SANTIAGO DE LINIERS, UNA HISTORIA DE HEROÍSMO Y TRAICIÓN
Es increíble como puede pasarse en poco tiempo de la gloria al abismo, del cielo al infierno, en sentido figurado. Ya sea por actitudes propias o ajenas, todo lo conseguido se puede desmoronar como un castillo de naipes. En la entrega de hoy veremos como, en poco tiempo, nuestro protagonista pasó de ser un héroe nacional a un traidor a la patria. Jacques Antoine Marie de Liniers et Bremond, francés nacido en Niort, el 25 de julio de 1753, cuya traducción al castellano es Santiago de Liniers, tuvo dos "caras" en la historia de las luchas por la libertad en nuestro país. Debido a ciertos pactos entre su patria natal y España, éste capitán de navío terminó como servidor de nuestra "Madre Patria". Obviamos algunos aspectos de su primaria vida, para ubicarnos en el porqué de su ascenso y caída. Para ello, nos ubicamos en contexto histórico durante las Invasiones Inglesas. La primera ocurrió el 24 de junio de 1806, cuándo 1600 soldados británicos a cargo del capitán William Carr Beresford, desembarcaron en Quilmes y, tres días después, se apoderaba de Buenos Aires, prácticamente sin disparar un tiro. Semejante acción fué un "verdadero bochorno" local, sumado a que las milicias criollas desertaron, por orden del virrey Sobremonte, quién se replegó a Córdoba para organizar una "supuesta contraofensiva". Para " embarrarla" aún más, en esa retirada perdieron las cajas de la recaudación de impuestos reales, que fueron recogidas en el camino por los ingleses (según registros, las suma ascendía a $ 1.291.323 de plata). Sin embargo, un mes y medio después, Liniers, con 1200 soldados entraba y expulsaba a los ingleses de Buenos Aires. Aquí contó con la fundamental ayuda del criollo Martín de Álzaga, quién organizó la resistencia y armó un "ejército clandestino" que tenía a raya a los ingleses, hasta que Liniers llegara. El virrey Sobremonte llegó tarde a Buenos Aires, pues el "trabajo sucio" ya lo había hecho el capitán francés. Inmediatamente se realizó un Cabildo Abierto, organizado y dirigido por Álzaga (asistieron 40.000 personas), dónde se desconoció la autoridad de Sobremonte y se reorganizaron las milicias populares, pues los ingleses volverían. Ello sucedió en 1807, con la 2° Invasión Inglesa, al mando del general John Whitelocke. Primero tomaron Montevideo y, ante la inminencia del ataque, el pueblo criollo unge a Liniers como virrey interino. Las fuerzas criollas se trenzaron en combate con los ingleses en la Batalla de Miserere, dónde los europeos vencen, debido a la superioridad de fuerzas (9031 soldados británicos contra 6937 criollos). La derrota fué estratégica, ya que eso permitió ganar tiempo para rearmarse en Buenos Aires, pues Whitelocke, confiado, les dió 3 días para pensar su propuesta de rendición. Tremendo error inglés, pues la ciudad se armó para defenderse, con la participación también de todos los civiles. Al ingresar a la ciudad, el 5 de julio, las tropas invasoras fueron atacadas desde todos los frentes (en parapetos, balcones, azoteas y ventanas). Fué una verdadera masacre y, allí nace el mito del arrojo de aceite hirviendo desde los balcones a los soldados (en realidad era agua). Las pérdidas fueron tremendas y, al día siguiente, Whitelocke se rindió y también liberó Montevideo. En 1808, en reconocimiento a su labor, el rey de España confirmó a Liniers como virrey. Sin embargo, las reticencias con el héroe francés comenzaron a notarse por su "lealtad" a la corona española, incluso su antiguo aliado Álzaga le había perdido la confianza. Éste, revolucionario auténtico y autóctono, terminó exiliado en Carmen de Patagones, por un intento de levantamiento. España tomó nota de ello y, para calmar las aguas, nombró "a uno de los suyos", el español Baltasar Hidalgo de Cisneros, en lugar del francés Liniers, en 1809. Éste fué "enviado" a Mendoza, pero él prefirió retirarse momentánemente de la milicia y se afincó en Alta Gracia, cerca de Córdoba, como hacendado. El resto de la historia patria es conocida y, el 25 de mayo de 1810, la Revolución de Mayo depone al virrey Cisneros y asume la Primera Junta, primer gobierno patrio. No obstante, la gesta de Mayo estaba lejos de ser reconocida por todos y había muchos conspiradores que trataron de voltearla. Por ello, la Junta buscó acatamiento de las provincias y, destacó expediciones al Norte y Paraguay. Desde varios frentes había movimientos contrarios a los revolucionarios y, el foco principal donde se armó la contrarrevolución tuvo lugar en Córdoba. Liniers, personalmente no reconocía a la Junta, pero los soldados que lo seguían iban desertando ante ésta actitud. Al respecto afirmaba : " Será necesario considerar como rebeldes a los causantes de tanta inquietud. Como militar estoy presto a cumplir con mi deber, y me ofrezco desde ya a organizar las fuerzas necesarias. La conducta de los de Buenos Aires con la Madre Patria, en la que se halla debida, el atroz usurpador Bonaparte, es igual a la de un hijo que, viendo a su padre enfermo, pero de un mal que probablemente se salvaría, lo asesina en la cama para heredarlo". Comprobada la conspiración cordobesa, el 28 de julio, la Primera Junta dictó sentencia de muerte en contra de los detractores. La misma fué firmada por todos los integrantes, salvo por Manuel Alberti, por su condición de cura. El texto de la misma decía : "Los sagrados derechos del Rey y de la Patria han armado el brazo de la justicia y, ésta Junta ha fulminado sentencia contra los conspiradores de Córdoba, acusados por la notoriedad de sus delitos y condenados por el voto general de los buenos. La Junta manda que sean arcabuceados Don Santiago de Liniers, Don Juan Gutiérrez de la Concha, el obispo de Córdoba, Don Victorino Rodríguez, el coronel Allende y el oficial real Don Joaquín Moreno, en el momento que todos o cada uno de ellos sean pillados, sean cuáles fueren las circunstancias, se efectuará ésta resolución sin dar lugar a minutos que proporcionasen ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de ésta orden y honor de V.S. Éste escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema y una lección para los jefes del Perú, que se abandonan a mil excesos por la esperanza de la impunidad". Entre el 4 y 5 de agosto, la noticia de la sentencia fué conocida en Córdoba. Pero Liniers se anticipó y, el 31 de julio, acompañado de 400 soldados y algunos funcionarios públicos españoles, inició una huida desde Córdoba hacia el Alto Perú. Los seguía el Ejército Auxiliar, compuesto de 1100 hombres, que el 25 de junio habían partido desde la Plaza de la Victoria, al mando del Coronel Francisco Ortiz de Ocampo. Lo secundaban el teniente coronel Antonio Balcarce, el comisionado de la Junta, Hipólito Vieytes, el auxiliar de guerra, Feliciano Chiclana y el comisario de guerra, Juan Gil. Sin embargo, en su huida para encontrarse con los realistas en el Alto Perú, Liniers desconocía que muchos de sus oficiales tenían la misión de retrasar la marcha de la caravana. Esa misma noche comenzaron las deserciones y, cuándo menos se lo esperaba, sólo era acompañado por una pequeña fracción del cuerpo de los Blandengues de la Frontera. Quisieron convencer a los soldados de no desertar ofreciéndoles dinero que llevaba el tesorero Joaquín Moreno, pero fué en vano. Entre Totoral y Tulumba, a 200 kms. al norte de Córdoba, el resto de los soldados, en medio de insultos, gritos y amenazas, dejaron solos a sus jefes. En secreto, una partida de patriotas, seguía sigilosamente a lo poco que quedaba de la columna y, habían advertido a las postas de no asistir con caballos frescos a los fugitivos. Para alivianar la marcha, los pocos seguidores de Liniers, incendiaron un carro con municiones e inutilizaron un cañón. Eso facilitó su persecución, ya que dejaban los pertrechos abandonados al costado del camino. El 4 de agosto, cuando estaba en Río Seco, Liniers se enteró que las fuerzas enviadas desde Buenos Aires habían ingresado a Córdoba y que habían mandado una partida de 75 hombres para detenerlo. Ante ésta situación, decidieron dividirse : Liniers, su ayudante Lavín y el canónigo Llanos fueron hacia las sierras, el obispo Orellana y el capellán Jiménez se dirigieron a la casa del cura cordobés Juan Espinosa y el resto continuó por el camino de las postas. El 6 de agosto, cerca de la villa del Chañar, Antonio Balcarce vió la luz de un fuego dentro de un monte. Al acercarse, sorprendió a 2 hombres guardando unas mulas. Uno de ellos, un mulato al que Liniers le había pagado para ocultarlo, confesó la verdad diciendo que los animales eran del francés y que éste permanecía escondido en una choza, a casi una legua. Liniers y sus acompañantes fueron sorprendidos violentamente mientras dormían, por una partida al mando del joven de 19 años, José María Urien, ayudante de campo del jefe del ejército. Fueron muy maltratados, ya que a Liniers lo ataron por la espalda, con tanta presión que le sangraron las yemas de los dedos. Para completarla, le robaron su dinero, joyas y equipaje. A la mañana siguiente, en el campamento del ejército se encontró con los demás prófugos : Juan Gutiérrez de la Concha, Victorino Rodríguez, Santiago Allende y Joaquín Moreno, todos capturados cerca de las sierras de Ambargasta, mientras que el obispo Orellana había sido detenido a 8 leguas de allí. Los $ 30.000 que llevaba Moreno... desaparecieron. Pero, lo impensado ocurrió... ya que el jefe del ejército, Ortiz de Ocampo, decidió por cuenta propia llevar a los prisioneros a Buenos Aires, mientras enviaba un chasqui para informar a la Junta que lo último que deseaba era fusilar a Liniers en Buenos Aires, ya que era muy estimado por su heroica actuación en las Invasiones Inglesas. Ante ésto, uno de los secretarios de la Junta, Mariano Moreno, estalló de furia y, muy molesto, le escribió a Chiclana (que estaba en la partida) : "Pillaron nuestros hombres a los malvados, pero respetaron sus galones y cagándose en las estrechísimas órdenes de la Junta, nos lo remiten presos a ésta ciudad. No puede usted figurarse el compromiso en que nos ha puesto, y si la fortuna no nos ayuda, veo vacilante nuestra fortuna por éste sólo hecho". No conforme con eso, convocó a uno de los vocales con quién más afinidad tenía, Juan José Castelli y, le pidió, casi exigiéndole : "Vaya Vuestra Merced y espero en que no incurrirá en la misma debilidad que nuestro general si todavía no la cumpliese la determinación tomada, irá el vocal Larrea, a quién pienso no faltará resolución, y por último iré yo mismo si fuese necesario". Moreno quería deshacerse sí o sí de Liniers, porque intuía que si llegaba a Buenos Aires, lo salvarían. Lo consideraba un traidor. Los maltratos a los prisioneros, ante la "vista gorda" de los jefes, continuaban. La fama de Liniers era mayúscula y, en los lugares por dónde pasaba la partida, algunos vecinos se arriesgaban y, se acercaban a llevar comida y tabaco por la noche, cuándo la guardia se relajaba. En una ocasión, un grupo de paisanos del lugar, tramaron una fuga : con ayuda de baqueanos, ayudarían a escapar a los prisioneros hasta las tierras de los indios pampa, llevándose también los caballos, para evitar ser perseguidos. Pero, Liniers se negó, confiado en que al llegar a Buenos Aires lo salvarían... El 16 de agosto, permitieron que el obispo Orellana diera misa y los prisioneros comulgaran... Luego, al llegar a Fraile Muerto (hoy Bell Ville), reemplazaron al impetuoso ayudante Urien por el Capitán Manuel Garayo, quién comandaría la partida hasta Buenos Aires. Con éste cambio, los maltratos cesaron y los prisioneros pensaban en un posible destierro para su suerte. Pero... todo era una estrategia, el final se acercaba. En la noche del 25 de agosto hicieron noche en la Posta Esquina de Lobatón, casi en el límite con Santa Fe y les prometieron que tendrían nuevamente misa y comunión. Nada de eso pasó, pues Castelli y Domingo French, llegaron desde Buenos Aires con 50 húsares y un escribano. Garayo entregó el mando y a los prisioneros les quitaron las navajas y enseres que tenían para comer. Al mediodía del 26 de agosto de 1811, a 2 leguas de Cabeza de Tigre (cerca de Los Surgentes), el teniente coronel Balcarce ordenó que los prisioneros fueran llevados en coche a un monte conocido como Chañarcillo o de Los Papagayos, un lugar ondulante de talas y chañares, a 4 leguas de Cruz Alta. Al descender del carruaje, les ataron las manos a la espalda y les leyeron su sentencia de muerte. Entre gritos, protestas y ruegos, Castelli les informó que sus bienes serían confiscados por el gobierno patrio y que tenían 3 horas para prepararse para morir. Por gestión del obispo Orellana (salvado por su condición de cura), se logró retrasar 1 hora más la ejecución. También el obispo confesó a Liniers y Allende, mientras que los otros 3 fueron atendidos por el capellán Jiménez. Orellana intentó aplazar la sentencia con el argumento de que no se hacían ejecuciones los domingos, pero Castelli lo ignoró. Liniers se negó a que le vendaran los ojos. El pelotón se paró a 4 pasos de ellos y, cada uno tenía su blanco. Balcarce ordenó apuntar y esperó 2 segundos para dar la orden de tirar. Como ironía del destino, Liniers no murió de inmediato (el disparo no le dió en el pecho ni en la cabeza). French, que había combatido al lado del francés en las Invasiones Inglesas ( y que había sido ascendido a teniente coronel por el mismo Liniers), lo remató de un pistoletazo. Los cadáveres fueron llevados en carretilla a Cruz Alta y los arrojaron a una zanja abierta al costado de la iglesia. Allí, volcaron la carretilla y, de la forma en que cayeron, fueron cubiertos con tierra. Al día siguiente, ya sin nadie en el lugar, el teniente cura de la parroquia exhumó los cadáveres y los volvió a colocar separados. Sobre ellos colocó una cruz, con las iniciales L.E.C.M.A. que respondían al orden que los ubicó. Dos días después, un chasqui llegó a Buenos Aires con la noticia de los fusilamientos. En el diario "La Gaceta", la Junta explicó los motivos de la sentencia : "... era una necesidad imperiosa e inevitable..." y, además... "hemos decretado el sacrificio de éstas víctimas a la salud de tantos millones de inocentes. Solo el terror del suplicio puede servir de escarmiento a sus cómplices". Cincuenta años después, en 1861, gracias a las gestiones del presidente Santiago Derqui, sobrino nieto de uno de los ajusticiados (Victorino Rodríguez), se buscaron los restos. Pudieron ubicar a un tal Pascual Almirón, un anciano que presenció el entierro. Recordó ese momento e informó que algunos cuerpos tenían los ojos comidos por los caranchos. Al encontrarlos, sólo había 10 suelas de calzado y 2 botones , uno de ellos con una corona de relieve. A ese objeto lo llamaron "el botón de Liniers", que luego sería entregado a sus descendientes franceses cuando visitaron Cruz Alta. Todos los despojos fueron guardados en una urna de caoba y, en la casa de Borja León (otro viejo habitante de la ciudad), fueron velados en una humilde mesa de madera. Luego, los llevaron a la Iglesia Matriz de Rosario y, más tarde a Paraná. En 1862, el cónsul español en Rosario, solicitó en nombre de la reina Isabel, al presidente Mitre, que los restos les fueran entregados para llevarlos a España. En el bergantín "Gravina", la urna con los restos de Liniers, llegó a Cádiz y, con honores fúnebres, fueron depositados en el Panteón de los Muertos Ilustres de San Carlos. Actualmente hay calles, barrios e incluso un club de fútbol (en Bahía Blanca) que lo recuerdan. La película, de 2001, "Cabeza de Tigre" relatan los últimos días de Liniers (con descollantes actuaciones de Héctor Alterio, en el papel del francés y Damián de Santo, como Castelli). Así fué el final de Santiago de Liniers que, 4 años después de ser aclamado y vitoreado como héroe de la Reconquista de Buenos Aires ante los ingleses, en las famosas Invasiones, caía bajo las balas justicieras de la Junta, a los 57 años, acusado de alta traición a la Patria, que él mismo ayudó a defender. Lo llenaron de honores y títulos : Caballero de la Orden de San Juan, Conde de Buenos Aires, Comendador de Ares en "La Montesa", Mariscal de Campo, Jefe de Escuadra de la Real Armada, Virrey, Gobernador de las Misiones y Capitán General Interino. Todos esos títulos y su actuación, casi lo salvan. Pero la tozudez, vehemencia y decisión de Mariano Moreno, junto a la valentía de Castelli y la determinación de French, pusieron punto final a un personaje que gozó de las mieles del heroísmo y terminó su vida bajo el escarnio de la traición...
Comentarios
Publicar un comentario