CAROLA LORENZINI, "LA PALOMA GAUCHA"

 Existen espíritus indomables, personalidades fuertes que, cuándo se deciden a concretar objetivos, sueños o realizaciones, no paran hasta conseguirlo. En el camino, se encuentran con infinidad de obstáculos, trabas o cualquier artilugio legal para impedírselos. Pero van siempre al frente, en detrimento. a veces, de su propia seguridad. Historias como la de éstas personas, merecen ser conocidas o rescatadas del olvido. Nuestra protagonista de hoy, Carolina Elena Lorenzini nació en Empalme San Vicente (hoy Alejandro Korn), Buenos Aires, el 15 de agosto de 1899, única descendiente mujer de Carlos Lorenzini y Luisa Piana, ya que, además tuvieron 7 hijos varones. Estudió en el Colegio de Señoritas de la zona hasta 4° grado. Compinche de sus hermanos, realizaba todo tipo de actividades, como salir a cazar o cabalgar (era muy buena jinete), en la zona rural aledaña al pueblo. También practicó, con éxito y destreza, varios deportes : tenis, basquetbol, pelota a paleta, remo y atletismo (imbatible en jabalina y salto, consagrándose campeona en 1925). A los 11 años comentó : " ¿ Si los pájaros vuelan, porqué no voy a poder volar yo ?, refiriéndose a un deseo personal que quería cumplir. En 1919, a los 20 años, ingresó a la Escuela Underwood, para estudiar dactilografía y taquigrafía de noche, mientras que durante el día trabajaba en una empresa de productos químicos, ayudando de esa manera a la economía de la numerosa familia. Cómo era muy aplicada en esa escuela, la recomendaron para ocupar un puesto en la Unión Telefónica, trabajo muy codiciado en esa época. Finalmente ingresó allí en 1923. Pero su deseo de volar seguía intacto y, por ello una amiga la conectó con el entrenador del aeródromo "Presidente Rivadavia" de Morón, Victoriano Pauna. Así, en 1930 realiza su vuelo de bautismo, sobrevolando con él por unos minutos la zona. Al aterrizar, Pauna le preguntó : ¿ "Se asustó ?, "en absoluto"  respondió ella. Fueron por más y, luego realizaron otro vuelo, ésta vez con acrobacias. El entrenador efectuó la misma pregunta al bajar : ¿ Se asustó ? "Nada", fué su lacónica y breve respuesta. A partir de ese momento comenzó a entrenar diariamente, levantándose a las 3 y media de la mañana, para tomar el tren de las 4 y llegar a las 5 a Morón (y caminar varias cuadras hasta el aeródromo).  El curso era costoso y, para afrontarlo tuvo que vender su bicicleta y todos los volúmenes de su preciado "Diccionario Enciclopédico". Así, con su sueldo y ese aporte extra pagó los $ 600 que costaba el curso. El militar José Cigorraga fué su instructor y, descubrió el talento y coraje que poseía Lorenzini y, en 3 meses (entre el 1 de agosto y el 4 de noviembre de 1933) obtuvo el carnet de Piloto Civil Internacional N° 436, al acreditar 20 horas de vuelo. Tenía 34 años y, un par de años antes se había hecho socia del Aero Club Argentino, para poder volar. El día que hizo el vuelo que acreditaba su carnet, expresó : "Soy la esposa del aire, de los espacios", demostrando su enorme pasión. Sin embargo, no todo era color de rosas, ya que era continuamente apercibida en su trabajo por sus ausencias o llegadas tarde. Así fué que le prohibieron participar de un vuelo homenaje por la llegada del dirigible alemán "Graf Zeppelin", en 1934. En 1935, a bordo de un avión "Fleet 51" del Aero Club de La Plata, cruzó sola el Río de la Plata, siendo la primera mujer en hacerlo. Allí demostró su habilidad y valentía, ya  que la nave no tenía brújula y, al descender falló el altímetro, por lo tanto no poseía la información del punto de referncia dónde estaba y el lugar de aterrizaje. Lo hizo a pura intuición, con éxito.  En marzo de ese mismo año batió el récord sudamericano femenino de altura, en un avión Ae C-3, cabina cerrada, del Ejército, al llegar a los 5381 metros, volando durante 3 horas. Por tal hazaña, el Ejército le otorgó la medalla de oro. Un año más tarde volvió a hacerlo, desde el Aeródromo de Morón, ésta vez compitiendo con la piloto alemana Isabel Gladisz, que iba en otra nave. Salieron con diferencia de más de 1 hora (Lorenzini salió a las 7:45 y Gladisz a las 8:55). Ambas llegaron y volvieron, aunque Lorenzini lo hizo después que la alemana porque tuvo que hacer varias escalas, por las condicones climáticas. A esa altura ya no era Carolina Elena, sino Carola Lorenzini, así la conocían popularmente. En 1938, con chapa para hacer peticiones, le solicitó al Comandante de Aviación del Ejército, un avión Fokker Wulf, para participar en competencias aéreas. Por supuesto, le fué concedido.  Con esa nave, participó, el 21 de agosto, en una prueba de regularidad que unía las localidades de Seis de Septiembre,  Lobos y San Vicente, realizando un recorrido en triángulo volviendo al punto de partida. Lorenzini, compitió con otros 11 pilotos varones y ganó la prueba a bordo de un Focke Wulf, en 1 hora, 17 minutos y 30 segundos. Siguiendo con sus hazañas, entre marzo y abril de 1940, realizó un raid, visitando las 14 provincias constituídas hasta ese momento y 3 gobernaciones. Cada vez que llegaba, la esperaban multitudes y, ella los homenajeaba haciendo acrobacias (las había comenzado a practicar tiempo atrás, con un instructor).  También visitó países vecinos y, para ganar autonomía de vuelo, le agregaron un tanque suplementario de combustible en lugar de la otra butaca. Su fama había trascendido fronteras. Igual que la tenista Mary Terán de Weiss, al ser una deportista destacada, fué 2 veces tapa de la revista "El Gráfico" (cuyo 95 % de tapas eran protagonizadas por deportistas varones). Por su indumentaria particular, compuesta por botas y campera de cuero y bombachas de gaucho, se ganó el apodo de "La Paloma Gaucha". Sin embargo los problemas en su trabajo continuaban debido a sus ausencias y llegadas tarde. Por ello recibió un  ultimátum : debía optar entre seguir volando o su trabajo, a lo que contestó : "Las dos cosas me son igualmente necesarias, una, para comer, la otra para vivir". Había decidido y, luego de 16 años de estabilidad laboral, fué cesanteada. Siguió con su pasión, pero cada vez era más duro sobrevivir sin trabajo y, llegó a escribirle una carta al presidente Roberto Ortiz solicitándole un empleo. No obtuvo respuesta. Durante sus travesías, demostró su temple y perseverancia y, su viaje más accidentado ocurrió cuando volaba a Paraguay. Por desperfectos mecánicos su avión se precipitó a tierra, cerca de Posadas (Misiones), perdiendo en el accidente las alas y el tren de aterrizaje. Carola muy lastimada en un ojo y la nariz, logró con dificultad salir del avión (era una zona de esteros) y, caminó 6 horas hasta que encontró un choza y luego, a caballo cabalgó 1 día hasta que encontró un sitio dónde informar su caída. Ella lo narraba así : " Con mi ojo tuerto y mi nariz accidentada, con los pies que me hervían porque llevaba medias gruesas, caminé 6 horas hasta que encontré una casucha". Luego de ese accidente solía bromear diciendo : "¡ Qué jodido debe ser morir en una cama !". Al año siguiente, en 1941, obtuvo la licencia para vuelos públicos comerciales, siendo la 1° mujer en América del Sur en lograrlo. El 22 de noviembre de 1941, la Escuela de Aviación de nuestro país, invitó a un grupo de aviadoras uruguayas para agasajarlas como símbolo de confraternidad. Les realizaron una cena en Capital Federal y, un almuerzo al día siguiente en Olivos, para luego dirigirse al aeródromo de Morón. Carola, referente nacional de la aviación femenina, no fué invitada a ninguno de los dos ágapes. Pero había una razón, ya que ella estaba suspendida por 4 meses para hacer vuelos de acrobacia, por la Dirección General de Aviación Civil, por infringir reglamentos. Pero ella quería estar. Ese día dispusieron que, los vuelos estaban suspendidos mientras durara la visita y, por ello, los aviones fueron trasladados momentáneamente a la Dirección de Aeronáutica. Además, su avión había sido retirado anteriormente y llevado a la Base de El Palomar, para desarmarlo y hacerle una inspección y verificación técnica, como lo indica la normativa de aviación. Insistente, no bajó los brazos y le pidió al Ingeniero Noble, director del Aero Club, que le diera permiso para volar ese día, para homenajear a sus colegas. Tuvo éxito, ya que le consiguieron un avión Force Wulf FW44, matrícula LV-DDC del Ejército Argentino. Esa jornada sabatina quiso entrenar para estar preparada para el día siguiente, pero el mayor Cichetti, a cargo del aeródromo, se lo impidió, aduciendo una orden superior, además de no tener permiso y estar suspendida. La situación se destrabó a la noche, pero ya no había tiempo para entrenar. Ese domingo 23 de noviembre hacía mucho calor y, Carola, para despejar dudas de un "enfrentamiento" entre sus colegas, se fotografió con Blanca Modernell, Mirtha Vanni, Cecilia Cianciarullo, Laura Machado Bores y Cora Cours de Mahler, las agasajadas. A regañadientes, le dieron permiso para volar. Estaba nerviosa e impaciente, además de desentrenada. Pero, la pasión pudo más. A las 16 hs. levantó vuelo, se alejó unos 500 metros y comenzó a hacer maniobras, para luego hacer su favorita : el "looping invertido", en la que el avión quedaba ruedas para arriba. Pasó en vuelo rasante y, la multitud se tuvo que agachar, para luego aplaudirla. Recuperó su posición normal y, seguidamente quiso hacer otra acrobacia, dirigiéndose al este. Era otro "looping", pero haciendo girar un poco la nave. El motor rugió extrañamente y comenzó un descenso inevitable. Carola intentó una última maniobra para enderezarse, pero fué inútil. Al ver la tragedia que se avecinaba, faltando 100 metros, el público gritó desaforadamente y corrió hacia el lugar. El avión cayó a 600 metros del aeródromo, detrás de unos árboles y, los técnicos de la torre telegráfica, que estaba a 30 metros del accidente, fueron los primeros en llegar. La nave era un manojo de hierros retorcidos, el bloque del motor estaba deformado, las alas dispersas y el fuselaje partido en dos. Su cuerpo, destrozado, en el suelo, tenía adherido el paracaídas que no pudo abrir a tiempo. El personal médico que llegó envolvió sus maltratados restos en el  mismo paracaídas. La llevaron al Hospital de Morón y, prepararon su cuerpo para ser velado en el Aero Club. Asistieron miles de personas a su funeral, hubo 150 coronas, una de ellas enviada por el presidente Ortiz. Fué enterrada en el Cementerio de La Recoleta, para años más tarde, trasladarla a su suelo natal. Al investigarse las causas del accidente, quedaron muchas conclusiones polémicas y conjeturas al respecto. Por ejemplo : el avión era un biplaza normal, no un monoplaza adaptado (como usaba ella), por lo tanto poseía carburadores normales y no los adecuados para acrobacia (sin embargo, se le informó a Carola de ésta situación y ella aceptó volar así). También al ser biplaza, ésto influía, por su diseño, en el centrado de la nave y su ángulo de incidencia, aspectos fundamentales para su dominio. Entre las polémicas conclusiones, se alude a un exceso de confianza de la piloto, al no corregir el ángulo de incidencia. Carola estaba desentrenada (hacia 4 meses que no volaba), pero físicamente se encontraba bien y, pudo conocer su avión recién cuando subió ese fatídico día. En el informe hay una discreta alusión a la responsabilidad del Aero Club de Morón de dejarla volar, teniendo en cuenta las desventajas nombradas antes. Carola Lorenzini murió el 23 de noviembre de 1941, a los 42 años, haciendo lo que realmente amaba y le apasionaba. En la entrada de su pueblo natal, hay un monolito que la recuerda, en la Ruta Provincial 210, con su rostro y, a un costado, sobresaliendo, el aspa de la hélice con la matrícula del avión con que voló por última vez. En Córdoba, hay un club social y deportivo, un barrio y una calle que la recuerdan, así como en otras provincias hay calles con su nombre. En su corta vida, logró lo que se propuso y murió en su ley, aunque de manera temprana. "Vuelo sola. Si lo hago bien, es mérito mío, si lo hago mal, la culpa es mía. Soy responsable de mis méritos y mis errores", dijo en una entrevista. La mejor despedida fué la de su amigo Borocotó, quién escribía en "El Gráfico", pues Carola, en su última foto con sus colegas uruguayas le dijo al fotógrafo ; "Díganle a Borocotó que me escriba algo lindo". Pudo hacerlo, a medias : "Allá arriba está Carola, siguiendo el silencioso vuelo de la eternidad. La "Paloma gaucha" plegó sus alas".

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