CEFERINO NAMUNCURÁ, EL "INDIECITO SANTO"
Hay vidas que, aunque hayan sido breves, dejaron una huella en la sociedad, muchas veces por mérito propio, o por una construcción colectiva sobre ella (exagerada, algunas veces), o porque la misma fué motivo de debate o discusión. Como sea, la vida de esa persona permanece en el inconsciente colectivo, tal vez sólo por su nombre, aunque no se sepa mucho de ella. Ésta introducción tiene que ver con la existencia (breve) de nuestro protagonista de hoy. Ceferino Namuncurá, nació en Chimpay (Río Negro), el 26 de agosto de 1886 y era descendiente de líderes mapuches, cuyo linaje era indiscutido. Su abuelo fué el bravo cacique Juan Calfucurá, líder de la resistencia mapuche contra el "hombre blanco" y su padre era nada menos que el "lonko" Manuel Namuncurá. Su madre, una de las 3 mujeres cautivas chilenas que tenía el cacique, Rosario Burgos. La feroz e intensa resistencia mapuche cedió en 1885 (1 año antes del nacimiento de Ceferino) ante el poder del gobierno central y las fuerzas comandadas por el General Julio Argentino Roca, en la polémica y salvaje "Conquista del Desierto". Las fuerzas de Manuel Namuncurá fueron diezmadas y obligadas a rendirse. Luego, debieron "negociar" desfavorablemente la cesión de algunas tierras para vivir, ya que fueron expulsados de la Patagonia. Finalmente les dieron algunas leguas en Chimpay, dónde nacería nuestro protagonista de hoy. Para satisfacer el orgullo del cacique, el gobierno lo ascendió a Coronel de la Nación (proveyéndole de uniforme y todos los atributos), un cargo figurativo e inútil que jamás ejercería y que sólo servía para alimentar su ego. Al año siguiente, el inquieto Ceferino estuvo a punto de ahogarse en las aguas del Río Negro mientras jugaba en una de sus orillas. El 24 de diciembre de ese año, víspera de Navidad, fué bautizado por el misionero salesiano Domingo Milanesio, quién cumplía funciones de evangelización de los pueblos originarios. Luego de la conquista territorial, venía la conquista mental. El nombre puesto se debió a que en el santoral y efeméride de la fecha, figuraba el Papa Ceferino. En 1894, Manuel Namuncurá, cansado de varias promesas incumplidas del gobierno, se entrevistó con el presidente Luis Sáenz Peña, para reclamarle títulos de propiedad de las tierras para su pueblo (sólo le habían dado 8 leguas). Obviamente, le prometieron darle algo más... aunque nunca cumplieron. Ante la desazón de su padre, por lo infructuoso de su gestión, Ceferino, con sólo 8 años le dijo : "¡ Cómo nos encontramos después de haber sido dueños de ésta tierra ! Ahora nos encontramos sin amparo. ¿ Porqué no me llevas a Buenos Aires a estudiar ? Yo podré estudiar y ser un día útil a mi raza". Tremenda lucidez demostraba el niño. Vale decir que el destino de los mapuches expulsados de su tierra era el ingreso al ejército, la incorporación al servicio doméstico o la deportación como mano de obra barata, produciendo el desmembramiento de las familias. Por supuesto que, los Namuncurá no se salvaron de ese destino, salvo Ceferino, gracias a su iniciativa, que comunicó (además de su padre) al salesiano Milanesio. En 1897, a los 11 años, ingresó a los talleres de la Escuela de la Armada, en Tigre, como aprendiz de carpintero. La gestión fué realizada por el General Luis María Campos, amigo de su padre y Ministro de Guerra de la Nación. Sin embargo, por su aspecto y rasgos aborígenes, fué objeto de maltratos, crueles burlas y humillaciones por parte de los demás alumnos. Duró sólo 3 meses y, al no adaptarse, le pidió a su padre que lo sacara de allí. Otra vez, Manuel Namuncurá recurrió a Sáenz Peña (que ya no era presidente) y, éste lo recomendó para que entrara al colegio de los salesianos. Fué así que el 20 de septiembre de 1897, lo inscribieron como alumno estudiante interno del "Colegio Salesiano Pío IX" de Almagro, dónde aprendió castellano y catecismo. Aquí encontró "su lugar en el mundo" e inició su vocación para un futuro sacerdocio. Como dato anecdótico vale recalcar que fué compañero de estudios de Carlos Gardel, al que en una oportunidad venció en un concurso de canto organizado por el colegio. El 8 de septiembre de 1898 recibió la Primera Comunión y el 5 de noviembre de 1899, Monseñor Gregorio Romero, le dió la Confirmación en la Iglesia Parroquial de San Carlos. En 1902, a los 16 años, sufrió un fuerte malestar en sus pulmones y, ante la revisión médica, le diagnosticaron tuberculosis. Como su salud se deterioraba, Monseñor Juan Cagliero, su mentor y consejero en el colegio, sugirió trasladarlo, en 1903, al Colegio "San Francisco de Sales", en Viedma, considerando que el clima de la región favorecería su frágil salud. Allí ingresa como aspirante a las órdenes dentro de la congregación salesiana y, su salud estaba a cargo del sacerdote médico Evasio Garrone y el enfermero Artémides Zatti. ¿ Porqué tanto cuidado y consideración hacia un aborigen, cuándo antes los mismos eran despreciados ? Sucede que Ceferino, bautizado como el "Lirio de las Pampas", era la excusa perfecta para la evangelización aborigen, siendo nieto e hijo de los líderes mapuches (Calfucurá y Namuncurá), mostrándolo como "el indio convertido al catolicismo y que convertirá a su pueblo". Sin embargo, la mejoría en su salud no era la esperada. En 1904, Monseñor Cagliero es nombrado arzobispo y llamado por el Papa Pío X al Vaticano y, propone a Ceferino viajar con él a Italia, pensando que ese clima apaciguaría su mal. El 19 de julio, el sacerdote se queda en Turín y envía a Ceferino al Colegio Salesiano "Villa Sora", en Frascati, Roma. El 27 de septiembre, junto a Cagliero y los sacerdotes José Vespigiani y Evasio Garrone (como se dijo, también médico), visitó en el Vaticano al Papa Pío X, dónde pronunció un breve discurso y la regaló un "quillango" (poncho mapuche hecho de lana de guanaco). Por su parte, el pontífice le obsequió una medalla destinada a los príncipes. Su salud siguió empeorando y tuvo que ser internado en el Hospital de los Hermanos de San Juan de Dios (Fatebenefratelli) en la isla Tiberina, en marzo de 1905. Estuvo al cuidado del médico personal del Papa Pío X, Dr. José Lapponi. El 21 de abril, en su lecho de enfermo, escribió la última carta a su padre : "Le agradezco su gran resignación al sacrificar años sin vernos. En cuánto a mis estudios, resultaron bien, pero la salud me impidió continuar. Cuándo esté mejor, me prepararé para volver a Buenos Aires y de allí a Viedma. En otras cartas le daré noticias más claras. Mil besos y abrazos. Querido papá, le pido su fraternal bendición y créame su afectísimo hijo, que desea abrazarlo". Veinte días después de escribir esa carta, falleció el 11 de mayo, acompañado de Monseñor Cagliero. Según consta en documentación salesiana, sus últimas palabras fueron : "Bendito sea Dios y María Santísima !! Basta que pueda salvar mi alma y en los demás, que se haga la voluntad de Dios". A sólo 3 meses de cumplir 19 años, el hijo del "Rey de las llanuras patagónicas", como erróneamente lo llamaban los diarios italianos, dejaba éste mundo. Fué enterrado al día siguiente en el Cementerio Popular de Roma, ubicado en Campoverano. Casi 20 años más tarde, en 1924, el presidente Marcelo T. de Alvear hizo repatriar sus restos y fueron trasladados a la capilla reconstruída del Fortín Mercedes, frente a la localidad de Pedro Luro, en Buenos Aires. En 1930, el sacerdote Luis Pedemonte, con sus escritos propagó las virtudes y la devoción hacia el "indiecito santo", además de recoger y publicar testimonios de gracias recibidas por rezarlo. Comenzó a ganar popularidad, mucha gente creía en él. Fué así que, el 2 de mayo de 1944 dió inicio su causa de beatificación. Trece años después, en 1957, el Papa Pío XII aprueba la introducción de la causa de la beatificación y, en 1972, el Papa Paulo VI lo declara venerable, siendo el primer argentino en llegar a esa altura de santidad. En 1992, nuevamente sus restos son trasladados, ésta vez a una sala contigua del Sanatorio "María Auxiliadora" del Fortín Mercedes, por razones de seguridad. El 7 de julio de 2007, el Papa Benedicto XVI lo declara beato, gracias a la gestión del cardenal José Saravia Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos. Debido a ello, el 11 de noviembre, se organizó una ceremonia multitudinaria que congregó a 100.000 personas, en Chimpay, su tierra natal, dónde fué proclamada oficialmente su beatificación por el enviado papal, Tarcisio Bertone. Un año más tarde, en 2008, en la localidad de El Trébol (Santa Fé), unos lugareños descubrieron un fresno con la supuesta imagen de Ceferino. Ante ésta situación y, debido a la congregación de gente en el lugar, el municipio decidió cercar el lugar y erigió un pequeño altar. El 12 de agosto de 2009, sus cenizas fueron trasladadas a la comunidad de San Ignacio, en Huiliches (Neuquén), a 60 kilómetros de Junín de los Andes. Existe en su honor, el Parque "Ceferino Namuncurá", a orillas del Río Negro, donde hay un "qultrum" gigante (tambor mapuche), hecho de madera, con techo de chapa y ventanas en forma de rombo. En el interior hay una imagen tallada en madera, obra del escultor rionegrino Juan Sánchez y, en 2009, se inauguró una estatua de mármol de 5 metros, en la entrada del mismo. Allí los devotos pueden ir a venerarlo. Para la beatificación de Ceferino hacía falta un milagro con intercesión de él y, ello sucedió en el 2000 con el caso de la cordobesa (de Bialet Massé), Valeria Herrera, de 24 años en ese entonces. Estaba casada desde 1998 con el marfileño Joseph Koua (a quién conoció cuándo trabajó como misionera en África). Según ella misma cuenta, perdió un embarazo de 3 meses por un aborto espontáneo. En octubre de ese año, un viernes a la tarde, le diagnostican un tumor maligno en el útero, con peligro de metástasis. Los doctores le indicaron iniciar a partir de ese lunes (3 días después) sesiones de quimioterapia. Ese fin de semana, abatida, Valeria pensaba y entre nervios y búsquedas relacionadas, encontró una revista referida a las causas de los santos argentinos. Allí descubrió que, a Ceferino Namuncurá (lo recordaba por una estampita que solía tener su abuela) le faltaba un milagro para ser beato. Por ello, le rezó y a modo de pregunta dijo : "Ceferino, ¿ te hace falta un milagro para ser santo ? He trabajado por los tuyos en África y, quiero seguir haciéndolo, por favor hacé el milagro conmigo". Cuándo concurrió el lunes a la primera sesión de quimioterapia, el tumor... ya no estaba. Los médicos no salían de su asombro y le preguntaron si no se había hecho algo el fin de semana. Obviamente contestó que no. Creer o reventar. Al mes,Valeria estaba curada y, más adelante, pudo tener 3 hijos. La Junta Médica del Vaticano consideró que la cura de Valeria Herrera fué un milagro por intercesión de Ceferino, pues no había ninguna explicación médica o científica de lo sucedido. Ceferino Namuncurá, de brevísima vida, sucumbió ante la tuberculosis, una enfermedad que, en esa época era mortal. El "Lirio de las Pampas" fué objeto de controversias, debido a las 2 posturas sobre su existencia y santidad : por un lado fué "un experimento" que salió medianamente bien, ya que el Gobierno, ayudado por la congregación salesiana, demostró la "importancia" de la Conquista del Desierto, al poder convertir al catolicismo nada menos que al hijo del líder mapuche, al que expulsaron de sus tierras. Su santidad, discutida en algunos casos, estuvo influenciada lógicamente por las congregaciones a las que perteneció. Por otro lado, está la opinión sobre la loable obra evangelizadora de la Iglesia sobre los pueblos originarios, para una mejor calidad de vida. De todos modos, eso no quedó plasmado en los hechos. Las estampitas y dibujos del rostro de Ceferino están "retocados", ya que se le quitaron sus rasgos aborígenes marcados y aparece más blanco. Era muy parecido a su padre (hay fotografías de la época que lo certifican), un mapuche con el biotipo de su raza. El suplemento impreso religioso "Esquiú", dónde se cuenta la vida de Ceferino en formato de historieta, muestra a un Ceferino despejado de todo rasgo aborigen, solamente conserva un poco de su piel morena. El "indiecito santo", según sus biógrafos, tenía perfil bajo y un liderazgo basado en la "servicialidad y la mansedumbre". Es lógico que así haya sido, pues se lo sacó de la sangre, violencia, paganismo y saqueos de las pampas, para llevarlo encerrado a los claustros religiosos. Manuel Namuncurá no sólo perdió su poder, tierras y mujeres, sino que también al más capaz de sus 7 hijos. Namuncurá en dialecto mapuche significa "mapudungun", o sea "pie de piedra", relacionado a su firmeza y decisión, algo que Ceferino fué perdiendo de a poco...
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