DIFUNTA CORREA, LA MUJER QUE DIÓ VIDA DESPUÉS DE SU MUERTE
La historia argentina es profusa en mitos y leyendas, muchas de ellas con algunos visos de realidad, mezclada con elementos extraordinarios que, justamente, los pone en duda en cuánto a su certeza. Las personas basan sus creencias en la fe, ya que la necesidad aprieta, la realidad abruma y se acude a figuras que, hasta hoy son objeto de culto y veneración... y allí comienza el debate. Nuestra historia de hoy, se refiere a una mujer que realmente existió, pero que varios aspectos de su vida (específicamente su muerte y lo que sobrevino después), son materia de discusión y debate, llevándola al terreno de la incertidumbre y el misterio. Deolinda Antonia Correa, nació en San Juan, aproximadamente en 1820, hija de Pedro Amador Correa, guerrero de la independencia, héroe de la Batalla de Chacabuco y Rosario del Tránsito Ramajo. Mucho no se sabe de su infancia, sólo que creció en la enorme casa paterna, rodeada de criados y que era dueña de una singular belleza, apetecida por varios "pesos pesados" de la zona. Sin embargo, muy joven ( aproximadamente a los 20 años) se casó con Baudilio Clemente Bustos, con quién noviaba desde hacía tiempo. Fueron a vivir a su propio rancho, en Angaco, dedicándose a tareas campestres y, fruto de esa unión, nació el pequeño Mariano Baudilio. Ella, muy creyente, todos los días iba a rezar el rosario a la iglesia del pueblo, dejando al niño, en ese momento, al cuidado de su fiel criada, Encarnación. Todo era armonía en esa casa, dónde el joven matrimonio disfrutaba de su hijo. Sin embargo, nuestro país se desangraba por las luchas internas entre unitarios y federales y ambas fuerzas reclutaban "soldados" por la fuerza para combatir en esas batallas. En San Juan, el General federal Nazario Benavídez gobernaba. La soldadesca montonera que venía desde La Rioja, al mando del General unitario Mariano Acha y, entraba en San Juan para atacarla, obligó a Baudilio, en contra de su voluntad, a unirse a esas montoneras. Además le llevaron todos sus caballos (era criador) y mataron al chasqui que partía a avisar la novedad del arresto de Baudilio. Deolinda, que se encontraba de visita en la casa de su padre, pudo enterarse por otro chasqui que, herido, llegó a dar la infausta noticia. Así fué que Pedro Correa, padre de Deolinda, que era lugarteniente de Benavídez, le comunicó lo sucedido al gobernador. Luego, los federales al mando del General José Aldao (que traía tropas mendocinas y puntanas para reunirse con Benavídez, y atacar luego La Rioja) y los unitarios, al mando de Acha, se enfrentaron en la sangrienta Batalla de Angaco (duró 6 horas) , con un leve triunfo de éstos últimos. De ésta forma, los unitarios impidieron tal reunión. Deolinda ayudó a recoger los heridos y enterrar los muertos federales. Por ello, el General Acha ingresó a la ciudad y tomó posesión de la misma. Sin embargo, Benavídez se rehizo y atacó por sorpresa (el padre de Deolinda estaba entre las fuerzas federales) el fuerte unitario en la ciudad (que festejaba bebiendo la victoria de Angaco) y venció a sus rivales, provocando la huída de Acha. Los triunfos de ambos lados eran efímeros y, poco tiempo después fué ejecutado Acha y más tarde asesinado Benavídez. Muerto su gobernador, San Juan quedó desprotegida y los unitarios tomaron la ciudad. Ordenaron que todas las esposas de los reclutados forzosos fueron llevadas ante las autoridades (muchas de ellas encarceladas), pero el Comisario del pueblo, Rancagua, estaba obnubilado por la belleza y juventud de Deolinda y, decidió darle ciertos privilegios (la alojó en una habitación contigua a la comisaría, junto a su pequeño). La acosaba diariamente, ofreciéndole matrimonio y, ante la permanente negativa de ella, se dió por vencido y la liberó. Todos los días encerrada en la comisaría le sirvieron para pensar y decidirse lo que haría cuándo estuviese libre: iría a buscar a su marido a La Rioja. De poco sirvieron las opiniones de su criada Encarnación (que la cuidó desde niña) y del cura del pueblo (amigo de su padre), argumentando que era una locura, teniendo en cuenta la áspera geografía sanjuanina. Fué a visitar a Don Zoilo Segovia, un viejo amigo de su padre, conocedor de la zona, quién le aconsejó que hiciera el trayecto a La Rioja (78 kms.) bordeando los algarrobos, además de seguir la huella dejada por las tropas, y no treparse en los roquedales, más aún si llevaba a su hijo en brazos. Si pasaba la zona de Vallecito y Pie de Palo, le dijo que encontraría una aguada (especie de vertiente natural que hay en los desiertos). Fué así que, enfundada en un vestido rojo, tomó al pequeño, llevando en un morral, pan y charqui, más dos "chifles" de agua. El calor desértico era insoportable, con un suelo áspero que lastimaba los pies. La leyenda dice que habría caminado 3 días, que se habría perdido y no encontró la dirección señalada. Lo cierto es que se quedó sin provisiones y las fuerzas la abandonaron. El sol partía la tierra y Deolinda encontró, con el último suspiro, un pequeño algarrobo y, se extendió sobre ese suelo ardiente con su hijo encima, luego de caminar 62 kms. aproximadamente. Convencida de su pronto final, se encomendó a Dios y pidió por la vida de su hijo al Altísimo. Poco tiempo después, murió de sed, hambre y agotamiento, probablemente el 18 octubre de 1841. Siempre según la leyenda, al día siguiente pasaron unos arrieros y, al oír el llanto del niño, encontraron el cuerpo inerte de Deolinda y, con su bebé aún amamantándose. La enterraron muy cerca, en Vallecito, poniéndole una cruz hecha con ramas y su nombre escrito en la misma : Difunta Correa (supieron su apellido al leer la cadenita que su padre le obsequió, y llevaba en su cuello, que decía "Pedro Correa, héroe de Chacabuco") y se llevaron al niño. La historia comenzó a correr de boca en boca y, la gente comenzó a peregrinar allí, formándose un pequeño oratorio, que fué agrandándose con el tiempo. La primera capilla en el lugar se construyó por obra y gracia del arriero Pedro Flavio Zeballos. En 1898, había comprado 500 novillos en Córdoba, para luego engordarlos y venderlos a muy buen precio en Chile. Al volver a San Juan, antes de partir a ese país, acampó al caer la tarde en Vallecito, formando un "corral humano" para contener el ganado, con un par de guardias vigilando. Al anochecer, el mansero de Zeballos le propone a éste llevar los novillos a comer y beber a un lugar cercano que él conocía (una aguada), hasta la mañana siguiente, en ese inhóspito desierto. De paso, la peonada descansaba como corresponde. Zeballos accedió y, esa madrugada hubo una lluvia torrencial, con viento incluído, que espantó, en distintas direcciones. a todo el ganado. Luego de la tormenta, el mansero llegó al lugar y no había ningún novillo. Zeballos estaba desesperado, había perdido todo su capital. Encontró de casualidad el lugar dónde estaba enterrada Deolinda y, como último recurso, se puso de rodillas e implorando a la Difunta, dijo : "Ánima bendita, si haces que encuentre siquiera alguno de los novillos, como para sacar con qué pagarles a éstas gentes que me han acompañado, te haré hacer, en el sitio que dicen que has muerto, un mausoleo, y buscaré tus restos y los depositaré con mis propias manos en un ataúd, para que descanses allí eternamente". Al alba, bien temprano, Zeballos partió a buscar su ganado, con una parte de su gente por el este y la otra parte fué por el oeste, la zona más peligrosa, con zanjones de hasta 8 metros, ocasionados por las corrientes de agua que bajan de los cerros, debido a la lluvia (escasas por esa zona). Al caer la siesta, los que fueron por el oeste, los encontraron, estaban todos... y juntos. Imposible de creer, un verdadero milagro, ya que Zeballos, lógicamente pensaba que varios se perderían y muchos morirían al caer en los zanjones, al no verlos debido a la oscuridad de la noche. Incluso otros se perderían ya que, como se dijo, escaparon en distintas direcciones. Al llegar, obnubilado y emocionado, Zeballos se arrodilló y lloró profusamente. Años después, en 1929, el arriero, con su peonada, cumplió su promesa y construyó el mausoleo y una capilla de adobe, pero no pudo encontrar el cuerpo. Tampoco hay registros históricos acerca de la suerte de su hijo, al cuál se le perdió el rastro definitivamente. Ese lugar comenzó a ser visitado por peregrinos y promesantes, que le dejaban una botella llena, para que "a la Difunta nunca le falte el agua". La fama comenzó a correr y difundirse y la consideraban milagrosa, siendo el primer milagro la supervivencia de su hijo y luego lo ocurrido con Zeballos. Sus mayores difusores fueron los arrieros de la zona y los camioneros que pasan por la ruta, quiénes levantaron diversos altares. Hoy, en Vallecito hay 17 capillas repletas de ofrendas y, en la N° 1, ubicada en la cima del santuario, a la que se accede por unas escaleras, se dice que están sus restos (así lo indica un cartel), aunque mucha gente es escéptica y duda de ello. Las multitudes que visitaban el santuario eran impresionantes y ello preocupaba a la Iglesia Católica. En 1976, 5 días antes del golpe de estado, el 19 de marzo, el Episcopado Argentino se declaró en contra de la veneración de la Difunta Correa y emitió un comunicado que, entre otras cosas decía : "... existen desviaciones respecto al culto de los santos y de las almas del purgatorio... habiendo un indebido afán de lucro, alentado por un engañoso turismo... se veneran a personas cuya existencia está en duda, caso concreto : La Difunta Correa, cuyo culto ilegítimo se ha extendido"... por lo tanto, se establece: 1) Que a los católicos sólo es lícito honrar con culto público a aquellos que la autoridad de la Iglesia ha inscripto en el elenco de los Santos y Beatos, 2) Que por consiguiente, el culto a la llamada Difunta Correa, no está dentro de ésta condición y es ilegítimo y reprobable, 3) El Consejo Episcopal Argentino pide a los verdaderos católicos que se abstengan de practicar dicho culto. Luego del golpe de estado del 24 de marzo, el gobierno de facto prohibió el culto e intervino la "Fundación Vallecito" que administra el santuario. Hubo intentos de demoler el mismo por parte de la dictadura, pero la resistencia de los sanjuaninos y una parte de la iglesia de esa provincia, pudo más. Parece contradictorio a lo establecido, pero los curas de San Juan no podían ponerse en contra de sus fieles. Con la vuelta de la democracia en 1983, le fué restituído el manejo a la fundación. El santuario se encuentra a un costado de la Ruta Nacional 20, en Vallecito (departamento Caucete) a casi 60 kms. de la capital sanjuanina, en medio de un desierto de piedra y arena. Las 17 capillas (de 3 mts. por 5 mts.) fueron donadas por promesantes cuyos nombres están en las placas. Hay 15 capillas al pie de una loma y una escalera de 70 escalones las comunican con la cima, dónde están las otras dos. Se pueden encontrar ofrendas de todo tipo : trenzas de cabellos, relojes, radios antiguas y modernas, cuadernos escolares, yesos, objetos de metal que hacen referencia a órganos del cuerpo, collares, instrumentos musicales, armas, cartas, ropa del primer hijo, chupetes, anillos, muñequitos, bastones, autitos, camiones y ómnibus en miniatura. También hay fotos del antes y después de promesantes a los que la Difunta Correa les produjo un milagro. En un depósito se encuentran en exhibición vestidos de novia donados por quiénes la Difunta les cumplió un pedido referente al amor. No faltan las ofrendas de famosos o celebridades : el pantalón corto de Monzón, los guantes de box de Locche, el casco de piloto de Di Palma, las camisetas firmadas del plantel de Vélez Sársfield, las zapatillas de baile de Nélida Lobato, entre otros. Todas las capillas tienen infinidad de placas de todas las épocas y en la entrada hay cuadernos para pedir o agradecer por salud, trabajo o amor. En la capilla N° 1, dónde estarían los restos de la Difunta y una enorme escultura de ella, ubicada en la cima del santuario, los promesantes ascienden de rodillas, caminando hacia atrás o gateando para llegar a la misma. Se dispuso a un costado, un lugar dedicado al encendido de velas, que contiene una canaleta enorme, para que pueda escurrirse la cera derretida. En un tinglado contiguo a la escalera, se exhiben miles de patentes de autos y maquetas de casas en el suelo. La Fundación maneja las donaciones, tiene la potestad de vender objetos para solventar gastos y hace arqueos de caja semanales. Por falta de espacio hay innumerable cantidad de objetos de promesantes guardados en depósitos. Las visitas más frecuentes ocurren en Semana Santa, el Día de las Ánimas (2 de noviembre), las vacaciones de invierno, la Cabalgata de la Fe (realizada entre abril y mayo) y la Fiesta Nacional del Camionero, que se realiza allí mismo, ya que vienen de caravana desde San Juan tocando bocina y, luego eligen al mejor camionero y la reina, en un ambiente de fiesta y baile. Para cerrar el circuito monetario (pues el turismo religioso también es un negocio), hay un hotel, campings al aire libre, varios bares y restaurantes y galerías dónde se venden souvenirs de todo tipo (uno de los más solicitados son las cintas bendecidas por el cura párroco del lugar, con leyendas de pedidos a la Difunta). Por supuesto hay líneas de colectivos con varias frecuencias y paradas de taxis y remises. Se calcula que 1 millón de personas por año visitan el santuario. El escepticismo sobre el destino de su cuerpo tiene fundamento, ya que la propietaria del terreno dónde la habrían enterrado en 1841, Ramona Oliva de Maldonado dijo no conocer el dato y, finalmente cuándo el gobierno expropió el terreno, sólo encontró algunas casas y un inmenso desierto, pero del cuerpo, ni noticias. La "Fundación Vallecito", obviamente, sostiene que el cuerpo fué llevado por promesantes cuándo se construyeron las capillas y colocado bajo tierra en la N° 1 en un ataúd y, encima de ella, la enorme escultura que todos veneran. En 1975, bajo la dirección de Hugo Reynaldo Mattar, se estrenó "La Difunta Correa", filmada en los lugares desérticos dónde se dice que murió y en la provincia de San Juan. La actriz local Lucy Campbell personificó a Deolinda, el actor Héctor Pellegrini representó a Baudilio Bustos y Alfredo Iglesias hizo de Pedro Correa. Está presente también en la música, principalmente en Chile, dónde es muy venerada, ya que existe un grupo de ese país llamado "Difuntos Correa", cuya canción emblema, dedicada a ella es "Mujer Azul". También en el país trasandino, la banda de hard rock "Devil Presley", llamó a su 7° disco "Difunta Correa". En nuestro país, el grupo heavy metal "Werken", en su 1° disco "Plegaria del Sur", tiene un tema llamado "Difunta Correa". La historia de Deolinda Correa tiene los sinsabores de la época de la guerra civil argentina, pues sus pesares fueron debido a la locura de esas batallas internas, luego nació el mito, debido a su trágico final, que tiene mucho de misticismo. En el sur argentino es una de las figuras más veneradas, aunque junto al "Gauchito Gil" conforman el dúo de mártires caídos en desgracia durante esa aciaga época nacional. Ninguno de los dos es santo, la Iglesia los rechaza, pero Deolinda, la "Difunta Correa", de historia más piadosa que Gil, tiene millones de fieles, a los que les concedió "milagros", que despositan toda su fe en ella... esa fe que tuvo cuándo marchó llevando a su hijito a buscar a su compañero, hasta que el inmenso desierto la convirtió en mito...
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