CAYETANO GROSSI, EL ASESINO DE BEBÉS
Existen historias aberrantes, sacadas de lo más oscuro de la imaginación y, dónde, en éste caso, se vislumbra lo más horrendo que es capaz de hacer un ser humano. Conociendo ésta increíble historia, vemos cuán bajo puede caer una persona, superando cualquier límite imaginable y/o racional. Amigo/a lector/a, tome aire y, dispóngase a leer algo espeluznante, por dónde se lo mire. El protagonista es Cayetano Domingo Grossi, nacido en la región de Bonifatti, al norte de Calabria (Italia), en una fecha no especificada de 1854. En su país, contrajo enlace con Rosa Ursomarso, con quién tendría 2 hijos, pero por alguna razón, tampoco específica, a los 24 años, en 1878, abandonó a su familia y se embarcó para Argentina. Al llegar a Buenos Aires, tuvo diversos "trabajos" o changas para ganarse la vida, comenzando como botellero, para que, siete meses después, se dedicara a la venta ambulante. Su vida era errante y desordenada, a tal punto que se hospedaba en la casa de una familia de delincuentes y, en octubre de 1879, tiene su primer antecedente policial, al tener un altercado con el dueño de casa, Carlos Terrani, a quién hirió en una pelea. Por ello, estuvo 7 meses detenido en la Penitenciaría Nacional. Liberado, recién en 1883, consigue trabajo como "mozo de cordel" (actividad consistente en pararse en algunos lugares públicos y, acarreaba cargas pesadas usando una soga). Generalmente, solía vérselo en la calle Cerrito, entre Juncal y Arenales. Luego fué ordenanza en la Oficina de Inmigración, hasta 1888. Finalmente, terminó como carrero. En ese interín, forma pareja con Rosa Ponce de Nicola, una joven argentina, cuatro años menor, hija de los inmigrantes italianos Lorenzo Ponce y Catalina Peluffo, oriundos de la región de Fina, en Génova (Italia). Ella era lavandera, pero no sabía leer ni escribir. A los 17 años, se había casado con Juan Nicola, en la Iglesia de la Merced, con quién tuvo 3 hijos : Catalina, Clara y María, pero Juan murió antes de nacer María. Cuándo ésta tenía sólo 8 meses, Rosa conoció a Grossi y se fué a vivir con él y, de esa unión, nacieron Carlos, Teresa y Lorenzo. Al principio vivieron en el Paseo de Julio y Pasaje Seaver (cerca de Avenida Libertador) y, finalmente recalaron al corralón ubicado en calle Artes, en Retiro (dónde actualmente se levanta la villa 31). La macabra historia de Grossi, comienza a descubrirse el 29 de mayo de 1896, cuándo en una quema de basura, cerca de una fábrica de grasa, encontraron una bolsa conteniendo un brazo de un recién nacido. El titular de la Comisaría 12 informó el hallazgo y ordenó una inspección ocular del lugar. Al hacerlo, encontraron un cráneo destrozado, piernas y el brazo restante. Ante el horror del descubrimiento, dejaron bajo vigilancia el sitio. Ese mismo día, llegó un carro recolector de residuos que descargó la basura que traía consigo y, allí apareció el tronco. De esa forma, el cuerpo del infortunado menor estaba "completo". La autopsia determinó que la muerte se produjo por fractura de cráneo, pero investigaciones posteriores no arrojaron resultados positivos y... el crimen quedó impune. Dos años después, el 5 de mayo de 1898, en el mismo lugar, apareció un nuevo cadáver de un recién nacido con el cráneo destrozado y, en avanzado estado de descomposición. En sus bracitos y manos había signos de quemaduras de 1° y 2° grado. Se determinó en la autopsia que, el cuerpo tenía 4 días de vida y que la muerte había sido provocada por compresión violenta en la parte anterior del cuello. El cadáver estaba envuelto en arpillera y había trozos de chaqueta masculina, de un casimir negro, bastante usada. La misma tenía muchas composturas y arreglos. También, entre los desperdicios y, cerca del cuerpo, había algunas direcciones postales que, luego permitiría descubrir el origen del carro. Al encontrar al carrero, el mismo fué detenido y, al ser interrogado, dijo que había visto los restos humanos, pero por temor a verse involucrado, decidió no decir nada a la Policía. La investigación siguió y, en el saco encontrado, había restos de cigarrillos y granos de anís (lo que permitió considerar la posibilidad de que el dueño del mismo fuera español o calabrés, consumidores de éstos granos). Además, había un notable desgaste en la espalda del saco (típico de vendedores ambulantes) y en los hombros (por el roce de las correas). Un detalle curioso es que había también cintas negras de luto. Por la composición de la ropa encontrada, el buscado sería alguien que vivía en la pobreza. Con todos esos datos valiosos y determinantes, la Policía revisó la ruta habitual del carro (iba desde el basural a Retiro) y, el 9 de mayo de 1898, localizan a una familia, en ese barrio, de origen calabrés, dedicada al arrojo de residuos y, que siempre estaba de luto. Cerraban por todos lados los indicios. La familia en cuestión era la compuesta por Grossi, Rosa, las hijas mayores de ésta, Clara y Catalina y 3 menores de edad. Al interrogar a los vecinos, éstos literalmente "los mandaron al frente", al declarar que Grossi mantenía relaciones sexuales con sus hijastras. Incluso, afirmaron haber visto a Catalina embarazada y, poco tiempo después, en estado normal, sin saber el paradero del bebé. Al día siguiente, con testimonios tan contundentes, la Policía ordenó revisar la habitación familiar, en un allanamiento y, debajo de la cama encontraron el horror : dentro de una lata había el cadáver de un bebé, envuelto en trapos. Acorralado, Grossi, ante la pregunta policial, dijo que ese bebé había nacido muerto y, que el que fué encontrado en la basura era de su hijo Carlos, pareja de Clara y, que éste lo había matado a pedido de ella, despegándose de ambos crímenes. Sin embargo, por la noche, Rosa y su hija Clara, declararon ante la Policía que Grossi había tenido 2 hijos con ésta última. Al ser interrogado nuevamente, Grossi negó lo dicho por su mujer e hijastra y acusó de la paternidad a los novios de Clara y Catalina. Días después, desde el encierro, la culpa y la conciencia lo vencieron y terminó admitiendo todo. Confesó haber matado al primer bebé hallado en el basural y reconoció haber incinerado al otro. En interrogatorios posteriores, Grossi declaró que tuvo un hijo con Catalina y 4 con Clara. Estranguló a 3 y dijo que Rosa y Catalina quemaron los otros dos. Las tres mujeres aceptaron los 5 crímenes, pero culparon a Grossi de la muerte de todos. Los investigadores y psicólogos policiales quedaron asombrados por el grado de sumisión de las mujeres con Grossi, que las hizo guardar silencio largo tiempo. Otros detalles espeluznantes salieron a la luz de ésta familia macabra, ya que cuentan que en una ocasión Grossi quiso violar a la hija menor de Rosa, pero sus hermanas mayores lo impidieron. También se supo que Grossi las auxiliaba en los partos y, luego arrojaba a los recién nacidos al fuego, ante la presencia impávida, sin reacción y consentida de Rosa y sus hijas. Las condenas fueron contundentes y ejemplares : Rosa Ponce de Nicola, Clara Nicola y Catalina Nicola fueron consideradas "encubridoras" de los homicidios y condenadas a 3 años de prisión efectiva y el pago de las costas procesales. Luego, a Catalina le redujeron la pena a 2 años. Por su parte, Cayetano Domingo Grossi, fué encontrado culpable como autor material de los asesinatos de los bebés y condenado a pena de muerte. El fallo decía textualmente : " Por éstos fundamentos y de acuerdo con el Ministerio Público, fallo ésta causa definitivamente, condenando a Cayetano Grossi a la pena ordinaria de muerte, que será efectuada en la Penitenciaría Nacional, conforme a los artículos 56, 57 y 58 del Código Penal y los artículos 559 y 560 del Código de Procedimiento...". La sentencia fué ratificada el 5 de abril de 1900 y, ese mismo día, el presidente Julio A. Roca, decretaba que el Ministerio de Guerra pusiera a disposición del juez Madero la fuerza pública necesaria para que en la Penitenciaría Nacional se ejecutara al día siguiente. El día de su ejecución, a las 5 de la mañana, se le permitió la entrada a la capilla de la prisión a los hijos de Grossi. El primero en entrar fué su hijo mayor, de 19 años, al cuál hace un año no veía. Sin embargo, el joven, frío, no mostró emoción alguna. Luego, el más pequeño, Lorenzo, de 6 años, no quiso acercarse a su padre y rehuyó a sus caricias y, finalmente, Teresita lloró y mostró resistencia al abrazarlo. Se le concedió una última declaración dónde dijo : " He tenido 5 hijos cristianados en una sola mujer, de ellos 3 viven (2 varones y una mujer). Los otros dos, que eran mujeres, murieron aproximadamente hace 15 años. Yo recibo con resignación la pena que se me ha impuesto, pero soy inocente. Yo no soy culpable de las muertes de esas criaturas, porque las culpables son esas mujeres que me han acusado de asesino de sus hijos. Yo no soy el padre de las víctimas, los padres de esos niños eran los amantes de las mujeres Nicola. Si yo fuera un asesino tan feroz, no hubiera muerto a mis hijos con la madre ¿ Cómo es posible que una madre haya permitido que yo asesinara a sus propios hijos ? No siento morir y hago ésta declaración por el amor a mis hijos legítimos." Cinismo puro, ya que antes, en el juicio, había reconocido su culpabilidad y, además, tenía todas las pruebas en su contra. Cerca de las 8 de la mañana, el sacerdote Mario Macceo le vendó los ojos y le tomó confesión. Nuevamente volvió a declararse inocente y, prendió un cigarro tras otro. Tenía el rostro demacrado, producto del encierro y el cansancio. Un ladrón fué el encargado de atarle las manos y, antes de la ejecución, un alumno de la Facultad de Medicina, Enrique Díaz Incastro, le tomó el pulso. Estaba alterado. Presidieron la ejecución el juez Madero y el director de la Penitenciaría, el Coronel Boerr, mientras que la Teniente 1° Rosa Burgos, el Teniente 1° Calixto García y el Capitán Manuel Medrano, lo ejecutaron, fusilándolo. Estaba sentado en un banquillo, con los ojos vendados y manos y pies atados. Era la mañana del 6 de abril de 1900. El Sargento 2° Emilio Lascano se acercó y le disparó un tiro de gracia... por las dudas. El jefe del pelotón de fusilamiento, escribió : "Al señor Juez del Crimen, Doctor Ernesto Madero, pongo en conocimiento de V.S. que el día 6 de abril del corriente, siendo las 08:00 AM y, dando cumplimiento a la orden que el Juez de Estado Mayor, me comunico con fecha 5 del mismo, pasé por las armas al individuo Cayetano Grossi". Con su muerte, ocurrió algo burdo y desopilante, ya que la revista "Caras & Caretas" mandó un cronista a cubrir la ejecución y, mandó a un novato para tal fin. Éste llegó tarde y, para no volver con las manos vacías, le pidió al cura que posara con él para la foto, sentándose en una silla que antes usó, previo a su muerte. Luego, en la redacción, se hizo un montaje con el rostro de Grossi y fué presentada como real. Un truco para salvar semejante irresponsabilidad. La crónica al respecto, decía : "Por muy grandes y truculentas que hubiesen sido los crímenes de aquel hombre, tal espectáculo, la repugnancia o el miedo que producía a sus hijos, inspiraban compasión". Cayetano Domingo Grossi, primer asesino serial de país (no lo fué el "Petiso Orejudo", como indican algunos historiadores), terminó sus agitados días a los 46 años, pero su macabra historia es conocida, por el tenor de sus inhumanos actos.
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