ELPIDIO GONZÁLEZ, DE VICEPRESIDENTE A VENDEDOR AMBULANTE...

Qué difícil es encontrar ejemplos de honestidad, altruísmo y patriotismo, sobre todo en política. Algo impensado, lamentablemente, como buscar una aguja en el océano. La miseria humana sale a flote en éstas circunstancias, pues no importa el color político, siempre habrá corrupción, malversación, deshonestidad y varios atributos negativos más que se le pueden adosar al accionar en política. Pueden contarse con los dedos de las manos los que no cayeron en esa debilidad. Uno de ellos es nuestro protagonista de hoy, el santafesino Elpidio González, nacido en Rosario el 1° de agosto de 1875 e hijo de Domingo González, quién fuera soldado federal del caudillo riojano Ángel "Chacho" Peñaloza y de doña Serafina de González. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Nacional de Rosario, dónde egresó como bachiller. Al fallecer su padre, se mudó con su madre a Córdoba, dónde cursaría la carrera de abogacía, aunque dejó en 5° año, faltando 1 temporada para recibirse. Interesado en la política, se afilió a la Unión Cívica Radical, dónde conoció a Hipólito Yrigoyen, con quién cultivaría una sólida amistad. En 1905 tuvo activa participación en la Revolución Radical que intentó derrocar al presidente Manuel Quintana del P.A.N. (Partido Autonomista Nacional). El radicalismo bregaba por elecciones transparentes y justas y no viciadas de corrupción y "arreglos" que solía utilizar el P.A.N. asiduamente y, por ello se abstenía de participar de las elecciones. González estuvo a cargo de un pelotón revolucionario, pero el levantamiento fué derrotado y los activistas detenidos y encarcelados. El presidente Quintana falleció en 1906 y el sucesor, el vicepresidente José Figueroa Alcorta, a través del Congreso, decretó una amnistía general para los participantes de esa revolución. Al año siguiente, González retoma sus estudios y se recibe de abogado, a los 32 años en la Universidad Nacional de La Plata. En 1912, ocurre un hecho histórico en nuestro país, ya que bajo la "Ley Sáenz Peña" que garantizaba el sufragio universal, directo y secreto (aunque sólo votaban los hombres), se realizaban las primeras elecciones (legislativas) con ésta modalidad. El radicalismo ésta vez se presenta y obtiene 13 diputados (detrás del Partido Conservador que logra 15 legisladores). González gana la banca de Diputado Nacional por Buenos Aires en esa elección (había sido propuesto como candidato a gobernador de Córdoba, pero la rechazó para ser legislador). Otro hecho histórico ocurre en 1916, cuándo Hipólito Yrigoyen se convierte en el 1° presidente radical del país. En ese contexto, Elpidio obtiene la banca de Diputado Nacional por Córdoba, pero resigna la misma, ya que Yrigoyen lo nombra Ministro de Guerra, siendo el primer no militar en ocupar esa cargo, en el que permaneció hasta 1918, para asumir como Jefe de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Quizás en éste cargo se encuentre la única mancha de su legajo, ya que el 2 de diciembre de 1919 se produce una huelga de 2500 trabajadores metalúrgicos de los talleres "Vasena", que reclamaban jornada laboral de 8 horas (su jornada era de 11), salario justo, descanso dominical, condiciones de salubridad y reincorporación de los delegados despedidos por la empresa. El 7 de enero la huelga proseguía y los manifestantes endurecieron su reclamo armando un piquete que impedía que llegaran las materias primas a la fábrica, ya que algunos "rompehuelgas" y obreros que no adherían, seguían trabajando. Al pretender entrar un camión con insumos, el mismo fué recibido con pedradas por los huelguistas. La policía que vigilaba reaccionó y comenzó a disparar a discreción, dejando un saldo de 4 muertos y 30 heridos (se contabilizaron 2000 disparos realizados por 110 policías). Debido a ésto, la huelga se volvió general y, en el entierro de los 4 fallecidos, también hubo represión, dejando 9 muertos. Se produjo una rebelión, dónde Buenos Aires quedó sitiada, víctima de destrozos, incendios y ataques anarquistas. Yrigoyen declaró el estado de sitio y llamó a 30.000 soldados del ejército para frenar esa locura. El hecho se conoció como "Semana Trágica" y lo más grave fué la realización del 1° "progrom" fuera de Europa, a cargo de la Liga Patriótica, consistente en ataques, destrozos y linchamientos a grupos étnicos en particular, en éste caso, los judíos. La rebelión fué sofocada y, González quedó en el "ojo de la tormenta", por ser Jefe de la Policía y fué acusado por los anarquistas de "armar el ataque" adrede, aunque no pudo ser comprobado. En 1921 es elegido Presidente de la Unión Cívica Radical. Al año siguiente, en 1922, comparte fórmula presidencial con Marcelo T. de Alvear y asume la vicepresidencia de la Nación al vencer al binomio de la alianza del Partido Conservador, llamado Concertación Nacional", integrada por Norberto Piñero y Rafael Núñez. La primera acción altruísta de González apenas asume, es renunciar a su sueldo de vicepresidente, porque según su parecer, "no podía cobrar por algo a lo que el pueblo lo había elegido. Desempeñar la vicepresidencia es todo un honor y si se desempeña bien, el prestigio tendrá más valor". En 1928, Yrigoyen vuelve a ganar las elecciones y González es designado Ministro del Interior. Sin embargo, la figura de Yrigoyen, ya anciano, era rechazada por algunos sectores, llamados "antipersonalistas", contrarios justamente al manejo del país del caudillo radical. En 1930, el General José Félix Uriburu, a través de un golpe de estado derroca el 6 de septiembre al presidente radical. Ese día, González regresaba a su casa, en el barrio de Palermo y, al ser abordado por las fuerzas del orden, exclamó al soldado que lo iba a detener :"Cumpla con su deber". Fué trasladado al Departamento Central de Policía y de allí a la Penitenciaría Nacional. Al llegar a prisión, le ofrecen un armario para guardar sus pertenencias personales, a lo que él pregunta si esa "atención" era para todos por igual. Le responden que es por su carácter de ex vicepresidente. Ante la respuesta, rechaza el mueble, argumentando que no tiene privilegios allí dentro. Unos días después, lo subieron al mismo barco que llevaría a Yrigoyen a la Isla Martín García, dónde estuvo preso 2 años en la cárcel que funcionaba allí. Al salir de prisión, González estaba en la ruina, prueba de ello es su patrimonio declarado en 1916, que ascendía a $ 350.000 y, en 1930 tenía $ 65.000 de deuda. Algo impensado para cualquier político, cuya particularidad cuándo están en la función pública es el incremento de su patrimonio. Su negativa a percibir su ingreso lo llevó a tal situación. Acudió en su ayuda su amigo Germán Ortkras (dueño de fábrica de las famosas añilinas "Colibrí", al ofrecerle pagar la jubilación de vicepresidente que había rechazado, a lo que González se negó rotundamente). Sin embargo, aceptó trabajar para la empresa, en la sección deudores morosos. Muchos radicales no pagaban adrede para recibir la carta de intimación firmada por González, porque lo admiraban. Su situación económica había empeorado al ser rematada su casa por no poder afrontar la hipoteca de la misma. Alquilaba un modesto cuarto en una pensión (en la que había vivido en su juventud). Viajaba en tranvía a su trabajo y siempre terminaba discutiendo con el chofer, pues no le quería cobrar el boleto. Al fallecer su madre, él mismo debió subir a la carroza fúnebre, porque no podía pagar quién la conduzca. La desesperación se incrementó cuando, debido a la ampliación de la Avenida 9 de Julio, se enteró que iban a demoler la pensión dónde vivía. Contactó al capataz de la obra y le pidió que demorara esa acción hasta que pudiera conseguir un nuevo lugar. El hecho de ver al ex vicepresidente en la miseria, vendiendo en la calle a veces, hizo que esa noticia llegara a los oídos del presidente Agustín P. Justo, quién envió a su secretario a la pensión donde estaba González (el día del desalojo) con un sobre de dinero. "Se lo dejo. Es la orden que tengo del General Justo, quién le envía además un afectuoso saludo" le dijo. Al recibir el sobre, Elpidio notó que había muchos billetes de $ 1000. Inmediatamente, salió a correr al mensajero para devolvérselo. "Felizmente lo alcancé al señor que me la había dejado y se lo devolví. No lo quería recibir de vuelta. Tuve que ponerme muy serio y decirle que no iba a permitir que me ofendiera así el Presidente ni nadie, por más buena voluntad que hubiera de por medio". Así era Elpidio González, mezcla de humildad y orgullo también. Se había dejado la crecer la barba, blanca y prolija, para pasar desapercibido mientras vendía en la calle. Pero fué imposible, todos sabían que esa hombre mayor, de barba blanca, amable, de traje oscuro, era quién hace pocos años había sido vicepresidente. En una oportunidad, un transeúnte que lo reconoció, le dijo : "Cómo es posible que usted deba pasar éstas vicisitudes...!!" Elpidio respondió : "Ninguna vicisitud... es lo que corresponde". En 1938, el diputado Adrián Escobar, basándose en su caso, presentó un proyecto de ley para otorgar una pensión vitalicia de $ 3000 a ex presidentes y $ 2000 para ex vicepresidentes. El entonces presidente Roberto Ortiz, promulgó la ley. Su vecino de la pensión, al enterarse lo fué a felicitar : " ! Don Elpidio ¡ $ 2000 ¡¡ Ya tiene su jubilación de vicepresidente ¡¡ Muy sereno, contestó : "No... yo no puedo aceptar eso. Mientras tenga 2 manos para trabajar, no necesito limosnas". Decidió entonces escribirle. el 6 de octubre de 1938, al presidente para comunicarle su rechazo : "Habiendo sido promulgada la ley que concede una asignación vitalicia a los ex presidentes y vicepresidentes, considero dejar constancia al señor presidente, en su carácter de Jefe Supremo de la Nación, a cargo de la Administración General del país, de mi decisión irrevocable de no acogerme a los beneficios de dicha ley..." Termina la carta diciendo : "... Confío en que, Dios mediante, he de poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República, por cuya grandeza he luchado y que, si alguna vez he recogido amarguras y sinsabores, me siento recompensado con creces por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi Patria". Ortiz insistió en ayudarlo al ofrecerle una vivienda para que se instalara. También se negó. Su última participación política fué en 1946, al participar de la campaña electoral de la Unión Democrática que postulaba al binomio Tamburini - Mosca. La prensa se burló de él en caricaturas satíricas al llamarlo "Alpedio González". Finalmente esas elecciones consagraron a Perón. A comienzos de 1951 es internado por una dolencia en el Hospital Italiano y, permaneció allí 6 meses... porque no tenía donde vivir. Falleció el 18 de octubre de 1951, a los 76 años y fué velado en el Comité Nacional de la UCR. Sus restos descansan en el Panteón de Caídos de la Revolución del ´90, en el Cementerio de La Recoleta. Pocos días antes de morir, redactó su última voluntad y testamento (que no fué tal, ya que no le quedaba ninguna pertenencia). Pedía "ser enterrado con toda modestia como corresponde a mi carácter de católico, como hijo del seráfico padre San Francisco de Asís, a cuya tercera orden pertenezco. Suplico con amor de Dios la limosna del hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos en perdón de mis pecados y en sacrificio de mi alma". Elpidio González, ejemplo de honestidad y espejo donde debería mirarse la clase política, más allá de cualquier bandería. Cuántos políticos como éste harían falta para una sociedad mejor. Rechazó todas las "ayudas" estatales por considerar que no correspondía aceptarlas. Tal era lo inadmisible de la situación que, a partir de su caso, fué creada la pensión vitalicia de ex presidentes y vicepresidentes que aún hoy se sigue percibiendo. Un pensamiento suyo, en el final de sus días, sirve como corolario de ésta nota : "La comunidad nos debe merecer respeto y sacrificio y cada individuo debe darle lo que pueda de sí". Rescatarlo del olvido y mostrar su ejemplo, es el mejor homenaje a su memoria...

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