ALFREDO PALACIOS, EL PRIMER SOCIALISTA AMERICANO

El mundo está plagado de injusticias. Las sociedades terrenas han sido dominadas por aquellos que detentan el poder por varios factores : herencias, revoluciones y, por los que manejan el factor económico, el poder de la riqueza o dinero, logrando objetivos o cosas que el más común de los mortales no podría. El sistema capitalista se basa en un precepto sobre el cuál aquel que posea los medios de producción, puede hacerlos trabajar en beneficio propio y así obtener ganancia particular. Así se genera la brecha entre los que más tienen (los dueños) y los que menos tienen (trabajadores). Clasismo le dicen a ésta estructura social. Sin embargo, hay otra doctrina, el socialismo, que quiere lo contrario : que los medios de producción los maneje el Estado (y no particulares privados) y que todos tengan una igualdad de ganancia, una justicia social, donde no haya ricos ni pobres, pues el Estado es el patrón y reparte por igual. Uno de los que adhería a ésta corriente económica y política, es nuestro protagonista de hoy : Alfredo Palacios, nacido el 10 de agosto de 1878 en Buenos Aires. Su padre, un verdadero personaje : el uruguayo  Aurelio José Florencio Palacios Bustamante, quién procreó la friolera de 19 hijos con 3 mujeres distintas ( Dolores Almada, con quién tuvo 5 hijos, Ana Ramón Beltrán, madre de 9 hijos, entre ellos Alfredo y Marta Costa Smith, con quién tuvo otros 5. Con ésta última se casó cuando el pequeño Alfredo tenía 2 años). Don Aurelio era un abogado graduado en la Universidad de Buenos Aires, dueño de campos en Santa Fé, una casa y un estudio de abogados en Buenos Aires, que gozaba del respeto de toda la población. Su madre Ana, uruguaya también, fué quién le inculcó desde pequeño una profunda fe religiosa, ya que le regaló el Nuevo Testamento a los 11 años, quedando maravillado (según el mismo cuenta) con el sermón de la montaña y la figura de Jesús. Sus ideas socialistas se quedaron para siempre en su mente, al leer a Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista en Argentina, quién expresaba al respecto : "El socialismo es la lucha en defensa y por la elevación del pueblo trabajador que, guiado por la ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana, basada sobre la propiedad colectiva de los medios de producción, o sea la tierra, las máquinas y los medios de transporte." Al finalizar la primaria, en 1890, ingresa al Colegio Nacional Central (hoy Colegio Nacional Buenos Aires). Ese año, marca una bisagra, por el paso de su niñez a la adolescencia y, porque su padre, gravemente enfermo, decide reconocer a sus 19 hijos. Tres años después fallece Don Aurelio y, al haber tantos herederos, no hay dinero que alcance, por lo que la situación económica es realmente mala. Su madre debe alquilar una casa en el barrio de Palermo, donde vivían con lo justo. Tal era su devoción al catolicismo, que se acercó al Círculo de Obreros Católicos, entidad fundada por el cura alemán Federico Grote. Esos contactos también lo acercan a otros entes similares, como el Centro Católico "Pedro Goyena", que cuenta con un pequeño periódico llamado "La Juventud" que, con sólo 15 años, Palacios dirige. También colabora en otra publicación denominada "El Diarito". Por ambos trabajos gana $ 40 mensuales, dándole la mitad a su madre y la otra mitad la usa para comprar libros y materiales de estudio. Su primera gran aparición pública ocurre en el sepelio de José Manuel Estrada, donde fue uno de los que lo despidió. Su capacidad de oratoria, la claridad de conceptos y la calidad con que se desenvolvió, dejó impresionados a lo más granado de la sociedad porteña, donde un pibe de 16 años se "devoró" la atención de todos. Ante éste hecho, el Padre Grote le pide que dicte cursos de ciudadanía para los obreros católicos. Sin embargo, entre los libros que compraba y leía Palacios, había muchos autores anarquistas, ateos y socialistas, por lo que sus discursos tomaron un tinte combativo y revolucionario con respecto a la actitud de los obreros, dónde les inculcaba a actuar ahora y no a través de plegarias. Por supuesto que el Padre Grote le llamó la atención, hasta el punto de reprenderlo. Alfredo, muy ofendido, pegó el portazo y no volvería a pisar esos claustros. En 1895 ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Cuando egresa, se dedica de lleno a la política como afiliado al Partido Socialista. Un aspecto que lo pinta tal cuál es, fué el tema de su tesis "La miseria en la República Argentina", que fué rechazado por el Consejo de la Facultad, ya que afectaba negativamente el artículo 40 de la Ordenanza General de la Universidad que "prohibía atentar contra las instituciones". Las conclusiones sacadas son lapidarias : " Sabiendo que éstos gobiernos tienen por norma de conducta el despilfarro y que las defraudaciones y los latrocinios se cometen a diario y quedan impunes". En otro párrafo dice : "Que contesten éstos suicidas morales que formando círculos, han rodeado a todos los gobernantes para lucrar a la sombra de las grandes empresas. Ellos son los responsables de la ruina del país, ellos que han hecho levantar palacios con el dinero del pueblo, para habitarlos después de la catástrofe, encastillados en su asqueroso egoísmo." Concluye diciendo . "Nuestros obreros deben unirse para la lucha...producir un movimiento de concentración y dar lugar a un todo orgánico, coherente y definido." Un socialista con todas las letras. Luce un particular bigote cuyos extremos apuntan hacia arriba, dándole un aspecto señorial. En la placa de su estudio jurídico, debajo de su nombre y apellido, una frase dice : "Abogado. Atiende gratis a los pobres". En 1904 ocurre un hecho por el que se lo recuerda por siempre en los libros de historia, ya que es elegido diputado por el Barrio de La Boca (las elecciones eran porteñas), representando al Partido Socialista, siendo el primero de América Latina. Nunca un socialista había accedido a una banca y Palacios lo consiguió. En 1907, pudo llevar sus ideas al Parlamento Nacional (gracias a la Ley Sáenz Peña) y logró la aprobación de importantes leyes para los trabajadores, como el descanso dominical y la famosa "Ley de la silla", que obligaba a los patrones a poner una silla de descanso para los empleados de comercio. En 1913,el Partido Socialista, quizás hasta ese momento, el único partido político no corrompido, denuncia un gravísimo acto de corrupción que involucraba a ministros y legisladores. Se detectaron sobreprecios pagados hasta 4 veces más para la construcción del edificio del Congreso de la Nación. Para tal fin, se designó una comisión investigadora, conformada por Lisandro De La Torre (de quién hablamos un par de entregas atrás), Julio Sánchez Viamonte, Francisco Oliver, Delfor del Valle y Palacios. El informe fué contundente y no admitía discusión, ya que los peritos que estudiaron el caso concluyeron que, del precio original de $ 5.776.746 se pasó a un costo de $ 25.117.745 , en 7 años, con una inflación mínima. El precio se había cuadruplicado y no había como justificar el porqué. De La Torre pidió que se suspendieran los pagos a la empresas contratistas, por la evidente maniobra dolosa entre el gobierno y esas empresas. En el colmo del cinismo y en un sincericidio brutal, uno de los contratistas manifestó en las audiencias :"Si voy a medir una casa y de un extremo se le tira la cinta, tiene que haber enormes diferencias". Expresó una especie de "Obediencia debida", porque carecía en absoluto de atribuciones y que siempre procedió como un soldado obedeciendo instrucciones de sus superiores. Todas las pruebas, más que suficientes, fueron entregadas al Poder Ejecutivo que...no hizo nada...!!! Al contrario, se siguió pagando puntualmente a las empresas. Inadmisible,  un "vicio" que aún perdura en la clase política actual. A pesar de ello, Palacios siguió dando clases en su cátedra de la Facultad de Derecho y, en una ocasión, vehemente como era en sus alocuciones, habría tenido palabras injuriosas sobre la figura del doctor Estanislao Zeballos, especialista en derecho internacional. Tales dichos llegaron a oídos de Zeballos, que retó a duelo a Palacios, tal como se estilaba en la época para salvar y limpiar su honor. Palacios aceptó y, el Partido Socialista al enterarse, lo echó, ya que su estatuto lo prohibía. Conclusión : renunció a su banca de diputado y fundó el Partido Socialista Argentino. La clase política e ilustrada reaccionó ante tamaña decisión del partido, que perdía un hombre clave por una cuestión administrativa. Por ello se realizó un banquete en su honor en la "Operai Italini", donde llovieron los discursos elogiosos a su persona y su labor parlamentaria. En 1915 es designado Profesor de Legislación Industrial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Con su nuevo partido, participó en las elecciones legislativas de 1916 y 1918, donde fue derrotado por los radicales. Apoyó la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba (donde, gracias a ello, se permitía la participación estudiantil en las decisiones de la casa de estudios, entre otros logros). Luego, fue nombrado Consejero de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, cargo que le permitió crear la cátedra de Legislación del Trabajo y Seguridad Social. Estaba muy compenetrado con la situación estudiantil universitaria y con los derechos de los trabajadores. Ese año en Lima, se realizó el Congreso de Estudiantes Latinoamericanos, donde fue designado "Maestro de América" en reconocimiento a su labor. Sus pergaminos llegaron a la Oficina Internacional del Trabajo, que le encarga un informe sobre la fatiga laboral y sus proyecciones sociales. Responsable y meticuloso, instaló una mini oficina en los Talleres del Estado para estudiar a los obreros y así cumplir con lo encargado. Su conclusión, no por obvia, no deja de ser cierta, pero la patronal no "visualizaba" ésto...o no quería. La misma decía : "A medida que avanza la extensa jornada laboral, el rendimiento de los obreros decae y la fatiga llega a la extenuación, si no se toman medidas tendientes a fomentar los descansos." En 1922 es designado Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata y, un año después, con dinero de su bolsillo, realizó una gira por América Latina (Uruguay, México, Brasil, Panamá, Perú y Bolivia, para conocer la realidad de las universidades de esos países y, en varias de ellas fue nombrado miembro honorario). En 1924, en uno de sus discursos más relevantes a la juventud de iberoamérica, pidió por una revolución educativa, una valoración de la cultura autóctona y por la federación de los pueblos iberoamericanos. Ésto da lugar, en 1925, a la realización del Congreso Iberoamericano de Estudiantes, donde es nombrado "Maestro de la Juventud" e inmediatamente se funda la Unión Latinoamericana de Estudiantes, donde obviamente lo eligen presidente. Volviendo a sus convicciones políticas socialistas, se opone firmemente a la intromisión estadounidense en asuntos de México, Panamá y Nicaragua. Expone éstas ideas en un libro llamado "Nuestra América y el imperialismo yanqui" donde condena las intervenciones de Estados Unidos, emblema capitalista. En 1928, luego de muchas peticiones, vuelve al Partido Socialista. Cuando Yrigoyen es derrocado por Uriburu en 1930, a pesar de su enemistad manifiesta con el caudillo radical, Palacios en su rol de Decano de la Facultad de Derecho, desconoce el poder del golpista y arenga a sus estudiantes en una proclama a resistir y combatir ese mandato ilegal. Por ello, luego de la intervención de la Facultad por la dictadura, es encarcelado en la Penitenciaría Nacional. Luego, liberado, continuaría con su lucha dando discursos vehementes en contra del régimen y, haciendo campaña electoral en 1931, es baleado en un acto en Bragado, salvando milagrosamente su vida. En 1932, siendo candidato a senador por la capital de la Alianza Civil (Socialismo y Partido Demócrata Progresista, cuya fórmula presidencial era De La Torre - Repetto), logra el segundo puesto junto a Martín Bravo, e ingresa en el Senado por Buenos Aires (los radicales, proscriptos, no participaron). Luego de 3 años de mandato, es reelecto en 1935. Tiene una prolífica labor, presentando 494 proyectos de ley (entre ellos, logra que se sancione la 11.904, por la que se conoce públicamente la historia de las Islas Malvinas, a través de su libro "Islas Malvinas, archipiélago argentino "). En 1937 recorre todo el norte del país para constatar la grave situación sanitaria de allí y, se entrevista con el Dr. Salvador Mazza (quién con su par brasileño Carlos Chagas estudió e hizo el tratamiento de éste mal). Luego de eso, presentó el Plan Sanitario y Educativo de Protección a los Niños. Siempre adelantándose a los hechos, presenta el proyecto de ley del voto femenino, que ni siquiera es tratado (10 años después el peronismo lo implantaría). También existe una ley que, simbólicamente se denomina "Ley Palacios", que prohíbe la explotación sexual de las mujeres, tan difundida en esa época. En Buenos Aires había una ley de prostíbulos, donde no podía haber mujeres menores de 18 años, salvo que ejercieran la prostitución con anterioridad. Las mujeres eran "compradas" en países europeos, prometiéndoles un futuro laboral en América. La realidad era que trabajarían en la prostitución y, tal "negocio" de denominaba "trata de blancas", en alusión a la raza aria de las mujeres. Después, el concepto mutó en "trata de personas". Gracias a Don Alfredo, el Código Penal reforma esa ley, estableciendo que, "se reprime a quiénes promoviesen o facilitasen la prostitución de mujeres (mayores o menores de edad), considerando coautores del delito a los dueños de los prostíbulos". También luchó contra el monopolio del transporte. El año 1943, otro golpe de estado lo encuentra a cargo de la Universidad de La Plata, que es intervenida. Se exilia en Uruguay, donde se dedica a la radio y la prensa gráfica. Retorna en 1945 y hace campaña por la Unión Democrática, de cara a las elecciones del año siguiente. Ya está instalado en la escena política como líder, el General Juan Domingo Perón, con quién Palacios no simpatiza y al que tilda de fascista y sostiene que, lejos de ayudar a la clase obrera, la tiene sometida. No lo considera un enemigo, sí un adversario, opinando que es un distinguido técnico militar, pero de ninguna manera es un estadista. Perón la califica de "payaso", a lo que Palacios retruca : "Díganle a Perón que éste payaso no trabaja en ese circo". Sin embargo, respeta a Evita, aunque sostiene que Perón la usa para acercarse a los pobres. En 1951, luego del fallido golpe del General Menéndez contra Perón, se establece un estado de guerra interno y es la excusa justa para encarcelar a todos los opositores. Palacios es uno de ellos, aunque por su influencia e importancia, tiene un trato distendido en prisión (atiende en el escritorio del subcomisario a quiénes lo visitan). En julio de 1953, tras casi 2 años detenido, lo liberan. Debido a ello, el Partido Socialista no se presenta en las elecciones de 1952, pues sus líderes estaban detenidos ("sin libertad, todo es fraude", rezaba su proclama). Sin embargo, Perón tambalea en su segundo mandato y ocurre el bombardeo de Plaza de Mayo en contra del General, en 1955, dejando un saldo de 360 muertos. En un manotazo de ahogado, Perón llama a la pacificación nacional y ofrece Radio Nacional para que los sectores políticos se expresen, pero al enterarse que el orador del socialismo sería Don Alfredo, les avisan que no sería posible su transmisión si él hablaba. En solidaridad, el socialismo desistió de tal cometido. El Partido Socialista no puede manejar a la CGT , que está dividida entre los que apoyan a Perón y los que se oponen. Pero, finalmente en septiembre de 1955 cae el caudillo, por acción del General Lonardi, quién asume la presidencia de facto. El nuevo mandamás le ofrece a Palacios la embajada de Uruguay y hacia allí parte, para renunciar un tiempo después. En 1958 es por primera vez candidato a presidente, en fórmula con Sánchez Viamonte. Vence Arturo Frondizi, mientras que el Socialismo se ubica cuarto. Como también era candidato a senador, logra los votos suficientes para ocupar una banca. Allí pelea tenazmente para defender el petróleo nacional y cuestiona los contratos petroleros a empresas extranjeras que pretende Frondizi y, que son totalmente desfavorables al país. En un abuso de sus atribuciones, el presidente promueve el plan CONINTES (Plan de Conmoción Interna del Estado) que prohibía las huelgas y daba facultad a los militares para detener a todos aquellos participantes de conflictos o disturbios en contra del orden establecido, ya que la población se había rebelado en contra de su política social - económica, a través de manifestaciones y huelgas. Era una especie de estado de sitio, pero que en lugar de aplicarse en tiempos de guerra (como correspondería), se lleva a cabo en tiempos de paz. Muchos opositores caen presos por ello.  En 1961, preside el Congreso Nacional del Trabajo y viaja a Cuba, donde apoya la Revolución castrista y, luego gana una banca como senador. Cada 2 años en que había elecciones legislativas, competía en ellas (para diputado  senador). Su último cargo fué en 1963 al representar al Partido Socialista como diputado nacional, presentando también su último proyecto el 1 de diciembre de 1964, consistente en la creación del Instituto Nacional de Investigaciones Pediátricas y, además le pidió al presidente Illia que Argentina no vote las sanciones económicas a Cuba (impuestas por EEUU), priorizando la autodeterminación de los pueblos. Finalmente, cuando le quedaban unas semanas para completar su mandato, falleció el 20 de abril de 1965, a punto de cumplir 87 años. Alfredo Palacios, el primer legislador socialista de América Latina, igual que otros próceres olvidados, como Lisandro De La Torre, luchó abnegadamente y centró esa lucha a favor de los derechos de los trabajadores y en contra de la corrupción estatal, que aún persiste. Su bigote le daba un aspecto de mosquetero que peleaba por la justicia, vestido con ambo y moño negro e impecable camisa blanca y el infaltable sombrero. Dejó una frase en el ocaso de su vida, que debería figurar como obligación a cumplir por los legisladores : "Yo, en todas las ocasiones dije lo que mi conciencia dictaba, con severidad, pero con ánimo sereno, sin agravios y sin expresiones hirientes. Fué por eso que conseguí leyes que mejoraron las condiciones sociales de los trabajadores y ese era mi más preciado deseo. Un legislador que sólo hace oposición y no deja ninguna construcción legislativa, realiza una labor incompleta".  Una quimera en éstos tiempos.

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