MARTÍN KARADAGIÁN, EL TITÁN DEL CATCH
Las personas que trascienden fronteras, volviéndose famosos por lo que hacen, se convierten en personajes. Dejan de lado su individualidad y pasan a ser de todos, "del pueblo", o de gran parte de él. En algunos casos, su actos dejan de ser privados, para ser públicos y, su vida también. Los medios de comunicación, con su efecto multiplicador, llegan a infinidad de lugares y "contribuyen" para esa tarea. El protagonista de hoy tuvo una historia con algunos de éstos ribetes : Martín Karadagián (su verdadero apellido armenio es Karadiyán), nació en Buenos Aires, en un enorme conventillo, situado en la calle Humberto I, del populoso barrio de San Telmo, el 30 de abril de 1922. Su padre, Hamparzun Karadiyán, llegó al país en 1919, escapando del genocidio armenio efectuado por los turcos y, era carnicero del Mercado de Proveedores del Sur. Su madre, Paulina Fernández, era española. El pequeño Martín no quería estudiar (hizo sólo 1° grado) y, como la economía familiar era endeble, comenzó a trabajar. Comenzó vendiendo caramelos en los tranvías, junto a su amigo, el rengo "Media Gamba", con un particular y, desagradable método : los manchaban con barro. Luego de venderlos y juntar las monedas, los clientes, por desprecio y asco, les devolvían los caramelos. La ganancia era del ciento por ciento. A los 8 años, siendo lustrabotas, se vislumbraba ya su perfil empresario, ya que para ganar más, compraba cajones y se los daba a otros chicos, para que trabajen para él, a cambio de un porcentaje. Martín no tenía un buen recuerdo de su padre, a quién, años después, calificó como a "una bestia, un matarife rico y amarrete, se cansó de pegarnos a mí y a mi hermana". Continuó diciendo : "Era muy duro, cuándo veíamos en el almanaque un feriado que vendría 2 meses después, nos poníamos a llorar, porque significaba que el viejo se iba a pasar todo el día en casa". Cuenta una anécdota imperdible, cuándo a los 6 años, acompañando a su padre al mercado, tenía que gritar : "! Corderito a $ 1 el cuarto ¡" y, si se quedaba callado o sin voz, éste lo pinchaba con un hueso. Para ahorrar, a la vuelta, volvía caminando, para dejarle el peso que costaba el tranvía a su madre. Todas éstas situaciones, con el tiempo, lo impulsarían a abandonar el hogar. De chico, en la Asociación Cristiana de Jóvenes, practicaba lucha grecorromana. Cuenta la leyenda que, su entrenador José Renzis, lo llevó a combatir a Detroit (EEUU), donde obtuvo el Panamericano Infantil de Lucha Grecorromana, a los 8 años. Cuatro años después, en Londres, a los 12 años, gana el título mundial de Cadetes Mayores en Londres. Dicen que la propia reina de Inglaterra le entregó la medalla. En 1934 eran furor los campeonatos de "catch" en el Luna Park, dónde la principal figura era el polaco Wladek Zbyzslo, el "Rompehuesos", a quién Martín admiraba. Existía un lugar, en la Zona del Bajo, dónde estaba la "Misión inglesa", dónde solían pelear por dinero los marineros ingleses con otros peleadores ocasionales. Allí, dónde peleó Gatica antes de ser boxeador profesional, deseaba ir Martín, para estar en forma y ganar dinero. Recomendado por su amigo luchador Héctor Brea (quién luego sería el popular árbitro "corrupto" William Boo), va a entrenarse al Luna Park. Alternaba la lucha con el boxeo, pero en éste último deporte no se "encontraba". De joven, su trabajo en el mercado, cargando medias reses, moldearon su fuerza y personalidad, a pesar de su baja estatura : tenía 1,65 metros. A los 18 años, en 1940, hereda la carnicería de su padre, el puesto N° 38 del Mercado, llamado "El Negro", cuyo cartel rezaba : "Venta de mamón y ternera. Reparto a domicilio". Pero su obsesión era ingresar al espectáculo de la lucha libre, llamado "catch as catch can", cuya traducción es "agarrese como pueda", que habían traído luchadores provenientes de Europa del Este (húngaros, polacos, rumanos). La más famosa era la "troupe" del ucraniano Iván Zelezniak, "El hombre montaña", una leyenda del catch. Martín iba todos los días a entrenarse allí, con la ilusión de ingresar a la "troupe". Incluso les llevaba recortes de diarios, que manifestaban su participación en la lucha grecorromana. Pero, se le reían en la cara y le rompían los recortes y, de paso, lo "molían" a golpes en los entrenamientos. Testarudo, no se dió por vencido y, planeó una estrategia para convencer a Zelezniak. Se dirigió a su casa (un departamento en el 4° piso, frente al Luna Park) y, tocó el timbre. Cargaba una media res en cada hombro y, ante el asombro del ucraniano le dijo : "Subí por las escaleras y ahora voy a bajar". Ésto bastó para convencer al "Hombre Montaña", quién contestó : "Le digo la verdad que usted ser chiquito, pero ser fuerte. Usted poder quedar con nosotros". Así ingresó en el mundo del catch, se ganó un lugar. Hacía de "malo" en las luchas con Zelezniak y el otro "crédito" de la compañía, el polaco Karol Nowina. Fué subcampeón 5 años (obviamente detrás del "Hombre Montaña") y, luego 6 años campeón. El catch ganaba cada vez más adeptos, era un fenómeno. Martín lo analizaba así : "Éramos panzones que nos pasábamos media hora retorciéndonos la cabeza. El catch era como una gran familia. En ese momento, la lucha permitía todo : escupir en el suelo si uno tenía ganas o andaba un poco resfriado. O acomodar las partes orgánicas, nadie se ofendía. No había buena ni mala intención, era catch. Ganábamos $ 15 y los domingos $ 60". Para sostenerse económicamente, también irrumpió en el rubro del oro, ya que puso la joyería "Olympic". La atendía con uno de los árbitros de la "troupe", Hans Águila y, luego contrataron a otro de los luchadores, Alberto Jaitt. El olfato comercial de Karadagián hizo que ganara muy bien con ese rubro, al disponer abrir a las 3 de la mañana (era el horario que finalizaban los teatros de revistas) y, a esa hora, las actrices salían acompañadas de jóvenes galanes. Las chicas miraban deslumbradas las joyas del único negocio abierto y, los muchachos terminaban gastando para satisfacer el gusto de su ocasional acompañante. En 1949, a los 27 años, viaja a luchar a EEUU, en lugares como Nueva York, Nueva Jersey, Pottsville, Pennsylvania, Passaic y Ashbury Park, con el nombre de "Mighty Karadagián", cuyo significado era "Poderoso" o "Little Punjab", porque usaba pequeños turbantes en las luchas. Llegó a combatir con el campeón mundial de pesos pesados de boxeo, Primo Carnera, en una exhibición que terminó con Karadagián ensangrentado, víctima de la violencia que no pudo controlar el campeón. Según el mismo cuenta, en una pelea que realizó en la isla de Creta, en Grecia, en 1943, luchó con quién, años después, sería el Papa Juan XXIII. Según él mismo afirmaba, en toda su carrera murieron accidentalmente 3 peleadores que lucharon con él (aunque no hay certeza de comprobarlo) : uno en 1946, en EEUU al quebrarse el cuello en una llave invertida, otro en Portugal, en 1951, al romperse la columna y, en 1955, en Canadá, al caerse del ring su adversario y sufrir serias lesiones. De vuelta en el país, incursiona en el cine, en 1957, de la mano del director Iván Grondona, con el film "Reencuentro con la gloria". Allí encarna a "Pantera", un luchador en decadencia que quiere regresar al ring. Pero, en una mala toma, durante una lucha, mata a su amigo. El guión se centra en el tormento que, a partir de ese momento, comenzará a vivir. Ese mismo año, con el objeto de ayudar al "Mono" Gatica, que estaba sin un peso, alquila la cancha de Boca, para una exhibición de lucha con el boxeador. La llovizna persistente ese día, restó algo de convocatoria. Pero, dicen que Gatica no entendió que era un simulacro y, golpeó a Karadagián en verdad. Aunque intentó detener al "Mono", éste siguió pegando y, Martín le hizo una palanca, Gatica cayó mal, se lesionó el tobillo y, quedó rengo de por vida (hay imágenes de esa pelea, pero no del momento de la caída). Sin embargo, por esos años, el catch comenzaría a decaer, ya no se recaudaba lo mismo y, otra vez el olfato comercial de Karadagián se pone en marcha. Organiza con Alberto "El Negro" Olmedo, que en esa época con su personaje "Capitán Piluso", hacía programas para niños, una pelea con el pomposo título de "La pelea del siglo". La misma se llevó a cabo en el Luna Park, el 12 de noviembre de 1961, con la presencia de casi 40.000 personas y, era una parodia de combate. Su objetivo era darle una entidad a la lucha y, que la gente que no fuera del ámbito del Luna Park pudiera engancharse con lo que era el producto : el catch. Venció "Piluso", obviamente ayudado por su fiel compañero "Coquito" (Karadagián hacía de "malo"). Fué un éxito total, ya que fué transmitida por Canal 9, que estrenaba su camión de exteriores y, fué presentada por una de las estrellas de la época : Pipo Mancera. Semejante éxito sirvió para que Karadagián llevara su idea a la televisión, a través de un programa fijo... y fué así que, el 3 de marzo de 1962, debuta en Canal 9, uno de los mayores éxitos de la televisión argentina : "Titanes en el ring". El programa, en principio, pensado para un público adulto (se transmitía en horario nocturno) fué mutando y, se transformó en un programa para niños. El primer relator del ciclo, Rodolfo Di Sarli, era su mano derecha, con respecto a la creación de los personajes, reemplazado luego por Jorge Bocacci. Algunos de ellos aludían a productos comerciales como Minerva (por el jugo de limón), Yolanka (por el yoghurt), Dink-C (por el jugo) y STP (por el aceite de autos), con la consecuente ganancia en ventas. Además, cada luchador tenía su propia canción cuando era presentado para combatir. Tuvo la visión de incluír un luchador por colectividad, para que, de ésta forma, todos se vieran identificados por "ese arrastre" : Benito Durante, por la colectividad italiana; José Luis, por España; Ararat, representando a Armenia; Ivanoff, por la comunidad gitana o el coreano Sun. Y puso un "campeón argentino", el Ancho Rubén Peucelle. Creó una rivalidad histórica con "La Momia" y personajes misteriosos, como "El hombre de la barra de hielo". Fué creador de un "merchandising" único para la época, ya que cada personaje tenía sus muñequitos, golosinas, remeras, temas musicales y su álbum de figuritas. Solía decir de las luchas : "Todo ésto es tongo, pero del bueno". Algunas veces, para hacerlo más creíble, utilizaba ciertas tretas, como pegarse una hoja de afeitar en la muñeca y, cada tanto, se hacía un pequeño corte en la cara, para sangrar de verdad. Si bien la paga era buena, Karadagián era "duro" para los aumentos. Así lo manifestó uno de sus luchadores emblema, el "Ancho" Rubén Peucelle : "Nos pagaba bien, pero nosotros queríamos más. Sacarle un "mango extra" a Martín era muy difícil". Salvo algunos, la mayoría de los luchadores usaba máscara y, se decía que eso era así para no eclipsarlo, pero en realidad era porque algunos luchadores interpretaban 2 personajes. Martín, al entrar al ring, contaba con un secretario, Joe Galera y, aparecía una admiradora secreta, "La viudita de las flores rojas". Todo era parte se un show, que funcionaba como un relojito. El programa se emitía en vivo y, muy pronto, llegarían giras por Uruguay, Panamá, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Costa Rica, dónde eran verdaderos ídolos. Por decantación, llegaron las películas : "Las aventuras del Capitán Piluso en el castillo del terror", en 1963, "El hombre invisible ataca" (1967), "Titanes en el ring" (1973), "Los súper agentes y la aventura del oro (1980), dónde actúa la "troupe", pero no Martín y "Titanes en el ring contraataca (1984), siendo ésta su última actuación antes de enfermar. Ya estaba casado con Aída "Pichi" Lobov, con quién tuvo a su única hija, Paulina, en 1974. En éstas épocas, Karadagián expandió sus negocios e invirtió en la cría de la raza bovina Aberdeen Angus y también explotó un complejo de garages en calle Pacheco de Melo (a metros de Callao), además de varios negocios inmobiliarios. Pero, el tiempo pasó y los años hicieron su tarea. Martín se volvió más lento y, cada vez más el catch era mezcla teatral y la ficción total, pero Karadagián seguía siendo el ídolo de muchos niños y otros que ya no lo eran. Nunca se cuidó con las comidas y, recién en 1981, dejó de fumar 2 atados de cigarrillos por día. En 1983, comienza con problemas cardíacos y le diagnostican diabetes. Comenzó a desmayarse seguido y, se creía que era producto del exceso de trabajo, una especie de stress o "sourmenage". Pero, en realidad, el luchador tenía tapadas las carótidas y eso ocasionaba los desvanecimientos. En 1984, la familia Karadagián viaja de vacaciones a Río de Janeiro, para descansar y, conocer y disfrutar del famoso carnaval carioca. Pero, debieron regresar en medio de ese disfrute, por una descompensación insólita : Martín sufrió un infarto en uno de sus pies. Al llegar a Buenos Aires, el diagnóstico del Dr. Parodi fué lapidario : la única posibilidad para el gran luchador, era amputar. La operación se realizó con éxito, el 24 de mayo de 1984 y, según cuenta su hija Paulina : "Mi papá salió hecho un "torito" del quirófano y me dijo que si alguien te pregunta como estoy, a todos deciles que bien, que papá seguirá luchando y, que ahora, como tiene una pierna menos, hará del Pirata Martín, para enfrentar a Simbad, el Marino". Ante la recomendación de los médicos de no volver al ring de esa forma, Karadagián (como no podía ser de otra manera) se preparó para regresar. Su recuperación la hizo con un soporte de madera, a modo de pierna, tomándose de 2 barras paralelas que hizo colocar en su departamento de Callao y Las Heras. Y, así, en 1988, con prótesis y bastón, volvió a "Titanes en el Ring". El ingreso fué apoteótico. Ante la ovación general, tiró el bastón, se acercó al ring, besó la lona y, micrófono en mano, gritó : "! Estoy vivo¡ Eso es lo importante", ante el griterío generalizado. Y finalizó : "Gracias a Dios y a mi familia, porque el hombre que quiere, siempre puede, y yo quiero y, por eso pude llegar hasta acá. A la entrada, no sé si ustedes han visto, he tirado mi bastón, porque teniendo a Titanes en el ring no necesito ningún apoyo, el bastón no me hace falta". Ese fué el último año de "Titanes en el Ring", que se mantuvo 26 temporadas en pantalla, desde 1962 hasta 1988, con altísimos picos de rating, pasando por los canales 9, 11 y 13. En la década del ´90 y, hasta 2001, hubo varias versiones de "Titanes en el Ring", lideradas por Paulina Karadagián, pero ninguna tuvo el éxito esperado. Martín Karadagián falleció el 27 de agosto de 1991, víctima de un edema pulmonar, a los 69 años. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. En calle Pacheco de Melo, cerca de dónde vivía, un busto lo recuerda, realizado por la artista Telma Membrí, que, no es ni más ni menos, que la "viudita de las flores rojas". Debajo del mismo, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, lo homenajeó con una placa, que reza : "Martín Karadagián. Artista y campeón mundial de lucha libre. Un titán en la vida". En el año 2008, fué incorporado al Salón de la Fama de la "Wrestling Observer Newsletter", en EEUU, en reconocimiento a su trayectoria. Años atrás, en una entrevista, le preguntaron si le gustaría morir abrazado a una mujer. Él respondió : "No, yo no quisiera morir de esa manera. Yo quiero vivir y, no quiero que Dios me sorprenda con una muerte instantánea. Quiero morir postrado en una cama meses y meses, años y años. Postrado en un carro de ruedas, pero que no me muera. Que no me mate la muerte. No, no. Yo quiero vivir. Yo quiero pelear con la muerte". Así era su espíritu, de guerrero luchador e inclaudicable. Su hija Paulina siempre lo recuerda contando anécdotas y costumbres de él : "Se hacía el recio, pero era tierno. Cuidaba al extremo su imagen. Se levantaba a la mañana y se pasaba 1 hora en el baño, arreglándose para salir y, jamás sus camisas estaban arrugadas". Cuenta también que, una de sus cábalas era viajar a Uruguay, ya que cada vez que tenía que cerrar un negocio, "cruzaba el charco" y besaba la tierra. Era señal de buena suerte para él. Incluso tuvo un bar en tierras charrúas. Actualmente, su hija Paulina intenta reflotar "Titanes en el Ring", con la ayuda de Sergio Ventrone, quién personificara al "Súper Pibe" en su época dorada y que, ahora es el director técnico de los peleadores (dónde se incluirán mujeres e integrantes de la comunidad LGBTQ). Martín Karadagián dejó un legado, a partir de una práctica que existía, el catch, y la llevó a la televisión. Millones de niños de Argentina y América Latina crecieron (y crecimos) siguiendo sus peleas. Otros personajes (que no habíamos nombrado) quedarán también en la memoria colectiva : Tufí Memet, el Caballero Rojo, David el Pastor, D´Artagnan, El Hombre Vegetal, El Yeti, Gengis Khan, La Momia Negra, el Payaso Pepino y muchos más. El luchador armenio, que quería pelear con la muerte, hoy es un grato recuerdo de una época en que esos personajes pintorescos eran los referentes de los niños y Martín, su ídolo máximo, el campeón del mundo... aunque todo eso "era tongo... pero del bueno".
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