VÍCTOR GALÍNDEZ., EL CAMPEÓN DE LOS RÉCORDS... Y LA MALA SUERTE

Existen deportes que sirvieron, sirven y servirán para "sacar del lodo" a personas que nacen en la extrema pobreza. En un contexto socio-económico donde no todos los días había un plato de comida en la mesa, donde el trabajo estable y los ingresos monetarios figuraban en cuentagotas o directamente no existían, la vida es muy dura. Toda ésta "herencia social", muchas veces impulsaba a los menores a trabajar desde muy temprana edad, cediendo derechos y privilegios como la educación y una infancia normal. En el peor de los casos, eran presa del delito para subsistir y, ésto con el tiempo se convertía en una forma de vida. Pero, no todas son pálidas, ya que muchas veces, el deporte es la tabla de salvación para éstos jóvenes. El boxeo es, junto con el fútbol, "salvavidas" del futuro de una persona nacida en contextos vulnerables. Ejemplos como Gatica o Monzón, hablando de boxeo, dan fe de ello (aunque las "luces de la fama" y el dinero los obnubila y, terminan de la peor manera). En ésta entrega, el protagonista de la misma, fué uno de aquellos a quiénes el boxeo salvó, pero el final no fué feliz. Víctor Emilio Galíndez nació en Vedia (Pcia. de Buenos Aires), a 55 kms. de Junín, el 2 de noviembre de 1948, en el seno de una humilde familia. Siendo aún niño, se mudó a Luján, dónde lo criaron su tía Celina y su abuela Cervanda. Comenzó a practicar boxeo en Tigre, primero bajo las órdenes de Horacio García y, luego, de Oscar Casanovas (medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936) y, fué así que, a los 19 años, integró la delegación argentina que fué a los Juegos Panamericanos de Winnipeg (Canadá), en 1967, dónde obtuvo la medalla de plata, en gran actuación. Sin embargo, no le fué tan bien al año siguiente en los Juegos Olímpicos de México, dónde cayó en la primera pelea y fué eliminado. Poseía una estructura física notable, con un cuello ancho, piernas finas y glúteos de una redondez marcada. Su mirada "fiera" inspiraba una mezcla de temor y respeto : pómulos salientes, ojos hundidos y frente angosta y, lo más importante, una buena pegada, amor propio y mucha guapeza. Su debut como profesional tuvo lugar el 10 de mayo de 1969, dónde venció por knock out a Ramón Ruiz. Amante de la velocidad y los autos, con sus primeros ingresos adquirió un Fiat 600, al cuál le pintó una cabeza de leopardo en la parte lateral trasera izquierda, por lo que se ganó el apodo de "El Leopardo de Morón", en referencia al barrio dónde vivía en ese momento. Sin embargo, a los pocos meses tuvo que devolverlo porque no podía seguir pagándolo (lo había comprado en cuotas). Su ascenso fué meteórico y, el 22 de julio de 1972 se consagra campeón argentino mediopesado, al vencer por puntos a Juan Aguilar y, 3 meses después, el 7 de octubre, obtiene el cetro sudamericano ganándole por puntos a Avenamar Peralta. En el medio se consagra en el Torneo argentino "Félix Daniel Frascara", imponiéndose a Pedro Rimowsky. La potencia y guapeza de Galíndez eran promisorias para buscar algo más, lo que todos quieren : el título mundial y, allí fué clave el trabajo de su promotor "Tito" Lectoure, además dueño del Luna Park. El empresario, "viejo zorro" de los negocios ( ganó la subasta de la pelea del título vacante que había dejado el campeón Bob Foster, al retirarse), y logró que, por primera vez en nuestro país, se disputara una pelea por el título mundial. Y fué así que, Galíndez sería el primer compatriota en coronarse en casa, venciendo por abandono, en el 13° round, a Len Hutchins, habiéndolo derribado en el 1°, 4°. 8° y 12° asalto. Para ésta pelea estuvo 20 días concentrado, con "alimentación científica" y, el día del combate se fué a almorzar a la ya desaparecida "Cantina de David", un sitio muy concurrido en esa época. Dos horas antes de subirse al ring, le manifestó a Lectoure que no se sentía bien. El diálogo fué imperdible : "Mal, ésta noche, justo la noche que esperamos 3 años te sentís mal ", le reprochó Lectoure.  "Sí Tito, repito la comida" , fué le ingenua respuesta de Galíndez. "¿ Con quién almorzaste ? " prosiguió el promotor.  "Con los muchachos amigos que vinieron de Morón, fuimos ahí dónde van siempre usted con sus amigos, a la Cantina de David", aclaró el boxeador. Incrédulo, Tito insistió : "! Qué raro que en ese restaurante algo te haya hecho mal ¡ ¿ Y qué comiste ? ". Dicen que cuándo Galíndez le contó que comió ranas a la provenzal, el insulto de Lectoure se sintió varias cuadras a la redonda. Después se supo que, un par de meses antes de ésta chance mundialista, se había accidentado en el auto de un amigo, al chocar con un camión. Ese incidente le provocó una lesión en el tobillo derecho, que le ocultó a Lectoure y a su entrenador, Juan Carlos Pradeiro. Así era Galíndez, demasiado confiado, algo irresponsable y amante de la velocidad. Pero todo lo suplía con su notable guapeza, llegando a defender su título en 10 oportunidades. Protagonizó otro hecho histórico el 30 de junio de 1975, cuando defendió su título en el Madison Square Garden, de Nueva York, al vencer por knock out a Víctor "Aconcagua" Ahumada, siendo la 1° vez que dos argentinos peleaban por el título mundial. Esa misma noche, Carlos Monzón defendió con éxito su corona, al vencer a Tony Licata. Comenzó a ganar buenas bolsas en las peleas que disputaba (gracias a la notable capacidad negociadora de su promotor) y, así, de aquel modesto Fiat 600 que tuvo que devolver, pasó a un Peugeot 404 y, cuando fue campeón argentino adquirió un Torino y, la abundancia lo llevó a gastar desenfrenadamente en autos deportivos y de lujo, llegando a tener 20 de ellos : Mercedes Benz, BMW, Corvette, Pick up Chevrolet, entre otros y 3 motos de alta cilindrada. En particular un auto lo deslumbró, un Ford Farlaine azul, con lunares blancos imperceptibles, lo que daba una sensación de ver un cielo estrellado. También poseía un particular "look", usaba camisas floreadas con tonos vivos, siempre desabrochadas, zapatos con tacos pronunciados (que lo hacía parecer más alto), pantalones oscuros, apretados en la cintura hasta las rodillas y botamanga export que cubría el calzado. Como accesorios, lucía cadenas colgantes de oro y enormes relojes esfera. Su noche de gloria tuvo lugar en Johannesburgo (Sudáfrica), el 22 de mayo de 1976, dónde en el combate más dramático de la historia, retuvo su título venciendo por knock out, a Richie Kates a 10 segundos del final de la pelea. En la misma, Kates le abrió el arco superciliar derecho de un cabezazo a Galíndez en el 3° round. De allí en más, el campeón no paró de sangrar profusamente. Combatió casi a ciegas, limpiándose constantemente con la camisa del árbitro Stanley Christodoulou, que terminó completamente roja. Un potente impacto le dió la victoria en el último round. En la actualidad, la camisa del árbitro se conserva, con la sangre del campeón, en el Museo del Deporte de Johannesburgo. Ese mismo día, era asesinado en Nevada (EEUU), su íntimo amigo Oscar "Ringo" Bonavena. Le comunicaron la mala noticia al final de la pelea, para no afectarlo anímicamente. Finalmente perdería su título el 5 de septiembre de 1978 ante Mike Rossman, debido a una mala preparación para la misma, producto de una vida desprolija, con salidas nocturnas, romances fugaces, poco apego al gimnasio. Lectoure se enojó con él y, lo convenció de prepararse bien para recuperar lo perdido. Y fué así, al año siguiente que, ante el mismo rival, lo hizo noqueándolo en el 9° round, siendo el 1° campeón mundial argentino en reconquistar el título. Pero, los excesos seguían y, Lectoure fué tajante : "No quiero ser su socio de diversiones, quiero ser su guía de vida deportiva. Si quiere seguir siendo campeón abajo y arriba del ring, siempre me tendrá a su lado, si quiere volver a llenar comentarios periodísticos con fotos indecorosas y testimonios antideportivos, yo estaré lejos, del otro lado, en silencio". Terminaron separándose y, Galíndez se vinculó a la empresa "Primera Fila", manejada por el empresario "Cacho" Steimberg y Carlos Monzón (ya retirado). Realizó la 1° defensa de su segundo reinado el 30 de noviembre de 1979, ante Marvin Johnson y cayó noqueado en el 11° round, con fractura de mandíbula. Galíndez se había preparado deficientemente para éste combate y lo pagó caro. Siempre tuvo problemas para dar el peso, cuyo límite era 79,378 kgs. y, no se cuidaba con las comidas y bebidas. Era un fanático de la Coca Cola y, según cuenta el periodista especializado en boxeo, Enrique Martín, que seguía su carrera, lo veía entrenar 3 veces al día y luego de ello, se tomaba una gaseosa entera. También cuenta que, en la pelea que pierde el título con Rossman, tenía 5 kgs. de más, por la mañana, antes del pesaje oficial. Decidió correr alrededor de la caldera del hotel para bajarlos y... lo logró. Pero, terminó casi desmayado, al borde de la deshidratación y... perdió sin atenuantes. Reconciliado con Lectoure, luego de perder el título con Johnson, decidió pasarse a la categoría crucero, para evitar lidiar con el peso. El promotor le consiguió una pelea eliminatoria que, de ganarla, le daba una nueva chance mundialista. Se presentó el 14 de junio de 1980 en Anaheim (EEUU), frente a un boxeador mediocre, como Jesse Burnett, a quién ya había vencido y, que llegó como reemplazo del retador oficial, Marvin Camel. quién se había lesionado. Pero, nuevamente estaba mal preparado, fué 2 veces a la lona y perdió por puntos en 12 asaltos. Un mes después, el 18 de julio, mientras realizaba un entrenamiento y sesión de guantes, con el púgil Juan Antonio Musladini, sintió una molestia persistente en sus ojos. Acudió al oftalmólogo y el diagnóstico fué lapidario : desgarro de ambas retinas. Tres semanas después y, siguiendo el consejo de los médicos Oscar Blas Donato y Daniel Hidalgo, anunció su retiro del boxeo, por el severo riesgo que corría su vista si continuaba peleando. Al respecto de eso, dijo : "Cuando bajamos del ring somos los tipos más débiles del mundo. Es dificilísimo pensar en el momento del retiro. Uno, que en su vida no hizo más que pelear, no se siente seguro abajo del ring. Y tiene miedo, mucho miedo". Debía comenzar otra etapa, ya separado de su esposa. Algunas malas inversiones y amistades le costaron la venta de 6 departamentos... que no sabía que tenía...!! Lectuore, además de su promotor y guía, era como un padre para Galíndez, pues le cuidaba el dinero y se lo hacía invertir antes que lo malgastara. En esa época no existía el divorcio como ley, pero sí la división de bienes y, allí se enteró que era dueño de 27 departamentos que Lectuore le había hecho comprar en diversas escribanías. En su etapa profesional de boxeador, entre 1974 y 1978, había ganado más de 1 millón y medio de dólares. Se retiraba con un registro de 55 peleas ganadas (34 por KO), 9 perdidas (3 por KO) y 4 empates. Sin perder tiempo, 2 semanas después de su retiro, se contactó  con los mecánicos Omar Wilke y Jorge Pedersoli, preparadores del auto campeón del TC del año '79 , conducido por Francisco Espinosa. Éstos, a su vez, le presentan al piloto misionero Antonio Lizeviche, quién además era tesorero de la ACTC (Asociación de Corredores de Turismo Carretera). Lizeviche, dueño de una casa de repuestos en Pompeya, le ofreció que lo acompañara como copiloto en una carrera, para dar la prueba, más adelante, y así obtener la licencia como piloto de Turismo Carretera. Galíndez aceptó y el debut estaba programado para el 19 de octubre, en ocasión de la 3° prueba del campeonato 80/81 del TC, en el circuito semipermanente de 25 de Mayo, cuya extensión era de 15.209 mts., pero una fuerte tormenta obligó a suspenderla para el 26 de octubre. El día anterior, sábado 25, compartió un asado en su casa de Martínez, con amigos, familiares y su pareja, Patricia Aguado. Al día siguiente, llegó temprano, se sacó fotos y participó, con Lizeviche al volante, de la 1° serie clasificatoria, dónde arribaron 11°, con problemas en la caja de cambios. Tras esa serie, ganada por Juan Carlos Pellegrini, Lizeviche declaró a la prensa : "Deseo fervientemente que el auto no se rompa. Él se merece que el auto responda. Si Dios quiere, hoy será un día inolvidable en su vida". A las 12:50 hs. el Chevrolet N° 19 largó desde la 11° fila, junto al Dodge de Juan Carlos Deambrossi. Pero el problema mecánico no había podido ser resuelto y, a sólo 6 kms. de haber largado, debieron abandonar. Dejaron el auto a un costado de la pista y volvieron caminando a boxes... aunque para llegar debían recorrer 2000 mts. Lo hacían en sentido contrario de los autos que corrían y, el público, al reconocer a Galíndez calzado en el buzo antiflama, lo saludaba. Al llegar a la altura de la Estancia San José, se detuvieron a conversar con el piloto Miguel Atauri, quién con el coche descompuesto, trataba de hacerlo arrancar. Les ofreció acercarlos a boxes ni bien funcionara, pero ellos prefirieron seguir caminando. Fué entonces cuándo sobrevino la tragedia. El Falcón N° 71 de Marcial Feijoó cumplió su 6° pasada frente a boxes. Iba junto a Antonio Batista y Daniel Corso, en el puesto 23, con una vuelta perdida, según las planillas oficiales. Antes de llegar al lugar del impacto, el Falcón fué tocado por otro vehículo, la cola del auto se movió y se puso de costado, perpendicular a la ruta. A 250 kms. por hora, el bólido, fuera de control, embistió con su lateral derecho a Lizeviche y Galíndez y ambos salieron despedidos. Fallecieron en el acto. El auto siguió su loca carrera, dió una vuelta de campana y terminó estacionado sobre unos troncos a 20 mts. del camino. Una muerte absurda, la vida del ex campeón se apagó a pocos días de cumplir 32 años. La ambulancia, llamada por Atauri, llegó 6 minutos después, pero ya no había nada que hacer. Los cuerpos fueron trasladados al hospital y luego a la morgue del cementerio, antes de llevarlos a Buenos Aires. Feijoó fué enviado al hospital "Saturnino Unzué" en estado de shock y con fracturas en los brazos y la zona costal. Al día siguiente, Galíndez fué velado en una sala de Castro Barros al 800 (propiedad de la familia Bonavena) y luego trasladado al Luna Park, dónde una multitud lo despidió. El 28 de octubre sus restos fueron depositados en el Cementerio Municipal de Morón. En el año 2002, Galíndez ingresó en el Salón de la Fama del Boxeo Mundial, siendo el 3° argentino en lograrlo, luego de Monzón (1991) y Pascual Pérez (1995). Víctor Emilio Galíndez, el boxeador de los récords y hazañas, tuvo una vida demasiado corta, con una muerte tan insólita como absurda. Alguna vez había dicho que temía morir en el ring, pues terminaba exhausto, al límite. Su otra pasión, la velocidad, truncó su vida y sus sueños...



































































































































































































































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