COMISARIO RAMÓN FALCÓN, "MANO DURA" POLICIAL

 El mundo está dominado por aquellos que detentan el poder. Unos pocos, (por designio de alguien que los nombró o por haber sido elegidos por la ciudadanía mediante el voto o por haberlo arrebatado por la fuerza), hacen uso y abuso de ese lugar privilegiado para lograr sus propósitos. El poder es un arma de doble filo, ya que al ejercerlo, en algunos casos, puede lograrse el orden, pero el uso desmedido del mismo puede causar lo contrario, el desorden. Nuestro país ha sido testigo de muchas de esas situaciones y, la historia de hoy tiene alguna conexión con la introducción hecha. El protagonista es Ramón Lorenzo Falcón, nacido en Buenos Aires, el 30 de agosto de 1855, hijo de Ángel Esteban Falcón y Paulina Jara y, su vida quedaría marcada desde la adolescencia, ya que a los 15 años, el 19 de julio de 1870, sería el 1° cadete en ingresar en calidad de aspirante al Colegio Militar de la Nación, creado por el entonces presidente, Domingo Faustino Sarmiento. Tuvo una meteórica carrera, ya que el 1° de octubre de ese año, es nombrado cabo 2° "en comisión". Dos meses después, el 1° de diciembre, asciende a cabo 1°. Al año siguiente, el 1° de junio de 1871, es designado sargento 2° y, a fin de año, llega a sargento 1°. En 1873, a los 18 años, egresa como subteniente con honores y, como premio a sus excepcionales cualidades, es nombrado ayudante del presidente Sarmiento, que se encontraba en Entre Ríos, en campaña contra Ricardo López Jordán. Luego de pasar por varias compañías militares en Córdoba (Villa María y Río Cuarto), asciende al grado de capitán, en 1878. Después, lo destinan a las fuerzas que realizaban la Campaña del Desierto, hasta 1880, llegando al rango de Mayor. El 23 de mayo de 1887, es nombrado teniente coronel, por su desempeño como Jefe del Regimiento de Artillería. Durante la "Revolución del Parque", impulsada por el radicalismo, para combatir el fraude electoral, fué tomado prisionero por los insurrectos, recuperando la libertad al finalizar tal revolución. En 1891, se incorpora a la política, al ocupar una banca como senador por Buenos Aires, cargo que ejerció hasta 1894. Luego de ello, vuelve al Congreso, ésta vez como diputado por Buenos Aires, hasta 1902. Tres años después, en 1905 es designado Jefe del Batallón 13° de Infantería de Línea (con asiento en Río Cuarto) y, allí llega al grado de Coronel. Al año siguiente, en 1906, llega al cargo con el que saltaría a la fama y adquiriría notoriedad nacional : es nombrado Jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires. La elección no fué caprichosa ni obra de la casualidad, ya que Falcón era hombre de "acción y mano dura" y los inmigrantes anarquistas y comunistas venidos de Europa eran un dolor de cabeza para la ciudad, por sus métodos violentos de protesta. Su primera gran medida fué la creación de la Escuela de Policía. Un hecho que marcaría para siempre la actitud de ambos bandos : Policía y manifestantes, ocurriría el 1° de Mayo de 1906, día del Trabajador, ocasión en que sindicalistas realizaron una manifestación popular. Falcón ordenó desactivarla y, con 120 policías a caballo, reprimió a los manifestantes, disparándoles, causando decenas de muertos y heridos. Fué la carta de presentación de Falcón y los manifestantes tomaron nota. En 1907 ocurrió una protesta muy particular, encabezada por los inquilinos de los conventillos (todas familias obreras), quiénes se negaban a acatar el aumento unilateral de precios aplicado por sus arrendadores y descontentos por la falta de intervención gubernamental en la regulación de la vivienda y las condiciones de vida de los inquilinatos (existían 2000 conventillos que albergaban a 1 millón y medio de personas, en condiciones totales de hacinamiento). Mientras los hombres trabajaban, las mujeres y los niños tomaron las calles con escobas y barrían simbólicamente bajo el lema "barrer la injusticia". Pero, el inefable Falcón, en pleno julio, con un invierno "fatal", ayudado por los Bomberos de Buenos Aires, redujo la protesta, arrojándoles a las familias agua helada con mangueras de alta presión y, desalojó los 250 conventillos tomados. Los ex inquilinos debieron alojarse en campamentos organizados por los sindicatos anarquistas. Finalmente y luego de arduas negociaciones, la Federación de Inquilinos logró acuerdos para construir viviendas obreras y ajustar el valor de los alquileres. También pidieron eliminar los 3 meses de depósito de alquiler por adelantado. Los anarquistas, que los habían ayudado, contrariados por su acuerdo con el gobierno, les quitaron su apoyo. Falcón se había ganado la antipatía de todos los anarquistas, socialistas y sindicalistas. Sin embargo y, nuevamente en los actos conmemorativos del Día del Trabajador, pero de 1909, ocurrió un hecho que fué una bisagra de ahí en más y, que desencadenaría espirales de violencia frecuentes. Ese 1° de mayo hubo 2 grandes manifestaciones : los socialistas lo hicieron en Plaza Constitución y los anarquistas en la Plaza Lorea, frente al Teatro Liceo. En éste lugar, los manifestantes arribaron con banderas rojas y negras en homenaje a los mártires de Chicago. Protestaban contra la desocupación, los bajos salarios, la indiferencia de gobierno ante los problemas sociales, entre otras cosas. Hubo oradores eufóricos, vehementes, encendidos, que invitaban a la rebelión y organizarse para cambiar la sociedad. Ramón Falcón observaba, a lo lejos, desde su auto. Algunos lo reconocieron y, comenzaron a insultarlo y apedrear el vehículo. Ante ésto, Falcón, indignado, bajó del auto y manifestó con firmeza : "Hay que concluir, de una vez por todas, con los anarquistas en Buenos Aires". Personalmente dirigió la represión y, ordenó a la Policía Montada, al mando del Comisario Jolly Medrano, jefe del escuadrón de seguridad, dispersar la manifestación a sablazos y balazos. Hubo 11 muertos y 105 heridos (muchos murieron al día siguiente) y, Falcón, al ser indagado sobre el porqué de la brutal represión, recurrió al argumento de la "obediencia debida", diciendo que eran instrucciones del Ministerio del Interior. Pero, no todo quedó ahí. Los sindicatos convocaron a una huelga general, que sólo se levantaría si renunciaba Falcón. El 4 de mayo, 60.000 personas se concentraron frente a la morgue esperando la entrega de los cadáveres, para acompañarlos hasta el cementerio de la Chacarita. Al recibirlos, marcharon por las calles. Con su habitual "mano dura", el jefe policial ordenó dispersar a los tiros a semejante multitud y, en una situación inverosímil por dónde se la mire, personal policial le arrebató los féretros a los manifestantes, para evitar el cortejo fúnebre. Los balazos "volaban y silbaban" por el aire y, sin embargo 4000 personas pudieron llegar al cementerio y depositar los ataúdes que pudieron conservar. A la salida del mismo, integrantes de la Comisaría 21, les volvieron a disparar. Al día siguiente se clausuraron todos los sindicatos (anarquistas y socialistas), cerraron los diarios "La Vanguardia", órgano de prensa del socialismo y "La Protesta", publicación del anarquismo. A la noche, civiles y policías disfrazados de civiles quemaron las imprentas de esos diarios y otros locales afines. Finalmente, el 6 de mayo, un Comité de Huelga, formado por la F.O.R.A. (Federación Obrera de la República Argentina) y la U.G.T., apoyados por el Partido Socialista, obtuvieron una audiencia con el presidente del Senado, Benito Villanueva y, lograron la liberación de los detenidos y todos los presos por la huelga, la supresión del Código Municipal de Penalidades (que tipificaba las infracciones cometidas en huelgas y actos sindicales. También se levantaron las clausuras de los periódicos y otros locales obreros. Fué un hecho sin precedentes, debido a que fué la 1° vez que el Estado debió sentarse a negociar con las agrupaciones obreras. Pero, les denegaron, quizás lo que más deseaban : la renuncia de Falcón. La respuesta tajante del presidente Figueroa Alcorta fué : "Falcón se va a ir de la Policía cuándo termine mi mandato, el 12 de octubre de 1910". Al mismo tiempo de la reunión, el jefe policial era agasajado en Casa Rosada por la Bolsa de Comercio, la Cámara de Cereales y otras entidades afines, por su actuación. Éstos hechos pasaron a la historia como la "Semana Roja". A Falcón los anarquistas se la "tenían jurada" por todo lo sucedido. Le ofrecieron custodia permanente, pero se negó a recibirla. Grave error. Seis meses después de éstos hechos, el 14 de noviembre de 1909, Falcón, acompañado de su secretario Juan Alberto Lartigau, debía ir a la misa de cuerpo presente, a las 11 horas, en la Iglesia del Pilar, de su amigo Antonio Ballvé, Director de la Penitenciaría Nacional de Las Heras, muerto el día anterior. Su auto estaba descompuesto y, usaron un carruaje "Milord" y partieron hacia allí. Al mismo tiempo, el joven ucraniano anarquista, Simón Radowitzky, salió de su casa, ubicada en calle Andes 394, tomó el tranvía 17 y descendió en Callao y Quintana. Caminó hasta el Cementerio de La Recoleta y esperó unos minutos. Vió salir el carruaje, dónde Falcón y Lartigau conversaban animadamente. Ésto le permitió acercarse al vehículo sin que sus ocupantes lo notaran. El joven, vestido de negro, sin mediar palabra, le arrojó una bomba casera al suelo del coche, cayendo entre las piernas de ambos. La explosión fué tremenda y ambos hombres prácticamente "volaron" por los aires, cayendo en el empedrado. El terrorista usó un explosivo con clavos, tuercas y pedazos de hierro, cuyo efecto fué devastador. Ambos atacados tenían las piernas destrozadas, pero estaban conscientes. Al llegar la ayuda, desangrándose, Falcón ordenó que atendieran primero a Lartigau y persiguieran al terrorista. Pusieron a ambos en un colchón y, con torniquetes y sábanas, trataban de parar las hemorragias. En estado desesperante, ambos fueron trasladados a nosocomios cercanos, ya que Lartigau fué al Sanatorio Castro y Falcón a Asistencia Pública. A éste último, debieron amputarle la pierna izquierda y parte del muslo, pero debido a la inmensa cantidad de sangre perdida, falleció a las 14:15 horas. A Lartigau le amputaron la derecha, pero por el inmenso desangrado, murió a las 20 hs.  Mientras tanto, el agresor, que había salido corriendo por Callao hacia el Bajo, fué perseguido por el chofer (no del carruaje atentado) José Fornes, el ordenanza Zoilo Agüero y los agentes Benigno Guzmán y Camilo Müller. Lograron arrinconarlo en una obra en construcción. Sin escape, sacó un revólver y, con marcado acento ruso, gritó : ! "Viva la anarquía" ¡ y se disparó sobre la tetilla izquierda. Los nervios le jugaron una mala pasada y, sólo se produjo heridas leves. Se arrojaron sobre él y, literalmente lo arrastraron hasta la Comisaría 15, dónde fué salvajemente torturado. Entre sus ropas tenía otra pistola, 20 proyectiles y 2 cargadores. .Se negó a hablar sobre el hecho y, a cada rato repetía : "Tengo una bomba para cada uno de ustedes". Lo único que aportó fué que no daría los nombres de los compañeros que colaboraron con el atentado. Después se supo que, por lo menos 4 personas intervinieron en la preparación del atentado, aunque él actuó solo. Iban a fusilarlo, pero la oportuna intervención de su tío, el rabino Moisés Radowitzky, aportando su partida de nacimiento, lo salvó de la ejecución, ya que era menor de edad : 17 años. Fué condenado a prisión por tiempo indeterminado y, era sometido a comer solo pan y agua durante 20 días, cada año al cumplirse el aniversario del atentado. Fué alojado en la Penitenciaría Nacional de Las Heras (Mendoza) dónde al poco tiempo, pudo fugarse. Sin embargo, a las 7 horas fué recapturado a 12 kms. de Punta Arenas (Chile), en aguas casi congeladas. Por ello, es trasladado a la prisión de Ushuaia, dónde estuvo 21 años preso (10 de esos años, en un calabozo aislado), hasta 1930, en una decisión que nunca se pudo explicar, ya que el presidente Yrigoyen lo indultó el 14 de abril de ese año. Obligado a irse del país, recaló 1 año en Uruguay, dónde fué expulsado al poco tiempo debido a la sanción de una nueva ley contra "inmigrantes indeseables". De allí partió a España, dónde luchó en la Guerra Civil. Terminó sus días en México, con el nombre José Gómez, al sufrir un ataque cardíaco en 1964.  Volviendo a Ramón L. Falcón, fué velado junto a Lartigau, en el Departamento Central de Policía. El cortejo fúnebre fué multitudinario y, en sus despedidas, hubo varios discursos de despedida. Su imponente mausoleo, obra del escultor León Ernest Driver, dónde descansan sus restos, en el Cementerio de La Recoleta, está ubicado al frente de la tumba de Lartigau. Hay 3 estatuas que recuerdan a Falcón : una ubicada en La Recoleta, otra en Callao y Quintana y una al final de la avenida que lleva su nombre. La Escuela de Policía Federal (que él mismo fundó) llevó su nombre hasta 2006, cuándo fué reemplazado por el de Comisario General Juan Ángel Pirker, en homenaje al 1° jefe de Policía Federal del Gobierno constitucional, en 1983. Amado y odiado por sus particulares métodos de preservar el orden, Falcón de una extensa foja de servicios militar, tenía 54 años al ser asesinado por Radowitzky, quién años más tarde reconoció que se había preparado varios meses para el atentado y, que al ver la represión, le recordaba a los cosacos zaristas que, con sus sables atacaban a los civiles y, estaba convencido que había que ajusticiar al jefe de la Policía. Ramón Lorenzo Falcón, el  mandamás policial que se manejó con mano de hierro, reprimiendo todas las manifestaciones y , bebió un trago de su propia medicina, al ser ultimado brutalmente....

 











 

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