ALMIRANTE GUILLERMO BROWN, COMO PEZ EN EL AGUA...
Existen circunstancias y hechos que obligan a las personas a dejar su tierra amada y, deben marcharse a otro país, en busca de nuevos y mejores horizontes y, tal vez, conseguir en ese nuevo hábitat lo que no pudo en su terruño. Y, sucede que ese lugar se convierte en su "patria adoptiva", siendo un ciudadano más. Sin embargo, la nostalgia siempre invade y se sueña con volver, aunque sea una vez más, al lugar que los vió nacer. Una situación similar vivió nuestro protagonista de hoy, Guillermo Brown, o el Almirante Brown, como más se lo conoce. Nació en Foxfort, Condado de Mayo, República de Irlanda, el 22 de junio de 1777, como William Brown (luego castellanizaría su nombre), en el seno de una familia profundamente católica. Siendo muy pequeño fallece su madre y, su padre debido a desaveniencias políticas en su país, emigró a Filadelfia (EEUU), en 1786, con sus hijos. Al poco tiempo de llegar, se desató una violenta epidemia de fiebre amarilla que se cobró la vida de la persona que los alojaba (y los había invitado al país) y, en un breve lapso, la de su padre. Huérfano y solo en la vida, a los 10 años, decidió embarcarse como grumete (aquel que ayuda a la tripulación en sus tareas, para aprender el oficio de marinero) en un barco estadounidense. Navegó durante 10 años, adquiriendo experiencia y pericia, además de una sobrada capacidad, para desempeñarse en altamar. Por ello, a los 19 años, en 1796 alcanza la matrícula de capitán. El contexto histórico marcaba situaciones inestables en el "Viejo Mundo", dónde franceses, ingleses y españoles se disputaban la supremacía terrestre y marina. Ese año, el buque donde prestaba servicios fué apresado por un barco inglés y la tripulación entera fué obligada a trabajar para ellos. Liberado, cae en desgracia nuevamente y, su nave es abordada por el navío francés "Presidente", que traslada a todos a la prisión de Metz, dónde Brown intentó fugarse sin éxito. Luego envían a todos a la cárcel de Verdún, dónde Brown pudo fugarse, gracias a un ingenioso plan : cavó diariamente, sin que lo notaran, un agujero debajo de su cama, que se comunicaba con la celda contigua del coronel inglés Clutchwell. Juntos tramaron el plan (ya que el muro de la celda del inglés daba al exterior) que consistía en hacer un boquete en el techo de esa celda, para así ganar el muro exterior y descender con una "escalera" hecha con ropa anudada. En la maniobra de descenso, Clutchwell cayó pesadamente y lastimó su pierna y, Brown lo cargó en sus hombros para ganar la libertad tan ansiada. Regresó a Inglaterra y se alistó en la Marina Real (aunque persisten dudas sobre el año, ya que en los registros figura un William Brown entre 1801 y 1804 y otro entre 1804 y 1809). Precisamente, el 29 de julio de 1809, a los 32 años, se casó con Elizabeth Chitty, 10 años menor, en el Condado de Middlesex. Al finalizar el año, llegó al Río de La Plata, sin su esposa, que quedó en Ingalterra, en la fragata "Belmond" y, decidió radicarse en Montevideo, alojándose en la fonda "Los 3 reyes", para dedicarse al comercio de cueros y frutas entre los puertos de la zona. Para ello adquirió la goleta "Industria". El negocio marchaba, pero no estaba exento de contratiempos y, en una ocasión, los españoles que ocupaban Montevideo, le confiscaron su nave y sus cueros, además de castigar a la tripulación obligándolos a empedrar las calles de la ciudad. Ese hecho, sumado a la huída de la familia, en su niñez, de Irlanda, despertaron en él la "semilla revolucionaria", para rebelarse contra la opresión. El 18 de abril de 1810, llega a Buenos Aires en la Fragata "Jane" (que había comprado), para continuar con sus negocios, quedándose por 2 meses, por lo que fué testigo de los hechos que provocaron la Revolución de Mayo, a la que adheriría fervientemente. Al mismo tiempo, llegaban buenas nuevas desde Inglaterra ( pues nacía su hija Elizabeth). Marcharon bien sus negocios en Buenos Aires, por lo que pudo edificar una casa-quinta en el barrio de Barracas (con el tiempo se la conocería como "Casa Amarilla") y pudo reencontrarse con su familia, ya que su esposa Elizabeth y su primer hija vinieron desde Inglaterra a instalarse en Buenos Aires. Luego nacerían Guillermo (1813), Ignacio Estanislao (a principios de 1815, fallecido al año siguiente), Martina (a fines de 1815), Eduardo (1816), Miguel, Patricio y Pedro. Corría el año 1814 y la Banda Oriental continuaba ocupada por los realistas (a pesar del sitio de Montevideo iniciado en 1811 por las fuerzas patriotas). En ese contexto y debido a sus tareas, Brown luchó con su nave contra los españoles capturando la goleta "Nuestra Señora del Carmen" y la balandra "San Juan de Ánimas". Brown estaba enojado con los realistas debido a las confiscaciones antes mencionadas. Ésta acción llegó a oídos del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Posadas, que lo designó el 1° de marzo de 1814, Teniente Coronel y Jefe de la Escuadra Naval de Buenos Aires, ya que carecía de ésta fuerza. Diez días después, el 11 de marzo, se produce el bautismo de fuego al atacar la Isla Martín García ocupada por los realistas. Su primer ataque fue repelido y el día 15 volvió a atacar con más naves y recuperó la isla. Las fuerzas realistas, comandadas por Jacinto de Romarate, se retiraron aguas arriba del Río Uruguay, por lo que Brown envió una pequeña fuerza a perseguirlos. Al alcanzarlos en Arroyo de China, fueron derrotados, aunque le causaron graves averías a los españoles. Dos semanas después, Brown se reunió con Posadas y le propuso una acción militar para liberar Montevideo de la ocupación realista, argumentando que el sitio iniciado por el ejército patriota hacía 3 años no tenía éxito porque las aguas eran dominadas por los españoles (por allí llegaban las provisiones y los refuerzos). Lo propuesto por Brown era lógica pura, pero acompañada también por una estrategia marina. La Revolución de Mayo de 1810 no podía consolidarse porque aún existían muchos focos de resistencia en la región y Montevideo era uno de ellos. El Almirante logró imponer su criterio y, el 15 de abril zarpó la fuerza naval patriota con la fragata "Hércules" como nave insignia, comandada por Brown. El pueblo los despidió del puerto vitoreándolos. La primera victoria tuvo lugar frente al Puerto de Buceo entre el 14 y 17 de mayo, librándose la Batalla Naval del Buceo, con victoria patriota, destruyendo y quemando 2 buques y 5 naves de escuadra, aunque algunas volvieron a entrar a Montevideo y un par huyeron. Sin ayuda desde el mar, los realistas fueron vencidos en tierra al tener finalmente éxito el sitio de Montevideo, comandado por Artigas y Rondeau. La liberación final se produjo el 23 de junio. El gobierno patrio le donó la fragata "Hércules" por su servicio, pero desarticuló la flota. Al año siguiente, en 1815, Hipólito Bouchard, antiguo camarada, le otorgó una patente de corso para navegar (necesitaba seguir trabajando en el comercio) y, de paso, hostigar los buques españoles en altamar. No lo autorizaron a salir con una flota, pero zarpó igual (eso le costaría caro, más tarde) con la "Hércules", el bergantín "Trinidad", comandada por su hermano Miguel, el bergantín "Halcón", con Bouchard y la goleta "Constitución" capitaneada por Oliver Russell. Se dirigieron al Océano Glaciar Antártico, dónde avistó la Península Antártica a la que llamó Tierra de la Trinidad, en honor al bergantín que la avistó. Luego se dirigió al oeste, ingresando al Océano Pacífico y recorrió desde fines de 1815 a mediados de 1816 las costas de Chile, Perú, Guayaquil (Ecuador) y Nueva Granada (hoy Colombia). Allí aprovechó para difundir los ideales de Mayo y la idea sanmartiniana (tenía que conseguir puertos dónde pudiera llegar San Martín cuándo saliera de Chile y llegara a Perú). Sufrió un contratiempo en Guayaquil, dónde fué detenido, aunque no sabían de qué acusarlo. Hábil negociante, consiguió que lo liberaran. No tuvo tanta suerte al llegar a Barbados (en Centroamérica), zona dominada por los ingleses, quiénes lo acusaron de piratería, le confiscaron la "Hércules" y todas las ganancias de sus negocios comerciales marítimos. Lo confinaron en la casa del Sr. Reid, un inglés que lo alojó, pero que de alguna forma lo tenía "prisionero", pues no podía salir. Encima enfermó de fiebre tifoidea y producto de todo ello, casi enloquece y, en un rapto de esa locura, se arrojó de la azotea, cayendo 3 pisos abajo. El impacto, terrible, le produjo fractura de fémur, hundimiento de costillas y heridas en la cadera, salvando su vida de milagro. Estuvo 6 meses en cama para recuperarse totalmente. Al ser liberado y volver a Buenos Aires, le inician un sumario por desobediencia al zarpar sin autorización (en realidad, le habían negado la partida). Permanece 40 días en prisión militar y luego es juzgado por el Consejo de Guerra, dónde finalmente es absuelto de los cargos y vuelve a su quinta a continuar sus actividades comerciales. Pasan algunos años y,en 1825, el poderoso Imperio de Brasil estaba en pleno proceso de expansión, ocupando la Banda Oriental (hoy Uruguay) y las Misiones Orientales (hoy Misiones, Corrientes y parte de Uruguay). Los brasileños estaban convencidos de que las Provincias Unidas del Río de la Plata apoyaban al caudillo Artigas, alentándolo a ir en su contra, por lo que declaran la guerra el 10 de diciembre, comenzando la llamada "Guerra del Brasil". El 21 de diciembre, la flota del vicealmirante Rodrigo José Ferreira Lobo, bloquea el puerto de Buenos Aires. ¿ Quién podría sacarlos de ésta situación ? Obviamente Brown. Es convocado por el gobierno el 12 de enero de 1826 y lo ascienden a coronel mayor. Las armada patria sólo contaba con los bergantines "General Belgrano" y "General Balcarce" y la lancha cañonera "La Correntina". Era una locura combatir con tan poco y, allí surge la gestión e inventiva de Brown que, en menos de 1 mes, incorporó 12 lanchas cañoneras fabricadas en los astilleros de La Boca y adquirió la fragata "25 de Mayo", los bergantines "Congreso Nacional" y "República Argentina" y las goletas "Sarandí" y "Pepa" (éste último, barco hospital). Ahora sí, se podía luchar dignamente y con posibilidades y, Brown "primerea" a los brasileños, el 9 de febrero, al atacar por sorpresa al buque insignia de ellos, el "Itaparica", que sufre graves daños. La reacción brasileña tardó, pero se vino con todo y, el 10 de junio, llegaron con... 31 barcos.... !! Sin embargo, Brown, ante el panorama adverso (eran muchos más) arengó a su tripulación : "Marinos y soldados de la República ¿ Veis esa gran montaña flotante ? ¡ Son los 31 buques enemigos ! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la 25 de Mayo, que será echada a pique antes que rendida... Camaradas, confianza en la victoria, disciplina y 3 viva la Patria...!!!!" Y antes del primer disparo, dijo la frase que pasó a la historia : "Fuego rasante, que el pueblo nos contempla...!!", ya que la población observaba el combate desde la costa. En medio de la lucha, se sumaron la goleta "Río de la Plata" a cargo de Leonardo Rosales abriendo fuego por la derecha y el bergantín "Gral. Balcarce" por la izquierda, capitaneado por Nicolás Jorge. Ésta maniobra permitió a Brown enfocarse en atacar a la principal fragata enemiga, la "Niteroi", dañándola. Las fuerzas enemigas se replegaron y Brown, con menos poder de fuego, pero más estrategia, vencía en el Combate de Los Pozos (por la profundidad de las aguas en ese sector). Ese día Brown se diplomó de héroe ante la población. Más adelante, entre el 29 y 30 de julio, tuvo lugar el Combate de Quilmes, donde las fuerzas brasileñas atacaron a las patriotas en ese lugar, luego de que regresaran de la Banda Oriental (fueron a llevar pertrechos). El poder de fuego del enemigo triplicaba a nuestra armada, pero la bravura del comandante Rosales en la goleta "Río de la Plata" y de Tomás Espora en la fragata "25 de Mayo", mantuvieron a raya el ataque enemigo durante 3 horas, pero con muchas pérdidas y destrozos. La flota nacional, ante la adversidad, no había entrado en combate en su totalidad, por ello, indignado, Brown se trasladó al bergantín "República" y destituyó al Comandante Clark, reticente a entrar en combate. " Retírese de mi presencia Mr. Clark, sólo reconozco a los valientes Brown (su hermano), Espora y Rosales.." le gritó enfurecido. Luego de aguantar estoicamente el ataque desigual, la "25 de Mayo" estaba inoperable y muy dañada. Ante la bajante del río y, por temor a quedar varados, los brasileños se retiraron y las fuerzas patriotas regresaron al puerto porteño, remolcando lo que quedaba de la "25 de Mayo". La guerra continuó y, el 8 febrero de 1827 tuvo lugar la batalla naval de Juncal, la más pareja de todas (15 naves patriotas contra 17 brasileñas), que consagró vencedora a nuestras fuerzas gracias a la pericia del comandante Francisco Seguí, a cargo del bergantín "General Balcarce" y de Francisco Drummond, a cargo de la goleta "Maldonado, quiénes comandaron las acciones. La victoria patriota fué total, con 12 buques apresados y 3 incendiados. Sólo 2 pudieron escapar. El 6 de abril de 1827, con los bergantines "República", "Independencia" y "Congreso" y la goleta "Sarandí", Brown zarpó del fondeadero de Los Pozos a hacer un recorrido por costas brasileñas y, por un error del piloto, las naves encallaron en la punta del banco de Monte Santiago y fueron sorprendidos por los brasileños, quiénes el 7 y 8 de abril, atacaron ferozmente a la escuadra nacional, que resistió de manera heroica. Sin embargo, los daños eran de magnitud, principalmente en el bergantín "Independencia", que tenía la mitad de la tripulación muerta o herida, los cañones inutilizados y sin municiones. Brown, ante semejante cuadro adverso, ordenó evacuar la nave y luego quemarla, para que no cayera en manos del enemigo. Pero la tripulación se resistió y Francisco Drummond, su jefe, avaló la decisión. Para seguir en lucha, en el único bote salvavidas que quedaba, Drummond, junto al oficial Shannon, fueron a buscar municiones a los otros buques. Llegaron a la goleta "Pepa", que apenas tenía pertrechos en medio del bombardeo enemigo. Luego enfiló hacia la goleta "Sarandí" y, al subir a bordo, una bala de cañón le impactó de lleno a la altura del fémur (el día anterior, un disparo le había arrancado una oreja). Agonizó 3 horas y murió a las 10 de la noche. Antes de perecer, alcanzó a decirle al comandante de la "Sarandí", John Coe : "Juan, se me nubla la vista. No veré más las montañas de Escocia. Éste reloj es para mi madre, éste anillo es para Eliza. Dile al almirante que he cumplido con mi deber y muero como un hombre". Drummond estaba comprometido para casarse con Elizabeth, la hija mayor de Brown. A fin de ese año, una noticia trágica invade su vida : Elizabeth fué a bañarse con su hermano Eduardo, por la tarde, al Canal de las Balizas, cerca del Riachuelo y, pereció ahogada al caer en un "pozo profundo" del mismo. Nunca pudo recuperarse de la muerte de su prometido y éste hecho (calificado de "intencional" por algunos) truncó tempranamente su vida. Dicen que cuando le avisaron a Brown, transitó su luto en silencio, pero siguió trabajando. En agosto de 1828 finaliza la guerra con Brasil, firmando un armisticio de paz y la proclamación de la independencia de Uruguay. Dos meses después, el gobernador bonaerense Manuel Dorrego lo asciende a Brigadier General. Sin embargo, en diciembre de ese año, Dorrego es derrocado por la insurrección unitaria liderada por el General Lavalle y, Brown es nombrado gobernador delegado de Buenos Aires hasta que Lavalle terminase su campaña militar contra los federales. El almirante, ante el inminente fusilamiento de Dorrego, pidió clemencia por la vida del prisionero, pero no fué escuchado. Algunos historiadores afirman que Brown fué "utilizado" por los unitarios en la gobernación, puesto que era un brillante navegante, de altísimo prestigio, pero nula capacidad política para gobernar. Decepcionado, dejó su cargo y se retiró de la vida pública, pues no quería participar de la guerra civil entre unitarios y federales. Pasados varios años y, en 1838, debido al bloqueo anglo-francés es convocado nuevamente, ésta vez por Juan Manuel de Rosas, para dirigir la flota patriota (se la habían ofrecido al marino inglés Ramsey, pero éste dijo que no podía aceptar estando Brown aún vigente, pues era el "dueño de ese cargo"). Con 61 años a cuestas, derrotó en varias ocasiones a la flota liderada por Fructuoso Rivera, dándole el golpe de gracia en 1842 al derrotarlo en la batalla de "Costa Brava". Entre los vencidos estaba quién más adelante sería un héroe italiano, Giuseppe Garibladi. Sus hombres pidieron seguirlo cuándo éste escapaba, pero Brown les dijo : " Dejen escapar a ese gringo, es un valiente". Con la caída de Rosas en manos de Urquiza, muchos marinos fueron "eliminados" del escalafón, menos el Almirante, cuyo prestigio iba más allá de cualquier "grieta". Urquiza avaló esa postura. Se retiró definitivamente y se instaló en su quinta de Barracas, dónde en una ocasión lo vicitó un viejo adversario, el almirante Grenfell, quién se quejaba de la ingratitud de las repúblicas para con sus servidores. Brown, contestó : "No me pesa haber sido útil a la Patria de mis hijos, considero superfluos los honores y las riquezas cuándo bastan 6 pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores". Pudo saldar su deuda de regresar a su Irlanda natal a los 70 años, en 1847. También se dedicó a escribir sus memorias, dónde pueden encontrarse los más completos detalles de las guerras navales argentinas. Al morir su amigo Carlos María de Alvear en Inglaterra, pidió al gobierno comandar el buque que trajo los restos desde Europa. Fué la última vez que tripuló, a los 78 años. El 27 de enero de 1857 le solicitó al padre Antonio Fahy sus últimos sacramentos. Falleció, a lo 80 años, el 3 de marzo de 1857, en presencia de su amigo Juan Murature a quién miró y pronunció sus últimas palabras antes de pasar a la inmortalidad : "Comprendo que pronto cambiaremos de fondeadero, con el principal a bordo, ya puedo cambiar de puerto". Urquiza, presidente en ese entonces, decretó honras para Brown, pues "simboliza las glorias navales de la República Argentina y, cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público de las guerras nacionales que ha sostenido nuestra Patria desde la época de la Independencia". Desde la otra vereda, Mitre sostuvo : "Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros una flota. Brown en el sepulcro simboliza con su nombre toda nuestra historia naval". Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. Su recuerdo y honores son permanentes, ya que hay 6 buques de la Armada Argentina que llevan su nombre (1 goleta, un vapor de guerra -1° buque escuela del país-, 1 acorazado, 1 crucero y 2 destructores). Ciudades, barrios, calles, escuelas, plazas de todo el país llevan su nombre. Muchos clubes de fútbol lo honran, siendo los más conocidos : Almirante Brown de San Justo, Brown de Adrogué, Gullermo Brown de Puerto Madryn, Almirante Brown de Malagueño, entre tantos. Al cumplirse 150 años de la Revolución de Mayo, en 1960, por decreto N° 5304 se instituyó el 17 de mayo como día de la Armada Argentina por la gran victoria del Combate del Buceo, que determinó la liberación de Montevideo y la caída del último bastión realista marino en América. Como curiosidad, la foto más antigua que se conserva en nuestro país, es un daguerrotipo que le sacó a Brown y su esposa en 1844, el fotógrafo inglés John Elliott. Almirante Guillermo Brown, gran estratega marino al servicio de una patria que lo recibió y él hizo suya, con victorias memorables siempre en inferioridad de condiciones. Traspasó los bandos antagónicos, que lo reconocieron como héroe nacional. El "Viejo Bruno", como lo llamaba Rosas, castellanizando su apellido, de profunda fe católica (nunca faltó a un tedeum), pero que se casó con una protestante, demostró que se puede convivir en armonía a pesar de las diferencias (llegó a un acuerdo con su esposa, los hijos varones serían católicos y las hijas, protestantes). Ejemplos que en la actualidad, lamentablemente no abundan.
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