OPERACIÓN TRAVIATA : EL SALVAJE ASESINATO DE JOSÉ IGNACIO RUCCI

La década del '70 es prolífica respecto a hechos y sucesos en nuestro país. Antes y después del golpe de estado de 1976, la espiral de violencia que transcurrió en Argentina tuvo ribetes sangrientos, alevosos, propios de una época a la que no se quiere regresar. Los atentados, asesinatos y todo accionar delictivo fueron moneda corriente entre los grupos subversivos y el "terrorismo de estado" ejercido por la dictadura, después de ese fatídico 24 de marzo. Pero, como se dijo antes, la violencia estaba presente desde mucho antes de esa "noche negra" de 1976. Para ponernos en contexto sobre el hecho que narraremos en ésta oportunidad, describiremos al protagonista del mismo : el sindicalista José Ignacio Rucci, quién nació en Alcorta (Santa Fe), el 15 de marzo de 1924. A los 20 años llega a probar fortuna a Buenos Aires, subido a un camión que traía el diario "El Mundo". Consigue trabajo de lavacopas en una pizzería de Floresta, luego de cajero en una confitería de Cabildo y Juramento y, finalmente en un local gastronómico. Logra estabilizarse laboralmente al ingresar a la actividad metalúrgica como operario en una fábrica de cocinas. Allí aprende los secretos de la profesión gremial al lado de Hilario Salvo (quién años más tarde sería líder de la Unión Obrera Metalúrgica). Así es que en 1958 ocupa una secretaría de ese gremio y, en 1960 lidera la prensa del mismo. Con más poder, en 1964, a los 40 años, participa en la intervención de la seccional "rebelde" de San Nicolás. Su espíritu conciliador y de rápida resolución, lo posicionan como referente del gremio. Comienza a definir su particular "look" : campera con flecos, el cuello de la camisa siempre abierto, largas patillas y jopo. A ello le agregaba su siempre sonrisa fácil (solo fruncía el ceño al encender un cigarrillo o cuándo hablaba de algún enemigo). El 2 de julio de 1970 se lleva a cabo el congreso que buscaba la unidad de la CGT (un año antes había sido asesinado el líder de la misma, Augusto Vandor). El vacío de poder era indiscutible y no había un líder en vista y, en ese marco, Rucci accede a la Secretaría General de la CGT. Ya en marzo de 1971, con Lanusse en el poder, éste busca una salida electoral, pero negociada y fiscalizada por los militares. En tanto, en abril, Rucci conoce a Perón que está en su exilio español y, se hacen frecuentes los viajes a la mansión "Puerta de Hierro" (junto al sindicalista Lorenzo Miguel), dónde reside el caudillo. Se convierte en hombre de absoluta confianza del General. En julio de 1972 es reelecto en la CGT e intensifica la campaña para el 1° regreso de Perón, que se haría 4 meses después, el 17 de noviembre. Ese día llueve y, Rucci cubre a Perón con su paraguas mientras éste saluda con su habitual ademán de levantar ambos brazos, registrándose así una emblemática foto de ese momento. Lo acompaña Juan Abal Medina y 200 simpatizantes que lo fueron a recibir (las FFAA no permitieron la concentración de gente en el aeropuerto). El General permaneció 1 mes en el país (en la quinta de San Vicente) y regresó a España. Mientras tanto, sectores contrarios a Rucci y la CGT, ocupaban fábricas y entonaban cánticos tales como : "Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical". Finalmente, el 20 de junio de 1973, se produce el segundo y definitivo regreso de Perón. Antes del aterrizaje del avión que trae al caudillo, en el aeropuerto de Ezeiza se producen graves enfrentamientos entre los sectores opuestos de la CGT : la Juventud Sindical (peronista, cercana a ideas capitalistas) y la Juventud Trabajadora (de extracción socialista). Ésto provoca luego la renuncia de Cámpora a la presidencia (con solo 49 días en el poder). Inmediatamente Rucci se pone en campaña y, llama a la unidad proclamando la candidatura de Perón. También, anuncia que en diciembre se harán las denuncias a los convenios colectivos de trabajo existentes, para ser discutidas y modificadas en las comisiones paritarias de acuerdo a la ley N 14.250.  En las elecciones de septiembre, la fórmula Perón - Perón, se impone con el 62 % de los votos y, Adelino Romero, compañero sindical de Rucci, le sugiere que se adelanten esas denuncias (y no esperar hasta diciembre). Rucci, como interlocutor sindical y del gobierno, es uno de los firmantes del "Pacto Social", cuyo núcleo es el congelamiento de precios y salarios, con beneficios a patronales. Al respecto, él manifestó : "Yo sé que con ésto estoy firmando mi sentencia de muerte, pero como la Patria está por encima de los intereses personales, lo firmo igual". La izquierda sindicalista y Montoneros se "la tenían jurada", ya que lo sindicaban como principal responsable de la "Masacre de Ezeiza" (2° regreso de Perón), en el que murieron varios de los integrantes de las huestes antes mencionadas. Dos días después del triunfo del General en las urnas, el 25 de septiembre, Rucci se encuentra en su departamento de calle Avellaneda 2953, en B° Las Flores. El inmueble es de su amigo Antonio Ianinni y lo ocupa ocasionalmente desde hace 4 meses, junto a su mujer Coca y sus hijos Claudia y Aníbal. El mismo está ubicado al fondo de un largo pasillo. Es casi el mediodía y, su chofer Abraham "Tito" Muñoz llega al lugar para avisarle que debían partir y que los "muchachos" (sus guardaespaldas) ya estaban listos. Rucci, en camiseta, toma unos mates cebados por Coca, mientras conversa con su jefe de prensa Osvaldo Agosto y repasa un mensaje que debe grabar dentro de 1 hora en Canal 13, en el programa que conduce Sergio Villarroel. Al respecto, dice : "Así está bien, tiene que ser un mensaje de conciliación, como para iniciar una nueva etapa. Tenemos que ayudar al General...!! 18 años peleando para que él vuelva y ahora éstos pelotudos de los "Montos" y los "bichos colorados" del ERP quieren seguir en la joda". Agosto responde, preocupado : "Ayer recibimos otra amenaza en la CGT. Un dibujo de un ataúd con vos adentro y, anoche cuándo salíamos con Pozzo (asesor político de Rucci), nos dispararon desde un auto". El "Petiso", como apodaban al gremialista, trató de calmarlo : "Yo sé que me la quieren dar esos hijos de puta, pero no me voy a achicar. Por algo cantan Rucci traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor. Igual, tenemos que arreglar con esos pelotudos de los Montoneros. Éstos chicos están confundidos... ! quieren sustituir a Perón... pelearle la conducción al General.. ¡... Y sobre las amenazas, vos sos testigo que me las tomo en serio y me cuido mucho... Más no puedo hacer..." Sin embargo, Agosto insiste : "¿ Porqué no hacés que te custodie la policía ? Tus muchachos de la custodia son buenos para repartir piñas en los actos, pero no son profesionales..." Rucci lo "cortó en seco" : "¿ Para qué ? ¿ Para que me mate la policía por la espalda ? Ya voy a cambiarlos, cuando Perón asuma la presidencia". Mientras tanto, afuera la emboscada mortal ya está preparada. En una casa cercana, Julio "Lino" Roqué, tiene un FAL, el cuál ya probó sobre una tela roja que decía "SE VENDE", ubicada cerca de la casa de Rucci. Satisfecho, exclama : "Perfecto, desde aquí seguro le doy en el cuello a ese burócrata traidor". "Lino" ha sido adiestrado en Cuba y su referente máximo es el "Che" Guevara. Ya probó su eficacia acribillando al General Juan Carlos Sánchez en Rosario. A su vez, Rucci le dice a su chofer que llame a sus custodios para irse. Éstos están desvelados, ya que tuvieron una noche de cabaret hasta las 7 de la mañana. Ellos son, Ramón "Negro" Rocha, un ex boxeador santafesino, quién llegó a pelear 3 veces con Monzón en su época amateur ; Jorge Sampedro, alias "Jorge Corea" o "Negro Corea", también ex boxeador, de Villa Lugano y Carlos "Nito" Carrere, de San Nicolás. Rucci se pone una camisa bordó y un saco marrón a cuadros y ordena a su chofer : "Tito, avisale a los muchachos que están en la puerta que se suban a los autos, que se preparen, que ya salimos. Pero que no hagan mucho lío con las armas, que no las muestren mucho...¡ A ver si se cuidan un poco ! Rucci no puede despedirse de su esposa, ya que justo una amiga de ella llamó por teléfono. Al salir, los 13 guardaespaldas ya estaban ubicados en los 4 autos de la escolta. Rucci subiría a un Torino colorado, sin blindar. Los otros 3 son un Dodge blanco, un Torino gris y un Falcón (que saldría primero). Antes de subir, Rucci diría las que serían sus últimas palabras : "Negro, pasate adelante y dejame tu lugar, así te ocupás de la motorola". Rocha sale de atrás y, cuándo va a abrir la puerta delantera, lo sorprende un disparo de Itaka que abre un agujero en el parabrisas y, luego una ráfaga de ametralladora. En el 1° piso de la casa de al lado, "Lino" apunta con cuidado, espera el segundo preciso y, aprieta el gatillo del FAL. Rucci no alcanza a tocar la manija de la puerta trasera del Torino, ya que la bala ingresa en la cara lateral izquierda del cuello del gremialista, destrozándole la yugular. El cuerpo se levanta por el aire y Rucci cae muerto. La balacera de la ametralladora es infernal, el "Negro" Corea, increíblemente logra eludir las balas y trata de reanimar, en vano, a su jefe. Los otros custodios, confundidos. disparan a cualquier dirección (destrozando el frente vidriado de la concesionaria de autos "Tebele Hermanos" e impactando en el colegio "Maimónides"). El "Negro" Rocha está muerto, con la cabeza abierta y "Tito" Muñoz, se arrastra malherido, con 4 balazos. Con sarcasmo e ironía al atentado se lo llamó "Operación Traviata", en alusión al slogan de la publicidad de las galletitas del mismo nombre : "la de los 23 agujeritos", que era la cantidad de balazos que tenía el cuerpo del infortunado Rucci. En el velatorio, compungido, Perón manifestó : "Me mataron un hijo. Esos balazos eran para mí... me cortaron las patas"... El caudillo sabía lo que decía, porque con Rucci muerto, perdía nuevamente el control de la CGT (antes, Vandor la manejaba sin tenerlo en cuenta). José Ignacio Rucci tenía 49 años cuando fué asesinado y, el ERP negó su autoría, mientras que Montoneros se mantuvo en silencio. Recién 2 años después, en la edición N° 5 de la Revista "Evita Montonera", en un artículo titulado "Justicia Popular", la agrupación dió una lista de ajusticiados por ellos y, figuraba el nombre de Rucci, con la fecha del asesinato incluída. Sin embargo, a pesar de la confesión de autoría, las pruebas no eran contundentes. La causa fué reabierta en 2009. A pesar de que la confesión fué avalada como prueba por la Cámara Federal en 2012, el juez Ariel Lijo llegó a la conclusión de que el ataque había sido realizado por Montoneros por su enfrentamiento interno con Perón y, sostuvo que, como fué un crimen de guerrilla, ya había prescripto, no valía la pena seguir investigando y archivó la causa, sin llamar a declarar a Mario Firmenich ni a Ernesto Jauretche, miembros aún vivos de Montoneros. Sin embargo, de decidió indemnizar a la familia Rucci con 224.000 dólares, a pagar con bonos del Estado, argumentando que "se trató de un atentado llevado a cabo por una organización de tipo militar, que actuó con impunidad, con un poder igual a los de la fuerza policial, no siendo los hechos debidamente investigados en el momento oportuno". En su homenaje, hay barrios con su nombre en Rosario, Bahía Blanca, General Pico, Azul y Córdoba. Además, varias calles del país, también lo recuerdan. A  José Ignacio Rucci no le perdonaron la firma del "Pacto Social", dónde fué pieza clave del acuerdo entre empresarios y sindicalistas, auspiciado por Perón, para contener la inflación, impulsar la industria nacional y volver a un reparto peronista de la riqueza (mitad para el capital, mitad para el trabajo), en un esquema con más participación del Estado, con obstáculos y topes para el libre juego de las fuerzas del mercado, pero dentro del capitalismo. Y la gota que rebasó el vaso fué la "Masacre de Ezeiza", dónde prácticamente lo acusaron de organizarla. Podría decirse que su lealtad a Perón fué un detonante, ya que cosechaba amores y odios, incluso entre súbditos del General, como Abal Medina (luego devenido en Montonero), al opinar sobre él : "Era un tipo absolutamente pasional, muy mal político, de muy poca formación, un peronista absoluto, pero con un pensamiento fascitoide y de una enorme lealtad al general, ese era el punto de coincidencia que nos permitía trabajar juntos"... Sin dudas, Rucci fué un "soldado de Perón"...

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