DR. SALVADOR MAZZA, EL MÉDICO QUE NO FUE PROFETA EN SU TIERRA

Tal vez una de las profesiones más altruístas de las personas sea ejercer la medicina. Hay sobradas muestras en nuestro país de mujeres y hombres médicos, cuya vocación en sus distintas especialidades, los han hecho sobresalir y destacarse y, todo ello tras un mismo objetivo : el bienestar general de las personas. Es el caso de nuestro protagonista de hoy, el Doctor Salvador Mazza, nacido en Buenos Aires el 6 de junio de 1886. Sus padres, Francesco Mazza y Giuseppa Alfise, eran inmigrantes italianos de la región de Palermo, en Sicilia, que llegaron al país en la segunda mitad del siglo XIX, con la oleada inmigratoria que pobló nuestro suelo en esa época. Pasó su infancia en la localidad bonaerense de Rauch  e ingresó en 1896 al Colegio Nacional de Buenos Aires. Egresado de allí, quiso entrar en la Escuela de Marina de Guerra Argentina, pero fué rechazado al no pasar la revisión médica. Éste hecho, que frustró una vocación, despertó otra, la medicina. Quedó "con la sangre en el ojo" y, se anotó en Universidad de Buenos Aires, para graduarse de médico en 1910, a los 24 años, especializándose en bacteriología, química analítica y patología. Inmediatamente trabajó de Inspector Sanitario y realizó campañas de vacunación y profilaxis en la ciudad. Al año siguiente, logró su doctorado en medicina y, su tesis se refería a las "Formas cutáneas y nerviosas del aracnidismo", que traducido para que se entienda, eran los efectos de la picadura de arañas en los humanos. Más tarde se incorpora como ayudante rentado del Instituto Nacional de Bacteriología (hoy Instituto Malbrán), bajo la dirección del prestigioso Dr. José Penna, quién luego sería reemplazado por el bacteriólogo alemán Rudolf Kraus. Éste le encomendó a Mazza la organización de un lazareto (un hospital en lugares aislados para tratar enfermedades infecciosas) en la isla Martín García, dónde los inmigrantes que venían de Europa y Medio Oriente debían hacer cuarentena por si traían alguna enfermedad. Allí detectó portadores sanos del cólera. Por su gran labor, pudo cumplir a medias con su otra vocación y, se incorporó al cuerpo médico del Ejército como Teniente 1° Médico. En ese interín, conoció al Dr. Carlos Ribeiro Justiniano Das Chagas, quién  había descubierto la enfermedad que llevaría su nombre. Fué en 1909, cuándo Chagas investigaba el paludismo en Minas Geráis, que halló en la sangre un parásito, el Trypanosoma, al que le agregó el término "Cruzi", en honor del epidemiólogo brasileño Oswaldo Cruz y, vinculaba éste parásito con diversas alteraciones clínicas. En 1912, Chagas expuso su descubrimiento en Buenos Aires, pero equivocadamente asoció la presencia del parásito con alteraciones en la glándula tiroidea. No le perdonaron  el error, fué criticado con ferocidad y, por ello su descubrimiento fué ignorado por años. Pasó el tiempo y, en 1920, Mazza es nombrado Director del Laboratorio Central del Hospital Nacional de Clínicas y profesor suplente de la cátedra de bacteriología a cargo, nada menos que del Dr. Carlos Malbrán. Al renunciar éste a la cátedra, Mazza quedó como titular. En 1925  asume como Director del Laboratorio y del Museo del Instituto de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Se dedicó a estudiar enfermedades endémicas del interior del país, perfeccionándose en París, Berlín, Hamburgo y Londres. También, trabajó en filiales del Instituto Pasteur en Argelia y Túnez, dónde conoció al prestigioso entomólogo y bacteriólogo francés, Charles Nicolle, quién sería su mentor. A raíz de ello, por gestión de Mazza, el Dr. Nicolle es invitado al país por el Departamento Nacional de Higiene y, juntos recorrieron el país investigando la brucelosis, el tifus exantemático y la leishmaniasis tegumentaria americana (todas enfermedades endémicas, de la zona). Mazza tenía un gran proyecto, pero no tenía apoyo ni adeptos, por ello fué fundamental la adhesión de una eminencia como el Dr. Nicolle, para crear un instituto para la investigación y diagnóstico de las enfermedades endémicas americanas. Él sugirió que fuera en el interior y no en la capital, para evitar la burocracia y movimiento de la gran ciudad. Así, en 1926, se funda, la Sociedad Científica de Jujuy, con filiales en todo el país. Fué el puntapié inicial para que, en 1928, se diera forma, en Jujuy también, al M.E.P.R.A. (Misión de Estudios de Patología Regional Argentina). organismo de extensión universitaria, dependiente del Instituto de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la UBA. Allí realizaban estudios de laboratorio para los casos clínicos, jornadas de extensión universitaria y experimentos con animales. Junto a él se instaló su esposa, Clorinda Brígida Razori, otro pilar fundamental de su labor. En 1930, el MEPRA sacó un boletín científico (llegó a los 72 números), pues poseía un equipo médico multidisciplinario de gran calidad. Inquieto y trabajador como era, consiguió que le hicieran un vagón de tren, diseñado por él, equipado con laboratorio y consultorio, al que llamó E-600. A bordo de él, recorrió el país, realizando 11 viajes por todo el NE (dónde más están expandidas éstas enfermedades), llegando a Bolivia, Brasil y Chile. En esos viajes, detectó el 1° caso de leishmaniasis (que afecta la piel y mucosa y es transmitida por la picadura de un mosquito), diagnosticó 1000 casos de otras enfermedades. Era muy hábil ante la adversidad y carencia, llegando a hacer una autopsia en el suelo en plena toldería indígena y realizó una punción lumbar en una carpa. También enseñaba cuidados en las villas periféricas. Pero el vagón fué su hospital ambulante y, fué entonces que retomó los estudios iniciados por Chagas respecto al Trypanosoma cruzi. Pudo establecer que el vector que transporta el parásito es la vinchuca (Triatoma infestans), explicando que el parásito (microscópico) comienza su ciclo biológico en el tubo digestivo de la vinchuca, para finalizarlo en la parte terminal del intestino del insecto. Al picar y succionar la sangre en el ser humano, expulsa el parásito sobre la piel. la picazón y rascado posterior facilitan su penetración e ingreso en el torrente sanguíneo. Mazza aisló el germen o parásito (sacado de las heces de la vinchuca), lo asoció con manifestaciones y lesiones que se revelan y reprodujo la enfermedad en un animal, para obtener la cura (a pesar de la utilización de animales, en esa época eran los pasos clásicos para neutralizar una enfermedad infecciosa). Si se la diagnostica a tiempo, en su primera fase (leve), los antibióticos recetados para tal fin pueden curarla. Pero si llega a la segunda fase (más compleja) provoca lesiones en el corazón, aparato digestivo y sistema nervioso central. La enfermedad estaba descubierta con los aportes de Carlos Chagas, primero y Salvador Mazza, después. Por lógica y sentido común, se determinó que era una enfermedad de índole socioeconómica, vinculada a la pobreza y el subdesarrollo, ya que hay una relación directa entre la proliferación de insectos y las viviendas precarias, dónde pueden establecerse, alimentarse y multiplicarse. Ésto significaba que debían eliminarse las viviendas rancho de las zonas rurales (tarea que los gobiernos no se preocupaban en hacer en esa época) y, Mazza fué visto como una especie de "enemigo", ante sus pedidos de erradicación que los gobernantes no cumplían, siendo ésto negativo para sus fines electorales. Chagas lo había manifestado antes, cuando lo ignoraron en su patria y fue denostado en Argentina : "Hay un designio nefasto en el estudio de la "Trypanomiasis". Cada trabajo, cada estudio, apunta un dedo hacía una población malnutrida que vive en malas condiciones. Es un problema económico y social, los gobernantes son incapaces de resolverlo. Hablar de ésta enfermedad, es tener los gobiernos en contra". Sin embargo, Mazza siguió con su incansable trabajo y, debido a su prestigio internacional, pudo contactar en 1942 a Alexander Fleming, el descubridor de la penicilina, para producirla en el país. Le enviaron los antígenos y, con su brillante equipo del MEPRA, produjo dosis de ésta droga que, al ser enviada a Europa para su control, se comprobó una calidad del 95 %.  Argentina estaba en condiciones de producir penicilina a nivel local, aprobada su producción por el mismo Fleming. Pero el obtuso gobierno de facto del General Pedro Pablo Ramírez ignoró el descubrimiento del equipo de Mazza al negarle apoyo económico para producirla. Inadmisible e inaudito, para una época en que la penicilina no estaba disponible en el mundo, ya que la que había, se usaba en su totalidad en la 2° Guerra Mundial. En 1946, Mazza ya tenía publicados más de 400 trabajos sobre biología médica y enfermedades subtropicales y, a finales de ese año, viajó a Monterrey (México) a un Congreso Médico sobre Chagas y, obviamente él sería uno de los oradores (el Dr. Carlos Chagas había muerto en 1934). Antes del comienzo del mismo, el 7 de noviembre, se sintió mal y falleció producto de un infarto agudo de miocardio, a los 60 años. Fué sepultado en el Cementerio de Olivos. Con justicia, más tarde, el científico Carlos Fonso Gandolfo unió el apellido de él con el de Chagas para nombrar la enfermedad que ambos descubrieron : Mal de Chagas - Mazza (o trypanomiasis americana), La región norte del país lo honró fundando en 1951 la localidad de Salvador Mazza, la ciudad más norteña del país, en Salta. La muerte de Mazza caló hondo en el MEPRA, que perdió a su principal impulsor y, el instituto se fué desdibujando de a poco. Finalmente, el 16 de mayo de 1959, el MEPRA fué disuelto por resolución del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. Se perdieron o fueron destruídos todos sus preparados y archivos de investigación, fruto de 20 años de trabajo. Gracias a Mazza (y anteriormente a Chagas), se visibilizó ésta enfermedad que, sin embargo es subvalorada por falta de conocimiento, implicancias y consecuencias. En nuestro país hay más de 2 millones de infectados, de las cuáles 400.000 son cardiopatías y, según la Organización Mundial de la Salud hay entre 6 y 7 millones de chagásicos, la mayoría en América Latina, con una atención deficiente. Salvador Mazza era un hombre de contextura menuda (tenía 1,60 metros), de pelo rizado y ojos achinados, acompañados de una miopía avanzada, que lo hacía llevar anteojos con aumento, Sus extraordinarios estudios y descubrimientos fueron ignorados por su país, dando razón al dicho de que "nadie es profeta en su tierra", porque el Chagas-Mazza nunca fué prioridad para los gobiernos, ni tampoco lo fueron las regiones vulnerables del norte (algo que hasta el día de hoy, ningún gobierno atendió).  Tal vez, el escritor uruguayo Eduardo Galeano lo resuma mejor : "No estalla como las bombas, ni suena como los tiros. Como el hombre, mata a los callados, a los que viven condenados al silencio y mueren condenados al olvido. Tragedia que no suena, enfermos que no pagan, enfermedad que no vende. El Mal de Chagas no es un negocio que atraiga a la industria farmacéutica, ni es tema que interese a los políticos ni a los periodistas. Elige a sus víctimas en el "pobrerío". Los muerde y, lentamente, poquito a poco, va acabando con ellos". Salvador Mazza cumplió su parte (la más importante de todas), la decisión para mejorar, quedará para los futuros gobiernos...

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