CLAUDIO TAMBURRINI, Y SU INCREÍBLE FUGA DURANTE LA DICTADURA...

En éstos días se cumple un nuevo aniversario del golpe de estado ocurrido el 24 de marzo de 1976, que dió lugar a una de las etapas más oscuras de la historia nacional. El régimen de facto derrocaba al gobierno de María Estela Martínez de Perón y comenzaba el denominado "Proceso de Reorganización Nacional". Mucho se ha dicho y escrito acerca de las atrocidades cometidas por el régimen militar y de la espiral de violencia desatada anteriormente por los grupos subversivos. Lo cierto es que en ésta contienda perdimos todos, perdió la República. Y, además existieron un sinfín de historias acerca de los detenidos (muchos de ellos luego "desaparecidos"). Una de las más inverosímiles, por su desarrollo casi cinematográfico, fué la historia de la fuga de los detenidos en la "Mansión Seré", uno de los más emblemáticos centros clandestinos de detención. Uno de los protagonistas de esa fuga es motivo de narración en éste espacio : el ex futbolista Claudio Tamburrini, quién nació en el barrio porteño de Ciudadela el 18 de noviembre de 1954. Muchacho de clase media, combinaba la práctica deportiva y el estudio, pues era arquero de la 1° división del club Almagro (de la 1° "B" metropolitana) y cursaba la carrera de Filosofía. Estudiaba por la mañana, entrenaba por la tarde y cursaba de noche. En la facultad se reencontró con un ex compañero de colegio, y terminó militando igual que él. Por ello, un grupo de tareas de la Fuerza Aérea lo secuestró el 23 de noviembre de 1977. ¿ El motivo ? Su compañero estaba siendo vigilado e investigado y Claudio "cayó en la volteada". Fué trasladado a la "Mansión Seré", que había sido cedida, después del golpe de estado, por el intendente Osvaldo Cacciatore, a la Brigada Aérea de Morón. Era una casona de 2 pisos, ubicada en un predio que abarcaba 5 hectáreas, en Castelar. Primero fué usada como espacio para el casino de oficiales y, en 1977 se convirtió en un centro clandestino de detención. Fué torturado durante 4 meses, junto a otros detenidos, principalmente por  "Huguito", un sanguinario oficial que estaba a cargo del lugar. Como sucedía en otros centros de detención, se llevaban a algunos presos y no volvían a verlos, ya que eran ejecutados. Tamburrini cuenta que había una broma recurrente entre sus carceleros, a quién él llamaba "la patota" : "Entraban y decían ¿ Quién es el arquero de Almagro ?.. Yo señor, le contestaba y ya me iba poniendo en guardia porque por lo general me pegaban muy fuerte en la boca del estómago, mientras decían : atajate ésta"... En febrero de 1978, su compañero de prisión, Guillermo Fernández, le propuso un plan de fuga tras llegar a la conclusión de que ambos terminarían asesinados. Y, el plan se gestó por un hecho fortuito, ya que Fernández, de casualidad, encontró debajo de la cama que sostenía el elástico, un clavo que estaba medio suelto. Probó abrir la ventana con él (habían sacado el picaporte de adentro, pero no habían tapado el agujero. El clavo entraba justo y, maniobrando como pudo, logró abrir la ventana. Después era cuestión de desatar las persianas que estaban atadas con un cable de plancha y hacer una cuerda para desprenderse por las ventanas hacia abajo. Con las colchas y las sábanas para dormir harían una especie de soga por dónde bajarían al jardín y... escaparían. El plan estaba listo, pero debían esperar el momento justo, pues cada vez que abrían la ventana se escuchaban las voces de sus carceleros. Luego, contó: "El 20 de marzo entraron, nos pegaron a todos, pero en lugar del chiste, un tipo se paró a mi lado, me puso una pistola en la cabeza y dijo : sabemos que están preparando una fuga, y los dejamos para bajarlos cuándo salgan". Éste incidente generó un conflicto entre ellos, pues además de ser una "apretada" más, les provocó mucho miedo. Finalmente, se decidieron y, en la madrugada del 24 de marzo de 1978 (exactamente 2 años después del golpe) se fugaron según lo planeado. Acompañaron a Tamburrini y Fernández, Daniel Russomano y Carlos García. Descendieron descalzos, desnudos y rapados al jardín. Fernández pudo zafarse de las ataduras (en pies y manos) y desató a los otros. Llegaron a la calle y, con el cable de plancha, como conductor eléctrico, intentaron arrancar un Fiat 600 que estaba estacionado, pero no pudieron. Siguieron corriendo por las calles de Morón y encontraron un Peugeot 504. Quisieron hacer lo mismo, pero en el apuro se habían olvidado el cable en el Fiat. Desde una casa enfrente, los vecinos se despertaron por los ruidos y, al verlos les gritaron debido a su accionar, creyendo que eran ladrones y que iban a llamar a la policía. Fernández, en tanto, se había separado para buscar un teléfono y pedir auxilio a familiares. Los otros cambiaron el plan y tocaron timbre en una casa. Atendió una señora y ellos dijeron que les habían robado y quitado la ropa. Conmovida, la mujer les dió dinero y un pantalón. Al amanecer fueron rescatados por el padre de uno de ellos, quién había recibido el desesperado llamado telefónico de auxilio de Fernández. Llovía copiosamente, debido a una tormenta eléctrica y, eso fué un golpe de suerte para ellos, pues al notar su ausencia, un helicóptero había salido a rastrearlos, pero el adverso clima lo obligó a volver a la base. Luego de la huída, Tamburrini se escondió en la casa de unos amigos, con miedo de salir al exterior. La primera vez que lo hizo fué cuando la Selección Argentina clasificó para la final del Mundial que se disputaba aquí. Salió a festejar, aunque a regañadientes, por miedo a ser descubierto. Sin embargo cuenta que, en ese momento, sintió que había recuperado su condición de ciudadano. Después, cambiaba de vivienda y costumbres, incluso llegó a manejar un taxi y vendió libros puerta a puerta para sobrevivir. Asumiendo riesgos, volvió a la Facultad en diciembre para rendir algún examen. No volvió a tener contacto con su familia y amigos y, obviamente no regresó a su club a atajar. En el colmo del morbo, con  Fernández volvieron a pasar enfrente de la "Mansión Seré", porque querían ver desde afuera dónde estuvieron en cautiverio. Luego, descubrió que no tenía antecedentes penales ni pedido de captura. Tramitó un DNI nuevo para sacar el pasaporte y su novia fué a retirarlo, pero le dijeron a ella que debía ir el titular del mismo. Así estuvo 1 año y 2 meses y decidió exiliarse. Salió del país por Puerto Iguazú hasta llegar a Brasil. Desde allí, partió hacia Suecia, dónde llegó en calidad de refugiado. Jugó al fútbol en un par de equipos de allí y luego abandonó éste deporte. Al mismo tiempo estudió Filosofía en la Universidad de Estocolmo. Actualmente sigue viviendo en Suecia y, volvió al país en 1984 para declarar como testigo en el histórico Juicio a las Juntas. Además de egresar en Filosofía, es especialista en Derecho Penal y, desde 1994, investiga la relación entre ética y deporte y, frecuentemente viene a dar charlas y seminarios a la Facultad de Filosofía y Letras (dónde había comenzado a estudiar hasta el secuestro). Respecto de su experiencia de 4 meses de cautiverio en la Mansión Seré, expresó : "Es una parte determinante de mi vida. Ésto es una cosa mala que me pasó, pero que fué la causa que me llevó a vivir mi vida. Si yo no hubiera sido secuestrado, probablemente no hubiera salido del país, no hubiera conocido a mi esposa, no tendría a mis hijos, no hubiera tenido la formación profesional que tengo. En ese momento mi vida tomó un curso que nunca hubiera tomado. No tengo secuelas físicas, y las emociones, en todo caso, son positivas por las vivencias que he desarrollado a partir de esa experiencia. Es diferente ser sometido a un secuestro o a torturas y escaparse por la propia vía a ser liberado por el torturador". Finalmente, como conclusión, afirmó : "Fué edificante que, al fugarnos, indirectamente salvamos la vida de todos los que quedaron en la cárcel. A la semana, la Fuerza Aérea incendió la casa para borrar toda huella de ese centro clandestino de detención. A los que estaban secuestrados los fueron transfiriendo a penales o a comisarías, es decir, blanquearon su situación".Tamburrini escribió el libro "Pase libre", que sirvió como basamento para el guión de la película "Crónica de una fuga", estrenada en 2006, bajo la dirección de Adrián Caetano y, con la actuación de Rodrigo de la Serna, en el papel de Tamburrini y Nazareno Casero, como Guillermo Fernández. Claudio Tamburrini, el arquero de fútbol y estudiante universitario, secuestrado y torturado en la peor época del país, sobrevivió para contarla... Ésta es su historia, la de una fuga de cinematográfica...

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