REMEDIOS DE ESCALADA, A LA SOMBRA DE SAN MARTÍN...

Un dicho de antaño, ya pasado de moda debido a los tiempos que corren, dice que "detrás de un gran hombre hay una gran mujer". Tal dicho luego mutó, gracias al empoderamiento femenino de éstos años, en "al lado de un gran hombre, hay una gran mujer". Éstos conceptos patriarcales dominaron los siglos anteriores, dónde el rol de la mujer era desvalorizado. Nuestros 221 años de Patria así lo confirman, con especial énfasis en los siglos XVIII y XIX. Y si la mujer de la que nos referiremos hoy fué la esposa del prócer más importante del país, la situación planteada se acentúa. La protagonista es María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y Quintana, a quién la historia vernácula recuerda como Remedios de Escalada, esposa del General José de San Martín, nacida el 20 de noviembre de 1797. Su figura ha quedado eclipsada en la historia por el enorme aporte e importancia del "Padre de la Patria". Era hija del matrimonio en segundas nupcias de su padre Antonio José de Escalada y Sarría, acaudalado personaje de la época, con fortuna y prestigio social y, más adelante, activo participante en las gloriosas gestas de la Semana de Mayo que desembocó en la Revolución y de Tomasa Francisca de la Quintana Aoiz Riglos y Larrázabal. Semejante acumulación de nombres y apellidos para identificar a alguien, habla de la alcurnia y riqueza de ambas familias. Según el árbol genealógico de la familia, Remedios era descendiente del conquistador español Domingo Martínez de Irala, quién en la colonización americana estuvo apostado en lo que hoy es Paraguay. Tenía 2 hermanos mayores, Manuel y Mariano y una hermana menor, María de las Nieves. Remedios fué criada rodeada de lujos, prueba de ello era su imponente casa, que tenía paredes tapizadas en damasco de seda (no había éste elemento en Buenos Aires), ventanas con pesados cortinados, el piso cubierto de gruesas alfombras importadas de Europa, espejos venecianos y pinturas traídas del Alto Perú y Quito. Era la "mimada" de su padre al ser la hija mayor de las mujeres. Tocaba el piano, cantaba y hablaba francés. Todos los domingos acompañaba a su madre a misa, yendo en un carruaje y luciendo prendas y zapatos finos. Su padre, Canciller de la Real Audiencia, tenía muchísimos contactos e influencias y realizaba frecuentes reuniones en su casa, siempre apoyando con su dinero a las causas independentistas. En una de esas tertulias, en marzo de 1812, Remedios (que aún tenía 14 años), conoce a San Martín. El Libertador había llegado unos días antes (el 9 de marzo) desde Europa (viajando durante 2 meses), dónde luchó al servicio de España contra Napoleón, en la fragata "Canning", junto a su amigo, Carlos María de Alvear, quién lo contactaría con la alta sociedad porteña. Había partido a los 6 años a España (por lo que tenía un marcado acento español al hablar) y 28 años después, volvía. Tocaba la guitarra y sabía bailar, requisito indispensable éste último para asistir a esas reuniones. Hubo "flechazo" mutuo, a pesar de la diferencia de edad (34 él y 14 y medio ella). Comenzaron su noviazgo, pero Doña Tomasa, su suegra, no estaba para nada de acuerdo con la relación, ya que no toleraba la condición de soldado de su futuro yerno, a quién llamaba despectivamente "soldadote" o "plebeyo". En una ocasión, al concurrir a cenar a la casa de los Escalada, su ayudante militar fué enviado a comer a la cocina. Indignado, San Martín se levantó y se fué a comer junto a su edecán allí. Tal fué el impacto que el Libertador causó sobre Remedios que, ella rompió el compromiso que tenía con Gervasio Dorna, un joven de 22 años que, ante la decepción amorosa, se alistó en el Ejército del Norte al mando de Belgrano y, moriría al año siguiente en la Batalla de Vilcapugio, dónde las fuerzas patriotas fueron derrotadas. Tras 6 meses de noviazgo, se casaron el 12 de septiembre de 1812 en la Iglesia de La Merced, siendo testigos su amigo, Carlos María de Alvear (quién ya era sargento mayor de Granaderos) y su esposa Carmen Quintanilla. Dos meses después, el 12 de noviembre, se realizaría el matrimonio solemne en la Catedral de Buenos Aires, siendo el sacerdote Luis José Chorroarín el encargado de la ceremonia. Fueron padrinos Francisco Antonio de Escalada (tío de la novia) y María del Carmen Sobremonte (hija del virrey). La fiesta se llevó a cabo en la casa de los Escalada y la luna de miel en una quinta en San Isidro, propiedad de la familia. Luego de ello, Remedios volvió a su casa paterna, ya que San Martín debía asumir sus funciones militares en el Regimiento de Granaderos a Caballo, creado el 16 de marzo (1 semana después de desembarcar en Buenos Aires), por lo que estuvieron separados largas temporadas. Apenas llegado a suelo patrio, le habían reconocido su grado militar que tenía en España, teniente coronel. Fué la Batalla de San Lorenzo un puntapié inicial de su "separación", ya que en enero de 1813, con 125 soldados partió a Santa Fé para proteger sus costas, pues el ejército realista remontaba el Río Paraná, asolando las poblaciones ribereñas. El 3 de febrero, los Granaderos vencen a los realistas en San Lorenzo (la reyerta duró 15 minutos, por eso algunos historiadores dudan en calificarla como batalla y la llaman combate). Ese triunfo convenció a las autoridades de las Provincias Unidas del Río de la Plata a enviarlo a Tucumán para hacerse cargo del Ejército del Norte, que dejaba Belgrano. Remedios ahora sí, quedaba sola. Pudieron reunirse nuevamente el 10 de agosto de 1814, cuándo San Martín es designado Gobernador de la Intendencia de Cuyo. Con 17 años, ella se incorpora activamente a la sociedad local mendocina para ayudar a su esposo en las tareas de organización del Ejército de Los Andes, para las campañas en Chile y Perú. Para tal fin, convocó a eventos sociales, charlas y tertulias para convencer a familias importantes y pudientes para contribuir con la causa. Promovió la entrega de joyas personales de las damas y, obtuvo el compromiso de ellas para persuadir a sus maridos, pues en esa época las mujeres no eran dueñas de su dinero, pero eran las consejeras de ellos a la hora de decidir una inversión. El matrimonio vivía en una casa que el Cabildo le había alquilado a la familia Delgado y, puede decirse que fueron los años felices de la pareja, ya que frecuentemente visitaban los locales ubicados en la famosa Alameda Mendocina, compartiendo café, chocolates y comidas, además de vincularse con los vecinos del lugar. Una Nochebuena, reunidos en la casa de Manuel de Olazábal, San Martín sugiere que el Ejército de los Andes debe tener una bandera, pues carece de ella y pone como plazo tenerla para la celebración de Reyes Magos. Remedios, rápida de reflejos, "recoge el guante" y pone manos a la obra para su confección. Con otras damas de la ciudad, Dolores Prats, Margarita Corvalán, Mercedes Álvarez y Laureana Ferrari, amigas suyas, recorrieron las calles mendocinas buscando el color adecuado y seda de color carne, para las manos del escudo (el diseño ya lo tenían en mente). Finalmente, en una pequeña y austera tienda, consiguen la tela (que fué de sarga, porque no tenían seda). La propia Remedios cose la bandera, de dos abanicos, usando lentejuelas de oro, perlas de un collar de ella y, de una roseta de diamantes, sacó las piedras para el sol del escudo. El 5 de enero, tal como quería su esposo, la bandera estaba lista : dos franjas o mitades, una blanca y otra azul turqui, de sarga y, el escudo en el centro, bordado en seda. Remedios, con las Patricias Mendocinas, no sólo confeccionó la bandera, sino que con lo que recaudó en eventos sociales, contribuyó para el armamento y equipamiento de las fuerzas patriotas. La alegría de la pareja se completa con el nacimiento, el 24 de agosto de 1816, de su única hija, Mercedes Tomasa, bautizada para la historia nacional como "Merceditas". En 1817, el Ejército de los Andes parte en su misión libertadora y Remedios vuelve a quedar sola, con 19 años, una hija y una incipiente tisis (variante de la tuberculosis que afecta sus pulmones). Su cuadro médico se agravó y, por consejo médico (el clima mendocino no le favorecía) regresó a Buenos Aires el 16 de marzo de 1819. Temeroso por la anarquía reinante en el país, San Martín le pide a Belgrano que le asigne una custodia en el trayecto desde Mendoza a Rosario. El General José María Paz lideró tal custodia. Sin embargo, tan grave estaba Remedios (el embarazo y el parto habían empeorado su salud), que llevaron un ataúd por las dudas ocurriera lo peor. Se instaló en la casona de sus padres, en contra de su voluntad, ya que quería quedarse en Mendoza, porque temía lo que finalmente ocurriría : no volver a ver a su esposo. Estuvo 4 años en Buenos Aires, los últimos días los pasó en una quinta familiar ubicada en Parque de los Patricios y falleció el 3 de agosto de 1823, a los 25 años. San Martín, había sido avisado el 30 de junio, estando en Chile, de la gravedad de su esposa, pero los unitarios "se la tenían jurada" para asesinarlo y no pudo llegar a tiempo. Finalmente, de incógnito y sin escolta, llega a Buenos Aires el 4 de diciembre. Al llegar a la casa de su suegra (Antonio Escalada había muerto en 1821), tuvo una agria disputa con ella, con la que no se hablaba, por la tenencia de Merceditas. Haciendo uso de su potestad como progenitor, se llevó a su hija a Europa, el 10 de febrero de 1824, gracias a un pasaporte que el mismo Rivadavia, enemigo suyo, le otorgó para salir del país  (su vida peligraba y no podía quedarse). Lo cierto es que los Escalada jamás le perdonaron a San Martín el "abandono" de su esposa por su carrera militar y, también el sufrimiento de su hija que, en su enfermedad, clamó por él hasta el último día de vida. La más tenaz opositora era su suegra, pues Antonio Escalada era más conciliador y sus cuñados Manuel y Mariano se alistaron en el Regimiento de Granaderos a Caballo y fueron excelentes combatientes. Remedios fué sepultada en el Cementerio del Norte (hoy Recoleta) y San Martín dispuso la construcción de un mausoleo en mármol. En su lápida reza : "Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del General San Martín". Hoy, cientos de calles, barrios, plazas, escuelas y varias ciudades la recuerdan llevando su nombre. Remedios de Escalada apenas vivió un cuarto de siglo, su vida quedó signada y dependiente de la inmensa figura e importancia de su marido, pero supo desplegar su rol de colaboración en ese momento con capacidad y destreza. En su adolescencia ya tenía poder de convicción, su menudo aspecto y cautivadora sonrisa ayudaban. Pero no era casualidad, ya que su padre la instruyó, pues adhería y formaba parte de la Sociedad Patriótica, de pensamiento "morenista y revolucionario". Se habló de arreglo matrimonial, alianza estratégica, amor adolescente, de infidelidades aprovechando distancia y ausencia... todas las hipótesis son válidas... nuestros próceres, ante todo, eran humanos y no siempre su bronce brillará en todos sus aspectos. Lo real es que Remedios, entre presencias y ausencias apenas convivió 4 años con San Martín... y quedará en nuestra memoria para siempre como la esposa del "Padre de la Patria".


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