JUSTO SUÁREZ, "EL TORITO DE MATADEROS", PRIMER ÍDOLO DEPORTIVO NACIONAL

Cuándo las personas nacen en un marco de extrema pobreza, dónde hay que trabajar desde niños para ayudar en la economía familiar, dejando de lado la educación escolar y comiendo de vez en cuándo, se forja en ellas una personalidad singular y... las historias se repiten : pobreza, llegada a la cima, popularidad, riqueza y... luego el tobogán de la decadencia, nuevamente pobreza y... muerte prematura. El deporte, sobre todo el boxeo, tiene muchos casos testigo, con sus matices, pero con finales similares. El deporte de los puños rescata a éstas personas de la miseria y el olvido, cambiando su vida, ya que producen dinero en cantidad, para ellos y... sobre todo para los otros. El protagonista de hoy es Justo Antonio Suárez, el "Torito de Mataderos", considerado el primer ídolo popular del país. Nació el 5 de enero de 1909, en Buenos Aires y era el 15° hijo de 24 que tuvo su padre, Martín Norberto Suárez, en dos matrimonios (17 en el primero). En segundas nupcias con la italiana Luisa María Catalano Sbárbaro, concibió a Justo, Gregorio, Manuel, Obdulio, Edmundo, Rosalía y Elvira. Antes de nacer Justo, la familia vivía en Mataderos del Sur de Parque Patricios y se mudó, en 1899, a Altos de Liniers (en la actualidad, el popular barrio de Mataderos). Allí, el padre trabajaba como resero en el Mercado de Hacienda. Como se dijo, la pobreza y miseria reinaba en el numeroso hogar y, por ello Justo sólo cursó algunos grados de primaria en la escuela de "La Curva". La necesidad hizo que, a los 9 años abandonara el colegio y comenzara a trabajar. Fué lustrabotas y canillita, pero la labor más insalubre fué de "mucanguero"...¿ y en qué consistía ? La mucanga era la grasa liviana de los animales faenados en el matadero (principalmente vacas) y, que era arrojada a una canaleta que desagotaba en el arroyo Cildañez, por el Matadero Municipal y el Mercado de Hacienda. Los niños bajaban a la canaleta y, con una espátula juntaban la grasa y la vendían a los fabricantes de jabón, a 10 centavos el balde. Luego, se desempeñó como cuarteador, tarea consistente en tirar de la res para dividirla en partes, montado a caballo. En los momentos de ocio practicaba boxeo, con sus hermanos, en un improvisado que armaron en el fondo de la casa (Guaminí 2740). Con sólo 10 años, ya peleaba por dinero y, a los 14 años lo llevaron a la confitería L´aiglon, de la calle Florida que, en el fondo (camuflado), tenía un ring, dónde se hacían peleas clandestinas con apuestas (en esa época, el boxeo estaba prohibido como deporte, aunque se podía practicarlo). Allí también ganaba unos pesos para llevar a su casa. Dueño de un estilo arrollador y desordenado, demolía a todos sus rivales por knock out. Allí lo vió el promotor boxístico José Lectoure, quién vió potencial en ese joven de 14 años, que pegaba como uno de 20 y, le dijo : " Vos peleás a la criolla, tenés que aprender". Al mismo tiempo, ya adolescente, levantaba reses para el frigorífico "Barretta & Mazzoni". Simultáneamente, en EEUU, se lleva a cabo la verdadera y única "Pelea del Siglo", entre el campeón mundial de peso pesado, Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo ("El Toro Salvaje de las Pampas"). Pese a la derrota del argentino, que fué notoriamente perjudicado en el combate (tiró a a Dempsey fuera del ring y el árbitro se demoró una "eternidad" en el conteo), el hecho marcó un hito, porque a partir de ese año (1923), el boxeo fué legalizado, a instancias del notorio prestigio de Firpo. Al año siguiente, con sólo 15 años, bajo la dirección técnica y entrenamiento de Diego "Gordo" Franco (quién le enseñó todos los "secretos boxísticos"), debutó como amateur, en el Club Social Argentino de Flores, dónde empató, en 5 rounds, con Damián Dobal. Por peso, era categoría mosca (fué campeón novicio de Buenos Aires) y, con el tiempo, iría subiendo de peso y, por ende, ascendiendo de categoría, ya que luego pasaría a categoría gallo (fué Campeón Argentino). Al pasar a categoría pluma, fué Campeón Argentino y Sudamericano). Repetiría el mismo resultado en categoría liviano (doble campeón : argentino y sudamericano). Peleó hasta 1928 como amateur, con un impresionante récord de 48 peleas (ganó 43, empató 3 y 2 sin decisión) invicto...!!  Ya se había ganado un nombre en la afición y, a los 19 años, el 19 de mayo de 1928, debuta como profesional, en el Parque Romano, de Retiro, venciendo por knock out, en el 2° round, al peruano Ramón Moya. En su 2° combate, le gana por abandono en el 6° round, a Pedro Bianchi. Termina esa año, con 2 victorias más : noqueando en el 1° round a Julián Mallora y venciendo por abandono a Fernando Marfurt. En esa época, el periodista Carlos Alberto Rúa, lo había bautizado "El Torito de Mataderos", en alusión a su manera arrolladora, siempre yendo al frente para boxear y, a su barrio de pertenencia, apodo que lo inmortalizaría en la memoria colectiva popular. El día de su cumpleaños número 20, el 5 de enero de 1919, vence por puntos, en 12 asaltos, a Luis Marfurt (hermano de Fernando). Sucesivamente, le gana por abandono en el 6° round, al italiano Enrique Venturi y, por puntos, en 12 asaltos, al uruguayo Julio Fernández, primero, y al español Luis Rayo, después. Ésta última pelea se llevó a cabo en la vieja cancha de River Plate, (ubicada en Alvear y Tagle),dónde concurrieron 40.000 espectadores. El Parque Romano de Retiro, dónde se hicieron todas las anteriores, había quedado chico... La siguiente pelea tuvo un desarrollo y desenlace digno de un film de Hollywood. Resulta que, el boxeador italiano Victorio Venturi, enterado de la paliza que Suárez le propinó a su hermano Enrique, se tomó un barco desde la península itálica y vino al país a "vengar la derrota" de su hermano. Fué recibido en el Puerto de Buenos Aires, por la colectividad italiana, quiénes lo vitorearon gritando : "! Bravo Victorio, cortale los cuernos al "Torito" ese ¡¡ El escenario fué, otra vez, la vieja cancha de River, pero... hubo un episodio fuera de los cálculos de todos : la lluvia torrencial que caía a la hora del combate. Éste fenómeno metereológico le jugó en contra a Suárez, quién patinaba y resbalaba reiteradamente. En cambio, Venturi, de boxeo más lento, se sentía cómodo y hacía mejor pie en el ring. El público, entre enfervorizado e indignado, pedía la suspensión de la pelea, por "inhumana". Las autoridades de la Comisión Municipal de Boxeo, satisfechos con la recaudación, hacían oídos sordos. Entonces, ocurrió lo impensado : la barra de Mataderos, que había concurrido en masa a ver a su ídolo, invadió el ring, cubrió a Suárez con batas y sacos mojados y, se lo llevaron al camarín, dónde lo friccionaron y secaron para que se recupere. El público hizo lo que el árbitro y la Comisión no se animaron a hacer : suspender el combate, ante la imposibilidad de seguir peleando. La pelea fué reprogramada para el 25 de mayo y, allí, Suárez venció con claridad, por puntos, en 12 asaltos. Luego de ésta singular pelea, cerró el año noqueando, en el 2° round, al estadounidense Lou Palusso y, más tarde, venció por knock out en el primer asalto, al inglés Fred Webster. El año siguiente, 1930, sería el de su consagración, pero hubo cambios en su exitosa carrera, ya que ante la promesa de los empresarios boxísticos José Lectoure e Ismael Pace, de conseguirle una chance mundialista ante el campeón liviano Al Singer, el "Torito" abandona al "Gordo" Franco, su entrenador de siempre. A partir de ahí, los empresarios lo ponen bajo las órdenes de Enrique Sobral, un técnico de escasa reputación y, para algunos comentaristas de la época, un oportunista (luego sería entrenador de Boca Juniors, entre 1938 y 1940). Muchos opinaban que, el cambio de entrenador no favorecía al "Torito", a tal punto que, Sobral cambió la forma de entrenamiento y trabajo de Suárez : menos plasticidad y, más masa muscular, a través de un entrenamiento duro y forzado. Bajo la nueva conducción, derrota por knock out, en el 5° round al español Hilario Martínez y luego vence al estadounidense Bebe Herman, por la misma vía. Entonces, le llega su gran oportunidad : pelear por el título argentino liviano, el 22 de marzo, contra el campeón vigente, Julio Mocoroa, apodado "Bulldog", un disciplinado boxeador, estudiante de odontología y farmacia, de clase media. Todo lo contrario al "Torito", arrollador y "del pueblo". Otra vez la cancha de River fué el escenario y tal era la expectativa que, por primera vez, se vendieron derechos de transmisión radial de un evento deportivo y, hubo la friolera de 55.000 espectadores. Suárez ganó por puntos en 10 asaltos y se consagró campeón. La revancha, lamentablemente quedó trunca, ya que la tragedia se hizo presente : Mocoroa se mató en un accidente automovilístico en la ruta, camino a Buenos Aires, cuándo venía a firmar el contrato de la pelea. Dos meses después, en mayo, llegaría una noticia que dividió las aguas entre los fanáticos del "Torito". Contrajo enlace con Adelina Pilar Bravo, una telefonista que conoció cuándo fué a una entrevista a un diario. La vió y quedó flechado, era una hermosa mujer, con bucles castaños, ojos verdes y, una envidiable figura. Noviaron un tiempo y se casaron. La mayoría de sus seguidores opinaba que no era el momento, ya que Suárez estaba en la cima de su carrera y, otros se alegraban por la noticia. Con el título bajo el brazo, se fué a probar suerte en la meca del boxeo : Estados Unidos, como antes lo había hecho el gran Luis Ángel Firpo. Lectoure y Pace comenzaban a cumplir su promesa. Con su notoria fama a cuestas, antes del viaje, se dió el lujo de despedirse, en Casa de Gobierno, del presidente Hipólito Yrigoyen. Sin dudas, privilegios a los que se accede cuándo se está en la "cresta de la ola". Partió con su flamante esposa en el barco North Price. Allí permaneció 4 meses, realizando 5 combates. Su debut en tierras extrañas fué el 17 de julio de 1930, en el Yankee Stadium, contra Joe Glick, a quién venció por puntos en 10 asaltos. La expectativa en el país era enorme y, el Diario "Crítica" tomó la transmisión radial, con sus parlantes apuntando a la Avenida de Mayo (lo mismo se había hecho en el pelea mundialista entre Firpo y Dempsey, en 1923). La barra de Mataderos, su barrio, llegó en multitud en muchos camiones atiborrados de gente. A pesar que Suárez mandó 2 veces a la lona a Glick, no pudo noquearlo, pero ganó claramente por puntos. La Revista "El Gráfico" cronicó así el evento : "La Avenida de Mayo, la urbe grandiosa, ensordecida siempre por el tráfico, clausuró sus puertas a las estridencias de bocinas y motores, para ofrecerse con inquieto espíritu juvenil, a la invasión de barrios que llegaban a escuchar el eco victorioso de las piñas del "Torito". La avenida se transformó en un estadio". Luego del triunfo, Suárez saludó por radio a sus fanáticos y...volaron 20.000 sombreros al aire, de algarabía. El ídolo amaba a su gente y viceversa. Luego vencería por puntos, en 10 rounds, a Herman Perlick y por knock out en el 6° round, en Nueva York, al moreno Bruce Flowers, mucho más alto y con más alcance de brazos que él. Tamaña campaña le permitió combatir en el mítico Madison Square Garden, dónde venció por puntos en 10 asaltos a Ray Miller y, cerrando su incursión norteamericana con victoria por puntos, en 10 asaltos, ante Louis "Kid" Kaplan. Al regresar, el barco hizo escala en Montevideo y, fué ovacionado por los uruguayos en el puerto. Llega al país cubierto de gloria, con la fama por las nubes y comenzó a darse algunos lujos : compraba trajes finos y un automóvil Ford Vorturette, color rojo, una verdadera joya mecánica. En 1931, luego de vencer a José Petrarca, enfrenta al chileno Estanislao Loayza, apodado "El Tigre de Iquique", a quién vence por puntos. Debido a su fama en alza y los grandes espectáculos que se brindaban cuándo él peleaba, en esa pelea estuvieron presentes el presidente de facto, José Félix Uriburu (había derrocado a Yrigoyen un año antes) y los príncipes de Inglaterra, Eduardo de Windsor y Jorge de Kent, quién luego sería el rey Jorge VI (padre de Isabel II). Ante la victoria de Suárez, éstos aplaudieron a rabiar, extasiados por el espectáculo. Sin embargo, tiempo después, se supo una extraordinaria anécdota sobre esa combate : a la mañana, Suárez amaneció con un forúnculo en un testículo. Había fiebre y dolor. Si no peleaba, perdía la bolsa y el título sudamericano. El "Torito" le pide a Lectoure, en forma urgente, un médico para extirpar ese doloroso grano. Así se hizo, pero Suárez mostraba signos de dolor en esa zona. Durante la pelea, Loayza enterado del problema del argentino, golpeó en forma recurrente en la zona baja. La potencia de Suárez pudo más (a pesar de ser más bajo y poseer menor alcance de brazos) y lo noqueó en el 3° round. Luego de vencer a Juan Casalá, está listo para la chance por el título mundial y, vuelve a EEUU. Pero, el campeón Al Singer pone como condición que, previamente enfrente a Billy "Fargo Express" Petrolle, una especie de "probador" de aspirantes al título. Si pasa ese escollo, el campeón Singer le dará la chance. En el barco viajan el "Torito", su esposa Pilar, su suegra, el entrenador Sobral y Lectoure. Al llegar, alquilaron departamentos por separado (Suárez, Pilar y la suegra en uno y Lectoure con Sobral en otro). El entrenador, ante la proximidad de la fecha del combate, le pide a Suárez "concentrar" con ellos, para un mejor entrenamiento. A regañadientes, el "Torito" acepta y, por primera vez se separa del lado de su mujer. Sin embargo, ya había problemas matrimoniales entre ellos y, Suárez era extremadamente celoso de Pilar, era su obsesión y eso estaba desgastando la relación de parte de ella. Cuenta Sobral, años más tarde, en una entrevista para la revista "El Gráfico", que Suárez, la madrugada se despertaba y llamaba por teléfono a su mujer. Eran muchas llamadas e incluso, le escribió una carta. Prácticamente no dormía, estaba desenfocado de la pelea, ya que hablaba todo el día de ella y no hacía referencia alguna al combate. Estaba poco y mal entrenado (según los dichos de Sobral) y, la noche de la pelea, el 25 de junio de 1931, en el Madison Square Garden, subió deconcentrado. Las reglas del box dicen que, después de la campana, no hay más saludos. Suárez se "olvidó" y Petrolle lo derribó de un derechazo. Desde el rincón le gritaban que esperara hasta los 9 segundos para levantarse, pero la guapeza y forma de pelear del "Torito" no era así y, se levantó rápido, pero muy sentido. Igualmente, sacó un potente derechazo que hizo retroceder a Petrolle. Pero fué un espejismo, no tenía piernas para aguantar. En el rincón, Suárez exclama : "Pega fuerte, no lo veo". Sólo su increíble guapeza lo mantiene en combate y, en el 4° round conecta otro derechazo que hace tambalear a su rival. Hasta el 5° asalto fué un combate parejo y, la estrategia de Petrolle era atacar a partir del 6° round a Suárez, con todo el cansancio a cuestas. Y asi fué que lo apuró con ganchos cruzados, sin cesar, contra las sogas. Petrolle conectó un tremendo gancho izquierdo al hígado, que lo dejó sin aire e inmediatamente, un derechazo en la cara. Cayó estrepitosamente de espaldas. Quiso levantarse, apoyando la rodilla. Le gritaron nuevamente que se quedara hasta casi el final del conteo, pero no lo hizo. Finalmente, Petrolle lo noqueó en el 9° round. Fin del invicto, fin del sueño mundialista, fin de su matrimonio (su esposa regresó antes) que duró apenas 1 año. Comenzaba también a tener problemas de salud, ya que después de cada combate o entrenamiento, terminaba muy fatigado, con falta de aire. Al regresar, con los sueños truncos, al país, le sugirieron un tiempo de descanso, hasta que reacomodara sus ideas y proyectos. Pero, otra vez, no quiso. Comienza el año 1932 y, quizás, en su última gran pelea, el 30 de enero, derrota por knock out, en el 1° round, al italiano Carlo Orlandi.  En febrero, Lectoure y Pace (con todo el dinero que recaudaron representando a Suárez en sus peleas), cumplen el sueño de inaugurar su propio palacio de deportes, principalmente para boxeo : el Luna Park. Ésto indica la magnitud del dinero que se generaba a partir de la figura del "Torito". Puede decirse que, gracias a Suárez, se construyó el Luna Park (dicho ésto por "Tito" Lectoure, hijo de José, quién manejó el recinto muchos años). Según lo publicado, si construcción costó medio millón de pesos. Obviamente, quién inauguraría ésta joya arquitectónica, sería el "Torito", quién expondría su título nacional liviano ante Víctor "Jaguar" Peralta, medallista olímpico en Amsterdam 1928. Pero, no estaba en su mejor momento, ya que no podía superar la separación de su mujer, había comenzado a beber (algo que jamás había hecho) y, tuvo un contrapunto mediático con su propia madre. Ésta le dijo al diario "Noticias Gráficas" que su hijo la había dejado en la miseria. El "Torito", afirmaba lo contrario en el Diario "Crítica". Antes de la pelea, con la intervención de un juez, zanjaron sus diferencias. Le costó horrores dar el peso en esa pelea. Peralta lo derrotó y le quitó el título. El estadio no podía creer lo que veía en vivo : el "Torito" derrotado. Peralta festejó desaforado su triunfo, con total derecho. Pero la gente adoraba a Suárez y, la caída del ídolo fué lo más parecido a un velorio. Su vencedor, después fué repudiado por su victoria...! y llevaría, increíblemente, esa cruz de por vida. Ésta vez fué Lectoure quién se separó de él. Cada vez estaba más solo. Luego empataría con el italiano Emil Rossi y, en esa pelea terminó muy cansado, con falta de aire. Los médicos, al revisarlo, le diagnosticaron tuberculosis (enfermedad incurable en esa época). Sus días de pobreza, hacinamiento y miseria, le pasaron factura a su cuerpo. A pesar de estar separado, en 1933, nace su único hijo, Enrique Justo Suárez y, al años siguiente, su ex mujer, Pilar, se muda con su hijo a Europa, radicándose en París. Para esa época, el "Torito", que había amasado una fortuna de medio millón de pesos, estaba en la ruina. Varias versiones circularon respecto a qué pasó con su dinero : la familia acusaba a Lectoure de haberse quedado con él y, otros culparon a Pilar, diciendo que vivió como reina en París con lo que había ganado su ex marido. Con la tuberculosis minando su cuerpo, peleó por última vez, el 5 de octubre de 1935, ante su amigo Juan Pathenay. En el ring había una caricatura del otrora gran boxeador que fué, sin potencia, sin aire, deambulando por el cuadrilátero. Pathenay se apiadó de él y evitaba golpearlo y, el árbitro, en un rapto de lógica humanidad, paró la pelea en el 8° round. El Parque Romano de Retiro, escenario de grandes éxitos del "Torito", lo veía caer humillado, por última vez. Su vencedor no festejó, al contrario, lloró al ver el estado deplorable en que estaba su ídolo. Cada vez más debilitado, con sus pulmones infectados por tubérculos y, con el poco dinero que le queda, se instala en Cosquín, cuyo clima favorecerá su quebrantada salud. Falleció el 10 de agosto de 1938, en la Clínica Santa María, en la miseria absoluta, acompañado solo por una de sus hermanas. Tenía solamente 29 años... Estaba siendo velado en la capilla ardiente, montada en el Córdoba Sport Club, de la capital cordobesa. Asistieron el intendente de Córdoba y el gobernador Amadeo Sabattini. Sin embargo, Lectoure viajó en tren, desde Buenos Aires a Córdoba, para buscar sus restos y llevarlos al Cementerio de la Chacarita, como eran sus deseos. Cuándo el ataúd era trasladado hacia allí, la multitud que acompañaba, lo llevó al Luna Park y, Lectoure tuvo que abrir el estadio, para el último adiós. Sus restos descansan en el Panteón de la Casa del Boxeador, en la Chacarita (dónde también están Raúl Landini, Pascual Pérez, Alfredo Prada y José María Gatica (éste último estuvo hasta 2013, cuando fué repatriado a su ciudad natal, Villa Mercedes, en San Luis). Permanece en la memoria colectiva popular, a través de un tango, escrito el 16 de julio de 1930 por Venancio Claus y con música de Modesto Papavero, llamado "Muñeco al Suelo" y, que fue interpretado Carlos Pérez de la Riestra, "Charlo". También es rescatado por Julio Cortázar, admirador de Suárez, en su cuento "Torito", del libro "Final de Fuego", editado en 1956. Por esos años, el historietista Héctor Oesterheld, sacó a la luz la historieta "El Indio Suárez", basada en su vida. Musicalmente, el grupo "Los Pericos", en su disco "Pampa Reggae", de 1994, homenajea a Suárez con su tema "Torito". En 2001, el cineasta Edmund Valladares, estrenó el film "I love you... Torito", basado en su vida. En su barrio, Mataderos, una calle lleva su nombre. Cerca de allí, un complejo de viviendas populares, se llama Justo Suárez. Por último, un busto ubicado en las esquina de Alberdi y Murguiondo, del Barrio de Mataderos, lo recuerda. El club de su barrio, Nueva Chicago, que milita en la 2° división de nuestro fútbol, tiene el apodo de "El Torito de Mataderos", en referencia a él. Justo Suárez vivió vertiginosamente su corta existencia y, como dicen las crónicas después de su muerte, a los 9 años ya boxeaba, a los 19 era campeón y a los 29 se fué de éste mundo. Sin dudas sus relaciones personales, sobre todo con su esposa, afectaron su carrera. El prestigioso periodista de box, Osvaldo Príncipi, dijo alguna vez : "Suárez fué el único deportista que murió por amor". Si excesivo celo y obsesión le jugaron en contra y, su entrenador Sobral, contó en una nota que, en el 1° viaje a EEUU, Suárez le arrancó una medallita a su mujer, que tenía la foto de sus padres, porque no quería que usara nada que no le hubiera regalado él. Lo mismo pasaba con los vestidos. A pesar de todo, el aquel pibe amable, de eterna sonrisa, que lo hacía parecido a Gardel, pudo disfrutar (aunque haya sido brevemente) de una vida mejor a la que tuvo antes. Como paradoja del destino, en los años ´50, su esposa e hijo regresaron de París, y éste se volvería, con el tiempo, un empresario millonario (tenía una concesionaria de autos importados, frente a la cancha de River Plate). El primer ídolo deportivo nacional vivió poco, como la mayoría de los ídolos, pero quedó en la memoria colectiva. Tal vez, la mejor definición sobre su persona, la haya escrito el periodista deportivo Félix Daniel Frascara, luego de su muerte, en la Revista "El Gráfico" : " No supo de artimañas en el ring. No supo de maldades en la vida. Fué siempre bueno, en la humildad, en la opulencia, en la desgracia. Bueno cuándo aún no era nada, cuándo lo era todo y cuándo volvió a ser nada. Padeció de una bondad incurable. El destino jugó con él, lo manejó a su antojo, pero él fué incapaz de pelear contra el destino".

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