REGINA PACINII DE ALVEAR, DE CANTANTE LÍRICA A PRIMERA DAMA

Dejarlo todo por amor... ¿ Cuántas veces carreras que eran extraordinarias o promisorias, quedan truncas por éste tipo de decisiones de vida ? El renunciamiento por acompañar al otro es un gesto inmenso de amor que la razón, obviamente, no entiende. Éste es el caso de nuestra protagonista de hoy : Regina Pacini, quién fuera esposa de uno de los presidentes radicales argentinos : Marcelo T. de Alvear. Ella nació en Lisboa (Portugal), el 6 de enero de 1871. Su padre era el barítono italiano Pietro Andrea Giorgi Pacini, quién además era director del Teatro Real de Lisboa y autor de numerosas óperas y su madre, la española Felisa Quintero. Debido al entorno musical familiar dónde vivía, era muy probable que se dedicara a la canción lírica. Sin embargo, su incursión en el canto se dió por un hecho casual : siendo una niña, su familia la llevó al circo a ver una función y, quedó fascinada con un artista que, con un silbato, imitaba el canto de los pájaros. Después, ella hizo lo mismo, pero con su voz. Su padre, al ver el talento innato de su hija, la envió a tomar clases de canto, estando entre sus profesoras la notable soprano Mathilde Marchesi. Su voz prodigiosa, perfeccionada con estudio y entrenamiento era una maravilla, siendo su tono soprano lírica ligera. Sólo faltaba que una oportunidad se presentase para demostrar su talento. Y, otra vez, los planetas se alinearon a su favor, ya que el día que cumplía 16 años, el 18 de septiembre de 1877, se realizaba una gala en el Teatro Real San Carlos de Lisboa. Entre los espectadores estaba la familia real portuguesa. Esa noche la cantante que debía interpretar el papel de Amina en la ópera "La Sonámbula", de Bellini, enfermó. Su maestro de canto la propuso como reemplazante. Su actuación fué brillante, siendo ovacionada de pie por el público presente. La reina Amelia de Orleans (quién 2 años más tarde sería reina de Portugal), emocionada, le regaló su estola. Fué el inicio de una exitosa carrera, las críticas de los diarios de la época le eran favorables y recibía tratamiento de "diva". El éxito la llevó a cantar con su compañía en Milán, Palermo y Londres. Al año  siguiente actúa en el Teatro Real de Madrid, con la ópera que la llevó a la fama. Luego vendrían presentaciones en el Liceo de Barcelona, en Varsovia y San Petersburgo, llegando a compartir escenario con el afamado tenor Enrico Caruso. A finales del siglo, en 1899, la compañía "cruza el charco" y llega a América, presentándose primero en el Teatro Solís de Montevideo. En nuestro país actúan en el Teatro Politeama y, en la primera función, en uno de los palcos estaba Marcelo Torcuato de Alvear, quién cayó rendido a sus pies al verla y oírla. El "flechazo" fué total, a tal punto que Alvear a partir de esa jornada, no se perdió ninguna función y cada noche le enviaba al camarín descomunales ramos de flores y costosas alhajas (como pulseras de oro y brillantes), que ella sistemáticamente devolvía. Al finalizar la temporada, la compañía partió a San Petersburgo a seguir con otra gira. Alvear, un "dandy criollo", soltero, con una inmensa fortuna familiar, la siguió en su periplo. Completamente obnubilado (y enamorado) de Regina, visitó varios países dónde ella actuaba, yendo a todas las funciones y, las fiestas de gala y recepción que daban las compañías y embajadas. Esos momentos y lugares, le permitieron a Alvear acercarse y relacionarse con ella. Continuaba con la rutina de los regalos costosos y ella los seguía devolviendo. En el colmo de la obsesión, una noche compró todas las entradas de la función para que Regina solo cantase para él. Éste "seguimiento" se prolongó por 8 años, dónde Alvear sólo volvía al país por compromisos impostergables. Claro, su fortuna y vida de "playboy" se lo permitían. Antes, en 1901, la compañía regresa al país y, nuevamente lo hace en 1903. ocasión en que Alvear le propone casamiento, pero con una condición dolorosa para ella : que dejara su carrera. Regina aceptó, pero con una contrapropuesta : cantaría 4 años más y, después sí la abandonaría. Llegaron a ese acuerdo, pero la que puso el grito en el cielo fué la madre de Regina, Felisa Quintero, quién nunca se llevó bien con Alvear y consideraba que él era un obstáculo para la carrera de su hija. Sin embargo, Regina hizo caso a su corazón. Pero, los problemas seguirían para Marcelo Torcuato, pues al anunciarse la boda del soltero más codiciado de la oligarquía porteña con una cantante lírica extranjera, el escándalo fué mayúsculo. La familia Alvear se oponía al enlace, incluso trataron de convencerlo para que desista, pero no hubo caso. Los diarios, a pedido de los Alvear, demoraron la publicación de la noticia. El casamiento se iba a realizar en París y, por ende, también allí, la despedida de soltero. En el último intento desesperado para que Alvear no se casara, en la noche de la despedida, el novio recibió un telegrama procedente de Buenos Aires firmado por 500 personas, pidiéndole que recapacite y no se case. Obstinado y totalmente decidido, Marcelo Torcuato, que había fijado la fecha y horario de la ceremonia, el 29 de abril de 1907, en la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación (construída en 1708), a las 9 de la mañana, hizo una jugada burlesca y maestra que desairó a todos : al notar que todos estaban en contra de su casamiento, adelantó la ceremonia para las 7 de la mañana. Solamente la presenciaron como testigos una criada y un policía. Cuándo el grueso de la gente llegó, todo había pasado y no había nadie. La noche de bodas fué en el Royal Hotel de Estoril y el novio "se jugó" con el regalo : una casona en Manoir de Coeur Valant, ubicada en una villa cercana a París, de varias hectáreas. En la entrada de la casa, en la recepción, había un órgano dónde ella tocaba y cantaba para su marido y ocasionales invitados, Allí vivieron 4 años y, en 1911, volvieron al país. En 1912, Alvear es elegido diputado y cuando Yrigoyen asume la presidencia en 1916, lo nombra Ministro Plenipotenciario. Sin embargo, las cosas no habían cambiado, ya que la alta sociedad "le hizo el vacío" a Regina, ignorándola o, en todo caso, denostándola. En una ocasión, durante una recepción, Alvear al ver a su esposa, sola y apartada del grupo de mujeres, la defendió levantando la voz : "No te preocupes Regina, a todas esas que están ahí, yo les he levantado las polleras". Tiempo después, el general Julio Argentino Roca, organizó una fiesta y los declaró invitados de honor, tratando de terminar con ese ninguneo a Regina. En 1922, Alvear sucede a Hipólito Yrigoyen en la presidencia de la Nación, siendo el segundo presidente radical de la historia y, la "denigrada" Regina se convirtió en primera dama. Aunque no era experta en política, acompañó siempre a su marido y fué su gran consejera. Al terminar su mandato lo sucedió Yrigoyen, quién luego sería derrocado por el golpe de estado de 1930. Todos los radicales fueron arrestados y encarcelados por el gobierno de facto en la Isla Martín García. Allí, Alvear permaneció detenido y, Regina realizó al menos 50 viajes en barco para llevarle a su esposo comida, ropa y compañía. Al recuperar la libertad, había perdido gran parte de su fortuna. Regina realizó numerosas obras de beneficencia y, uno de sus mayores logros (que aún existe) fué la creación de la Casa del Teatro, en 1938, ubicada en Avenida Santa Fe 1243, destinada para artistas sin recursos ni vivienda. La misma posee 45 habitaciones y 2 pequeños museos. También fundó, como no podía ser de otra manera, la sede del Teatro Regina. Otra obra fué el Templo de San Maecelo y el colegio anexo a éste. Repartía sus días viviendo en su residencia de Mar del Plata (en verano) y la casona llamada "Villa Elvira", en Don Torcuato. Alvear falleció el 23 de marzo de 1942 por problemas cardíacos y ella ordenó sus papeles y pertenencias, repartió el resto de la fortuna que quedaba en obras de beneficencia y sobrevivió con una modesta pensión nacional. Donó las pertenencias de su marido a la Casa Rosada y, a partir de allí, por su impronta, se creó el Museo de la Casa Rosada. Fielmente, cada día 23 de cada mes (fecha de muerte de su esposo), iba al panteón de los Alvear, ubicado en la entrada del cementerio de La Recoleta, colocaba rosas blancas y rojas (colores del radicalismo, su partido) y luego, en una silla plegable que llevaba, se sentaba junto al ataúd de Alvear y le hablaba. Regina Pacini de Alvear murió el 18 de septiembre de 1965, a los 94 años, en su casa de Don Torcuato. Su féretro fué despositado en el panteón familiar, al lado de su marido, aunque un tiempo permaneció en el suelo, como un gesto de desprecio hacia ella. En su honor y, siendo su marido presidente, en 1924 se fundó en Río Negro la localidad de Villa Regina y varias calles del país llevan su nombre. Regina Pacini abandonó su promisoria carrera por su marido, en un inconmensurable gesto de amor, soportando luego el desprecio de la oligarquía porteña por su condición de artista y extranjera. Síntesis de la historia rosa de la cantante lírica que llegó a primera dama...

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