RAÚL APOLD, EL INVENTOR DEL "RELATO PERONISTA"
¿ Cómo se construye un relato ? Narrándolo y dando características y matices del contenido del mismo, para hacerlo más atractivo y para que sea comprendido por quién lo lee o escucha. ¿ Y si el relato es político ? Aquí cambia la cuestión, ya que se convierte en una estrategia de persuasión. Según lo definen D'Adamo y García Beaudoux, "es una estrategia de comunicación política. Sirve para transmitir valores, objetivos y construír identidades. Es una historia persuasiva que actúa a modo de "marca" de un partido, líder o gobierno. Moviliza, seduce, evoca y compromete mediante la activación de los sentidos y las emociones. Confiere identidades de "nosotros" y "ellos", define objetivos y propone una visión del pasado, del presente y del futuro". Una de sus principales tácticas es el "reencuadre de un hecho o situación", entendido como el "proceso de alterar el significado atribuído a una situación, cambiando el contexto o marco a través del cuál se la presenta y experimenta". Es decir, "maquillan" una situación o hecho, de acuerdo a sus puntos de vista o intereses, cambiando de ésta forma su significado o sentido. La mayoría de los gobiernos, casi siempre autoritarios o dictatoriales (y algunos democráticos también), realizan éstas operaciones, porque entienden que la comunicación es fundamental para comunicar sus "objetivos". Nuestro protagonista de hoy es, para muchos historiadores de la época, el "inventor del relato peronista". Se trata de Raúl Alejandro Apold, quién manejó el aparato de comunicación justicialista, con Perón en el poder. Nació en Buenos Aires, el 9 de noviembre de 1898. Hijo de Adolfo Gerardo Apold (de ascendencia alemana). Estudió en el Colegio La Salle y, en su adolescencia, simpatizó con el radicalismo yrigoyenista. A los 21 años, en 1919, se acercó al ámbito militar (principalmente la aeronáutica) y consiguió empleo como secretario del General Pablo Riccheri. Su "simpatía" radical le permitió ingresar al periodismo, de la mano de José Luis Cantilo, en el diario yrigoyenista "La Época". Ingresó como ordenanza, aprendió a escribir a máquina y, llegó a ser cronista deportivo. Pero Yrigoyen fué derrocado en 1930, por el militar José Félix Uriburu, dando inicio a la tristemente célebre "Década Infame". Conocedor de temas militares, no extrañó su acercamiento a esos círculos. Ya con experiencia en el rubro, fué contratado por el diario "El Mundo", tratando temas militares aeronáuticos. Para ello, debió recorrer oficinas gubernamentales para recabar información y, fué allí, a instancias del General Ángel Mario Zuluaga, dónde conoció a Perón, quién en ese momento era Ministro de Guerra. Colaboró también con otras publicaciones, como "El Hogar" y "Mundo Argentino". Tantos contactos en prensa y en el ámbito castrense, le permitieron ser asesor aeronáutico en la película "Alas de mi patria", dirigida por Carlos Borcosque y producida por "Argentina Sono Film", de los hermanos Mentasti, dónde luego quedaría como jefe de prensa, aunque luego se alejó en malos términos. Después, siguiendo con sus meteóricos ascensos, llegó a la Jefatura de los Cronistas Acreditados en Casa Rosada. Sus vínculos, también con el espectáculo, le dieron la posibilidad de conocer a Eva Duarte, que trabajaba en radioteatros difundidos por Radio Belgrano. El año 1943 marcaría el comienzo de los aparatos estatales de comunicación, ya que el presidente de facto, General Pedro Pablo Ramírez, creó la Subsecretaría de Informaciones y Prensa, dependiente del Ministerio del Interior. Oscar Lomuto fué su primer director. Ésta subsecretaría creó la Agencia de Noticias del Estado (ANDES), el Archivo de la Palabra (dependiente del Archivo Gráfico de la Nación), la Agencia Telenoticiosa Americana (Télam), aún existente. Y, como frutilla del postre, se aprobó el Estatuto del Periodista, que establecía condiciones de trabajo, jubilación y vacaciones relacionadas con el trabajo periodístico. Además, la matrícula para ejercer, debía ser entregada por la Secretaría de Trabajo. En junio de 1946, la subsecretaría quedó a cargo del Coronel Rafael Lascalea. Al año siguiente, lo reemplazó Emilio Cipolletti (pero murió en diciembre de 1947) y, después se hizo cargo Carlos Pereyra Rosas, fallecido a los 2 meses de asumir. Era una verdadera maldición ese cargo. Finalmente, Apold es nombrado ese año, Director General de Difusión de dicha Subsecretaría. Al mismo tiempo, su poder aumentaba, ya que es nombrado director del Diario "Democracia", primer medio gráfico incorporado a la cadena de medios oficialistas. Por orden de Eva Perón, éste medio fué adquirido a su dueño por $ 50.000 y, de tener una tirada de 4000 ejemplares, pasó a 300.000 diarios. La idea de Evita era clara : quería tener un gran diario para el movimiento justicialista y, recurrió a tres "aportantes amigos" para poner el dinero : Miguel Miranda, Alberto Dodero y Horacio Giberti. Los tentáculos comunicativos seguían expandiéndose y, adquirieron la Editorial Haynes, que editó varios medios gráficos afines al gobierno, que actuaban como elemento de propaganda oficial :"El Mundo", "El Hogar", "Selecta", "Mundo Argentino", "Mundo Deportivo", "Mundo Peronista", "Mundo Agrario", "Mundo Infantil", "Mundo Atómico" y "Mundo Radial"... Impresionante despliegue propagandístico, tocando todos los temas y cubriendo varios sectores sociales. De ésta manera, el Gobierno, formaba opinión en la sociedad, a través de medios propios para transmitir sus ideas y difundir sus obras. En marzo de 1949 es nombrado Subsecretario de Prensa de la Presidencia, con un presupuesto anual de 40 millones de pesos (25 millones se destinaban a sueldos). Ocupaba un edificio de 7 pisos, en Avenida de Mayo 760, dónde trabajaban 1500 personas, entre periodistas, dibujantes, diseñadores, fotógrafos, editores y locutores. La inversión estatal en comunicación fué enorme, sin precedentes. Apold armó el "relato peronista", con slogans o lemas publicitarios que se repitieron hasta el hartazgo, hasta quedar asimilados en la memoria de los consumidores. Frases como "Perón cumple, Evita dignifica" o "La abanderada de los pobres", fueron ideadas por él , siendo lo más desopilante la redacción de "las 20 verdades peronistas". Una de las más celebradas es la que dice que "para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista". Pero desconfiaba de todos, incluso de los de su partido y, armó dentro de la Subsecretaría, un área llamada Dirección de Asuntos Especiales, dónde hacía tareas de inteligencia en las redacciones de los diarios. Básicamente, hacían espionaje. Tanto poder tenía, que decidía que se publicaba o no, ignoraba eventos si había opositores y, retaceaba la provisión de papel para los diarios no oficialistas. Un documento de la época expresa que, el Diario "Democracia" (el que había mandado comprar Evita) recibía 13.436 toneladas de papel, mientras que a "La Prensa" le correspondía 4600 toneladas, "Clarín" 3200, "Crítica" 3072 y "La Nación" 2097 toneladas... Tremenda desigualdad y favoritismo. También estableció "listas negras" dentro del periodismo, el entretenimiento, el espectáculo, la política y la ciencia. Cuándo aparecía una publicación adversa al gobierno, aparecían las sanciones o represalias (entre ellas, no entregarles el papel para imprimir) y, los diarios, a veces, se autocensuraban. Algunos ejemplos dan cuenta de ello : en 1948 ordenó que no se cubriera el regreso al país, desde Estocolmo, de Bernardo Houssay, tras recibir el Premio Nobel de Medicina, ya que era opositor al gobierno. Otro caso : en pleno conflicto con la Iglesia (Perón había sido excomulgado), se ordenó que el 8 de diciembre (Día de la Virgen) se mantuviera silencio respecto al hecho. Sin embargo, el diario católico "El Pueblo" publicó una foto que daba cuenta de la magnitud de concentración de gente ese día. Tres días después, el diario fué clausurado y sus propietarios encarcelados. En otra ocasión, Evita (que ordenaba a Apold) tuvo un cruce verbal con el diputado Juan Atilio Bramuglia (impulsor de la llamada "tercera vía", una posición intermedia entre oficialismo y oposición) y, luego de una reunión entre la 1° dama y Apold, ningún medio volvió a mencionar a éste político. Algo similar ocurrió con Oscar Ivanissevich y Ramón Carrillo, otros políticos de la época. En el ámbito de espectáculos, llegó a oídos de Evita (a través de los espías antes mencionados), que la actriz Niní Marshall, en una reunión, se había referido a ella, despectivamente, como "La Perona". Como Apold decidía a quién se le entregaba un crédito para hacer un film o que artista podía trabajar o no, la gran Niní, fué borrada de un plumazo de las obras teatrales o fílmicas en las que iba a actuar. Consternada, acudió a Casa de Gobierno para hablar con Evita, pero ésta no la quiso atender, mandándole a decir que la "Perona" no tenía tiempo para ella. Un hecho insólito fué la "invisibilización" de las personas. Ésto ocurrió con el ministro Ricardo César Guardo, quién el 10 de febrero de 1948, asistió, sin permiso, a un acto en la Embajada de México. El diario "La Nación", el único medio que no era "dominado" por el gobierno, publicó la foto dónde Guardo aparecía con otros ministros. La misma foto fué alterada (se "borró" a Guardo de la foto) y, en los diarios oficialistas, el ministro no "figuraba". Tampoco se salvaron los medios extranjeros, como el diario que circulaba en lengua alemana "Argentinisches Tageblatt", que publicó un cable referido a la excomunión de Perón. Al día siguiente, le retiraron la provisión de papel a ese medio y, recién al mes siguiente, citaron a su propietario y, le "sugirieron" que la libertad de prensa debía ser "responsable". Ante la aceptación del dueño, le devolvieron el cupo de papel. Hablar en tono irónico era causal de despido... ¿ a quién le ocurrió ? La "víctima" fué el cronista Raimundo Calcagno, quién en la revista de humor "Rico Tipo", escribió una crítica sobre una película italiana, en la que argumentó que el guión era "más falso que declaración jurada"... y resulta que Perón, justamente, había presentado la suya. Resultado : lo despidieron de todos los trabajos y también de la Editorial Haynes y, como corolario, lo imputaron por calumnias e injurias al Presidente de la Nación. Hay miles de casos así. La fenomenal inversión estatal le permitió realizar documentales, quizás el formato más efectivo de la época para hacer propaganda política. Muchos lo apodaban "El nazi" o el "Goebbels argentino", en alusión al ministro de propaganda de Adolf Hitler, creador del relato del Tercer Reich, a través de documentales. Apold los mandaba a realizar y, también eran traducidos a otros idiomas, para proyectarlos en embajadas o en el exterior. Por ejemplo, en 1950, visitó el país, el presidente chileno Carlos Ibáñez del Campo y, Apold hizo filmar "Argentina está de fiesta", un cortometraje en blanco y negro, dirigido por Enrique Cahen Sallaberry, sobre ese acontecimiento. Ideó el programa radial "Pienso y digo lo que pienso", que se emitía por cadena nacional diariamente a las 20:30 hs. En el mismo participaban reconocidos artistas (el más representativo fué Enrique Santos Discépolo) diciendo textos de propaganda oficial, guionados por dos talentosos, como Abel Santa Cruz y Julio Porter. Toda su "maquinaria comunicacional" funcionaba como un relojito, gracias al espionaje organizado que armó. Los espías recibían instrucción y (según un informe que se conserva en el Archivo General de la Nación) "se comprometían a guardar bajo palabra de honor y garantía de empleo, estricto secreto de su trabajo, haciéndoles ver que cumplen una labor en bien de la Patria y su progreso". La red de espionaje tenía delegaciones en todas las provincias y, cada una elaboraba una planilla sobre tendencias políticas e informes varios. Un ejemplo de esas planillas sobre personas, tenía como ítems : Nombre, Tendencia (peronista/dudoso, opositor, opositor apagado), Influencia (local, nacional, regional), Moral y Solvencia económica. Otras planillas se referían a medios de comunicación, bibliotecas, centros culturales, museos, teatros, universidades, academias de baile y muchas más. Luego de todos éstos relevamientos, en 1949, cerraron decenas de diarios, espacios culturales, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, el Colegio de Abogados de Tucumán y el diario "El Intransigente" de Salta, por citar algunos casos. También, con éste sistema, se estableció que, para acceder a un empleo público, había que ser afiliado peronista. Pero, su mejor tarea la realizó con Evita, a quién convenció de llamarse Eva Perón, a secas y, no María Eva Duarte, porque el primero tenía más "fuerza". Ella confiaba en Apold y en su capacidad. Y, esa confianza, lo puso muy cerca de Eva, cuándo le diagnosticaron el cáncer que se la llevó. Una anécdota famosa ocurrió el 4 de junio de 1952, día del acto de asunción de la 2° presidencia de Perón. Eva pesaba solo 37 kgs. y estaba muy débil y, el General mandó a Apold a decirle que hacía frío, para que desistiera de ir. La respuesta de ella, fué contundente : "¿Esa es una orden del general ? Yo voy a ir igual. La única manera de que me quede en ésta cama, es estando muerta". Apold había fracasado en su tarea. En una de las últimas fotos de Eva, se la ve demacrada en su cama, rodeada de Perón, el Dr. Finochietto y Apold, entre otros. Al morir Eva, a las 20:23 hs., por decisión de Apold, se cambió la hora de su deceso a las 20:25 hs., por considerarlo más recordable. También redactó el infausto comunicado, que decía : "Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Nación, el penosísimo deber de informar al pueblo de la República, que a las 20:25 hs. ha fallecido la Sra. Eva Perón, jefa espiritual de la Nación". Desde ese momento y, hasta la caída de Perón, en 1955, cuándo llegaba esa hora, en todas las radios se escuchaba : "Las 20:25 hs. , hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad". A continuación, se irradiaba el boletín de noticias de Radio del Estado (luego había otros 2 por cadena nacional, por la mañana, a las 10:00 hs. y a las 13:00 hs.). También Apold decidió la contratación de Edward Cronjagar, camarógrafo de la Twenty Century Fox, quién había filmado los funerales del mariscal Foch (para que hiciera lo mismo con Evita) y, de allí surgió el documental "Y la Argentina detuvo su corazón". También hizo realizar un cortometraje sobre la vida de ella, llamado "Eva Perón inmortal", dirigida por Luis César Amadori. Con el enorme presupuesto que manejaba, realizó uno de sus más resonantes logros : el Festival Internacional de Cine, en Mar del Plata, en 1954. La organización estuvo a cargo de José Martínez Suárez , hermano de Mirtha Legrand, con quién Apold trabó una gran amistad (fué el padrino de bautismo de su hija, Marcela Tinayre). Entre 1954 y 1955 imprimió 5.787.640 folletos, 6.633.100 postales y láminas, 4.642.500 volantes,1.535.900 afiches, 808.400 carteles y 2 millones de estampillas. Poco antes de la caída de Perón (por la Revolución Libertadora de septiembre), Apold renunció el 4 de julio de 1955 (lo reemplazó León Bouché), aunque en realidad formaba parte de una renovación de su gabinete, luego del intento de golpe de Estado del 16 de junio. Por sus eficaces servicios, recibió la Medalla Peronista. Poco se supo de él, luego de esa fecha. Los peronistas lo "olvidaron", como si no hubiera formado parte de su partido (paradójicamente, lo que mejor sabía hacer él). Vivió con su esposa, Adela Goldkhul, con quién se había casado el 26 de noviembre de 1942, sin tener hijos. Falleció el 20 de enero de 1980, a los 82 años. Raúl Apold, "el inventor del peronismo", como lo llama el libro homónimo de la escritora Silvia Mercado. En esa publicación, le echan la culpa de la muerte de Juan Duarte, hermano de Eva (el caso figura para la historia como suicidio). Un hombre con mucho poder y que demostró que la estrategia de Goebbels con Hitler en materia de propaganda, funcionó con Perón, pretendiendo domesticar a los medios no adictos, con el método de la zanahoria y el garrote (dándoles de comer a los primeros, pero siguiendo el norte indicado y golpeando a los segundos, los opositores férreos). El peronismo le debe mucho a Apold... pero el partido se olvidó de él...
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