negativo, hasta que en 2010, ante una requisitoria del Ministerio de Justicia a la Comisión de Derechos Humanos, se abrieron. Viajó varias veces a Buenos Aires y, cuando visitó el Parque de la Memoria (que homenajea a las víctimas de terrorismo de Estado)  comprobó, indignada que figuraban los nombres de los asesinos de su hermano en el monumento. La indigación subió más cuando se enteró que los familiares de los "guerrilleros" cobraban una elevada pensión por su fallecimiento. Ellos no cobraban nada. Al respecto, dijo : "Pude conseguir que abrieran los archivos secretos con los datos de toda esa gente que figuran en hoy en el Parque de la Memoria como víctimas de la represión ilegal, cosa que es mentira"... "Yo busco la verdad, estoy buscando que se reconozcan a nuestros soldados porque ellos han dado la vida por nuestra Nación. El reclamo va más allá del resarcimiento económico. No es justo que sus asesinos hayan sido premiados y estén en un lugar público como héroes, que no lo fueron". Por ello hizo una denuncia por el cobro de indemnizaciones por parte de los familiares de 9 de los 13 montoneros muertos en el ataque, esgrimiendo como argumento que eran pagos fraudulentos de indemnizaciones por éstas falsas víctimas de represión ilegal del Estado cuando en realidad fueron abatidos al intentar copar una guarnición matando soldados en un gobierno constitucional. El Congreso presentó un proyecto de ley para que los familiares de los soldados caídos cobraran por única vez, 1 millón de pesos en concepto de reparación, pero no hubo acuerdo para "sacarla adelante" debido a votos en contra y abstenciones. Resultado : terminaron cobrando una pensión mínima. En cambio, gracias a la Ley Reparadora N° 24411, los familiares de los atacantes cobran de manera ilícita ese dinero (consistente en 100 veces más del sueldo más alto de la Administración Pública Nacional). Una injusticia con todas las letras. Al día siguiente del ataque, el 6 de octubre de 1975, con la presidente inexplicablemente de licencia, el interino Ítalo Lúder firmó los decretos 2770/71/72, donde especifica la orden de "aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio argentino".... Comenzaba oficialmente , el horror. Hermindo Luna, el joven de 21 años que dió su vida defendiendo el cuartel, es una muestra más de la inequidad reinante. Ese fatídico domingo en el cuartel quedaban los soldados que, por sus carencias no tenían dinero y cambiaban guardias a otros por unos "mangos". Eran pocos, pero tenaces. Montoneros creyó que los soldados entregarían el regimiento sin resistencia... Nada más lejos de la realidad... Lo dejó claro Hermindo Luna, el soldado héroe que con su frase, accionar y coraje, proclamó que acá nadie se rinde...













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