MARTITHA STUTZ, LA NIÑA DESAPARECIDA Y... JAMÁS ENCONTRADA
Desapareció como si se la hubiera tragado la tierra. Ésta frase popular manifiesta el hecho de la pérdida del rastro de una persona, sin el menor atisbo de como sucedió tal desaparición. Sin dudas, un enigmático hecho policial ocurrido en Córdoba el siglo pasado, encaja perfectamente con éste dicho. El reloj marca las 11:15 horas del 19 de noviembre de 1938. Es el último día de clases de ese año lectivo y, Martha Ofelia Stutz, de 9 años, recién regresa del colegio "Alejandro Carbó" (donde cursa 4° grado), a su casa ubicada en calle José María Galán 323, de Barrio San Martín. Le pide a su mamá María Eudora "Lola" Ceballos dinero para comprar su revista favorita, "Billiken". Ella le entrega 20 centavos y le recomienda tener cuidado al cruzar la calle. Ya sin su guardapolvo, "Martitha" lleva un vestido azul, de cuello y puños rojos y un moño blanco en la cabeza con que le habían atado el cabello. Debía caminar un par de cuadras hasta llegar al kiosco de Manuel Cardozo, quién era conocido de la familia. Pero la niña no volvió a su casa y, transcurrida media hora, comenzaron las preocupaciones por su tardanza. Inmediatamente fueron al kiosco y, Cardozo manifestó que Martitha había comprado la revista y se había ido sin problemas, pero que la había perdido de vista cuando cruzó la calzada y se confundió entre la multitud que aguardaba la presencia del gobernador Amadeo Sabattini, quién iba a inaugurar el edificio de la nueva escuela "Hipólito Yrigoyen". Hecha la denuncia y con los días que pasaban sin novedad, efectivos de la Comisaría 9°, revisaron el arroyo que da cauce a La Cañada y los baldíos, sin resultados. El secuestro fué descartado, ya que no se recibió ningún pedido de rescate. También los bomberos y el ejército se sumaron a la búsqueda y, comenzaron a tejerse innumerables hipótesis : un testigo dijo que la había visto caminando de la mano de una mujer rubia. Luego, dos menores testificaron haberlas visto a ambas subirse a un auto voiturette verde, con techo blanco, en un barrio alejado al hecho. Con el dato del auto, fué detenido Domingo Sabbattino, quién tenía antecedentes penales por contrabando. Estuvo un tiempo preso, pero no pudieron probarle nada. Luego, los apuntados fueron un guarda de tranvías, de apellido Barrientos y su esposa, curandera dedicada también a abortos clandestinos. En su domicilio, el perro sabueso "Mono", encontró un colchón enterrado. Allí surgió otra hipótesis, disparatada, en la cuál la niña habría muerto luego de una fuerte hemorragia y, para hacer desaparecer el cuerpo, la incineraron en un horno de cal. Por ello, detuvieron a Humberto Vitoni (dueño del horno), quién se declaró inocente. Después, fallecería producto de las torturas recibidas en su encierro, por personal policial. El escándalo mayúsculo tuvo como fusible la renuncia del jefe de la Policía, Argentino Auchter. Vitoni era militante del Partido Demócrata y, su entierro fué una excusa para armar una manifestación contra el Partido Radical, al que pertenecía el gobernador Sabattini, por lo que hoy sería violencia institucional. Sin embargo, las pericias realizadas en el horno de cal no dieron ningún resultado positivo. El tiempo pasaba, Martitha no aparecía y no había culpables, ni siquiera sospechosos. Hasta que una prostituta, Laura Fonseca, apuntó contra Antonio Suárez Zabala, perito agrónomo y corredor de seguros. Según el testimonio de la mujer, éste la habría pedido que secuestraran una niña, a lo que ella se negó. Entonces, le dijo que lo realizaría por su cuenta. Resultado : fué detenido y, obviamente se declaró inocente. Quedó instalada la hipótesis de abuso sexual, se realizaron allanamientos y en uno de ellos se encontraron restos óseos (pero no pertenecían a la niña). El caso ya tenía repercusión nacional, la Policía Federal envió sabuesos para ayudar en la búsqueda. La prestigiosa revista "Caras & Caretas", se refería al tema : "Existen las más variadas hipótesis sobre el móvil del hecho, quedando en pie la que atribuye a la mafia, siniestra organización que parece haber arraigado en nuestro medio". De todos los sospechosos, el único que llegó a una acusación formal fué Suárez Zabala, pero no lo pudieron implicar. No había pruebas. Lo señalaban como consumidor de prostitución y cierto gusto por las menores de edad (lo que hoy conocemos como pedofilia) y, hasta llegaron a apodarlo "el vampiro de Córdoba". No obstante, la causa fué elevada a juicio oral y público (toda una novedad para le época) y, en 1941, el acusado fué condenado a 17 años por proxeneta, pero bajo la figura de rapto y no de homicidio, ya que el cuerpo de la niña jamás apareció y faltaban pruebas contundentes. Obviamente, su defensor, Deodoro Roca, aquel activo participante de la Reforma Universitaria de 1918, apeló el fallo y la Cámara hizo lugar a ello, por 2 votos contra 1 (a éste voto contrario lo hizo Antonio De la Rúa, padre del ex presidente de la Nación). Suárez Zabala salió libre el 6 de enero de 1943 y se fué del país sin dejar rastros. Ese año, la Cámara del Crimen, con voto dividido, cerró definitivamente la acusación. La acción penal se extinguió por el paso del tiempo. Martitha Stutz jamás apareció, ni viva ni muerta. La investigación realizada fué poco profesional y desordenada. Arnaldo Stutz, padre de la niña, oficinista de ascendencia suiza, nunca perdió la esperanza de encontrarla y, publicó al respecto una carta en los diarios : "Muy señor mío. Ruégole haga público en su diario que estamos ansiosos y desesperados de tener noticias de mi hijita Martha Ofelia. Por medio de una carta escrita por ella y mi decisión de recuperarla con vida a costa del requerimiento que se me hiciere, ofreciendo toda mi mayor reserva y perdón para los autores..." . Éste caso es uno de los mayores enigmas de la historia criminal cordobesa, sin resolución. El historiador Esteban Dómina escribió al respecto un libro titulado "La misteriosa desaparición de Martitha Stutz"... la niña que desapareció como si se la hubiera tragado la tierra...
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