LEANDRO N. ALEM, FUNDADOR DEL RADICALISMO : "QUE SE ROMPA... PERO QUE NO SE DOBLE"
Batallar por la transparencia de los hechos y acciones políticas, cuándo éstas están infectadas de corrupción y fraude, morir por los ideales que uno pregona, cansado de pelear por ellos, porque el "sistema político" y la ambición humana, se los devora, literalmente. El siglo XIX y XX marcaron ésta forma de desarrollo político en nuestro país : Corrupción, fraude, arreglos, traiciones. Todo por más poder, con objetivos personales, dejando de lado los colectivos, los del pueblo. Un personaje, algo olvidado por la historia autóctona y, que fué protagonista en éstos traumáticos años, es Leandro N. Alem, caudillo y prócer radical. Nació en Balvanera (Buenos Aires), el 11 de marzo de 1842, hijo Leandro Antonio Alen (sí, con N y no con M), dueño de una pulpería en Balvanera y, de Tomasa Ponce. Su padre era, también, oficial de "La Mazorca", la fuerza parapolicial que servía a Juan Manuel de Rosas que, con mano dura, se "encargaba" de todos los opositores de la Santa Federación rosista. En una sublevación, encabezada por el General Hilario Lagos, éstos son derrotados y, Alen, junto a Ciriaco Cuitiño, líderes de esa facción mazorquera, en un juicio sumarísimo, son condenados a muerte, acusados de criminales. Fueron fusilados y sus cadáveres fueron exhibidos colgados en la Plaza Monserrat (hoy desaparecida), ante todos los vecinos. Esa macabra escena, fué presenciada por el pequeño Leandro, de 11 años, marcando para siempre su psiquis. La ausencia paterna, llevó a la familia a la bancarrota y posterior pobreza, dónde Doña Tomasa tuvo que elaborar dulces y panes para vender y, así poder subsistir. En 1859, a los 17 años, estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires y, allí era discriminado por sus compañeros, quiénes lo torturaban con los apodos de "El hijo del mazorquero" y, el más doloroso, "El hijo del ahorcado". Por ello, decidió modificar la última letra de su apellido : ahora era Alem y no Alen, para "despegarse" un poco de esa imagen negativa heredada de lo sucedido con su padre. Un poco por eso y, también por patriotismo, abandonó sus estudios para enrolarse como voluntario en el Ejército. Participó del lado de Urquiza en la Batalla de Cepeda, en 1859, dónde el ejército porteño de Mitre es derrotado. Sin embargo, en 1861, pelea por el bando contrario, bajo las órdenes de Mitre, venciendo a su antiguo jefe Urquiza, significando ésto, el fin de la Confederación Argentina y la reincorporación de Buenos Aires al mapa nacional. En 1865, a los 23 años, es enviado como ayudante del General Wenceslao Paunero en la Guerra con Paraguay y, en la batalla de Paraguarí es herido y ascendido a Capitán. También, participaría en la recuperación de la provincia de Corrientes, que había sido tomada por el ejército paraguayo. Se destacaba por su capacidad de liderazgo en las tropas que dirigía. Ello le dió la posibilidad de ser nombrado Secretario de la Delegación Argentina, en Asunción, capital de Paraguay y, luego fué enviado como agregado cultural a Río de Janeiro. Luego, vuelve al país a retomar sus estudios en la Universidad de Buenos Aires y, en 1869, a los 27 años, se recibió de abogado. Su tesis, llamada "Estudio sobre las obligaciones naturales", se basa en un análisis de éste tipo de obligaciones morales, por encima de las que establece la ley. Instaló su estudio jurídico con su compañero de infancia y estudios, Aristóbulo del Valle, su gran e inseparable amigo. Como prueba de sus principios, atendía en forma gratuita a aquellos que no podían pagar. Al poco tiempo, comienza a militar en política, adhiriendo al Partido Autonomista, fundado recientemente por Adolfo Alsina. Entre sus bases, el partido se oponía a la federalización de Buenos Aires, que era alentada por el sector que seguía a Mitre : el Partido Nacionalista. Fué así que, en 1872, a los 30 años, fué electo diputado provincial y, en las sesiones se destacaba por su estilo claro y frontal. Comenzó a acompañarlo su sobrino, 10 años menor que él, un tal Hipólito Yrigoyen que, con 20 años, fué nombrado comisario en Balvanera. Dos años más tarde, es elegido Diputado Nacional por el Partido Autonomista, pero esas elecciones fueron ganadas por el Partido Nacional, que respondía a Nicolás Avellaneda. Ésta situación produce que Adolfo Alsina resigne su candidatura a presidente y, propone una coalición entra ambos partidos. Nace, de ésta forma, el 15 de marzo de 1874, el Partido Autonomista Nacional. Pero Alem se opone a ésta coalición y, junto a otros integrantes, como : Aristóbulo del Valle, Roque Sáenz Peña, Lucio Vicente López, Pedro Goyena, José Manuel Estrada y Fernando Centeno, forman una corriente interna dentro del partido, en oposición a la conducción de Alsina, que luego se llamaría Partido Republicano, en 1877. Con Alem como referente, el espacio político buscaba instalar una democracia plena, mediante "la pureza y la libertad de sufragio popular, proscribiendo de los comicios las violencias, el fraude y la intervención oficial". Era un partido innovador, pues tenían órganos de decisión y asambleas populares que dictaminaban los principios, acuerdos y programas del partido (los otros, carecían de ésta modalidad). En las elecciones legislativas provinciales de 1877, ganó el Partido Autonomista. En las provinciales de ese año, el Partido Republicano postuló a Aristóbulo del Valle como gobernador y a Alem como vicegobernador. Sin embargo, el candidato autonomista, Carlos Tejedor, se impone en elecciones salpicadas de violencia y mucho fraude. Luego de ello, la repentina muerte de Alsina y diferencias internas, producen la disolución del partido y la consecuente ruptura con el Partido Nacional, de Mitre. Ante ello, Alem toma las riendas y pretende reencauzar el autonomismo y, en 1879 es elegido diputado provincial y, coherente con sus ideas previas, vuelve a oponerse a la federalización de Buenos Aires y denuncia el fraude, en un acalorado debate, que pasó a la historia, con José Hernández. Sin embargo, Buenos Aires se federaliza y Julio A. Roca toma la conducción del autonomismo, situación que provoca la renuncia de Alem a su banca y, su retiro de la política, el 11 de diciembre de 1880. Desilusionado, estuvo casi una década alejado, pero en la presidencia del autonomista Juárez Celman, en 1889, vuelve a la palestra. El país sufre una grave crisis económica y, el gobierno es fuertemente cuestionado, sobre todo por la prensa. Un artículo firmado por Francisco Barroetaveña, abogado y militante entrerriano, cercano a Alem, en el diario "La Nación", cuestionaba a la juventud que apoyaba a Juárez Celman, así como su forma de gobierno. Varios jóvenes, que opinaban igual, lo felicitaron y, crearon un núcleo en común, que se reunía en asambleas. En una de ellas, convocan a un gran mitin, con el objeto de "despertar la vida cívica nacional". El mismo se realizó el 1° de septiembre de 1889, en el Jardín Florida de Buenos Aires. Fué organizado por Marcelo T. de Alvear y, concurrieron 3000 personas. Aquí se gestó la "Revolución del Parque", una insurrección cívica - militar, para derrocar a Juárez Celman, encabezada por Alem, entre otros. En su alocución, el caudillo radical expresó : "Ya no hay jóvenes en la república, los ideales generosos, las iniciativas patrióticas, no cuentan con su apoyo, ni con su entusiasmo. Los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuándo se les habla de la Patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con un solemne desprecio, considerando que tales asuntos solo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, cuándo no dicen de los tontos y agregan que, en nuestros días, la política ha cambiado de giro y que hay que ser más prácticos, adoptando otra política, basada en el positivismo y titulándose los que de tal manera piensan y proceden, hombres prácticos, grandes políticos, sabios y de talento". En el espacio político había un sector joven, conformado por Emilio Gouchón, Juan B. Justo, Lisandro de la Torre, Marcelo T. de Alvear, Tomás Le Bréton, Manuel Montes de Oca y Alem. Por el sector adulto adherían : Aristóbulo del Valle, Pedro Goyena, Vicente F. López, Bernardo de Irigoyen y Mitre. Finalmente, llegaron a un acuerdo, ambas facciones se unieron y, el 13 de abril de 1890, en el Frontón de Buenos Aires, se formó la Unión Cívica, con Alem como presidente. La Revolución del Parque se lleva a cabo, con un levantamiento de armas para deponer el gobierno y llamar a elecciones libres. Alem consigue el apoyo militar, a través del Regimiento de Infantería, el 1° de Artillería, el 5° de Infantería, el Batallón de Ingenieros, una compañía del Regimiento 4° y un grupo de cadetes del Colegio Militar de la Nación. Además, la Marina también apoyó, con los tenientes de navío Ramón Liro y Eduardo O'connor. El General Manuel Campos dirigía el levantamiento, secundado por el General Domingo Viejobueno, jefe del Parque de Artillería. El 26 de julio, Alem toma dicho parque, pero el General Campos, sobre la marcha, cambia el plan y, no ataca la Casa de Gobierno, sino que permanece en su puesto. Ésto hizo que las fuerzas de gobierno resistieran por 3 días, recibieran refuerzos y, el 29, los sublevados depusieron su actitud. Pero Alem, tozudo, no quería rendirse y, con un grupo de soldados, combatió un día más. Salvó providencialmente su vida cuándo un subteniente se arrojó sobre él para empujarlo y evitar una descarga de balas dirigida a él. A pesar de la derrota, el objetivo se cumplió a medias, porque el Partido Autónomo siguió en el poder, pero Juárez Celman renunció y asumió Carlos Pellegrini, más moderado que su antecesor. En 1891, Alem, junto a Aristóbulo del Valle, son elegidos senadores nacionales, el 15 de marzo. En las presidenciales de 1892, la Unión Cívica postula la fórmula Bartolomé Mitre - Bernardo de Irigoyen, pero Julio A. Roca, líder del Partido Autonomista, arregla "bajo las cuerdas" una alianza con Mitre, desplazando a Irigoyen del binomio. Ante ésta situación, Alem, enfurecido, exclama : "Yo no acepto el acuerdo, soy radical en contra del acuerdo, soy radical intransigente". Por ello, la Unión Cívica se divide en anti-acuerdistas, liderados por Alem (Del Valle, Barroetaveña, Alvear, Garro, De la Torre, González y el desplazado Irigoyen), bajo el nombre de Unión Cívica Radical y, los acuerdistas al mando de Mitre (con el apoyo del gobernador porteño Udaondo), con el nombre de Unión Cívica Nacional. Se presentan divididos en las presidenciales de 1892, dónde la fórmula Luis Sáenz Peña - José Uriburu, del Partido Autonomista, logra un aplastante triunfo, con el 95,2 % de los votos, mientras que la fórmula Bernardo de Irigoyen - Garro (UCR) y la encabezada por Mitre (UCN), logran el 2,26 % cada una. Ésto se debió a que, Carlos Pellegrini, presidente saliente, sabedor del poderío radical y , para prevenir una derrota, días antes de los comicios, denunció falsamente a los radicales de un complot para tomar el poder y asesinar a los líderes oficialistas. Decretó el estado de sitio y, detuvo a los principales líderes radicales, entre ellos Alem. Debido a eso, la Unión Cívica, en sus 2 ramas, boicoteó los comicios y permitió el triunfo casi unánime de Sáenz Peña. Luego de ser liberados, los radicales encabezan un nuevo levantamiento armado, debido a ésta situación, llamado "Revolución del ´93", ya que vieron como el gobierno conservador autonomista haría cualquier cosa para impedirles ganar las elecciones. Comienzan las diferencias entre Alem (intransigente) y su sobrino Hipólito Yrigoyen, más pragmático y negociador. Internamente, se diferencian en rojos, los que apoyan a Alem y líricos, los de Yrigoyen. El gobierno nacional, débil en su posición, inicia una apertura hacia el partido opositor para lograr gobernabilidad, ofreciéndole cargos de gobierno. Yrigoyen y Alem se niegan, pero Del Valle, en una jugada magistral, acepta el Ministerio de Guerra, lo que le confiere el mando de tropas, dejando a la UCR en inmejorable posición para la acción armada. A espaldas de Alem, Yrigoyen y Del Valle iniciaron la revolución con un método que Don Leandro no compartía, pues él quería derrocar directamente al gobierno central, mientras que ellos planeaban insurrecciones provinciales, para que se intervinieran las provincias y luego hubiera elecciones, reservando de ésta forma, la legalidad. Santa Fé (con Mariano Candioti), San Luis (con Teófilo Saa) y Buenos Aires (con Yrigoyen) fueron tomadas. Pero la revolución fracasaría porque Del Valle (radical y con cargo) se negó a deponer al presidente Sáenz Peña y porque el proyecto de ley de intervenciones provinciales (redactado por él) fue votado por senadores, pero no por diputados. Alem no pensaba lo mismo que Del Valle. Luego, Pellegrini, que había sido encarcelado en la toma de Buenos Aires, es liberado y se reorganiza para volver al control de la ciudad. Del Valle renuncia a su cargo y, finalmente, los revolucionarios se rinden el 25 de agosto (luego de 28 días de lucha). Cuándo la llama revolucionaria parecía extinguida, en Corrientes, el gobernador es derrocado y, Alem ve la oportunidad de reflotar la revolución y pretende hacerlo desde Rosario, pero su sobrino (y ahora adversario) Yrigoyen no lo apoya y, Alem ve ésto como una traición. Hubo levantamientos en Tucumán y Santa Fe, pero ambos fueron luego derrotados. Alem, llegó escondido en un buque de carga a Rosario y fué recibido como un héroe. Lo proclamaron presidente, por asamblea popular y se formó un ejército de 6000 hombres, aunque escaso de armas. El gobierno nacional, con Roca al mando del ejército y la Marina, rodeó la ciudad y amenazó con bombardearla si los revolucionarios no se rendían. Alem quiso resistir, pero las mujeres y comisiones de vecinos le pidieron que no luche, para salvar la ciudad. Antes de entregarse, arengó a todos : "Que valiente éste pueblo de Rosario. Acá nadie se ha rendido, ni nada se ha perdido : cada uno a su casa, guardando bien las armas". Fué encarcelado durante 6 meses. Después de todo ésto la relación con su sobrino Yrigoyen quedó totalmente rota. En 1895, producto de un derrame cerebral, fallece su gran amigo Aristóbulo del Valle, cuestión que lo afectó bastante. Alem estaba desilusionado, decepcionado y deprimido. Todo por lo que había luchado no lo pudo conseguir y, debió soportar la falta de apoyo de su mejor discípulo. El 1° de julio de 1896, convocó a una reunión en su casa para hablar de política. En un momento, ingresó a su dormitorio y salió con su habitual sombrero y su poncho de vicuña. Prometió a sus invitados volver. Eran las 21 hs. y, en su hogar estaban sus amigos Domingo De María, Oscar Liliedal, Adolfo Saldías, Enrique De Madrid, Francisco Barroetaveña y el doctor Martín Torino. Había pedido el carruaje con antelación y, el cochero Martín Suárez había llegado puntual a la calle Cuyo y, al esperar casi una hora, estuvo a punto de irse. Al subir le preguntó al cochero : "¿ Sabés como ir al club El Progreso ? Según su relato, a los 20 metros de haber arrancado, sintió un estallido, muy parecido a una explosión. Alem se había disparado un tiro en la sien. Al llegar al club, en la intersección de Perú y Victoria, el cochero gritaba : "! El doctor Alem se mató ¡" Esa noche llevaba puesto un traje oscuro, desgastado por el tiempo, sombrero y poncho de vicuña. Al lado del cuerpo, un revólver Smith & Wesson, culata nacarada. Desde el club llamaron a la policía y, los socios del club lo llevaron al salón ubicado en el 1° piso y, colocaron el cuerpo sobre una mesa (en la actualidad, se conserva como reliquia). Se observaba un orificio detrás de la oreja derecha y, alguien cubrió su rostro con el poncho. En su dormitorio dejó una nota a Francisco Barroetaveña, con el título "Para publicar", que decía : "He terminado mi carrera, he concluído mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Si, ! que se rompa, pero que no se doble ¡ He luchado de manera indecible en los últimos tiempos, pero mis fuerzas, tal vez gastadas, ya han sido incapaces para detener la montaña... y la montaña me aplastó". En otra nota póstuma escribió : "Perdónenme el mal rato, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no en manos extrañas, en la calle o cualquier otra parte". Leandro N. Alem terminó con su vida a los 54 años, cansado de pelear por ideales que no pudo concretar, a costa también de traiciones familiares. Gastó su dinero en la causa, a tal punto que tenía varias y abultadas deudas al morir. Quisieron deshonrarlo en vida y, Pellegrini lo acusó de tener "antecedentes sucios" y "cuentas turbias" en el banco. Lo retó a duelo, pero un Tribunal de honor lo frenó a tiempo. En la actualidad, ciudades, calles, plazas, escuelas, bibliotecas y clubes deportivos llevan su nombre y, es considerado fundador y mentor de la Unión Cívica Radical. Algunos historiadores ponen cierta duda respecto a su segundo nombre, ya que Alem lo firmaba con letra n minúscula y, según el solía decir, significaba "nada". Pero un archivo del Registro Civil, dónde tuvo que firmar consentimiento en el casamiento de su hijo Leandro (era menor de edad, igual que la novia), figura el nombre Nicéforo (la duda surge de su partida de nacimiento donde no figura segundo nombre). Gran orador, uno de sus grandes legados fué la convicción con la que transmitía sus ideales. Una forma de rescatar su memoria, es uno de sus últimos discursos, sabiendo que hizo lo posible por la ciudadanía en general : "He dado todo lo que podía dar, todo lo que humanamente se puede exigir a un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado. Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas y propósitos de mi acción y de mi lucha en general en mi vida, son, creo, perfectamente conocidos. Si me engaño a éste respecto, será una desgracia que yo ya no podré ni sentir ni remediar. Entrego pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente. En éstos momentos, el partido popular se prepara nuevamente para entrar en acción en bien de la Patria. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales...¡ Adelante los que quedan ! Ah... cuánto bien ha podido hacer éste partido sino hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores...
Alem y su legado, sin dudas su frase más célebre podría guiarnos en nuestra conducta : Que se rompa... pero que no se doble.
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