ENCARNACIÓN EZCURRA, CARÁCTER Y PERSONALIDAD PARA DEFENDER UNA CAUSA...

Hay personas y almas que se complementan, que están hechas la una para la otra. Dos mitades perdidas que, al encontrarse, forman un todo que se integra y funciona. Juntas, podrán lograr sus objetivos y anhelos y, si hay obstáculos, podrán superarlos, generalmente. Algo parecido sucedió con nuestra protagonista de hoy, con su alma gemela. Nos referimos a Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas. Nacida en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1795 como María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel, hija de Juan Ignacio Ezcurra, comerciante de la ciudad, que ocupó cargos en el Cabildo y el Consulado de Comercio y de Teodora de Arguibel. Debido a las ocupaciones de su padre, Encarnación aprendió lectura, escritura y nociones de matemática, para colaborar en la empresa familiar. En esa época, las mujeres solteras dependían de sus padres hasta los 25 años y, si se casaban antes, dependían de sus maridos, pues no tenían derechos políticos ni responsabilidades legales. Por eso, sus padres se encargaron de que fuera una mujer "preparada". En su adolescencia, la comienza a frecuentar un joven de la clase alta porteña : Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas. Llegaron a un noviazgo intenso, por lo querían casarse cuánto antes, pero se toparon con la negativa rotunda de ambas familias, debido a su juventud e inexperiencia. Ambos eran impetuosos y decididos y no permitirían que nada ni nadie se cruzase en su camino a la felicidad. Ella tenía 18 años y su novio, 20. Él, al ser el hijo mayor, le fué conferido (cuándo cumplió 18 años), el manejo y administración de una de las estancias de la acaudalada familia, "El Rincón de López". El impetuoso joven se peleó con su familia, al escuchar, de casualidad, una conversación entre sus padres, León Ortiz de Rozas y Agustina López de Osornio, en la que su madre desconfiaba de la idoneidad de su hijo para administrar los campos. Indignado, el joven renunció a su trabajo, se alejó de la familia y acortó y modificó la gramática de su apellido, además de eliminar 2 nombres. Ahora era : Juan Manuel de Rosas. Los novios anhelaban casarse, pero la negativa era feroz (principalmente de Doña Agustina, que consideraba "poca cosa" a la hija de los Ezcurra para el primógenito de los Ortiz de Rosas. Como se dijo, harían lo que fuera para conseguir sus objetivos y, fué así que a Juan Manuel se le ocurrió una "mentirita" que resolvería el dilema. Le pidió a su amada que escribiera una carta dirigida a él, dónde le planteaba que había que apurar el casamiento, porque estaba embarazada. Así lo hicieron y, la misiva quedó en un lugar visible de la pieza de Rosas, para que su madre la encontrara y la leyera. Doña Agustina cayó en la trampa y como "alma que lleva el diablo" fué raudamente a la casa de su consuegra a comunicarle la novedad. Había que consentir ese enlace, ya que las "normas morales" de ese entonces señalaba el descrédito social de ser madre soltera. Tres semanas después, el presbítero José María Terrero los unía en sagrado matrimonio, siendo testigos León Ortiz de Rozas (padre del novio) y Teodora de Arguibel (madre de la novia). Se instalaron en la casa de los Ezcurra e inmediatamente adoptaron un hijo, debido a una situación extraordinaria. Resulta que la hermana de Encarnación, María Josefa, tuvo un hijo extramatrimonial con Manuel Belgrano y, para evitar la "humillación y el escarnio público", lo dió en adopción a su propia hermana, quién lo crió convenientemente. Así, Encarnación "salvó" a María Josefa y fué la madre postiza de  Pedro Pablo Rosas y Belgrano, 4 meses después de casarse. Luego tuvieron 3 hijos : Juan Bautista, nacido en 1814,  María de la Encarnación, muerta al día siguiente de nacer, en 1816 y Manuela Robustiana, la popular "Manuelita Rosas", mimada de su padre y fiel colaboradora de él al fallecer su madre, cumpliendo ese rol. Los Rosas - Ezcurra eran una familia acomodada, debido al prestigio y linaje del "Restaurador" y los excelentes negocios inmobiliarios rurales que realizó con sus socios Terrero y Dorrego. convirtiéndolo en un verdadero terrateniente. Años más tarde, en 1829, Rosas asume como Gobernador de Buenos Aires, con poderes extraordinarios (ejercía el ejecutivo, legislativo y judicial) para frenar la anarquía imperante en el país. Ejerció su mandato con mano dura, en lucha franca con los unitarios. Al concluir su primer mandato, los federales se dividieron (en un grieta, como la actual) entre los "apostólicos", quienes querían la continuidad de Rosas con la suma del poder público, es decir manteniendo poderes extraordinarios y los "cismáticos" que, si bien querían que Rosas siguiera, propiciaban el cese de esos poderes extraordinarios y la redacción de una nueva Constitución (ya que la de Rivadavia había fracasado cuándo éste fué presidente, por ser de tinte unitaria). Como no había decisión al respecto, Rosas no aceptó y se marchó al sur para hacer la 1° Conquista del Desierto (la 2° y definitiva la haría años más tarde el Gral. Roca). Corría el año 1833 y, con Rosas ausente, la organización y acción del rosismo quedó a cargo de Encarnación. En tanto, la Junta de Representantes, ante la negativa (y ausencia) de Rosas, nombró gobernador a Juan Ramón González Balcarce, partidario de redactar una nueva constitución. Aquí comienza la labor de Encarnación, al crear la Sociedad Popular Restauradora, cuyo fin era mantener vivo el prestigio de Rosas, para que vuelva al poder. También organizó un "brazo armado", una especie de fuerza de choque para-militar que amenazaba y aterrorizaba a los opositores, llamada "La Mazorca". Actuaban de noche, a puros disparos y amenazas. Muchos de los opositores terminaron yéndose de sus lugares de origen. Para muestra de lo dicho, basta un ejemplo concreto : el 29 de abril de 1834, Encarnación mandó a 6 integrantes de "La Mazorca", montados a caballo, a balear las casas del gobernador, del político Manuel García y del sacerdote Pedro Vidal (todos opositores). Un transeúnte que pasaba justo, recibió 2 disparos y murió (era sobrino de Mariano Moreno). Puede entenderse que fué el primer "escrache" nacional, con un saldo trágico. Luego, en una correspondencia a Rosas, Encarnación escribe confirmando el hecho :"No se hubiera ido Olazábal si no hubiera yo buscado gente de mi confianza que le han baleado las ventanas de su casa, lo mismo que las del godo Iriarte y el facineroso Ugarteche. Esa noche patrulló Viamonte y yo me reía del susto que se habrían llevado". La casa de Encarnación se convirtió en un lugar donde iban y venían negros, mulatos y sirvientas de confianza de ella que le traían todos los chismes e informaciones que circulaban por las calles y demás lugares, conformando una verdadera red de espionaje local. "Aquí, en mi casa no pisan sino los decididos", solía decir. Despectivamente los opositores y la oligarquía la apodaron la "Negra Toribia". Sin embargo, la sagacidad de Encarnación era admirable, ya que invitar a esa gente excluída y rechazada por la clase alta, le proporcionaba adeptos, soldados, espías, matones y, sobre todo...votos. Anteriormente, en 1833 se celebraron elecciones para diputados, con la presencia de 2 listas : los "lomos negros" (tenían una banda de ese color) o cismáticos, antirrosistas y los apostólicos que apoyaban a Rosas, ganando los primeros. Sin embargo, como algunos candidatos eran elegidos por la ciudad y otros por la campaña, debían hacerse nuevas elecciones. Ante la posibilidad de perder nuevamente, Encarnación ideó una treta, al pegar carteles en las paredes donde se anunciaba el enjuiciamiento de Rosas (en realidad juzgaban al director de periódico "Restaurador de las Leyes", casualmente el mismo apodo de Rosas) y, luego denunció una persecución a su marido. Inmediatamente se armó una pueblada de 300 personas en el Juzgado, lo que provocó una represión feroz. Al ver que la cosa se desmadraba, un gran sector del ejército tomó nota y volvió a apoyar a Rosas. Sin márgen de maniobra, González Balcarce debió renunciar. Se había producido "La Revolución Restauradora", por obra y gracia intelectual de Encarnación. Asume luego la gobernación Juan José Viamonte, quién tampoco era del agrado de los rosistas. Mientras tanto, Juan Manuel, que había ido al desierto a tejer alianzas con poblaciones indígenas de la frontera interior, atravesar la pampa adentro hasta llegar a un lugar para desactivar el contrabando ilegal de ganado a Chile y recuperar terrenos ocupados, no pudo cumplir con dichos objetivos y, la campaña, de casi 2 años, fué considerada un fracaso militar y económico. Durante la ausencia de Rosas, Encarnación le escribía frecuentemente para informar la situación y clasificar personas (le decía quién estaba en contra y qué actividad realizaba, gracias a sus informantes) y éste le enviaba las directivas y acciones a realizar. Hay párrafos para destacar de algunas de sus cartas : "Tus partidarios tienen más miedo que vergüenza. Las masas están cada vez más dispuestas y lo estarán mejor, si tu círculo no fuera tan callado". En otra ocasión escribió : "Tu posición es terrible. Si tomas injerencia en la política es malo, si no lo hacés sucumbe el país por las infinitas aspiraciones que hay y los poquísimos capaces de dar la dirección a la nave del gobierno. Por ahora, nada más te digo, sino que mires lo que haces y que todo se acomodará cuando tu dispongas". No cabía duda que ella deseaba fervientemente que vuelva para tomar el poder. Al regresar Rosas (la campaña finalizó el 25 de marzo de 1834 en el Río Colorado), Antonio Maza había reemplazado interinamente al renunciante Viamonte como gobernador y, un hecho lamentable precipitó los acontecimientos. Luego de entrevistarse con Rosas, el General federal riojano Facundo Quiroga es asesinado cobardemente en Barranca Yaco (Córdoba) al ser atacado su carruaje por una partida unitaria. Encarnación lloró amargamente la muerte del caudillo de las patillas, del cuál se había hecho amiga. La Junta de Representantes consideró que la escalada de violencia no podía frenarse y vió como única solución y "salvador" del país a Juan Manuel de Rosas, aceptando los poderes extraordinarios y la suma del poder público que él pedía como condición para asumir. Encarnación, consagrada como una suerte de primera dama, es nombrada "Heroína de la Santa Federación". Tres años después, debido a un paro cardíaco (otras fuentes hablan de una extraña enfermedad), el 20 de octubre de 1838, fallece Encarnación Ezcurra de Rosas a los 43 años. La desgracia, obviamente, fué una "puñalada" en el corazón del Restaurador, que se encerró en la pieza llorando desconsoladamente por horas, mientras sostenía el cadáver. Su funeral fué multitudinario (concurrieron 25.000 personas, de un total de 60.000 habitantes) y, se declaró un luto obligatorio de 2 años (formado por una cinta negra en los sombreros, faja con moño negro en el brazo izquierdo y corbata negra). Los funerales de Encarnación costaron $ 29.737 pagados por la Junta de Representantes, gastando, entre otras cosas, $ 1275 por la celebración de 180 misas, $ 2350 costó el ataúd y $ 2780 para comprar géneros para vestir a los criados que sirvieron en el funeral. Concurrieron diplomáticos de Gran Bretaña, Brasil, la isla de Cerdeña y el encargado de negocios de Estados Unidos, quiénes izaron cada uno su bandera a media asta. También asistieron todos los integrantes del Estado Mayor del Ejército de la Confederación. A partir de ese momento se exigió usar la divisa punzó en el pecho (un anhelo de Encarnación para identificarse). Manuelita Rosas, a partir de ese momento, se convirtió en la más estrecha y eficaz colaboradora de su padre. En 1842, Rosas encargó al maestro mayor José Santos Sartorio, la construcción de la Iglesia Nuestra Señora de Balvanera en honor a su esposa fallecida. En ese entonces, Rosas ya convivía con Eugenia Castro, de 18 años, hija del Coronel Juan Gregorio Castro, quién le confió el cuidado de su hija al morir. Con ella tuvo 8 hijos. Se dice que Encarnación carecía de belleza, con facciones más bien viriles, pero con un temperamento fuerte, decidido e impetuoso. De niña, cuando no estaba de acuerdo con algo, se plantaba frente a sus hermanos y les discutía "a muerte". El cónsul francés  en Buenos Aires (al que la Mazorca le baleó la casa), la calificó como "una mujer de unos 40 años, más pequeña que grande y no parece de buena salud, pero cuándo se anima a hablar es fácil ver que tiene alma y energía si las circunstancias lo exigen". El General Lucio V. Mansilla, sobrino de Rosas y, además escritor, manifestó que "El Restaurador" mantuvo muchos amoríos de adolescente, pero la llegada de Encarnación lo cambió, siéndole fiel hasta su muerte. Decía Mansilla :" La encarnación de aquellas dos almas fué completa. A nadie, quizás, amó tanto Rosas como a su mujer, ni nadie creyó tanto en él como ella, de modo que llegó a ser su brazo derecho, con esa impunidad, habilidad, perspicacia y doble vista que es peculiar a la organización femenil. Sin ella, quizás no vuelve al poder. No era ella la que en ciertos momentos mandaba, pero inducía, sugestionaba y una inteligencia perfecta reinaba en aquel hogar, desde el tábano hasta más allá". Un hecho extraordinario ocurrió en 1925, 87 años después de su muerte, cuando quisieron trasladar el cuerpo a otra bóveda. Así lo cuenta el obispo Marcos Ezcurra, pariente lejano de ella y testigo del hecho : "El cadáver estaba en el mausoleo de Máximo Terrero (su yerno) en Recoleta y la familia decidió el traslado del cuerpo a la bóveda de los Ortiz de Rozas. Se preparó una urna para las cenizas (pues se suponía que el cuerpo se había reducido a polvo). Al abrir el ataúd, el cuerpo estaba intacto, incorrupto, como si acabara de morir. Sus cabellos, piel y manos conservaban su integridad, lo mismo que el resto del cuerpo. Vestía el hábito de Santo Domingo con que fue sepultada. Ni siquiera las flores, ya secas, que los parientes le llevaron como recuerdo, estaban destruídas. En sus manos tenía el rosario puesto antes. No tenía arrugas y mostraba un brillo en su rostro con una especie de sonrisa imperceptible. Parecía dormida. No se usó la urna. Fué inhumada y trasladada a la bóveda de los Ortiz de Rozas". Cuándo se repatriaron los restos de Rosas desde Inglaterra en 1989, fueron ubicados al frente de los de su mujer, en el Cementerio de La Recoleta. Encarnación Ezcurra, pilar fundamental de la gloria y poder de su marido. Vehemente, pero persuasiva, con palabras que convencían : "Ya has visto lo que vale la amistad de los pobres y por ello cuánto importa el sostenerlo para atraer y cultivar sus voluntades. No cortes pues, sus correspondencias. Escríbeles con frecuencia, mándales cualquier regalo sin que te duela gastar en eso. Digo lo mismo respecto de las madres y mujeres de los pardos y morenos que son fieles. No repares en visitar a los que merezcan y llevarlos a tus distracciones rurales, como también socorrerlos con lo que puedas en sus desgracias..." le dijo en una de sus tantas cartas. Fué denostada y humillada por los opositores, siendo la más grave una publicación que decía : "... Marimacho de alta potencia, fea, masculina, mujer de armas llevar, exaltada, violenta, suspicaz, maliciosa, sin el menor toque de gracia o languidez femenina. Es ésta mujer del tipo de la agitadora, de la intrigante, habilísima que no escoge medios y va a tomar flecha de blanco, seduce comprando adeptos, tramaba, mataba, apaleaba. Una verdadera furia..." . Tremenda, impresionante y demonizante descripción de una mujer que utilizó todas sus armas (en el sentido literal y figurado) para el éxito de su compañero de vida y, que la convirtió en una poderosa mujer de su época. La historia escolar clásica los borró de un plumazo a ambos, sin homenajes ni recordatorios. El revisionismo histórico aún no los recupera del todo (Rosas sólo está en el billete de $ 20 ) y Encarnación tiene una calle con su nombre en Puerto Madero (allí todas las calles tienen nombre de mujer) y un retrato en el Salón de Mujeres de la Casa Rosada. Para bien o para mal, marcaron un hito en la historia nacional, siendo dos seres que se complementaron como si fuera uno solo...

Comentarios

Entradas populares de este blog

ROMINA TEJERINA... Y EL ROSTRO DE SU VIOLADOR EN SU HIJA...

MARCELO SAJEN... HISTORIA DE UN VIOLADOR SERIAL...

"TANGUITO", OLVIDADO PIONERO DEL ROCK