RENÉ LAVAND, MAESTRO DE LA ILUSIÓN
La vida, además de la realidad que transitamos, es un cúmulo de ilusiones. Vivir con ellas hace todo más llevadero, nos permite imaginar proyectos, objetivos, metas. Pero también está aquella ilusión que solo nuestros ojos pueden ver, al ser "engañados" por algún truco que alguien realiza. Pueden montarse verdaderos shows con el ilusionismo, sin tener que apelar a la tecnología, porque de ser así podría hacerlo cualquiera. Hay que tener, sobre todo, habilidad. Haría falta también rapidez, pero la historia de hoy nos demostrará que no era necesaria. Nuestro protagonista puede considerarse como el mayor ilusionista que haya habitado éstas tierras : René Lavand (su nombre artístico). Fué anotado en el Registro Civil como Héctor René Lavandera, nacido el 24 de abril de 1928 en Tandil. Su padre, Antonio, era viajante y zapatero y, su madre, Sara Fernández, maestra de grado. A los 7 años, en 1935, ocurriría uno de los dos hechos que cambiarían el curso de su vida : su tía Juanita lo llevó al Teatro Avenida a un espectáculo de magia a cargo del mago chino Chang (que en realidad era panameño). Tenía un kimono de seda natural con dragones bordados y, ese atuendo era lo que llamaba primero la atención. Pero el show en sí, donde hacía desaparecer pañuelos, monedas y cartas fué lo que obnubiló al pequeño Héctor y, por ello le gritaba : " ! Hágalo más lento !!! , ya que pretendía descubrir los trucos. Al volver a su casa no paraba de hablar de los trucos de Chang y, debido a eso le regalaron un mazo de cartas para que se entretenga. Sin embargo, la situación económica familiar no era buena, la zapatería quebró y debieron mudarse a la localidad de Coronel Suárez. Allí ocurriría el segundo hecho que cambiaría su vida, con una situación desgraciada. Durante los carnavales de febrero de 1937, Héctor jugaba con sus amigos en la vereda y, de pronto, los chicos deciden cambiarse de vereda para seguir jugando. Héctor tenía prohibido cruzar la calle por orden de su madre. Sus amigos cruzaron, él dudó, pero decidió seguirlos y fué allí que, cruzó yendo atrás de todos y, apareció un auto a toda velocidad que no alcanzó a esquivarlo a pesar de frenar. El chirrido de la frenada se escuchó en toda la cuadra y, Sara, su madre, temió lo peor. Descontrolado el vehículo (que había sido sustraído por un joven de 17 años a su padre, sin permiso), lo arrastró hasta el cordón de la vereda y un neumático le aplastó el brazo derecho, haciéndolo explotar literalmente. Inmediatamente lo llevaron al hospital, que estaba a pocas cuadras y, el médico de guardia quería amputarle totalmente el brazo, para evitar una posible gangrena, según su criterio. Sin embargo, estaba por entrar de guardia en minutos el Dr. Patané, amigo de la familia y, decidieron esperarlo. Al llegar, lo atendió y, la buena labor del doctor permitió que solamente se le amputara la mano y una parte del antebrazo, quedándole un muñón de 11 cms. a partir del codo. Héctor, lejos de deprimirse o amilanarse por su discapacidad, decidió enfrentarla, superarla y, además tratar de cumplir su sueño, aquel que lo deslumbró cuando vió al "falso chino" Chang. Su rehabilitación duró más de un año, aprendiendo también a valerse de la única mano que le quedaba. En 1942, a los 14 años, vuelve a Tandil con su familia, ya que su madre había conseguido trabajo allí como maestra, Un amigo de la familia, de apellido Leonardi, le enseñó algunos trucos y le regaló el libro "Secretos de Cartomagia", de Joan Bernat y Esteban Fábregas, los número uno del ilusionismo mundial en esa época. Se "devoraba" el libro y, su padre cuando volvía de trabajar, lo encontraba ensimismado en esa lectura. Pero había un problema : los trucos que enseñaba ese libro era para personas con dos manos, por lo que Héctor se convirtió en un verdadero autodidacta para aprender. Cómo ejemplo de superación, practicaba en su adolescencia tenis de mesa y pelota a paleta, para manejar lo mejor posible su mano izquierda. Años más tarde, en 1955, víctima del cáncer fallece su padre y, a partir de allí, su madre, viendo que su sueldo no alcanzaba, lo insta a buscar trabajo porque "con los naipes no podemos pagar cuentas ni comer", le dijo. Consiguió trabajo en el Banco Nación de Tandil y, sorprendía a todos, ya que con una sola mano escribía a máquina rápidamente, llevaba papeles y contaba dinero con toda naturalidad. La ausencia de la otra mano no era obstáculo, debido a su tesón y perseverancia. En el cajón de su escritorio siempre había un mazo de cartas y, al finalizar la jornada laboral, sus compañeros se reunían a su alrededor y él les brindaba un pequeño show. En 1960. a los 32 años, abandonó su trabajo bancario y, decidió dedicarse a su pasión : los trucos y el ilusionismo. Debutó en el Hotel "Continental" de Tandil, brindando un show para 50 personas, conformadas por sus ex compañeros de trabajo y conocidos del club de esgrima de la ciudad, donde entrenaba su mano izquierda. En 1961, ganó una competencia llamada "Manipulación", dando una clase magistral de ilusionismo. Fué el punto de partida para lanzarse como profesional, actuando en los teatros Nacional, Tabarís y Maipo en Buenos Aires. No le gustaba que le dijeran "mago", prefería el título de "ilusionista". Siempre lo contrataban en reuniones de gala en hoteles de lujo, espectáculos privados y conferencias porque sus presentaciones se habían hecho famosas. En 1963 trascendió fronteras y viajó con sus shows a Las Vegas, Europa y Japón. Acuñó la palabra "lentidigitación" como contrapartida de la prestidigitación, puesto que sus trucos los realizaba de manera lenta, para que no quedaran dudas. Y también es autor de la famosa muletilla "No se puede hacer más lento..." !! Uno de sus trucos más celebrados y logrados, incluso de fama mundial es el de "las 3 migas" : tenía un pocillo de café vacío y 3 migas de pan en forma de bolitas y, el truco consistía en poner 2 migas dentro del pocillo y la tercera en su bolsillo. Inmediatamente volcaba el pocillo y...había 3 migas...!!! Una variante del mismo truco fué poner 2 migas dentro del pocillo y la tercera arrojarla al suelo, con un "tincazo". Volvía a volcar el pocillo y seguía habiendo 3 migas...!!! Las cámaras de televisión le hacían primerísimo primer plano y...el truco no podía detectarse. Allí nace otra de sus muletillas famosas : "la cámara implacable, no me deja mentir". Otro truco famoso lo realizaba con 6 cartas de póker (3 negras y 3 rojas), las alternaba de un color por vez (estaban boca arriba y las ponía al revés) y, al darlas vuelta, las rojas estaban con las rojas y las negras con las negras. Fué convocado por los más famosos programas televisivos de la época, como "El Show de Pinocho", conducido por Juan Carlos Mareco y, más cerca en el tiempo, actuaba en "Badía y Compañía". Otro atractivo de sus presentaciones eran las narraciones que decía antes y durante sus trucos. Eran guiones escritos por sus amigos Rolando Chirico y Ricardo Marín, dónde citaba a Borges, Unamuno, Ortega y Gasset, José Ingenieros, Manzi, entre otros. El decía que "quería añadirle belleza al asombro". También citaba pequeñas historias con enseñanzas o anécdotas. A esa altura, igual que su brazo, por decisión propia, su apellido fué "amputado", sacándole las últimas 3 letras y eliminó su primer nombre, para usar el segundo. Ahora era René Lavand, ilusionista. Tanta fué su fama mundial que fué convocado por los dos programas de mayor rating de entretenimientos de Estados Unidos en la década del ´80 : "The Tonight Show", que conducía Johnny Carson y "Ed Sullivan Show", presentado por éste. Los "yanquis" no salían de su asombro ante la habilidad del argentino que, incluso los desafiaba haciendo los trucos más lentos, como él solía decir. En tono de broma, años después recordando esos hechos dijo : " El público y el conductor no podían creer lo que veían...imagínese que llevar un prestidigitador manco es como presentar un bailarín rengo...". Más tarde, trabó amistad con el ilusionista español Tamariz, que admiraba su trabajo y éste le consiguió, gracias a sus contactos, presentaciones en España, Francia y Alemania. Era una estrella internacional en su rubro. Tal vez su presentación más arriesgada fué a fines de los ´80, cuando fué contratado para dar un show en un hotel 5 estrellas en Cali (Colombia). Cuando llegó se enteró que su público eran 40 forajidos pertenecientes al famoso "Cartel de Cali" y que su misión era entretener al "zar de la droga" y capo de ese cártel, Gilberto Rodríguez Orejuela. Como siempre, su show fué impecable y, al finalizar le ofrecieron cocaína. Lavand sopló en lugar de aspirarla. El capo narco sonrió, le extendió la mano y lo felicitó por su show. En los '90 era famoso el mago David Copperfield, quien era pareja de la afamada modelo Claudia Schiffer y, éste incrédulo de su fama y capacidad, viajó a Lausana (Suiza), donde se presentaba Lavand, para ver personalmente el show y convencerse por sí mismo. Esa vez, con ironía dijo : "Copperfield y yo hacemos casi lo mismo, sólo que él lleva 5 toneladas de equipaje y yo 50 gramos, que es lo que pesa un mazo de naipes, él lleva miles de dólares, yo sólo 5 dólares, lo que cuesta un mazo de cartas". Una ingeniosa definición y pensamiento de su trabajo la dijo en una entrevista al preguntarse : ¿ No le parece curioso que la gente pague para que la engañen ? Todas las artes y artistas mienten, la única misión del artista (como dijo Picasso) es convencer al mundo de la realidad de su mentira". Su fama seguía creciendo y, muchos jóvenes querían aprender su técnica. Para ello, compró un vagón de un tren, al que llamó "Pata de fierro" y lo hizo acondicionar para una "sala de magia", donde enseñaba a sus discípulos. Coleccionaba sombreros de todo tipo que traía de sus viajes por el mundo y también bastones, con terminaciones artesanales. También quiso dejar enseñanzas al grabar videos y escribir libros de técnica para sus colegas. Incluso escribió un libro de memorias llamado "Barajando recuerdos" . Lavand tuvo dos hijas, Graciela y Norma con su primera esposa, Sara Dellacqua. En segundas nupcias, se casó con Norma, con quién criaría a los hijos de ésta, Lauro y Lorena. Finalmente, su última compañera fué Nora, 20 años menor, a quién conquistó...con un truco..!!! No podía ser de otra manera. Siempre estaba bien vestido para una ocasión o show, con un corbatín, y traje, preferentemente azul, con la manga de su brazo faltante metida en el bolsillo del pantalón. Tenía un coche Audi, al cuál manejaba con destreza, igual que en sus trucos, con una sola mano, haciendo los movimientos de cambio de marcha y manejo de volante en una maniobra rapidísima. En el año 2002 fué convocado a participar en la película "Un oso rojo" protagonizada por Julio Chávez, donde hacía de villano y, por esa actuación, fué nominado al premio "Cóndor de Plata" en el rubro revelación masculina, por la Asociación de Críticos de Cine. Viajaba cada 2 meses a España, dónde había cosechado infinidad de amigos. Estuvo activo hasta sus últimos días, incluso el día de su muerte, ya que se entretenía practicando en su internación. Murió de neumonía en la clínica Chacabuco de Tandil, el 7 de febrero de 2015, a los 86 años. En su homenaje, años antes de su muerte, una estatua suya fué inaugurada el 15 de diciembre de 2012 en los jardines del Palacio Municipal de Tandil. También hay una escultura suya, donde se encuentra sentado en un banco de plaza, en tamaño natural, en la plaza principal de Tandil.. En 2013, el festival de cine independiente de nuestro país (BAFICI) exhibió el documental "El gran simulador" de Néstor Frenkel, que habla sobre su vida y la cuál pudo ver. René Lavand pudo sobreponerse a su tragedia, que mutiló su brazo derecho, salió adelante con empuje, tesón y perseverancia, pero sobre todo por una férrea voluntad de superación, que le permitió cumplir sus sueños. Alguna vez dijo sobre su oficio y, contestando a quienes lo tildaban de maestro : "Yo no puedo enseñar nada, sólo mostrarlo". Él mostró el mundo de la ilusión con su tarea, un verdadero artista que quiso "hacerlo más lento" para que todos lo disfrutaran más.
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