MARIQUITA SÁNCHEZ DE THOMPSON, MUCHO MÁS QUE LA DUEÑA DE CASA DÓNDE SE CANTÓ EL HIMNO...
Las costumbres y leyes del pasado hacían que la vida de las personas, sobre todo las mujeres jóvenes, quedaran atadas a "convenios", "acuerdos" o "arreglos" que realizaban sus progenitores. El objetivo de "casarlas bien", para que no tengan ningún contratiempo económico a futuro, era primordial. Era un materialismo que dejaba de lado las decisiones personales y, más que nada, los sentimientos. El resultado de éstas prácticas eran esposas sumisas, sin poder de decisión ni libre albedrío, pues ellas mismas no deseaban contradecir los mandatos paternales. La historia de hoy se ubica temporalmente a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX y, su protagonista es María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, a quién en las tareas escolares conocimos como Mariquita Sánchez de Thompson (apellido de su primer matrimonio). Nació el 1° de noviembre de 1786, única hija de Cecilio Sánchez de Velasco y Magdalena Trillo y Cárdenas, integrantes de familias acomodadas y aristocráticas del Virreinato del Río de la Plata. Como todas las "niñas ricas" de la época, aprendió a leer (su padre fué su maestro) y recibió enseñanzas de idiomas, arte, cultura general, música y buenos modales. Si a todo ello, sumamos que tenía fuertes convicciones y un carácter moldeado para rebelarse ante cualquier injusticia o desatino, estamos en presencia de una feminista en potencia, pues como se dijo, en esa época sólo la rebeldía, el carácter y la determinación de las mujeres podía sacarlas del letargo y segundo plano en las que, las costumbres y leyes, las habían condenado. A sus jóvenes 14 años y, mientras le buscaban "un buen candidato", se enamoró de su primo Martín Jacobo Thompson, de 23 años. Sus padres pusieron el grito en el cielo, ya que habían planeado el casamiento con Diego de Arco, un comerciante cincuentón, también primo político de ella (era hijo de Manuel de Arco, primer esposo de su madre, antes de casarse con su padre). Ante el no rotundo familiar, Mariquita y Martín se veían a escondidas, alimentando su "prohibido amor". La pelea de la adolescente con sus padres fué titánica. Regía en esa época la "Real Pragmática sobre Hijos de Familia" que decía : "los hijos de blancos menores de 25 años solo podían casarse si contaban con el consentimiento de sus padres o tutores". Pero existía una última instancia, en la cuál decidía el propio virrey, llamado "juicio de disenso", en la cuál la pareja impedida de casarse, recurría a ello para lograr su objetivo. Mariquita no dudó y le escribió una carta al virrey Del Pino, solicitando su intervención y fallo a favor. Por otro lado, la familia, en una ocasión organizó una fiesta para presentar el futuro matrimonio en sociedad y, de paso comprometer la pareja. Mariquita, decidida como era, se encerró en su habitación y no acudió al evento. Estaba presente el Oficial de Justicia, quién subió a su cuarto y, detrás de la puerta, le preguntó si confirmaba la nota de protesta que había enviado al virrey. Del otro lado de la puerta, ella redobló la apuesta : no sólo confirmó la nota, sino que anunció su compromiso con su amado primo. La fiesta se suspendió en medio de un escándalo de proporciones. Así era Mariquita, así ganó su "primera batalla", que marcaría su futura personalidad y protagonismo en la vida social de la época. Pero no la sacó barata, ya que sus padres indignados por su actitud (y por el escándalo en su casa), la confinaron en un convento. Al fallecer su padre (que era el más estricto), pudo salir del convento y volvió a la carga con su pedido, escribiéndole ésta vez al virrey Sobremonte una carta que decía : "Excelentísimo Señor... ya llegado el caso de haber apurado todos los medios de dulzura que el amor y la moderación me han sugerido por espacio de 3 largos años para si mi madre, cuándo no su aprobación, cuánto menos su consentimiento me concediere para la realización de mis honestos como justos deseos, pero todos han sido infructuosos, pues cada día es más inflexible... Mándeme llamar a su presencia, pero sin ser acompañada de la de mi madre, para dar mi última resolución, o siendo ésto la de casarme con mi primo, porque mi amor, mi salvación y mi reputación así lo desean y exigen..." Su madre, también decidida, le dijo por carta : "Me es imposible convenir gustosa el que se case contigo, pues basta que tu padre, que tanto juicio tenía y tanto te amaba como única hija, lo haya rehusado en vida y, además de eso, siendo Thompson pariente bastante inmediato, sin las calidades que se requieren para la dirección y gobierno de mi casa de comercio". Se desprende aquí que, había otros "objetivos" por encima de la felicidad de su propia hija. Finalmente, se salió con la suya y, Sobremonte dió el permiso a Mariquita y Tomás para casarse el 20 de julio de 1804. Allanado el camino (pues el otro pretendiente ya no figuraba), se casaron un año después, el 29 de julio de 1805. Ésto debido a que Thompson era el Capitán de Puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y, la responsabilidad del cargo lo tenía bastante ocupado. El matrimonio tuvo 5 hijos, Clementina, nacida en 1807, Juan (1809), Florencia (1810), Magdalena (1811) y Albina (1817). Ferviente adherente a la causa de la Revolución de Mayo, a partir de 1808, en su casa se realizaron tertulias que cobraron gran fama y, dónde concurría lo más granado del ambiente intelectual, político y literario. Conocida como "El Empedrado" o "del Correo", el hogar de Mariquita era cita obligada de la famosa "Generación del '37", movimiento intelectual que fundó el Salón Literario de Buenos Aires. Debido a la riqueza familiar, Mariquita hereda, en 1812, la "Quinta Los Ombúes", ubicada en el coqueto Barrio San Isidro y, las reuniones se trasladan allí, contando con personalidades de la época, como Juan Martín de Pueyrredón, Carlos María de Alvear, Bernardo de Monteagudo y Nicolás Rodríguez Peña, entre otros. En 1813, el Triunvirato, a cargo del poder, entendió la necesidad de que las Provincias Unidas tuvieran su canción oficial y, fué así que la Asamblea del Año XIII, sanciona, el 11 de mayo (por eso esa fecha es el Día del Himno) la realización de esa canción, cuya letra se encargó a Vicente López y Planes (asiduo visitante a las tertulias mencionadas) y la música al compositor español Blas Parera. La tradición dice que la canción, llamada "Marcha Patriótica" (antes de que recibiera el nombre de Himno Nacional Argentino) se habría cantado por primera vez, el 14 de mayo de 1813 en su casa. El verbo está en potencial porque Mariquita, prolífica escritora de cartas y artículos, no menciona tal acontecimiento o al menos no se encontraron registros de ello. La "prueba" de tal situación la constituye en cuadro pintado por el chileno Pedro Subercasseaux en 1910 (en ocasión del Centenario de la Revolución de Mayo), dónde aparece Mariquita al lado de un piano, cantando el himno, rodeada de personalidades. La letra de nuestra canción patria era más extensa, pero contenía muchos versos con una fuerte intención antimonárquica y antiespañola. Con el tiempo la aversión hacia España fué disminuyendo y, para conservar la relación con ellos, se decidió modificar algunas estrofas y abreviar su extensión, sin menciones agraviantes y peyorativas sobre otras naciones. En 1819, Martín Thompson fué enviado en misión a Montevideo y luego a Cádiz (España), dónde contrajo una enfermedad degenerativa que afectó su psiquis. Por ello, fué trasladado a Estados Unidos, dónde lo internaron. No había mejoría y, decidieron enviarlo nuevamente a nuestro país, pero murió en altamar, en el viaje de regreso. Viuda y con mucho dinero, le "llovieron" los pretendientes y terminó casándose en 1820 con el representante consular francés en Buenos Aires, Jean Baptiste Washington de Mendeville, hombre de oscura fama, que había sido expatriado de su país. Tuvieron 3 hijos : Julio, Carlos y Enrique. El matrimonio no las tuvo todas consigo, con fuertes desaveniencias entre ambos y, terminaron separándose en 1836 al ser nombrado su esposo cónsul en Quito. Nunca más volvieron a verse. En ese interín, en 1823, junto a Bernardino Rivadavia, fundó la Sociedad de Beneficencia, entidad dedicada a la asistencia de las personas sin recursos y, Mariquita fué la 1° secretaria. Fué presidenta de la misma entre 1830 y 1832. Con Rosas en el poder, en 1839, renunció a la Sociedad de Beneficencia y, debió exiliarse en Uruguay, pues su hijo Juan estaba enfrentado con el Restaurador. Sin embargo, Mariquita era amiga de Rosas desde la infancia y, a pesar de las diferencias políticas que tenían, solían cartearse, sin olvidar su pasado. Ante el inminente bloqueo francés a las costas argentinas (que derivarían en la Batalla de la Vuelta de Obligado), Rosas le escribió tildándola de "francesita parlanchina y coqueta", recordándole su matrimonio con un francés. Ella le respondió, en otra carta : "En tu mano está que yo sea americana o francesa. Te quiero como un hermano y sentiría mucho que me declararas la guerra. Hasta entonces, permíteme que te hable con la franqueza de nuestra amistad de la infancia". En 1846 se mudó a Río de Janeiro y al año siguiente volvió a Uruguay, dónde estuvo hasta la Batalla de Caseros, en 1852, dónde Urquiza derrota a Rosas. Pudo volver al país y se reintegró a sus actividades pasadas : volvió a asumir en la Sociedad de Beneficencia y, su casa volvió a brillar al realizarse las tertulias de antaño. Un ingenioso aporte a la causa nacional fué la ayuda que organizó para armar el ejército patriota. Partió de la base que si las mujeres no podían ir a la guerra a pelear, podían ayudar proveyendo las armas que faltaban. Fué así que contactó a las damas nobles de la ciudad, para que aporten fondos para comprar dichas armas y, propuso grabar los nombres de tales damas en los fusiles. La convocatoria fué tremenda y, el ejército consiguió las armas que le faltaban. Fué, además, una adelantada con respecto a los derechos negados a las mujeres y, ésto lo demuestra en una carta enviada a su hija Florencia : " ¿ Quién diablos inventó el matrimonio indisoluble ? No creo ésta cosa de Dios. Es una barbaridad atar a una persona a un martirio permanente". En otra carta opinó sobre los matrimonios arreglados (algo que ella iba a padecer y, con carácter, lo impidió) : "Otros eligen para las mujeres, hombres que no son finos, ni lindos, que podrían ser mi padre. Amor es una palabra escandalosa en una joven, el amor se perseguía, el amor era mirado con depravación..." Su tarea en la Sociedad de Beneficencia fué loable en cuánto a lo social, ya que fundó hospitales, asilos para enfermos y huérfanos. Sin embargo, no olvidó sus orígenes de alta alcurnia y le criticaron que hubiera escuelas para "niñas blancas" y escuelas para "niñas pardas", en una marcada discriminación. Pese a su edad, presidió la Sociedad de Beneficencia hasta un año antes de su muerte. Falleció el 23 de octubre de 1868, a los 82 años. Sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta, en la bóveda de la Familia Lezica. Su casa fué declarada, en 2007, "Monumento Histórico Nacional" (hoy funciona allí el Museo Biblioteca y Archivo Histórico de San Isidro "Dr. Horacio Béccar Varela"). Una calle en el Barrio de Puerto Madero lleva su nombre (allí todas las calles tienen nombre de mujeres) y su retrato está en el Salón de Mujeres de la Casa Rosada. Sin dudas, Mariquita Sánchez de Thompson fué una de las primeras feministas del país y, su aporte a la causa nacional fué más allá que el hecho de que se cantase por 1° vez el himno en su casa, como nos enseñaron en la escuela. Lúcida como pocas para su época, dejó importantes reflexiones (además de participar) acerca de la política nacional al aseverar que : "Tres cadenas sujetaron éste gran continente a Su Metrópoli : el terror, la ignorancia y la religión católica, de padres a hijos se transmitió con pavor". Sin lugar a dudas, pensamientos para reflexionar...
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