LOLA MORA, ESCULTORA DE SU PROPIO CAMINO

Los prejuicios de una clase dominante, la moral mal entendida o practicada en exceso (la moralina) y el conservadurismo han hecho  de las suyas en la historia nacional. Los preceptos de una sociedad rígida, que no admite lo transformador, puso freno a un montón de iniciativas de gente que buscó el cambio o lo novedoso para mejorar o adaptarse a los tiempos que corren. Ésto sucedía a menudo, era moneda corriente en la Argentina de principios del Siglo XX y muchos años después. Quién sufrió muchas de éstas cuestiones en carne propia, es nuestra protagonista de hoy, Dolores Candelaria Mora Vega, conocida en el ambiente artístico nacional como Lola Mora, la más grande escultora que haya dado la nación. Hay una controversia respecto a su lugar y fecha de nacimiento, ya que las provincias de Salta y Tucumán se disputan su origen. Los salteños dicen que nació el 17 de noviembre de 1866 en El Tala (Salta) y que 7 meses después (el 22 de junio de 1867) fue bautizada en Tucumán. Por otra parte, su sobrino nieto Pablo Mariano Solá, que además es su biógrafo, dice que es tucumana y qué nació en abril de 1867 y que 2 meses después la bautizaron en Salta, es decir lo contrario a la afirmación anterior. Como sea, su historia es digna de ser contada y difundida. Tercera entre 7 hermanos (3 varones y 4 mujeres) del matrimonio entre Romualdo Alejandro Mora, comerciante y hacendado de origen catalán, propietario de algunas estancias y Regina Vega Sardina, estanciera salteña, nacida en El Tala. La posición de ambas familias les permitió para vivir cómodamente. Cuando Lola tenía 4 años, la familia se muda a San Miguel de Tucumán (antes vivían en un pueblo llamado Trancas) y, cuando cumple 7 años comienza sus estudios primarios en el Colegio Sarmiento, una exclusiva escuela laica. En el año 1885, con 18 años, Lola sufre dos tragedias familiares que la marcarían de por vida, ya que su madre muere de neumonía y, dos días después, agobiado por el dolor ante la pérdida de su compañera, su padre fallece de un infarto. Lola, debido a ello, se muda a la casa de su hermana mayor, ya casada. Otro hecho que dejaría un sello en su vida, fué la llegada a Tucumán del pintor italiano Santiago Falcucci para dar clases, siendo Lola una de sus alumnas más destacadas en pintura, dibujo y retratos, aplicando los estilos europeos del romanticismo y el neoclasicismo. Experta en retratos, realizó muchos de personas de la alta alcurnia tucumana, que le pagaban muy bien y, así pudo costearse sus estudios, aprovechando viejas amistades de sus  fallecidos padres. Sus trabajos llegaron a oídos del gobernador Delfín Leguizamón, quién le encargó su propio retrato. Hizo un trabajo extraordinario, un retrato a la carbonilla, que mereció el elogio de su propio maestro, que dijo :"Era una copia de la foto, pero tenía todo de propio, de individual en la factura." Eso fué un disparador y, el gobierno tucumano le encargó los retratos a la carbonilla de todos los gobernadores de la provincia desde 1853. La legislatura pagó la jugosa suma de $ 5000 por los 20 retratos hechos. Su talento trascendía fronteras y, en Buenos Aires ya sonaba su nombre y, ello la animó a ir hacia allá y solicitar una beca para ir a Europa y perfeccionar sus estudios y técnicas. El propio presidente, José Evaristo Uriburu, el 3 de octubre de 1896, se la concedió (eran $ 100 oro, por el lapso de 2 años). Se establece en Roma en 1897, donde es alumna del pintor, fotógrafo y escultor Francesco Paolo Michetti. Luego, el escultor Constantino Barbella le enseña a trabajar la terracota y, finalmente se volcó exclusivamente a la escultura al ser alumna de Giulio Monteverde, apodado "el nuevo Miguel Ángel". Lola encontró en Roma lo que buscaba, aprender con los mejores en la cuna del arte mundial y trasladar ese conocimiento a su país. Puso su propio taller en Roma y viajaba frecuentemente a Buenos Aires a recibir encargos, para luego hacerlos en Italia. Sus exposiciones en Buenos Aires recibieron crítica favorable. Pero el primer gran éxito lo consiguió en 1900, en la Exposición Universal de París, donde expone su autorretrato hecho en Mármol de Carrara, obteniendo la medalla de oro por ese trabajo. Éste hecho la consagraría definitivamente en Argentina, pues "llovían" los encargos por un trabajo de ella. Entre ellos, el gobierno tucumano le encarga la estatua de Juan Bautista Alberdi, ideólogo del texto de nuestra Constitución y el gobierno salteño pidió un monumento en conmemoración de la Batalla de Salta. Animada y decidida como era, le ofrece al gobierno de Buenos Aires, esculpir una gran fuente,"La Fuente de las Nereidas", lo que es aceptado. Vuelve a su taller en Roma y, debió trabajar con 3 ayudantes ante la magnitud de la obra y, para dar testimonio de su labor, mandaba fotos de ella en la ardua tarea. Regresa en 1902 con loa bloques de las estatuas para desembalarlas. Cuándo las vieron, explotó el escándalo. La fuente estaba conformada por seres mitológicos que emergían triunfantes de las aguas y asistían al nacimiento de la diosa Venus. Arte puro y bello por donde se lo mire...pero la moralina y pacatería de la época era muy influyente. Resulta que las figuras eran cuerpos desnudos y era poco apropiado poner esa escultura "licenciosa y libidinosa" en la Plaza de Mayo, justo frente a la Catedral Metropolitana, según las ligas moralistas. A pesar de la oposición, el intendente porteño Bullrich la inauguró el 21 de mayo de 1903, con la presencia de una multitud que quería ver esos cuerpos esculpidos, en lugar del interés por el arte. Lola haría su decargo : "No pretendo descender al terreno de la polémica, tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia. Pero lamento profundamente que el espíritu de cierta gente, la impureza y el sensualismo, hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humanista, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios". Sin embargo, desde otros países, clamaban por sus servicios. Fué así que la Corona Británica le encarga una estatua de la Reina Victoria, para colocarla en una de sus colonias, Australia y, los rusos piden una estatua del zar Alejandro, para situarla en San Petersburgo. Declinó hacer ambas porque la corona inglesa y la monarquía rusa le pedían algo insólito para hacerlas : debía adoptar ambas ciudadanías. Trabajo no le faltaba, la sociedad porteña la había "censurado" de cierta forma, pero el resto de las provincias la admiraban y respetaban y le seguían encargando trabajos, entre ellos un busto de Julio Argentino Roca (su gran amigo e impulsor tucumano), una estatua del líder radical Aristóbulo del Valle, 4 estatuas (de Carlos de Alvear, Francisco Laprida, Facundo Zuviría y Mariano Fragueiro), una alegoría de la Independencia y, sus 2 obras más reconocidas (además de las Nereidas) : un sobrerrelieve de la Primera Junta y el 25 de Mayo y otro de la Jura de la Independencia. Partió a Roma y 2 años después, responsable como era, volvió con todos los encargos. Una particularidad del sobrerrelieve de la Jura de la Independencia (que está, con el otro trabajo, en los fondos de la histórica y reformada Casa de Tucumán) es que en el mismo está la figura de Roca (quién no había nacido en 1816). Sin dudas una licencia que se tomó la artista en gratitud al ex presidente. Lola vivía holgadamente en Roma, en un mini palacio, cobraba bien por sus trabajos y, era visitada por princesas e integrantes de la monarquía. En 1909, se instala por un tiempo para trabajar sobre la fachada del Congreso Nacional (donde hizo esculturas de la Justicia, el Trabajo y la Libertad, entre otras) y conoce a un empleado de allí, Luis Hernández Otero, con el cuál se casa por civil el 22 de junio de ese año. Su esposo es hijo del gobernador de Entre Ríos, Saba Zacarías Hernández. Al día siguiente, se produce la ceremonia religiosa, siendo madrina de la pareja, Rosario de Avellaneda (esposa de Marco, hermano del ex presidente Nicolás Avellaneda) y el padrino, Pedro Manuel Otero, tío del esposo y único de la familia del novio que aceptó la relación, pues todos los demás estaban en contra... ¿ la razón ? la diferencia de edad, pues Lola tenía 42 años y Luis 25...un despropósito para la sociedad conservadora de la época. Por eso en el acta de matrimonio, Lola figura con 32 años de edad.  No sucedía lo mismo si el mayor era el hombre. El matrimonio anduvo a la deriva y, al cabo de 5 años, él la abandonó. En 1910 comienzan los problemas con su trabajo, ya que el incumplimiento de sus proveedores (trabajaba con el exclusivo Mármol de Carrara), hicieron que se endeudara y tuvo que hipotecar su prolífico taller en Roma. En 1913 inaugura el monumento que esculpió a Nicolás Avellaneda, con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña, el vicepresidente Victorino de la Plaza y su gran amigo Roca, que fallecería al año siguiente. Fué un duro golpe para Lola, ya que el general tucumano, como se dijo antes, fué su mentor y mecenas y, además era amiga de sus hijas. Los sectores opositores al roquismo, le pasaron factura de esa relación y comenzó a perder influencia. Fué así que, en 1915, el Congreso Nacional hizo desmontar las obras escultóricas que adornaban su frente. hechas por ella, calificándolas de "adefesios horribles". El diputado Luis Agote, arrogándose la representación del sentir popular y haciendo alarde de conocimientos que no tenía, dijo : "No demuestran nuestra cultura, nuestro buen gusto artístico". Barrabasadas emanadas de la boca de un político, un mal que hasta el día de hoy nos acompaña. Las esculturas fueron diseminadas por las provincias, ya que las estatuas de la Paz, la Justicia, la Libertad y el Trabajo, fueron a parar al Palacio de Gobierno de Jujuy (provincia dónde Lola era muy respetada y reconocida), otras en Salta y Tucumán. Ese año, agobiada por las deudas, vendió su mini palacio de Roma y regresó al país. Otro golpe de gracia fué el desmantelamiento de la Fuente de las Nereidas en 1918, para reubicarlas en la Costanera Sur, donde actualmente se encuentra. Los "moralistas" habían ganado la batalla. Cada vez que sus obras fueron trasladadas o reubicadas, ella misma supervisó el procedimiento. Cansada de tanto destrato, se acercó a otras ramas del arte, como el teatro y el cine, dejando de lado la escultura. Y fué importante su aporte, pero no la dejaron ser. Impulsó un dispositivo cinematográfico a la luz, que permitía ver cine sin necesidad de oscurecer la sala, pero no pudo introducirlo comercialmente. Llevó su proyecto a Jujuy en 1923 y, aunque no pudo implantarlo allí tampoco, el gobierno de esa provincia la nombró "Escultora Encargada de Parques, Jardines y Paseos", volviendo un poco a sus fuentes. En esa época también, actuó como contratista en la obra del tendido de rieles del Ferrocarril Trasandino del Norte (por dónde en la actualidad pasa el Tren de las Nubes). Allí en Salta, se dedicó a la geología, invirtiendo en la extracción de combustibles con base en destilación de rocas fósiles (llamados esquitos bituminosos). En síntesis, buscaba petróleo en la sierra salteña. No lo consiguió y así perdió sus últimos ahorros. Para seguir con la mala racha, en 1925, el presidente Alvear rescindió  oficialmente el contrato para la construcción del Monumento a la Bandera en Rosario, que debía realizar ella. Estando en Italia en 1910 y 1911, ella había hecho  las estatuas y, a medida que las terminaba, las iba mandando (eran en la base, la bendición de la bandera, escenas de combate, aclamación de la bandera por el pueblo y el ejército; en el medio una figura femenina rompiendo cadenas; y arriba una mujer con alas desplegadas representando el Espíritu de la Patria y, en sus manos, la bandera, llegando a los 18 metros de altura). Por incumplimientos en los pagos del contrato, la obra se retrasó 14 años, con Lola ya retirada. Sin embargo, esas estatuas no se perdieron y fueron ubicadas en 1997, flanqueando el Pasaje Juramento, que es un pasaje peatonal que conduce al Monumento a la Bandera (que fué inaugurado en 1957, obra de los arquitectos Guido y Bustillo). Otras obras suyas están en varias provincias, como la estatua de Laprida en San Juan, la de Carlos María de Alvear en Corrientes, la de Facundo Zuviría en Salta y la de Mariano Fragueiro en Córdoba (en la Plaza Rivadavia de B° Alta Córdoba). En el año 1932, enferma, vuelve a Buenos Aires, quedando al cuidado de 3 sobrinas. Su salud estaba deteriorada, con dificultades para caminar, a veces divagaba y perdía el conocimiento. En 1933, la Sociedad Sarmiento de Tucumán, realizó una muestra de arte benéfico para ayudarla económicamente. Lola estaba deprimida y, una tarde salió de su hogar sin avisar y se fue caminando hasta la Costanera Sur para contemplar su fuente. Vaya a saber que recuerdos y nostalgias invadían su mente. Comenzó a llover, se hizo de noche y ella permanecía allí. Luego, la policía la encontraría y la llevó a su casa. Fué su última aparición. En 1935, el Congreso Nacional, en reconocimiento a su labor, le aprobó una pensión mensual de $ 200. Al poco tiempo, el 17 de agosto de 1935, sufre un derrame cerebral que la deja postrada. Fallece el 7 de junio de 1936, luego de largos días de inconsciencia, insensibilidad y dificultad para respirar, a pocos meses de cumplir 70 años. La eterna burocracia estatal demoró su paga y murió sin poder cobrar lo que le habían asignado. La revista "Caras & Caretas" le dedicó una sentida despedida : "Siempre nos sorprende la tragedia del talento olvidado. Ahora más al herir a una mujer, a la primera mujer argentina cuya vocación supo afrontar las dificultades del mármol..." También el diario "Crítica" se refirió a su muerte :"Es el homenaje perenne y sincero que compensa, hasta cierto punto, la ingratitud material de los poderes públicos y la sorda hostilidad de nuestros círculos artísticos que veían en Lola Mora la expresión de los gustos anticuados y definitivamente pasados de moda". Sus restos descansan en el Cementerio del Oeste, en Tucumán y, su tumba fue declarada en 2010, bien de interés histórico y artístico. En 1998, por ley N° 25003/98, en su honor, el día de su nacimiento, 17 de noviembre, se celebra en nuestro país el "Día del Escultor y las Artes Plásticas". Desde 1999 se entregan los premios "Lola Mora", otorgado por la Dirección General de la Mujer de Buenos Aires, a quiénes en los medios de comunicación, transmitan una imagen positiva de la mujer, que rompa con los estereotipos de género, promueva la igualdad de oportunidades y los derechos de la mujer. Lola Mora, una adelantada para su época, cuya intención era exaltar a la mujer libre y, en su belleza natural. Incomprendida y tratada de inmoral por ello. Repudiada por las "moralistas" de la época por usar pantalones babucha, estilo bombacha de campo, para trabajar más cómoda. Algunos afirman que el incumplimiento de pagos del contrato por el Monumento a la Bandera, fué adrede, para dilatarlo y sacárselo. Quizás también es una injusticia que ninguna de las calles de Puerto Madero (todas con nombres de mujeres) lleven su nombre. Seguro la expresión que mejor cabe para terminar ésta narración es un pensamiento de la época sobre ella : "Mujer y escultora parecían términos excluyentes, pero los prejuicios cedieron sobrepujadas por la evidencia de su obra".

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