ROSARIO VERA PEÑALOZA, LA MAESTRA DE LA PATRIA

 Vocación... palabra muy utilizada en discursos, pensamientos o declaraciones. Es entendida como una inclinación o interés para dedicarse a una determinada forma de vida o determinado trabajo. Para ello, debe existir pasión, dedicación, esmero, en la tarea llevada a cabo (si nos referimos al trabajo). Cuándo ésto sucede, estamos frente a eximios profesionales que, pueden llegar a hacer grandes cosas y realizar enormes aportes si son apoyados. Alguien con verdadera vocación fué Rosario Vera Peñaloza, nacida el 25 de diciembre de 1873 en Atiles, cerca de Malazán (Departamento Rivadavia, hoy Facundo Quiroga), en los Llanos de La Rioja. Era la menor de las 4 hijas (un varón murió a poco de nacer) de Eloy Vera y Mercedes Peñaloza. Era nieta paterna de Francisco Nicolás Vera y Herrera, hacendado de la región y bisnieta materna de Nicolás Peñaloza que, de su primer matrimonio, tuvo al padre del "Chacho" Peñaloza (es decir, que el caudillo riojano tenía parentesco con ella). A los 10 años falleció su padre y, poco después su madre, por lo que, debido a su orfandad, fué criada por su tía, Jesusa Peñaloza de Ocampo. Fué enviada a estudiar la primaria a San Juan, ya que debido a la derrota federal en la zona en manos de los unitarios, no habían quedado escuelas en pie. Las secuelas de la guerra civil interna de nuestro país, llegaron a éstos extremos. Allí, en la tierra de Sarmiento, concurrió a uno de los colegios fundados por Mary Graham, una de las docentes que "el Maestro de América" trajo de Estados Unidos, para perfeccionar la educación nacional. En 1884, a los 11 años, vuelve a La Rioja e ingresa a la Escuela Normal (recién inaugurada y fundada por Annette Haven y Bernice Avery, también venidas de EEUU) y egresa en 1888 con el título de Maestra Normalista. Fué muy importante el aporte de éstos nuevos colegios, con éstos títulos, ya que permitía acceder a las mujeres que, tal vez no tuvieran los suficientes recursos, a tener un trabajo digno y su posterior ascenso social. Inmediatamente se va a Paraná a estudiar a la Escuela Normal de Profesores y se recibe con el título de Profesora Superior de Enseñanza en 1894, adquiriendo múltiples conocimientos para luego enseñar, por ejemplo : Ejercicios físicos, Dibujo, Trabajos manuales, Artes decorativas, Corte y confección, Grabado, Tejido en Telares y Modelado. Al año siguiente, con 22 años, ejerce como maestra en la primaria de la Escuela Modelo (dirigida por Felisa Latallada) y en la Escuela Normal de Profesores (dónde había egresado un año antes). Estaba feliz y orgullosa de su título y su trabajo y, lo expresaba diciendo : "Fuí con un puñado de ideales y otro de normas morales, he ahí el haber con qué los riojanos salimos a rodar tierra, dos valores para las luchas más arduas son las que llevamos del solar nativo". Estaba muy interesada en la educación preescolar, por lo que se inscribió en el Profesorado de Kindergarten, dónde fué alumna de Sara Chamberlain de Ecclestone, otra de las docentes venidas de Estados Unidos. Se trataba de los Jardines de Infantes, considerado el sustento de la educación primaria para los norteamericanos. Egresó en 1897 y, el Kindergarten (Jardín de Infantes, para nosotros) se desarrolló y diseminó en nuestro país, gracias a la iniciativa de Ecclestone. Rosario, como todas las profesoras egresadas, volvió a su provincia y, en 1900 fundó el primer Jardín de Infantes de La Rioja, como anexo a la Escuela Normal. Aquí también enseñó Castellano y Trabajo Manual a sus futuras colegas. En 1902 se realizó en el país el 1° Congreso Pedagógico Nacional, dónde Rosario estuvo encargada de la revisión de todos los planes de estudio existentes. Quería agregarles su impronta, sus ideas. Sin embargo, éstas innovaciones no eran bien vistas por los funcionarios de "escritorio" (mal que hasta el día de hoy nos acompaña), ya que en 1905, Leopoldo Lugones, que se desempeñaba como Inspector de Enseñanza Secundaria y Normal, elevó un informe adverso sobre los jardines de infantes, sosteniendo que los niños que concurrían eran "inferiores en mentalidad y, generalmente eran rezagados y fracasados, sin contar los casos de indisciplina". Lapidario por dónde se lo mire. Por ello, el Ministro de Instrucción Pública, Joaquín V. González, a pesar de ser comprovinciano de Rosario, aprobó el informe, agregando además que era costoso (debido a más sueldos y construcciones). Ésta mirada corta y subdesarrollada del Ministerio provocó la creación de la Asociación Pro Difusión del Kindergarten que, promovió la formación de las maestras jardineras como docentes (título que luego sería reconocido oficialmente). Se basaban en el "método froebeliano" (ideado por el alemán Federico Froebel), cuyos principios pedagógicos plantean que el niño aprende mediante su desarrollo armónico y espontáneo, por lo que requiere de una educación integral, armónica y progresiva, en espacios, abiertos, cerrados y de transición. Una especie de educación para el trabajo, ya que con los conceptos juego y trabajo, la educación tendrá como resultado gente activa, con ideales y comprometida. En 1906, es nombrada vicedirectora de la Escuela Normal de Córdoba, asumiendo la dirección al año siguiente, además de desempeñarse como docente en Matemática y Pedagogía. Pero su pasado la condicionaba, había un clima hostil hacia ella y decidió renunciar tiempo después. En 1910, año del centenario de la Revolución de Mayo, participa en el 1° Congreso Femenino Internacional, organizado por la Asociación Universitaria Argentina, cuyas principales referentes era la Dra. Cecilia Grierson, Julieta Lanteri (ambas fueron motivo de nota en éste blog anteriormente), Alicia Moreau de Justo y Elvira Rawson, entre otras. El objetivo era debatir la situación y el rol de la mujer y abogar por la obtención de derechos sociales, políticos y civiles. Rosario, por supuesto, disertó sobre el rol de la mujer en la educación. En 1911, vuelve a Córdoba (con la promesa de las autoridades de un cese de hostilidades a ella) como Inspectora de Educación Física y como Directora de la Escuela Normal Provincial Alberdi, dónde fundaría luego un jardín de infantes. Sin embargo, las promesas no se cumplen y, desde un escritorio metropolitano, la separan de sus cargos. Un aluvión de respaldos recibió ante tamaña injusticia y, para compensar (además de la presión popular) es designada, en 1912, Directora de la Escuela Normal "Roque Sáenz Peña" de Capital Federal (cuándo ingresó, la matrícula era de 227 alumnas y, al irse 5 años después, había 1500). También dirigió la Escuela Normal N° 9 "Domingo F. Sarmiento". En 1917, fué dejada cesante de sus cargos (era presidente Yrigoyen). Pero siempre tenía un as en la manga, porque a pesar de los desaires ministeriales, su prestigio estaba intacto y su capacidad era muy reconocida. Por ello, Carlos Biedma, le propone colaborar en la creación de la Escuela Argentina Modelo, inaugurada en 1918 y, que ponía énfasis en la educación primaria. Tal era su vocación que, ad honorem, reemplazaba a cualquier profesor que faltara, dados sus múltuples conocimientos académicos. En 1924, el presidente Marcelo T. de Alvear quiso enmendar la injusticia ocurrida en el gobierno de Yrigoyen y la nombró Inspectora de Enseñanza Secundaria normal y especial, puesto que ocupó hasta 1926 cuándo dejó el cargo por problemas de salud y se jubiló. Lejos de retirarse a descansar, comenzó a viajar por el país para asesorar a funcionarios, maestros y vecinos sobre problemas de educación y cultura. También elaboró planes de estudio innovadores, fundó bibliotecas y organizó congresos pedagógicos. Tenía visiones y objetivos superadores, ya que impulsaba una enseñanza popular, cuestionando la burocratización del sistema educativo. Formó parte de las Sociedades Populares de Educación, que promovían la fiscalización de la labor docente para quebrar el aislamiento de la escuela pública, dónde padres y maestros solo se veían las caras cuándo había alguna queja. En 1931, el Consejo Nacional de Educación le asignó la creación del Museo Argentino para la Escuela Primaria (hoy Complejo Museológico del Instituto "Felipe Bernasconi"), compuesto por 12 salas, entre las que se destacaban la de preparación de dulces, trenzados, danzas folklóricas y música autóctona. El armado se basó en la geografía (en éste caso, local) como base de la enseñanza. Fué su máximo orgullo. En 1934 se realizó el Congreso Nacional sobre Analfabetismo, impulsado por Rosario, dónde se trataron temas como los factores que lo causaban, el plan para combatirlo, las acciones de los particulares y el Estado y los medios para hacer cumplir la obligatoriedad de la educación. Adhirió a una corriente progresista, llamada "Escuela Nueva", que proponía retirar el centro de atención de las manos del  docente y del sistema, para que fuese el alumno, específico consumidor de la enseñanza, quién tuviera mayor protagonismo y libertad. Debido a sus actividades vivía en Buenos Aires, para movilizarse cómodamente. En febrero de 1950 le diagnosticaron cáncer de útero, sin embargo lo tomó con calma. En mayo la invitaron a Chamical (La Rioja) para la inauguración de un jardín de infantes que llevaría su nombre. Ese día estaba feliz, incluso bailó una zamba, pero el trajín y el esfuerzo físico pudieron más que ella. Visiblemente descompuesta la llevaron a la casa del Dr. Jorge Vera Vallejos, buscaron a un médico, el doctor César Vera Barros, quién aconsejó internarla. La llevaron en carruaje a La Rioja al Sanatorio Modelo. Allí comenzó con hemorragias, pero pudieron estabilizarla, momentáneamente. Resignados al avance del cáncer terminal, la trasladaron a la casa de su sobrina, Estelita Peñaloza, ubicada frente al sanatorio. En sus últimas horas, sus 2 sobrinos varones preocupados por los problemas que pudieran surgir por si alguien quisiera publicar sus libros (eran 25 y estaban inéditos), con el consentimiento de Rosario, llamaron un escribano y ella hizo su testamento, dónde donó todo. Un párrafo decía : "No teniendo herederos forzosos, renuncio a mis derechos de autor, en beneficio de alguna entidad nacional, provincial o privada (en La Rioja los recibió la Junta de Historia y Letras). Murió el 28 de mayo de 1950, a los 77 años. Durante su prolífica vida docente ocupó 22 cargos públicos y, entre sus libros (editados después de su muerte), se destacan ; "El Kindergarten en Argentina", "Los hijos del sol", "Pensamientos breves sobre juegos educativos", "El hombre que rehusó el Olimpo" y "Enseñanza práctica de la geometría en la Escuela Primaria", entre otros. Cientos de escuelas en el país llevan su nombre y, su casa natal es monumento histórico provincial, poseyendo más de 150 morteros indígenas y 1 árbol de más de 400 años. Desde 1972, por ley, el 28 de mayo, día de su fallecimiento, se celebra el Día de los Jardines de Infantes y, desde 2014 (por ley 27.053), esa misma fecha es el Día de la Maestra Jardinera. El Instituto Sanmartiniano le otorgó el 1° premio póstumo, por su obra "Credo Patriótico" y una condecoración por el ensayo "Vida del General San Martín para niños". Una calle de Puerto Madero (dónde todas tienen nombres de mujeres) la recuerda. Ariel Ramírez y Félix Luna le compusieron una zamba llamada "Rosarito Vera, maestra". Ocupó todos los cargos posibles : Maestra jardinera, de grado, profesora, directora, vicedirectora, supervisora, inspectora, capacitadora pedagógica de enseñanza primaria y media, de carácter público y privado. Siempre pregonó la coherencia entre la pedagogía y práctica del aula, con propuestas reformistas y novedosas. Cuando la autoridad ministerial denostó los jardines de infantes, contraatacó diciendo : "La actividad creadora y el logro del conocimiento se llega a través del juego y de la exploración, la agudización de los sentidos, la expresión oral a través de la narración creativa de los niños y de la literatura infantil, el uso de las manos como herramientas creadoras. Es así como trabajamos, aunque parezca que jugamos". Rosario Vera Peñaloza, llamada con justicia "La Maestra de la Patria", consideró la infancia como el tiempo por excelencia para la formación de los seres humanos y reconoció el valor del juego y la libertad como promotor del ocio creador. Tuvo infinidad de obstáculos para imponer sus ideales, sacrificó su vida personal en pos de sus objetivos y la burocracia ministerial de escritorio no pudo con ella. Los niños de nuestra Patria, agradecidos.

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