EL ASESINATO DE LINO PALACIO, EL DÍA QUE EL HUMOR SE LARGÓ A LLORAR
Ambición desmedida, ansiedad, capricho, terquedad... elementos que componen un "cóctel explosivo" que, si va acompañado de consumo de drogas y alcohol, dan por resultado un combo muy peligroso. Todo ello puede desembocar en acciones violentas o delictivas de magnitud. El caso, trágico, que narraremos hoy tiene como protagonista a una joven descontrolada y un famoso dibujante. Comencemos con ella : Claudia Alejandra Sobrero era una chica rebelde que, a los 14 años huyó de su casa, para irse con su novio de 20. Terca y decidida, convenció a sus padres para que la dejasen casarse. Fué así que en 1979, meses antes de cumplir 17 años, tuvo a María Victoria. Tiempo después, la pareja terminó separándose y, Claudia que no podía ni quería estar sola, formó pareja con Jorge Palacio Zorrilla, de 36 años. Ella tenía 21, sin dudas tenía una poderosa seducción, ya que en una ocasión lo convenció de atropellar a su ex novio y huir. Su actual compañero, era sobrino nieto del otro protagonista de ésta narración : Lino Palacio, uno de los más prestigiosos y talentosos dibujantes del país, creador de personajes de historieta como Ramona y Don Fulgencio. Claudia sería nuevamente madre de otra niña, María Cecilia. Como se dijo, la ambición pudo más (además de la precaria situación económica que vivían) y, Claudia convenció a Jorge de robarle el dinero y joyas que el dibujante guardaba en su caja fuerte. Así, él viajó a Mar del Plata, dónde veraneaba su tío abuelo y, mediante engaños y distracciones, le robó las llaves del departamento para sacarle copias. Ya en Buenos Aires, ingresaron al mismo y, robaron los dólares que allí había (algunas versiones hablan de 10.000 dólares y otra de un botín exiguo. Las joyas no estaban). Descontrolada por el consumo de drogas y alcohol, Claudia se ausentaba de su casa para seguir bebiendo y consumiendo (a veces faltaba un par de días). En esas salidas, en un pool de calle Pueyrredón, conoció a Oscar Odín González Muñoz, chileno, de 19 años y se convirtió en su amante. Poco tiempo después abandonó a su pareja, pero se llevó la copia de las llaves y le propuso a su nueva conquista asaltar nuevamente la casa de Palacio. Claudia admiraba en cierta forma a González Muñoz y, con ello quiso demostrarle que era capaz de todo. Participaría también un amigo del chileno, Pablo Zapata, de 22 años. Ella comentó acerca del robo : "Va a ser fácil, entramos con las llaves y reventamos la caja. La casa va a estar vacía". Sin embargo, al llegar al lugar notaron que había gente en la casa, Palacio y su esposa ya estaban de regreso. Debían cambiar los planes y, Claudia, con optimismo, manifestò : "Les vaciamos la caja fuerte sin que se enteren. El viejo se acuesta temprano y, ademàs, ella es sorda". Pero seguían levantados, ya que Palacio preparaba una conferencia que iba a dar 3 días después. Claudia decidió tocar timbre. Al abrirse la puerta, se identificó como la novia de su sobrino nieto y entró. Sin darle tiempo a nada, dijo que venía con dos amigos que querían conocer su arte, por lo que entraron, casi forzadamente. Palacio olfateó que algo andaba mal y elevando la voz, exclamó : "! Sacame éstos zaparrastrosos de acá". Claudia, astuta, lo calmó diciéndole que pasaban de casualidad por allí y decidieron visitarlo. Al dibujante no le cerraba por ningún lado la situación. El ataque no fué inmediato. Estuvieron dando vueltas por la casa (González pidió ir al baño) y lo charlaban para distraerlo. Mientras conversaba con uno, el otro con sigilo, se acercó por atrás y lo golpeó en la cabeza con una plancha. Palacio, según consta en el expediente, luchó por su vida, intentó sacarse a ambos delincuentes de encima. Desde atrás, Claudia le clavó una puñalada en la espalda, pero Palacio, quién había sido un gran atleta es su juventud, siguió luchando y vino otra puñalada más... hasta llegar a 25. Luego, buscaron a su esposa y le ejecutaron de 16 puñaladas. La noche del 14 de septiembre de 1984 se tiñó de sangre el departamento del 5° piso de Callao 2094, en el barrio de Recoleta. Los asesinos huyeron con 4000 dólares y joyas y, cínicamente se fueron a comer pizza y jugar al pool al bar dónde se habían conocido, en Santa Fé y Pueyrredón. Mientras tanto, Cecilia, la hija de Palacio, que había hablado media hora antes del crimen con ellos y quedó en ir a visitarlos, tuvo un mal presentimiento. Años después declaró : "Sentí algo horrible, una especie de cosa adentro mío. Estaba en el cumpleaños de una amiga y decidí volver a casa de mis padres. Cuándo yo subía por el ascensor, ellos bajaban por el de servicio. Al abrir la puerta, me encontré con el horror. Era la 1 y media de la mañana". La noticia causó conmoción nacional, todos los medios cubrieron el caso, debido a la fama mundial del dibujante. La revista "Gente" tituló : "El día que el humor se puso a llorar". Luego de repartirse el botín, Claudia y González se fueron en el tren "Estrella del Norte" a Tucumán. Allí decidieron separarse y el chileno partió a Santiago del Estero. Zapata, por su parte, huyó a otra provincia. El jueves 20 de septiembre (5 días después del crimen), Claudia fué detenida. Vestía zapatillas rojas, jeans ajustados, lucía un extravagante sombrero de cowboy y un cigarrillo en su mano derecha. Llevaba una cédula de identidad falsa y, la policía tucumana al reconocerla, le pidió identificarse. No se resistió y dijo : "Ya sé, me buscan por el asesinato de Lino Palacio. Vamos". La foto que le sacaron, dónde salía esposada, cigarrillo en mano y sonriendo con su sombrero fué icónica para la época y, mereció el repudio general. Sus dos cómplices fueron detenidos ese mismo día. La condenaron a reclusión perpetua con pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado, bajo los cargos de homicidio doblemente agravado, a pesar que la defensa buscó como atenuantes el consumo de drogas y su infancia maltratada. El fallo definitivo salió en 1990 (el juicio escrito duró 6 años) y, los jueces le vaticinaron : "Vas a salir de la cárcel 48 horas después de muerta". La misma pena le correspondió a González Muñoz. Zapata, en cambio, se ahorcó en la cárcel de Caseros, el 30 de abril de 1985. Sin embargo, el 29 de mayo de 1986, aprovechando un apagón en el penal de Ezeiza, Claudia se fugó con otra reclusa saltando el paredón. Su compañera cayó mal y se quebró un tobillo, pero Claudia llegó corriendo a la estación de trenes que luego la depositó en Temperley. Seis días después la detuvieron en el humilde hotel "Carlitos", en Mar del Plata. Estaba sentada en la cama, con una Biblia en la mano y no opuso resistencia. Salió en libertad condicional el 3 de enero de 2006. Vivió en la calle, no conseguía trabajo, así era difícil sobrevivir. Conoció un hombre y, juntos comenzaron a robar. La detuvieron una tarde, después de sacarle la cartera a una mujer. Volvió a la cárcel y, allí escribió un libro : "Así murió Lino Palacios, no todo lo que brilla es oro". En la tapa aparecía como ilustración una mancha de sangre e incorrectamente una S final en el apellido del dibujante. Martha Dillon, periodista y escritora, realizó una descripción exacta de Claudia en la cárcel : "La pena máxima jamás aplicada antes a una mujer. No importó entonces que su defensa fuera débil, ni su fragilidad en tanto adicta a las drogas ilegales. Frente a la atrocidad del crimen de una figura pública, ésta otra figura a la que se fotografió mientras dormía en su celda apenas apresada como símbolo de falta de arrepentimiento, parecía operar como contrapeso necesario para dejar cuentas saldadas. Claudia Sobrero creció en la cárcel. Sus hijas fueron separadas por decisión salomónica : la mayor de 5 años iría a vivir con la familia materna. La menor, con la paterna. Y su madre le perdería el rastro para siempre. En la cárcel terminó el secundario, se graduó como socióloga, se anotó en cada taller que pudiera ofrecerle una mínima ventana a lo que sucedió afuera : teatro, serigrafía, expresión corporal, animación cinematográfica. Sin embargo la cárcel, la tumba como le dicen quiénes la padecen, nunca dejó de proyectar su sombra". Finalmente salió libre el 18 de enero de 2012. Estuvo presa 27 años, siendo la mujer de nuestro país que más tiempo estuvo en esa condición. Al respecto de su encierro, Claudia manifestó : " Soy peligrosa y mi peligro no son mis manos, es porque pienso. Los penitenciarios me odiaban, no tenía ni 24 años cuando me fugué por los techos y se dieron cuenta al día siguiente. Intentaron hasta matarme, pero no tuve miedo y pude salvarme. Nunca fuí una tonta, pero eso no me hace una asesina. El peligro era lo que yo les pudiera hacer, se les cayó el personaje psicópata porque nunca me violenté. Mi violencia siempre fué verbal y, a medida que seguía estudiando no paré de darles y cada vez con más conocimiento". (entrevista realizada por la revista "Furias"). En otra nota, trató de justificarse : "En esa época vivía muy drogada y descontrolada, pero ya pagué". El abogado querellante Eduardo Gerome fué más explícito y tajante : " Fué un doble asesinato feroz. Los criminales actuaron con tanta frialdad que después de la masacre se fueron a comer a la pizzería que quedaba en la otra cuadra de la casa de la escena del crimen". Antes de salir en libertad, Claudia conoció a un profesor de taller con quién volvió a formar pareja. Hoy tiene 60 años y vive tranquilamente en Haedo, lejos de la personalidad indomable de 40 años atrás. Su caso fué motivo de un capítulo del unitario "Mujeres asesinas", dónde Claudia fué interpretada por Dolores Fonzi (el episodio se llamó "Claudia Sobrero, cuchillera"). El cineasta Manuel Gonnet filmó un documental sobre ella, llamado "Claudia". La joven, protagonista de un horrendo crimen, en el documental dice : "Todos éstos años tuve que resistir. Si no resistís, desaparecés como persona. Algunos se deben preguntar ¿ ésta mujer ha hecho algo que valga la pena para que firme un autógrafo ? Sí.. resistir" . Lo mismo que quiso hacer Lino Palacio cuándo lo estaban asaltando y Claudia le asestaba la puñalada mortal por detrás...
Comentarios
Publicar un comentario