"YIYA" MURANO, LA ENVENENADORA DE MONSERRAT

La codicia y la ambición suelen ser deseos propios de los seres humanos de conseguir, en forma desmesurada y anormal, poder y, sobre todo, riquezas. Para tal fin, no importa la cordura ni el sentido común, ya que se va adelante, sin miramientos, ni medir consecuencias, para obtener lo que fervientemente se desea. Y... muchas veces (por no decir casi todas), los efectos producidos son nefastos. La protagonista de hoy, posee muchos (o casi todos) de los atributos que antes mencionamos. María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte, es de quién hablamos, pero pasaría a la memoria colectiva por su apodo y apellido de casada : "Yiya" Murano. Nació en Corrientes, el 20 de mayo de 1930, hija de Camilo Bolla Aponte, teniente coronel, que reprimía a los opositores del dictador José Félix Uriburu (quién derrocó a Hipólito Yrigoyen). Por ésta razón se cree que adoptó el apellido de casada, para que no la relacionaran con las "tareas" de su progenitor. Su madre, Candela, era ama de casa. Su hermano, seguiría la carrera militar en el ejército, llegando al grado de General. Años después, sus padres decidieron mudarse a Buenos Aires y, eso fué un impacto para "Yiya", quién quedó fascinada con los altos edificios, el ritmo agitado de la ciudad, la "mágica" noche de la Avenida Corrientes y, sobre todo, la cantidad de hombres adinerados y elegantes que veía transitar por las calles. Le gustaba caminar bastante y practicaba natación. Éste último deporte le ensanchó la espalda, a su ya robusto cuerpo. También se recibió de maestra, pero nunca ejerció. Se casó con el abogado Antonio Murano (de quién tomaría su apellido). Su marido le pidió que se quedara en la casa, que no trabajase y, por supuesto, "Yiya" aceptó de mil maravillas el pedido. Sin embargo, era una mujer muy liberal y, en esas continuas salidas que hacía, mientras su marido trabajaba, conoció infinidad de amantes, que no se preocupó de ocultar, al contrario, se jactaba de ello. Después de 13 años de matrimonio, no habían podido tener hijos y, habían pensado en adoptar. Pero, de repente, "Yiya" anunció a su marido que sería padre. Así, nacería Martín, en 1966, su único hijo, pero no de Antonio. El vástago era hijo de alguno de sus amantes (la identidad, "Yiya" se la llevó a la tumba). Su marido no sospechó ( o al menos no se lo hizo saber) y; Martín creció muy apegado a Antonio, porque "Yiya" no le daba mucha atención. Su vida transcurrió en la intrascendencia absoluta (con sus amantes, claro) hasta 1979, a los 49 años. Debido a la famosa "bicicleta financiera" que transcurría en esa época en el país, se convirtió en "usurera", ocupación que su marido desconocía. El método era invertir en moneda local (peso), para luego de un determinado plazo, obtener un beneficio en moneda extranjera (dólar), mediante la compra de bonos. Cómo el dólar fluctuaba siempre con un valor superior al peso, siempre se obtenía ganancia. Cualquier argentino tenía un plazo fijo, los sueldos estaban congelados, no había control de precios y se pidieron créditos a organismos internacionales. Los grandes grupos económicos tomaban deuda en el exterior a tasas bajas y la invertían en Argentina a tasas muy altas. Sin mover un dedo, el rendimiento les permitía pagar la deuda y quedarse con una ganancia extraordinaria. La famosa "plata dulce". Todo por obra y gracia del ministro de economía Martínez de Hoz y su plan económico. Era una forma de especulación, que se hacía una y otra vez, como quién pedalea una bicicleta (de allí su nombre). La clase media empezó a invertir sus ahorros en éstas operaciones, y, obtenían buenas ganancias. Muchos fueron a comprar a Miami y, se hizo famoso el dicho "déme dos", ante lo barato que costaban los productos. En éste contexto"Yiya" se encargaba de la "operación" con el dinero de sus amigas. Fué así que tentó a su prima segunda (y amiga) Carmen Zulema "Mema" del Giorgio de Venturini. Ésta le entregó una pequeña suma de dinero y "Yiya" se la devolvió con interés. Inmediatamente quiso hacer otra operación. Ello llegó a oídos de su vecina, Nilda Adelina Gamba, quién también quiso invertir y, le dió $ 100.000 para tal fin. Así lo hizo y, esperaba entusiasmada tener la misma suerte que "Mema". Nilda vivía en un departamento frente a "Yiya" en el mismo edificio y, una noche, muy descompuesta, luego de haber ingerido pescado, hizo llamar a "Yiya" para ayudarla. También fué Ignacia, la mucama. Siempre tomaba los medicamentos que su amiga le daba. Confiaba ciegamente en ella. Pero, esa noche llamaron al médico. El doctor Enrique Tonner le diagnosticó una intoxicación al hígado y le recetó un purgante suave. Llamó al servicio de emergencia del PAMI y se fué. A la tarde - noche llegó el médico de la obra social, que le palpó el abdomen. Estaba inflamado. Le recetó un antiespasmódico inyectable. La 1° aplicación, a las 20 hs. dió resultado y, la 2° inyección, cerca de la 1:30 de la mañana, aplicada por la enfermera, casi la había restablecido. Cuándo se estaba yendo, cuenta la enfermera, "Yiya" venía de la cocina con un vaso de agua. Nilda lo tomó y se acostó. Ignacia se fué al departamento de enfrente y "Yiya" se quedó a cuidarla. Un rato más tarde, "Yiya" volvió a despertar a su mucama, para informarle que Nilda se había descompuesto nuevamente. Estaba semiinconsciente y se movía como si tuviera hormigas en el cuerpo. Pero, ésta vez "Yiya" no llamó al médico y convenció a su mucama de volver al departamento. Llamó a Jorge, sobrino de Nilda. Cuándo éste llegó, la enferma ya estaba en coma. Jorge, desesperado, llamó al médico del PAMI, que llegó a las 4. Pidió a todos que salieran de la habitación y se quedó solo a examinarla. Al salir, les comunicó que Nilda estaba muerta. El doctor se negó a firmar el certificado de defunción (ya que no fué el último que la había revisado) que le pidió "Yiya". Solucionó el problema con el médico de la cochería que, a cambio de unos pesos, firmó el documento aduciendo que la causa de la muerte fué un paro cardiorrespiratorio no traumático. En realidad, el vaso de agua que le había dado "Yiya" tenía cianuro y esa semiinconsciencia y movimientos que tuvo, era su agonía. Era el 11 de febrero de 1979 y, "Yiya" tenía una deuda menos. Tenía poder de convicción y, en el velatorio, cuándo una sobrina de la difunta le mostró un pagaré de $ 60.000 con su firma, ella reaccionó hábilmente : "Mañana te lo pago. No es plata eso. Pensé que me hablabas de algo importante". Nunca le pagó. Nilda fué enterrada en el Cementerio de la Chacarita. Ocho días más tarde, "Yiya" debía cancelar el pagaré del dinero que le había entregado su amiga Lelia Elida "Chicha" Formisano de Ayala. Eran muy amigas y, ese día, 19 de febrero, tomaron el té juntas, cerca del mediodía, en el departamento de "Chicha". Para esa noche, "Yiya" había armado una salida al Teatro "Tabarís", con otros dos amigos y "Chicha" y, quedaron en encontrarse en la puerta del teatro, pero la mujer no acudió. "Yiya", actuando, se sorprendió del "faltazo" de su amiga. Ingresó con sus amigos y disfrutó de la obra. Pero, había montado una escena perfecta, con coartada incluída, ya que, antes, a las 16 hs., primero y a las 18 hs., después, fué a buscar a "Chicha" a su departamento, sin éxito y, además se aseguró que la portera la viera tocar el timbre de la casa. Tres días después, el 22 de febrero, los vecinos del edificio llamaron a la policía, debido al fuerte olor nauseabundo que salía del pasillo. Los vecinos, tapándose la nariz, se dieron cuenta que provenía del departamento de "Chicha" y, se oía el ruido de un televisor encendido. Tocaron timbre, pero nadie respondía. Al llegar la policía, encontraron a "Chicha" sentada frente al televisor encendido, muerta. Estaba vestida como para salir y, a su lado una mesita con restos de comida, una taza de té y masas finas. Igual que en la muerte de Nilda, en éste caso no hubo autopsia, no se tomaron huellas, no hubo investigación, ni se examinaron las masas y el té. Se presumió que falleció a las 14:30 y, otra vez, por unos pesos, un médico firmó el certificado de defunción como muerte por "infarto de miocardio no violento". En realidad, "Chicha" murió por ingesta de cianuro, mezclado con el té y en el interior de las masas que "Yiya" colocó. El 19 de febrero, día de su muerte, debía cobrar su pagaré. La última víctima de la Murano sería su prima segunda (y amiga) Carmen Zulema "Mema" del Giorgio viuda de Venturini, quién confiaba, al igual que las otras, ciegamente en ella. Sin embargo, Diana, su hija, desconfiaba porque veía una dependencia extrema de su madre con respecto a "Yiya", no sólo en temas financieros, sino médicos. "Mema" discutió varias veces con su hija por ésto, pero ella defendía a capa y espada a "Yiya". Los pagarés comenzaron a vencer y la Murano no pagaba, presentando variadas excusas, siempre ajenas a ella. Pero, a instancias de su hija, quién estaba convencida que "Yiya" le había robado el dinero, "Mema" emplazó a su prima a cancelar los pagarés el 27 de marzo de 1979. Pero no tenía un solo peso para devolverle. Recurrió a sus amantes, amigos, sin éxito. Su marido, sin saberlo, le prestó algo de dinero, que "Yiya" entregó a "Mema". Pero la deuda era inmensa y, urdió un plan. Su prima, a pesar de su estafa, jamás se enojó con ella. Aprovechando eso y la cercanía de la fecha, comenzó a ver diariamente a su acreedora y, el 22 y 23 de marzo almorzó y cenó respectivamente con "Mema". Quedaron en almorzar nuevamente el 24. Hizo las compras y cuándo iba a preparar el almuerzo, se sintió mal, con náuseas y mareos. Empeoraba cada vez más y, salió del departamento como pudo, tomándose de la baranda de la escalera. No resistió y, rodó por los escalones desde el 2° piso. Estaba en coma. Tendida en el suelo, con los ojos semiabiertos, casi ni respiraba. En ese momento, llegó "Yiya" con un paquete de masas finas, para el postre. Eran las 12:45 y, el pulso de "Mema" era muy débil. "Yiya", en el colmo del cinismo, parada frente al cuerpo, preguntaba si había dicho algo antes de desvanecerse. Volvió a preguntar y, además, agregó ¿ se salvará ? Pidió las llaves del departamento al portero innumerables cantidad de veces (el encargado no se las quería dar) con la excusa de que había que llamar a los hijos de su prima, que los números de teléfono estaban en la casa y, que ella sabía dónde encontrarlos. Ese apuro por entrar, a pesar de que "Mema" estaba tirada, hizo desconfiar a los vecinos. Ingresó con el portero y empezó a revisar las agendas, buscando el número. Encontró un frasquito con gotero y debajo un papel. Tomó los dos y, no pudo evitar que el portero se diera cuenta. Dijo que era una medicina suya, pero no se llevó la agenda. Al salir, había llegado la ambulancia y pidió acompañarla. Subió adelante. "Mema" murió en el camino al hospital. Inmediatamente se fué a la comisaría a hacer los trámites del retiro del cuerpo. No quería dejar nada al azar. Diana Venturini, hija de "Mema", descubrió que faltaban los papeles de su madre, firmados por "Yiya" y, en el velorio, fué directa y, le gritó en la cara : "! Estafadora ¡" . Pero ella no perdió la compostura y habló de extender esos pagarés. Diana ató cabos e hizo una exposición policial, dando cuenta que, todas a las mujeres fallecidas, "Yiya" les debía dinero y murieron en circunstancias similares. Fué así que el juez de instrucción penal Diego Pérez, ordenó la autopsia de "Mema". En sus vísceras se encontró restos de cianuro alcalino. Había sido envenenada. La prueba fué su perdición. Fué detenida el 27 de abril en su  casa de calle México. La llevaron al penal de Ezeiza. En 1980 la encontraron desmayada en su celda. Tenía un tumor en la cabeza, que le fué extirpado y le dejó un enorme orificio allí. Tal cirugía le hizo perder el olfato. En 1982, el juez Ángel Mercado la absolvió de todos los cargos por falta de pruebas y quedó en libertad. Ante ello, el abogado Juan Orgeira y el fiscal Mario de la Vega, recurrieron el fallo. El 18 de junio de 1985, la Sala 3° de la Cámara del Crimen, anuló el fallo y la condenó a prisión perpetua. El informe del forense Avellino Vicente Do Pico daba miedo, ya que la comparó con Nerón y dijo que era "una psicópata que no demostraba arrepentimiento". Más adelante, por reducción de la condena y por una ley que permitía contar dobles los días previos a la sentencia que excediesen 2 años, salió de prisión el 20 de noviembre de 1995, luego de 16 años encarcelada. Como ironía, le regaló una caja de bombones a los jueces que la liberaron. Pasó a la historia como "La envenenadora de Monserrat", por el barrio donde ocurrieron los hechos.Ya en libertad, gritó a cielo y tierra su inocencia. Fué invitada por Mirtha Legrand a sus almuerzos y, le llevó masas de regalo. Le gustaba jugar con ese morbo, era hábil para eso. Después de negarse, a regañadientes, Mirtha probó una. Allí dijo que se había vuelto a casar. En el colmo de lo bizarro, al día siguiente, su nuevo marido quiso anular el matrimonio, pues no sabía quién era ella. En varias entrevistas de jactaba de la cantidad de amantes que tuvo (más de 250). Finalmente rehacería su vida con Julio, un octogenario que le daba todos los gustos. Pero, no se llevaba bien con la hija de éste, que incluso la acusó de quererla envenenar, cuándo fué internada luego de comer unos fideos preparados por "Yiya". También la acusó de robar loa ahorros de su padre (los sacó y puso en su lugar papeles en forma de billetes). Casi octogenaria ya, terminó sus días en un geriátrico de Caballito. Allí le dejaban salir diariamente para comer en un restaurante (siempre pedía milanesas "a caballo" con papas fritas). En 1994, su hijo Martín, publicó el libro "Mi madre, Yiya Murano", dónde destaca la frialdad de su madre y la supuesta confesión a él de sus crímenes. No tenía contacto con ella, ni la visitaba en el geriátrico. "Lo único que sé es que murió el 26 de abril de 2014, un mes antes de cumplir 84 años y que está enterrada en el Cementerio de la Chacarita, con un nombre acotado, para que nadie identifique que es ella", dijo en una nota. En sus últimos días, ya no reconocía a nadie, ni siquiera su nombre. "Yiya" siempre dijo que era inocente, aunque todas las pruebas la condenaban. Supo decir : "Lo digo por intuición. El asesino tiene fama de buen mentiroso y siempre niega lo que hizo. No es mi caso. Donde hay poder, sexo y plata, siempre hay un asesino dispuesto a matar. Éste país es una fábrica de asesinos". En otra declaración desopilante, expresó : " Ahora es más seguro estar en la cárcel que estar afuera. Estuve presa 13 años y nadie se imagina lo que sufrí por algo que nunca hice. Soy inocente y nunca maté a nadie ni envenené a nadie. Pero muchos dicen que soy una asesina célebre. Me río de eso. Cómo máximo fuí "usurera". En los tours turísticos, al pasar por su casa, los guías decían : "Aquí vivió la envenenadora de Monserrat". Fué la 1° mujer asesina en serie del país y, en el año 2000, la escritora Marina Grinstein escribió el libro "Mujeres asesinas" y, un capítulo está dedicado a ella, con el título de "Yiya Murano, amiga". En 2006, éste libro fué llevado a la televisión, con la ficción del mismo nombre. El capítulo sobre ella lo protagonizó Nacha Guevara, en una magistral actuación. También tuvo adaptaciones en Chile, Colombia y México. En 2016, se estrenó la obra teatral "Yiya, el musical", escrito por el periodista Osvaldo Bazán. La ambición, codicia y frialdad de "Yiya" Murano, además de su "modus operandi" para actuar, la colocaron en el pedestal de la historia del crimen nacional. Su apariencia de anciana frágil en sus últimos años, contrasta con su gran capacidad para manipular, mentir y ejecutar... siempre con té, masas y cianuro,  hasta que el último asesinato la condenó... 

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