AIMÉ PAINÉ, LA PRINCESA MAPUCHE QUE LUCHÓ POR LA DIGNIDAD DE SU PUEBLO
Si en la historia hay vencedores y vencidos, quiere decir que hay otra historia, porque a ésta la escriben los que ganan. Así reza un dicho popular muy cierto, ya que, en nuestra historia eso ha ocurrido. Los manuales escolares nos "pintaron" una versión de los hechos que, como buen adoctrinamiento, se concibió como la historia oficial autóctona. Con la aparición del "revisionismo histórico", muchas verdades salieron a la luz y, apareció "la otra historia". Los pueblos originarios pueden dar fe de éstas situaciones, dónde se los estigmatizó como "salvajes y bestias", aunque éste revisionismo se encargó de limpiar y redimir su honor agraviado falsamente. La protagonista de hoy es una mujer, mezcla de los pueblos originarios mapuche y tehuelche. Olga Elisa Painé nació en Ingeniero Huergo (Río Negro), el 23 de agosto de 1943, hija de Gertrudis Reguera, hija de tehuelches, quién se casó muy joven (a los 14 años) con Segundo Painé, de origen mapuche. La pareja tuvo 4 hijos (Olga era la tercera). Debido a las leyes racistas de entonces, que no permitían poner nombres indígenas, es que se la llamó con ese nombre occidental, pues para la familia, ella era Aimé. Hay una versión que dice que la niña sería nieta del cacique tehuelche ranquelino Painé Ngürú, pero no hay documentación fehaciente que lo acredite. Cuándo tenía 3 años, su madre abandonó a su padre y a todos sus hijos. Debido a la carencia laboral y económica en la que vivían (su rancho era de adobe y, el padre al trabajar no podía atender a sus hijos), el Estado le "propone" a Segundo Painé enviar a su hija a un orfanato para una mejor educación y futuro. En esa época, 1946, Eva Perón, a través de su fundación, había inaugurado unos hogares para niños huérfanos en el interior y, allí comienza el derrotero de Olga. Al principio va al "Hogar Saturnino García Unzué", en Mar del Plata y luego al colegio de monjas "María Auxiliadora", dónde es discriminada por la Madre Superiora de la institución, por su condición de indígena (no la dejaban participar de los ensayos de coro, a pesar de tener una magnífica voz). Si bien le inculcaron los valores cristianos, fué criada como huérfana, como alguien que no tiene padres, ni identidad, muy alejada de su tierra, orígenes y cultura. Con las religiosas aprendió los cantos gregorianos, los que debido a su fenomenal tono de voz, interpretaba con maestría. Una mañana, se apersonó en el colegio, el abogado y autor teatral Héctor Llon de Rosas, junto a su esposa Beatriz, buscando una niña en adopción. La Madre Superiora, le puso en fila a varias niñas "blancas" y se deshizo en elogios para cada una de ellas, como si fueran piezas de venta. Pero el matrimonio no se decidía y, en un momento, comenzó a escuchar la armoniosa voz de una niña (que provenía del dormitorio), entonando el "Himno a la alegría". La pareja quedó obnubilada ante ese sonido vocal y, decidió adoptarla ante el desagrado de la religiosa (no la había colocado en la lista de "adoptables" por ser indígena). En su nuevo hogar, fué puesta nuevamente de pupila en una escuela y, además su nueva familia le contrató profesores privados para su perfeccionamiento : Roberto Lara en guitarra y, Blanca Peralta con Nina Kabanciwa en canto. A los 7 años ya formaba parte del coro de su nueva escuela. Fué lo ideal, porque soñaba con ser cantante. En un reportaje hecho en su adultez, dijo que esperaba con ansias las celebraciones de Semana Santa y Corpus Christi, para interpretar los cantos gregorianos que había aprendido con las monjas. Pero había una razón : se había dado cuenta de que esos tonos y esos cantos eran muy parecidos al "taiel" (tonada mapuche), que una de sus abuelas paisanas, la "machi" Domitila (nunca conoció a sus abuelas de sangre), interpretaba en "mapudungun", que es la lengua mapuche. Olga decía que el "taiel" era un canto despojado, tan libre y natural como religioso, era cantarle a la vida. Al terminar el colegio, se independizó de sus padres adoptivos y se marchó a Buenos Aires y, para sobrevivir, trabajó de peluquera, tejió y pintó cuadros. En 1973, por concurso, ingresa al Coro Polifónico Nacional y, es allí donde descubre lo que significa la música para ella. Fué una experiencia enriquecedora y de aprendizaje, destacándose como soprano. Pero claro, hacía música clásica... algo le faltaba. Fué así que un evento marcaría su destino : en Mar del Plata, se realizó, en 1976, un encuentro internacional de coros, dónde cada país había preparado, al menos, una obra de música indígena o folklórica... menos el coro argentino. La decepción fué enorme, se sintió humillada al representar un país que seguía negando sus raíces. Después de meditarlo, decidió abandonar el Coro y emprender una nueva lucha, una nueva causa, ya que se iría al sur a reencontrarse con sus orígenes y a impregnarse de la "espiritualidad de sus raíces y sus mayores". Al llegar, se reencontró con su padre y hermanos, después de mucho tiempo. Estando allí, descubre que la música mapuche era una verdadera atracción espiritual, que esa música provenía de la experiencia de cantar en un universo de soledad, en el que se encontraba su tierra natal. Con la ayuda de su hermano Juan visitó a las abuelas paisanas, para preguntarles e investigar sobre la cultura mapuche. A algunas las grabó mientras cantaban, para luego reinterpretar esas canciones (al principio, las abuelas desconfiaban y se negaban a ser grabadas). Una tarde, el paleontólogo y arqueólogo Rodolfo Casamiquela, le entregó unas grabaciones hechas en los años ´60, consistente en 30 canciones populares y sagradas, interpretadas por Carmen Nahueltripay, sobrina nieta del cacique Sayhueque, junto a otras abuelas paisanas. Luego de escucharlas y, conmoverse por completo, dijo : "Cuándo escuché cantar a las abuelas mapuches, me dí cuenta de porqué me había gustado mucho el canto gregoriano. Eran parecidos". Luego, con la ayuda del profesor Horacio Lobosco, comenzó a "armar" su repertorio cantando en su lengua paterna, el mapudungun. Y, recuperó definitivamente su nombre mapuche : Aimé, para desterrar para siempre a Olga. Confeccionó ella misma el vestuario, con la vestimenta tradicional de las mujeres mapuches. Fué la primera mujer de su raza en salir de gira como tal, utilizando también instrumentos autóctonos, como el "trompe" o boca de arpa, el kultrum (su favorito), consistente en un tambor hecho con la mitad de una calabaza, la "cascahuilla", una cinta o cuero con cascabeles usado en ceremonias religiosas y un cuerno de vaca llamado "kull". Las letras de las canciones contaban historias de su pueblo y, ella, antes de comenzar, hacía una introducción hablada. Algunos expertos decían que eran verdaderas clases de antropología. Gran parte de sus presentaciones las hizo en plena dictadura militar, pero Aimé no representaba un peligro para el Proceso (según ellos), ya que la lucha de Aimé era otra, pues ella quería recuperar la identidad y dignidad de su pueblo, denunciando a través de su canto. Una de sus amigas íntimas en Buenos Aires le preguntó porqué no se involucraba más en la lucha contra los militares debido a la cantidad de desaparecidos que había. Ella, como se dijo antes, contestó que su lucha era otra, que todo comenzó con la Conquista del Desierto, dónde fueron despojados de todo, dónde a las mujeres que sobrevivían, las llevaban de empleadas domésticas a Buenos Aires, separándolas de sus familias y, se llevaban a los niños para adoptar y criar como esclavos de servidumbre. Los hombres eran llevados a estancias para explotarlos laboralmente. "A los primeros desaparecidos los tienen que buscar en la Conquista del Desierto", les retrucaba a los jóvenes revolucionarios. La "Princesa mapuche", como la llamaban, también dijo al respecto : "El desarraigo es una de las cosas que nosotros más hemos sufrido". En reconocimiento a su labor, en 1987, fué invitada a participar a la Conferencia sobre Poblaciones Indígenas del Mundo, en Ginebra (Suiza), dónde expuso sobre la problemática adversa de su pueblo : los mapuches. Debido al éxito obtenido, luego, entre el 7 y el 19 de agosto, viajó a Londres, para participar de la reunión del Comité Exterior Mapuche. Allí, la BBC le hizo una entrevista sobre su labor y, ella contestaba : "Nos es difícil mantener nuestro idioma, por esa falta de respeto, esa falta de comprensión de una cultura indígena" y, continuaba :" Cuándo nos den el espacio, el respeto que como seres humanos necesitamos, entonces creo, que no va a ser tan complicado. Yo espero y sueño que alguna vez en Argentina, al igual que otros pueblos, nosotros los mapuches podamos hablar nuestro idioma y sentirnos felices de ser nosotros mismos". Le preguntaron si era optimista al respecto y, tajante, dijo : "Sí, por eso hago lo que hago, sino me moriría". Su prédica alcanzó notoriedad y, fué invitada a almorzar con Mirtha Legrand, para contar su tarea. En sus visitas a colegios del sur, comprobó con decepción que, los niños mapuches no sabían hablar en su idioma ancestral, el mapudungun. Preocupada al extremo por ello, redactó un proyecto de ley, para que fuese garantizada la educación bilingüe en todo el país y no se perdieran los idiomas originarios. El mismo tenía firmas importantes que la avalaban, como el escritor Ernesto Sábato y el cantante León Gieco. Sin embargo, su proyecto fué descartado, aduciendo, entre otras cosas, que necesitaba el apoyo de más pueblos originarios. Respecto de su vida personal, hay claroscuros. Dueña de una singular belleza y personalidad arrolladora, no tuvo mucha suerte en el amor, ya que se involucró con un hombre mayor, llamado Ángel, que era casado, aunque Aimé se enteró demasiado tarde de eso. Según su biógrafa, Cristina Rafanelli, su "pareja", de muy buena posición económica, le prestó un departamento en Barrio Norte y, que en 1984, pondría a su nombre. Aimé vivía sola allí y su mecenas la visitaba 2 veces al mes y, siempre trataba de ocultar la "relación", que duró varios años. Sin embargo, la vida paralela del hombre con ella llegó a su fin, en una carta/tarjeta que le envió para las fiestas de fin de año de 1986. La misma, con cierta dosis de frialdad, comparada con románticas misivas anteriores enviadas, decía : "Con la figura del frío del sur, pero con el calor del amor; felices fiestas y un tierno cariño. Éxitos en la sagrada misión de la amistad y el amor al prójimo. Dios se lo pague. Hasta siempre. Tu Ángel". El 3 de septiembre de 1987, viajó a Asunción (Paraguay), con motivo de una serie de presentaciones que tenía que hacer en el país vecino. Esa noche, luego de cantar y, en la entrevista posterior que le hicieron, sufrió un desmayo. Sin recuperar la conciencia, fué trasladada a un hospital, dónde le diagnosticaron hemorragia cerebral, debido a un aneurisma. Tuvo que ser intervenida de urgencia y, aunque superó la cirugía, quedó en estado de coma, del que ya no saldría. El 10 de septiembre murió, acompañada de un amigo, José María Bensadon Carbonell, quién fué el único allegado durante la operación. A los 44 años, Aimé dejaba éste mundo, con el legado de su lucha por defender sus orígenes. Nunca pudo grabar un disco, ya que las compañías discográficas de la época no veían rentable hacerlo o, simplemente, no les interesaba. Sólo se conservan algunas grabaciones caseras de algunas de sus presentaciones. Está sepultada en Ingeniero Huergo, junto a la tumba de su padre, Segundo Painé, que falleció después que ella. En su honor, existen bibliotecas, escuelas, complejos y coros que llevan su nombre, todos en la Patagonia. En Río Negro, una calle se llama Aimé Painé y, también en Puerto Madero (dónde todas las calles tienen nombre de mujeres). En Casa Rosada, en el Salón de Mujeres, hay un retrato suyo. En 2021, la directora Aymará Rovera, dirigió una ficción sobre la vida de ella, llamada "Soy Aimé", con la actriz y cantante Charo Bogarín en el papel protagónico. Cristina Rafanelli, quién la conoció y llegó a entablar amistad con Aimé, cuenta sobre la elaboración de su biografía : " Fué una investigación difícil. Nadie hablaba de Aimé. Ella no contaba de su madre. Estaba como silenciada. Durante 25 años nadie habló de Aimé Painé. De alguna manera, cuándo sale el primer libro, se trató de hacer visible la vida de una gran luchadora, además de una gran artista. Trató de devolverle a su pueblo la dignidad perdida. Se encontró con que las abuelas no querían hablar la lengua, habían dejado de transmitir su cultura a través de la oralidad. Luego de la Conquista del Desierto y, con toda la dignidad de aceptar una derrota, pero tratando de que las nuevas generaciones puedan sobrevivir. Se había cortado esa cadena. Por eso el valor de Aimé, ella empieza a recuperar de a poco esa cultura". El libro de Rafanelli se llamó "Aimé Painé, la voz del pueblo mapuche". La "Princesa Mapuche" quedó a mitad de camino de lograr su sueño. Queda su legado y su lucha, para entender el porqué se debe pelear para conservar nuestros orígenes, arrancados desde el Descubrimiento de América y continuado con la Conquista del Desierto. Tal vez, para entenderlo, la propia Aimé nos lo explique, con la frase con qué terminaba sus charlas y conferencias : "Saber quién es uno, es el principio de ser culto".
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