MYRIAM STEFFORD, UNA VIDA DE LUJOS Y TRAGEDIA

El dinero convierte a las personas, en muchas ocasiones, en seres extravagantes, frívolos y con cierta "impunidad" que les otorga el poder del "vil metal". En la antigüedad, dónde el mundo era dominado por monarquías obscenamente ricas y opulentas, encontraremos muchos ejemplos de ello. El caso presentado hoy, refiere a una mujer que vivió en el lujo, la riqueza y, merced a ello, vivió su corta vida, intensamente y, producto de ello, murió trágicamente. Rosa Martha Rossi Hoffmann, nació el 30 de octubre de 1905, en Berna, capital de Suiza, hija del italiano Antonio Rossi, empleado en una fábrica de chocolates y de Rosa Emma  Hoffmann, alemana, ama de casa, quiénes además procrearon a Julia, su hermana menor. A los 15 años, deseosa de aventuras y sueños por cumplir, ella literalmente se escapó de su casa, en 1920, a Budapest y, comenzó su carrera de actriz. Dueña de una singular belleza y ciertas dotes escénicas, firmó contrato con el sello fílmico alemán UFA y, fué entonces que adquirió el seudónimo con el que se inmortalizó en nuestro país : Myriam Stefford. Alcanza a filmar 3 películas, como actriz de reparto : "La Duquesa de Chicago", "Póker de Ases" y una versión de "Moulin Rouge". En 1927, conoce Venecia y, en medio de una suntuosa fiesta, dónde hubo derroche de champagne, lujo, placer y música, conoció al escritor cordobés Raúl Barón Biza, millonario, polémico y excéntrico personaje de la noche. Poseedor de una fortuna incalculable heredada de su padre, no escatimó en excesos y despilfarros de dinero. Barón Biza llevó a Europa una práctica frívola de la oligarquía de nuestro país (ideada por el millonario Martín "Macoco" de Álzaga Unzué) :"tirar manteca al techo". La "diversión" consistía en tirar ésta materia grasosa al techo usando los tenedores como lanzadores y, competían para ver quién era capaz de dejar pegados más pedazos de manteca, o cuál se mantenía pegado más tiempo. Otras veces, al caer al suelo la manteca, provocaba resbalones y caídas en los bailarines. Esa frase quedó "pegada" como símbolo del derroche. En sus noches de farra, hizo "saltar la banca" dos veces en el casino de Montecarlo. También paseaba con animales salvajes (un leopardo) por las calles de la ciudad, sin contar (por supuesto) las maratónicas orgías que realizaba. El flechazo de Myriam y Raúl fué inmediato. Él, poeta díscolo y polémico, la calificó así : "Boca pequeña, labios pintados, tibios, húmedos. Boca de carmín, tenía ese rictus embustero, delicioso y un poco canalla de todas las divinas bocas nacidas para mentir y besar". En 1928, vinieron a vivir a Argentina, alternando su residencia entre una mansión en el barrio de Recoleta, en Buenos Aires y la enorme estancia llamada "Los Cerrillos", que Barón Biza poseía en Alta Gracia (Córdoba). Sin disimulo ni recato, Myriam, cada vez que salía de gala con su marido, lucía costosas pieles, joyas "Cartier" y un imponente anillo de diamantes de 45 quilates, llamado "Cruz del Sur". En 1930, volvieron a Venecia y se casaron en una ceremonia exclusiva en en la Basílica de San Marcos y, la fiesta, opulenta, se realizó en el "Hotel Excelsior". A ésta altura y, a pedido de Barón Biza, Myriam había abandonado su promisoria carrera y, se dedicaría a una de las pasiones de su esposo : la aviación. En sólo 2 meses hizo el curso y, recibió el brevet N° 358, que la habilitaba para volar. Barón Biza, de espíritu aventurero incansable, junto a Myriam, había unido volando Buenos Aires con Río de Janeiro. El próximo objetivo era recorrer las 14 provincias que, en esa época, formaban parte de nuestro país, en un raid de 4100 kms. en 4 días. La acompañaría su instructor de vuelo, el coronel Ludwig Fuchs, veterano de la 1° Guerra Mundial y miembro de la escuadra aviadora del "Barón Rojo". Sin embargo, la aviación todavía estaba en sus comienzos y las condiciones de seguridad no eran las mejores y, la opinión pública enfatizaba la inexperiencia de Myriam para tal faena. Por ello, antes de subir al avión, le preguntaron si tenía miedo y, ella, muy segura, contestó : "No me importa si algo sale mal, porque uno de los mayores logros de mi vida será no haber muerto de forma ordinaria". Seguridad o inconsciencia, o una mezcla de ambas. Despegaron el 18 de agosto de 1831 desde el aeródromo de Morón, en un Messerschmit BFW, con motor de 80 caballos de fuerza, construído de madera de pino, bautizado "Chingolo I". Al respecto de su nave, Myriam dijo : "Yo confío en mi Chingolo, que sabrá comportarse como un águila, a pesar de sus pequeñas proporciones". El viaje estuvo plagado de inconvenientes, aunque la primera etapa terminó esa misma tarde, al llegar a Corrientes. En la segunda etapa llegaron a Santiago del Estero y, en la tercera arribaron a Jujuy, pero al aterrizar allí, chocaron contra un alambrado que destruyó parcialmente el avión. Estuvieron varios días varados, hasta que Barón Biza les envió otro avión para continuar el raid : el "Chingolo II". Volvieron a despegar y, pasaron por Salta, Tucumán y La Rioja. El 26 de agosto, partieron de San Juan y, por desperfectos mecánicos, la nave se vino a pique en el paraje desértico Marayes, falleciendo ambos en el acto. "La Voz del Interior" publicó 4 fotos del accidente, una de ellas espeluznante, dónde aparecen en camillas separadas los cuerpos destrozados y desfigurados de ambos. Nunca se probó, pero una hipótesis marca que, el propio Barón Biza habría saboteado el avión, ante rumores de una relación oculta entre Myriam y su instructor. En ese paraje, en el lugar del accidente, el viudo hizo construir un monolito de 14 metros, dónde, en una de las caras, hizo esculpir un fragmento de un poema de Petrarca, que dice : "Viajero, detén tu marcha y rinde el homenaje de tu emoción a la mujer que se cubrió de gloria queriendo eclipsar a las águilas" y, del otro lado, una inscripción que decía : "Un buen morir honra toda una vida". Los cuerpos fueron trasladados en tren a Buenos Aires y velados a cajón cerrado en el Centro de Aviación Civil. Al día siguiente, los féretros llegaron en carruajes tirados por caballos al Cementerio de La Recoleta. El ataúd de Myriam estaba cubierto de orquídeas y fué colocado en el panteón familiar del viudo. Para recordar y homenajear a su amada, Barón Biza encargó al ingeniero Fausto Newton la construcción de un gigantesco mausoleo. Cerca de 100 obreros, oriundos de Polonia, trabajaron en el mismo. Está hecho de hormigón armado, granito y mármol, con una altura de 82 metros y 15 metros de cimentación. Es una especie de "obelisco de hierro y cemento" en forma de ala, ubicado al costado de la Ruta Provincial 5, en el paraje Los Cerrillos (entre Alta Gracia y Córdoba). Fué inaugurado en 1935 y, Barón Biza hizo exhumar el cadáver de su mujer, para despositarlo allí. Su tumba está a 6 metros de profundidad y, sobre el féretro, cubierto de una reja de acero, se colocó su casco de vuelo, un reloj para pilotear y algunas partes rescatadas del avión. La leyenda también dice que, debajo del ataúd, fueron enterradas con ella sus joyas más preciadas, incluído el ya mencionado anillo de diamantes "Cruz del Sur", de 45 quilates. El sepulcro está rodeado de cariátides y, en una lápida de mármol negro, se lee : "Maldito sea el que profane ésta tumba". Sin embargo, fué vandalizado varias veces, ya que quisieron robar las mencionadas joyas. Sobre una de las paredes del frente de la construcción, hay una cruz calada en el hormigón, que deja pasar la luz solar, de modo que a determinada hora del día se proyecta una cruz solar sobre el ataúd. Por último, en la cúspide hay 4 ventanas a las que se accede por una escalera y , una escotilla en la parte superior. En la parte central de la torre, cuenta con un balcón que sirve de descanso para quienes intenten llegar hasta lo más alto del monumento, considerado el más grande del país. Myriam Stefford estaba a punto de cumplir 26 años cuando su vida se truncó. Vivió de manera vertiginosa e intensa su corta vida, encontrando al compañero que le dió todos los gustos. La vida de su esposo, merece otro capítulo aparte. Sin embargo, la memoria de Myriam Stefford quedará para siempre en nuestra tierra, en ese imponente monumento, que vale la pena conocer, aunque hoy esté algo abandonado. La riqueza de su marido le dió todo a Myriam... aunque también se lo quitó...


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