OPERACIÓN GARIBALDI : EL INSÓLITO SECUESTRO DE UN CRIMINAL NAZI EN ARGENTINA

 La justicia generalmente es lenta y tarda en llegar. Tanto la divina como la del ser humano. Sin embargo, las heridas provocadas por la injusticia jamás cicatrizan. Tal vez se encuentre algo de paz, inclusive se ensaye un perdón, pero lo hecho, hecho está y ninguna enmienda o condena posterior borrarán de la memoria colectiva las injusticias sucedidas, más aún cuándo se trate de vidas humanas... millones de vidas... aproximadamente 6 millones. Ésta escalofriante cifra refiere a la cantidad de judíos exterminados (nunca más justo el término) en los campos de concentración por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la misma (con la derrota del "Eje del Mal", conformado por Roma, Berlín y Tokyo en manos de los Aliados), los vencidos se negaron a ser "trofeos" de sus vencedores y, fué así que, con la caída consumada, varios jerarcas nazis, con Hitler a la cabeza, se suicidaron para no pasar ese escarnio. Otros lograron huir a otros continentes, a países dónde los alemanes eran, en cierta forma, admirados. Con el peronismo en el poder (a partir de 1946), nuestro país permitió que éstos personajes siniestros ingresaran libremente a nuestra tierra y, pudieran vivir dignamente bajo identidades falsas. Debido a la afinidad de Perón con el nazismo, Argentina se convirtió en un "aguantadero" de jerarcas alemanes, muchos de los cuáles envejecieron y murieron aquí sin ser descubiertos y otros ni siquiera se supo de su existencia. Pero uno de ellos no corrió la misma suerte que la mayoría : Adolf Eichmann, cuya identidad falsa aquí era Ricardo Klement. Él fué quién coordinó las deportaciones de los judíos de Alemania y de otras partes de Europa a los campos de exterminación. Pasaron 15 años de la finalización de la guerra y el recientemente creado Estado de Israel (en 1948) puso manos a la obra en encontrar a los genocidas alemanes. Y se toparon con el dato que Eichmann viviría en Argentina, con otra identidad. Bajo el aval del primer ministro isreaelí David Ben Gurión, el Mossad (Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales), fundado en 1949, emprendía su 1° gran misión : Capturar a Eichmann para ser juzgado por ellos mismos. El comando para la misión estaba compuesto por Zvi Aharoni, interrogador jefe del Shin Bet (Servicio de Seguridad de Israel), Ray Eitan, Zay Moshé Tabor y Peter Malkin, pero solo Aharoni viajaría para investigar. El resto lo haría una vez ubicada la "presa". En el país habría colaboradores judíos, llamados "sayanim", voluntarios que realizaban tareas de transporte, vigilancia o asistencia médica que los agentes del Mossad pudieran necesitar. Solo sabían lo imprescindible, ya que se les encargaba una tarea sin explicarles el contexto, ya que era mejor que no manejaran tanta información, por el carácter secreto de la misión. Pero antes, otro gran colaborador fué Lothar Hermann, sobreviviente del Holocausto, nativo de Alemania y residente en Argentina, pues fué quién informó exactamente del paradero de Eichmann, en 1957. Además, su hija Sylvia, de manera adrede, estableció cierto vínculo romántico con Klaus, hijo del buscado, para obtener más información, logrando que éste le confesara que su padre perteneció a las SS y que su apellido en realidad era Eichmann. Hermann le envió una carta a Fritz Bauer, fiscal alemán general en Hesse, quién lideró y organizó los juicios de Auschwitz para organizar su captura. Pero, recién en 1960, por dudar de ésta información se activó la búsqueda. Los datos obtenidos decían que se hacía llamar Ricardo Klement y vivía en Chacabuco 4261, en el barrio de Olivos. Fué así que, Zvi Aharoni (con el "sayanim" chofer) llegó a esa dirección, pero la casa estaba vacía. Preguntó a un vecino del lugar, quién le dijo que se habían mudado semanas atrás y que "no sabía adonde fueron los alemanes". Creyó que la pista era falsa, pues la casa carecía de comodidades y estaba en estado deplorable. No se rindió y volvió al día siguiente, dónde pudo observar que, al fondo había albañiles trabajando y fué directo a preguntarles. Ellos, no solo les dijeron que se habían mudado a San Fernando, sino que les explicaron como llegar. Y, hubo un dato extra : "Si lo suyo es urgente, cruce la calle que en el taller mecánico de enfrente trabaja el hijo". Por la tarde, el chofer fué al taller con un regalo que una supuesta antigua novia le enviaba. Sorpresivamente, el muchacho dijo que él era Eichmann y no Klement. Aharoni, entonces supo que estaba cerca de su objetivo. Esa misma noche envió un mensaje cifrado al jefe del Mossad, Isser Harel, que decía : "El conductor es rojo", cuyo significado era que "probablemente sea el buscado, pero que había que ubicarlo en la semana siguiente para despejar dudas. Partió hacia San Fernando en colectivo y, recabó todos los datos posibles y concretos : llegada por ruta 202, calle Garibaldi sin asfalto, un kiosco en la esquina, la parada del colectivo 203 y, a 100 metros de ella, la casa en medio de un descampado. Hizo guardia un rato, vió a una mujer y un niño jugando afuera. Volvió varios días en autos distintos para no llamar la atención y, así pasaron las jornadas sin poder ver el rostro que tanto buscaba (tenía una foto de Eichmann con uniforme, pero de 20 años atrás). Hasta que una tarde vió trabajar en las afueras de la casa a un señor mayor, semicalvo, junto a un joven de unos 20 años. Tomó coraje, se acercó y les hizo preguntas de ocasión, que no despertaron sospechas. El hombre tenía acento alemán y se parecía a Eichmann. Usó una estrategia, arriesgada, que funcionó : llevaba un bolso con el cierre entreabierto, dónde había una mini - cámara de fotos. Luego, comprobó que había apuntado bien al revelarlas : era Adolf Eichmann. Envió otro mensaje cifrado : "El conductor es negro". La búsqueda, había dado sus frutos. Volvió a Israel y, el 1° ministro Ben Gurión fué tajante : "Deben traerlo vivo y en perfecto estado. Será el primer nazi juzgado en Israel". El ministro de justicia advirtió y explicó las posibilidades jurídicas y las consecuencias internacionales que ello acarrearía. Después de varias dudas, decidieron afrontar las consecuencias de la intromisión en un país extranjero, ya que literalmente secuestraban a alguien y se lo llevaban. Una decena de especialistas comenzó a trabajar y llegaron al país desde distintos puntos del mundo con diferentes coartadas. Se alojaron en casas alquiladas a varios "sayanim" (quiénes no sabían para que era). Todo se planificó paso a paso, lo seguirían varios días para determinar dónde trabajaba. Lo más seguro era capturarlo en algún atardecer que volvía a su casa. La lejanía del lugar y lo inhóspito de la zona, favorecían el éxito de la misión. Pero, además hubo que recordarles a los agentes que debían mantener la integridad física de Eichmann, ya que ellos habían perdido a gran parte de sus familias en los campos de concentración y no podían permitirse perder la calma y vengarse de él. Había que determinar como sacarlo del país y, había 3 opciones : escape en auto por la frontera (descartada por ser poco segura), en barco (también desechada por ser muy extensa la travesía y el peligro que se corría en otros puertos) y por vía aérea (era la más segura, pero la aerolínea israelí de bandera no hacía vuelos a Buenos Aires). Entonces, al Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel se le "prendió la lamparita". Resulta que el 25 de Mayo se cumplían 150 años de la Revolución y habría grandes festejos en el país, siendo invitadas varias delegaciones extranjeras. Así fué que el jefe del Mossad consiguió que Israel enviara una delegación en avión y, de esa forma, sacarían a Eichmann del país sin sospechas. A principios de mayo de 1960 todos estaban en el país, incluído Isser Harel, quién se citaba con diferentes miembros de la operación en diversos cafés de Buenos Aires. Se determinó que Eichmann regresaba todos los días hábiles en el colectivo 203 a las 19:40 horas. Bajaba, sacaba del bolsillo una linterna para alumbrarse, compraba cigarrillos en el kiosko de la esquina y caminaba lentamente los 80 metros que lo separaban de su casa. Entraba y prendía unas lámparas de kerosén (no tenía luz eléctrica), jugaba un rato son su hijo menor y cerraba. Esa rutina era implacable todos los días. Un día llegó con un ramo de flores y se lo entregó a su esposa en la puerta. Por la ventana se veía una mesa con el mejor mantel y velas. Los Eichmann estaban de festejo y, según los informes, celebraban 24 años de casados. No pudo determinarse su lugar de trabajo (después se supo que lo hacía en la fábrica de Mercedes Benz), por lo tanto había que secuestrarlo en su casa. Llegamos así al 11 de mayo de 1960. Los agentes del Mossad esperaban en 2 autos negros sobre la ruta 202 en San Fernando. Estaban separados 10 metros uno de otro. Uno tenía el capot levantado simulando un desperfecto mecánico. El colectivo llegó puntual, a las 19:40 horas al lugar, pero siguió de largo. Luego pasaron 2 más, pero no se bajó nadie. Por primera vez el hombre que buscaban se había demorado. El tiempo pasaba y eso les jugaba en contra, ya que demasiado tiempo esperando allí comenzaba a llamar la atención. "Uno más y nos vamos", dijo Aharoni, entre resignado y molesto. A las 20:04 horas llegó otro colectivo 203 y se detuvo. Bajó un hombre mayor e hizo la rutina de siempre, prendió la linterna para ayudarse en la oscuridad del camino y, enfiló a paso cansino, por calle Garibaldi a su casa. Ésta vez no fué al kiosco a comprar cigarrillos. No podían creer que esa persona de andar encorvado, ayudándose con una linterna para avanzar lentamente sea el famoso criminal nazi. Pasó por el lado de uno de los autos y no le prestó atención, sólo saludó con un leve movimiento de cabeza. Desde atrás, Peter Malkin lo derribó de un empujón y lo inmovilizó, con una toma que había practicado varias veces. Eichmann no ofreció resistencia, era débil y endeble físicamente. Lo tiraron en el piso de la parte de atrás del auto y, mientras lo maniataban y amordazaban, partieron raudamente al escondite que tenían previsto. Eichmann no cesaba de temblar. Seguían dudando de su identidad, dada su fragilidad. Al llegar, el médico del Mossad, ficha en mano lo revisó. Perdido por perdido, Eichmann no tardó en reconocer su verdadera identidad. Comprendió que debía colaborar. Ahora vendría lo más difícil : mantenerlo oculto hasta la partida a Israel. Sabían que su esposa no haría la denuncia y, si la realizaba no develaría su verdadera identidad. Pasaron varios días y la ansiedad e incertidumbre aumentaban. Miraban y escuchaban los noticieros y no se hablaba de ningún secuestro o desaparición. Tampoco Mercedes Benz, que tenía 36 empleados alemanes denunció nada. Era sometido a interrogatorios exhaustivos, los cuáles eran grabados para ser difundidos a la prensa en caso de ser detenidos y descubiertos por las autoridades. El escondite era una quinta en San Miguel, cerca de la ruta 197. Los días de espera eran interminables y, un hombre y una mujer se hacían pasar por un matrimonio que alquilaba para no despertar sospechas. Los demás estaban escondidos, haciendo una doble guardia, una externa para que nadie se acercara a la quinta y una interna, que no se separaba de él en todo el día. Lo afeitaban, alimentaban y tenía médico a disposición, pero la relación era escasa y tensa. Sólo Peter Malick hablaba con él sobre temas ajenos al secuestro. El plan estaba listo : Eichmann viajaría como piloto camuflado de la aerolínea israelí. Demasiado arriesgado, pero lo único viable. La frontera argentina era endeble, aunque el problema eran los otros aeropuertos. El nazi pidió que no lo sedaran, porque colaboraría, pero no quisieron arriesgarse y le dieron tranquilizantes igual. Dirían que era un piloto que había pasado una noche de copas y no se sentía bien, incluso le volcaron whisky en la ropa para reforzar la coartada. Así pudieron pasar los flexibles controles y, prácticamente inconsciente, entre 2 personas, lo subieron al avión. De éste modo, "la delegación oficial israelí", en la nave de la compañía "El Al". partió e hizo escala en Dakar, capital de Senegal, seguros que en el continente africano no serían detenidos. El 23 de mayo llegaron a Jerusalén y 24 horas después, la noticia del secuestro de Eichmann era tapa en todos los diarios del mundo. Debido a ello, Argentina presentó una queja formal ante la ONU por violación de la soberanía. No obstante, luego de innumerables y arduas reuniones, Israel logró restablecer el equilibrio internacional, pues varias naciones, sin decirlo explícitamente, aprobaban la operación, además de la poca o nula injerencia que tenía nuestro país en el Consejo de la ONU. Así las cosas, el Procurador General Gideon Hausner, acusó a Eichmann de 15 cargos, entre ellos crímenes de lesa humanidad dirigidos a la nación judía. También fué acusado de ser miembro de organizaciones criminales como las Tropas de Asalto Nazi, los Servicios de Seguridad y la temible Gestapo. Por primera y única vez en su historia, el Estado de Israel dictó una sentencia de muerte y, Adolf Eichmann fué ahorcado el 1° de junio de 1962. Su cuerpo fué cremado y las cenizas fueron esparcidas al mar, más allá de las aguas territoriales de Israel, para que jamás encontrara paz. Todo el operativo recibió el nombre "Operación Garibaldi", por el nombre de la calle donde vivía el genocida. Una película de 2018, llamada "Operación Finale", narra todo lo acontecido. Podría decirse que Israel hizo justicia por mano propia, pero justicia al fin. Podría decirse que violó la soberanía territorial para cumplir su propósito, pero no había otra chance de hacerlo. La memoria de 6 millones de judíos exterminados de la peor manera en el Holocausto así lo impuso...

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