ISIDRO VELÁZQUEZ, EL BANDIDO RURAL QUE SE CONVIRTIÓ EN LEYENDA

Pobreza, explotación, marginación, reducción a la servidumbre, trabajo semi-esclavo, fueron flagelos que, tuvieron su auge en determinadas regiones de nuestro país, debido al ingreso de las multinacionales que, en connivencia con el poder político de turno, pudieron enriquecerse a costa del sufrimiento y explotación laboral sobre los lugareños. "La Forestal", fué una empresa estadounidense que explotó el quebracho colorado en los bosques chaqueños hasta casi extinguirlos. Cuándo ésto sucedió, abandonaron el país. Tanta injusticia y maltrato de los "poderosos" sobre el pueblo, derivó en personajes legendarios que, lucharon contra ello, pero lo hicieron a la par del camino del delito. Nuestro protagonista de hoy es Isidro Velázquez, trabajador rural devenido en delincuente y "justiciero", un poco por las circunstancias y otro poco por malas influencias. Nació en Mburucuyá (Corrientes), el 15 de mayo de 1928, hijo de Feliciano Velázquez y Tomasa Ortiz, quiénes engendraron la friolera de... 22 hijos...!! Cuentan que Isidro y el hermano que le seguía en edad, Claudio, eran muy compinches, andaban juntos para todos lados, dormían en el monte y en las copas de los árboles. También cazaban liebres, mulitas, carpinchos, nutrias y corzuelas, abundantes en esa zona. Debido a la falta de trabajo, la familia se muda en 1949 a Lapachito (Chaco). Allí, su padre consiguió un puesto como capataz en la estancia de Fernando Boujón, junto a Claudio, que se desempeñó como jornalero. Isidro se suma, para la cosecha de algodón. La razón de instalarse allí fué la llegada de Hortensio Quijano (quién años más tarde sería vicepresidente de Perón), que instaló un aserradero y una estación de ferrocarril, que trajo progreso y trabajo al lugar. Mucha gente del norte, "trabajadores golondrina", llegaban en busca del preciado trabajo durante la cosecha. En 1952, junto a su hermano Claudio, roban un arado a un vecino de apellido Cuellar. Al ser detenidos, argumentan que  "se cobraron una deuda impaga de Cuellar". Sin embargo, el delito existió y, fueron encarcelados. Isidro fué liberado a los pocos meses, ya que no tenía antecedentes, pero Claudio permaneció 4 años, porque su prontuario ya tenía varias hojas llenas de delitos anteriores. Al poco tiempo, Isidro se rehace y, se va a Colonia Elisa, dónde obtiene un lote para cultivar algodón y se casa con Marta Acuña, con quién tiene 4 hijos : Pablo, Rosa, Sara y Carlos. Al salir en libertad Claudio, se vuelve a reunir con Isidro y, en cierta forma ésto era mala influencia para él, ya que concurrían a boliches o pulperías y, Claudio, bebedor en exceso, siempre terminaba en problemas, pues sus borracheras "lo perdían" e, Isidro estaba siempre al medio, tratando de "salvar" a su hermano. En una ocasión, estaban en una milonga en un boliche y, Claudio, pasado de copas, ante la negativa de una mujer a salir a bailar, por su estado de ebriedad, le pegó una bofetada. En 1958, lo detienen por caza furtiva en un campo privado, ya que habían cortado el alambrado para ingresar y poder cazar avestruces. Isidro negó haber sido el autor, pues la única "prueba" existente era que el alambrado se había cortado de izquierda a derecha y él... era zurdo...!! A pesar de la endeblez de la prueba, permaneció un tiempo preso. Se sentía perseguido, ya que cualquier infracción o delito en el pueblo, la culpa era de los Velázquez. En 1961, ante otra denuncia no comprobada de hurto, lo vuelven a encarcelar. En esa época, las comisarías pueblerinas eran famosas por la dureza y "torturas" que recibían los presos. Muchos dicen que, de noche, era frecuente escuchar los gritos de dolor de los reos. A oídos de la familia y del propio Isidro, habían llegado rumores acerca de una futura paliza ejemplar hacia él por parte de los uniformados. Por ello, Claudio, que estaba libre, lo ayudó a fugarse de la comisaría y se internaron en el monte. La policía, burlada, cada tanto irrumpía a patadas en la casa de Velázquez para amedrentar a su esposa o para que les indicara dónde estaba. Su mujer, temerosa por la seguridad de sus pequeños hijos, mandó a decir a Isidro que no volviera. El correntino se esfumó y, no volvió más a su casa. Comienza así una vida de clandestinidad y delitos que marcarían su vida. En el primer atraco, volvieron al pueblo una noche y, asaltaron, el 12 de agosto de 1962, el almacén de Ramos Generales de Antonio Camps, a 2 cuadras de la comisaría. La hija del dueño, al reconocerlo, le dijo : "¿ Vos Isidro ? No es posible que nos hagas ésto". Ella quiso sacar un arma y él la derribó de un culatazo en la cabeza. Se armó un tiroteo, en el cuál muere un cliente, que justo entraba y el hijo varón del dueño, que recibe un balazo en la cabeza. Con dos muertes encima, los hermanos Velázquez, pasan a ser los enemigos N° 1 de la zona. Comienzan a seguirlos y, son cercados en Colonia Elisa, por policías armados con carabinas, pistolas y metralletas, pero increíblemente, logran escapar. Dos semanas después, atravesaron un tronco en la Ruta 16, que va de Resistencia a Presidente Roque Sáenz Peña y asaltaron un distribuidor de cigarrillos y un viajante de comercio. Más adelante, se tirotean a caballo, frente al destacamento policial de Colonia Popular y, vuelven a huir, pero en un sólo caballo, ya que el otro se había espantado en la balacera. Ganaron el monte y, se cruzaron en un sendero con un anciano y su nieto, que venían a caballo también. Isidro les dió $ 10.000 por el caballo y, el hombre les indicó dónde estaban apostadas las patrullas policiales. De esa forma, pudieron eludirlas nuevamente. A ésta altura, los hermanos Velázquez eran un verdadero dolor de cabeza para las fuerzas del orden, ya que ellos contaban con la inestimable ayuda de los pobladores de la zona (que les proveían de comida, alojamiento e información, a cambio de dinero) y, el conocimiento que tenían del monte y la selva chaqueña. Luego, asaltaron un bar, propiedad del chino Chou-Pin, en Colonia Elisa, robando $ 8000 y mercaderías. Sin embargo, luego los hermanos se separan, ya que el alcoholismo de Claudio ponía en peligro la seguridad de ambos, pues éste se metía siempre en problemas y, la captura o muerte los merodeaba por ello. Fué así que Claudio, el día de su cumpleaños, el 21 de mayo de 1963, en compañía de un tal Tolentino Vega, asalta un comercio en Costa Gauycurú y, ambos se fueron a festejar a un boliche. Como siempre, bebieron copiosamente y convidaban a beber gratis a todos los parroquianos que llegaban, pagando con el dinero robado. La demora en el lugar hizo que las autoridades tomaran conocimiento del paradero de Claudio. El comisario de Zapallar, Wenceslao Ceniquel, con varios hombres llegaron al lugar y, allí se tirotearon. Los cabos Fernández y Cardozo los siguieron cuándo escapaban, cayendo primero Vega y, cuándo parecía que se escabullía, Claudio fué alcanzado por las balas, quedando tendido en el suelo. Fué el fin del menor de los Velázquez, a quién el alcohol le quitó posibilidades de escape. Cómo señal de su caída, quedó a su lado el característico sombrero paisano de ala ancha ladeado hacia la derecha (antes había perdido, en otro escape, su famoso poncho colorado). Al enterarse de la muerte de su hermano, Isidro decidió "esfumarse" por un tiempo. Pasó casi un año sin que se supiera nada de él. Se había establecido en Paraguay, acompañado de una joven chaqueña de 16 años, llamada Ninón (que lo siguió hasta allá, a pesar de la negativa de su madre). Allí concibieron a Marino, único hijo de la pareja. Sin embargo, la policía se enteró que estaba allí y fueron a buscarlo a Pilar (dónde vivía) y luego a San Ignacio (dónde se trasladó luego). En ambas oportunidades huyó y, conocido su paradero por las fuerzas del orden, decidió volver al país. Dejó a su nueva mujer e hijos a salvo y, volvió a la clandestinidad, escapando eternamente, pero ésta vez en compañía de Vicente "Chiflón" Gauna, de frondoso prontuario delictivo, a pesar de sus 21 años. Su nuevo compañero tenía el instinto asesino que no tenía Isidro, que disparaba para defenderse. En varios atracos, Gauna mataba a cualquiera sin distinción, por unos pocos pesos e innecesariamente. Se dedicaron a los secuestros extorsivos de ganaderos y consignatarios y a robos de empresas y bancos. En 1966, asaltan la casa del intendente de Laguna Limpia, Antonio Ponzardi, que al querer resistirse, es herido de gravedad. Varios días después, muere. En 1967, secuestran al ganadero Agustín Bautista Giussano, exigiendo por carta una suma de 3 millones de pesos para liberarlo. La nota, recibida por su hermano Albino, decía que debía dejar el dinero a 25 kms. de la ciudad, en un lugar dónde dejaron clavada una bandera blanca. Allí fué en vehículo, tiró la bolsa en el lugar indicado y, varios metros más allá, encontró maniatado, pero vivo, a su hermano. Cuándo volvió, la bolsa ya no estaba. Repitieron el "modus operandi", secuestrando a Antonio Persaglia (otro ganadero), cobrando la misma cantidad de dinero. El Ministro del Interior de la Nación, Guillermo Borda, estaba obsesionado con la captura de ambos y, el Presidente de facto Juan Carlos Onganía, destinó 99 millones de pesos para equipar a la policía. La consigna era clara : capturar o eliminar a Velázquez y Gauna. Se armó un operativo policial para atraparlos. Policías armados cortaron rutas y caminos, inspeccionaron poblados, rastrillaron pajonales. Alguien pasó el dato que estaban cerca de General Obligado (Santa Fe) y hacia allá fueron. Apenas llegados, el agente Juan Ramón Mieres, alcanza a divisar a Velázquez y le apunta. Antes de que llegara a gatillar, Isidro le metió un balazo en el pecho. Estuvieron rodeados 2 semanas y lograron eludir el cerco policial. Vuelven al Chaco, tienen un enfrentamiento armado en Lapachito, dónde salen airosos y, al llegar a Quitilipi, la comunidad toba les brindó protección y comida. Velázquez se burlaba de la policía dibujando caricaturas en forma de historieta, en un cuaderno que llevaba en su mochila y, dejaba el dibujo clavado en un árbol visible para que lo encontraran. En una ocasión, enterado que Corrientes le ofrecía ayuda a Chaco para su captura, hizo un dibujo con un texto que decía : "Acéptenlos para que engorden  los mosquitos chaqueños. Nosotros no peligramos ni aunque vengan todos los correntinos". Como en el Lejano Oeste, los pueblos se empapelaron con carteles ofreciendo recompensa por ambos. La Sociedad Rural de Chaco, que agrupaba a todos los ganaderos de la provincia (asolados por Velázquez y Gauna) ofreció una recompensa de 2 millones de pesos por ambos. Los carteles, con sus fotos, aparecían luego con leyendas escritas por los pobladores, que decían : "Isidro Velázquez no se entregará". Con éste cuadro de situación, el gobierno envía al ex militar, Capitán Aurelio Acuña para organizar un nuevo cerco para capturar a los bandidos. El Ejército aportó más armamento para la operación. Se convocaron 1000 policías que armaron un cerco de varios kilómetros  (estaban apostados cada 200 metros). En el medio del monte hacía un calor infernal y, los policías cuentan que tomaban agua de los charcos (algunos con orina de vaca) para calmar la sed. Estuvieron cercados 2 semanas y no pudieron atraparlos. La Policía quedó muy mal parada ante la opinión pública, aunque el Diario "La Razón" publicó en su edición : "Mediante ayuda, los delincuentes Velázquez y Gauna, habrían eludido el cerco policial". y titularon el operativo como "Operación Fracaso". Mientras tanto, escondidos en Quitilipi, ambos planean el asalto a la sucursal que el Banco Nación tiene en Machagai. En ese interín, aparece en escena Ruperto "Lula" Aguilar, cartero de la Oficina de Correos, quién traba amistad con Velázquez en un boliche clandestino, tomando algo. Allí, Isidro le propone dinero a cambio de que los trasladaran para sus atracos y les brindaran alojamiento. Aguilar accede y acude a su jefe en la Oficina, de apellido Cejas para proponerle el "trabajo", pues el tenía vehículo (escaso en esa zona). Cejas acepta y lleva a Velázquez y Gauna a su casa, dónde los escondería un par de días y, le presenta a su esposa, la maestra rural Leonor Marinovich. Ese día, había un adolescente, de apellido Ferreyra, en la casa y, al presentarle a Isidro, éste le regala un billete de $ 10.000. A la noche, el joven concurrió al club Unión de Machagai y, pidió una botella de vino, mientras hacía alarde de la plata que tenía encima, diciendo : "Ésta plata es de Velázquez, ésta plata es de Velázquez...!!!" Inmediatamente dieron aviso a la policía y, el joven señaló que había visto a Isidro en la casa de la maestra que, al ser convocada, fué "apretada" por la autoridad, quién le dijo que si no colaboraban con ellos la imputarían por encubrimiento y perdería su trabajo como docente, ante la magnitud del hecho, además de amenazar a su familia. Para compensar, también le ofrecieron, si todo salía bien, $ 2 millones, un auto y el traslado hacia otro pueblo. Serían cómplices de una emboscada, para eliminarlos. Partieron el 1° de diciembre de 1967, desde Quitilipi hacia Machagai, en un Fiat 1500, color bordó, con la maestra al volante, el cartero como acompañante y Velázquez con Gauna, sentados atrás. A las 20:25 hs. , al llegar al puente de Pampa Bandera, la mujer hizo señas de luces a los policías apostados a orillas del camino (como estaba planeado) y simuló un desperfecto en el auto (llevaba un "cortacorriente" incorporado y con eso lo detendrían adrede) y paró antes del puente, en  una zona de obrajes madereros y algodonales, al lado del Impenetrable. Descendió del vehículo, levantó el capot y, al preguntar Velázquez que pasaba, la mujer contestó :" Pierde agua y se calienta el motor". Miró a Aguilar y le dijo : "Traé agua". El cartero se bajó y, en ese instante la maestra salió corriendo al costado del camino e inexplicablemente, Aguilar se quedó parado. Asomaron los policías y, comenzó una balacera infernal. El cartero recibió un tiro en la pierna y se tiró al suelo, mientras las balas retumbaban en el silencio de la noche. Fueron aproximadamente 500 disparos. El auto quedó hecho un colador, con Gauna acribillado adentro. Un policía contó que vació los 45 tiros que tenía sobre el coche. Pero Isidro no estaba, pues había alcanzado a salir del auto. Llevaba encima una carabina "Halcón" modelo 52, calibre 22 y un revólver Smith & Wesson, calibre 38 y, cuándo en el amparo de la noche, iba a ganar el monte, alumbraron con luces hacia él, vieron que tenía heridas en un hombro y una pierna y, descargaron una nueva ráfaga, que terminó con su vida. Dicen que gritó su último sapucay antes de caer (siempre lo hacía, luego de un atraco). La policía desmiente ésto y, agregó que cayó sentado, ensangrentado, como resistiéndose a morir y, tratando de alcanzar su carabina, que estaba tirada a su lado, para volver a disparar. Luego, como si fuera un trofeo de guerra, sacaron una bizarra fotografía, en la cuál varios policías parados en semicírculo, exhibían el cadáver ensangrentado de Velázquez. Llevaron ambos cuerpos al pueblo para exhibirlos ante la gente, que no creía que Isidro había caído. En el colmo del cinismo, se armó una especie de evento, dónde invitaban a la gente a venir a ver los cadáveres, incluyendo pasajes gratis si vivían lejos (hasta la última mujer de Velázquez fué invitada y, obviamente se negó a ir). Mucha gente del pueblo, que lo apreciaba, pidió permiso para lavar los cuerpos ensangrentados con mangueras (dos ancianas lo hicieron) y darles cristiana sepultura. Con su muerte, nacía la leyenda, la gente visitaba el lugar donde lo mataron y dejaba ofrendas. El gobierno de Onganía, consciente de ésto, hizo talar el árbol dónde cayó muerto, lo redujo a astillas y lo mandó a quemar para que no quedara ningún rastro de él, en una maniobra típica de los gobiernos de facto : borrar todo indicio de existencia de algo, hacerlo desaparecer. Las fotos de los cuerpos mutilados de Velázquez y Gauna se repartieron por todos los medios gráficos nacionales, como una muestra del poder del Estado ante la delincuencia. En la Revista "Así", el Comisario Pujol, que actuó en el operativo, declaraba : "La gente es ingrata, insidiosa y difícil de entender. Ahora que cazamos a Velázquez están en contra de la policía". A su vez, el Diario "La Razón", en su edición del 3 diciembre (dos días después de la muerte) editó : "El halo de leyenda que rodeaba a éstos salteadores de la selva, como a los bandoleros de todos los países y de todas las épocas, los hacía acreedores del afecto y la simpatía de las poblaciones campesinas, que en no pocas oportunidades recibieron los beneficios de sus manos, sobre todo entre la gente más pobre. La gente de campo los ampara en su vida errante, de eternos prófugos de la justicia, los ayuda en la procura de abastecimientos y en oportunidades los oculta o les facilita los medios para ocultarse". Tenía razón el diario. Isidro Velázquez, "El Vengador", fué el defensor y héroe de esos pobres, que veían en él a su protector. La eterna lucha de los desposeídos ante los poderosos y la ley (que se pone del lado de ellos) necesita un paladín en quién confiar y, Velázquez era el hombre en cuestión. Quizás no pudo escapar del destino de la delincuencia, por la rudeza policial típica de la época y por la rebeldía natural propia del gaucho. Cada 1° de diciembre, día de la muerte de Isidro, la gente se reúne en el campo donde fué asesinado por la policía y, lo homenajean con comidas típicas, chamamés y, le llevan ofrendas y velas al santuario armado allí. Una especie de santo pagano de la zona. En 1963, cuándo mataron a Claudio Velázquez, Vicente Loverde y Raúl Juncos, escribieron el chamamé "Los Velázquez", que fué prohibido por la dictadura de Onganía en 1967. Un libro escrito por Roberto Carri, llamado "Formas prerrevolucionarias de la violencia", dedicado a Isidro, fué censurado y, finalmente, el director de un documental sobre Velázquez (Pablo Szir), figura como desaparecido en la época de la dictadura militar. Todo un signo sobre la prohibición e invisibilización que querían hacer sobre él y no lograron... al contrario, lo potenciaron. El final del chamamé de Oscar Vallés, "El último sapucay", despide al bravo correntino : "La muerte apagó la risa de los machetes en los quebrachos, la pólvora en los huesos se hizo ceniza en dos pechos bravos. Sin una vela encendida, sin una flor a su lado, sin una cruz en la tierra, hay 2 sueños sepultados". Isidro Velázquez, sin dudas, forma parte de la historia chaqueña que lo venera y respeta, más allá de lo que diga la historia... porque si hay vencedores y vencidos, quiere decir que hay otra historia...

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