LISANDRO DE LA TORRE. EL FISCAL DE LA PATRIA

La corrupción ha sido moneda corriente en la historia de nuestra Patria a lo largo de toda su existencia. La construcción de nuestro país tuvo vaivenes de todo tipo, con muchos protagonistas, de ambos lados, por supuesto. Los que combatieron las malas y deshonestas prácticas, que perjudicaron siempre los intereses locales, lo hicieron prácticamente solos, con mínima o nula colaboración y, chocaron con poderosos intereses extranjeros y autóctonos, que estaban confabulados entre ellos. Ésta tarea quijotesca de éstas personas no debe caer en el olvido, pues nos muestra las miserias de una época pasada y como ellos hicieron para combatirla. Nuestro protagonista de hoy es uno de ellos. Lisandro de la Torre nació en Rosario el 6 de diciembre de 1868, su padre, homónimo a él, era un porteño, hijo de inmigrantes vascos y afín a Bartolomé Mitre, que poseía una estancia sobre el Arroyo Pavón, donde ocurrió la batalla del mismo nombre, en la que Urquiza a pesar  de tener superioridad numérica frente a Mitre, retiró sus tropas. Allí su padre se salvó de milagro de ser fusilado por Urquiza porque intervino su amigo López Jordán para salvarlo. Su madre, Virginia Paganini, pertenecía a una familia aristocrática de la zona. El joven Lisandro, al terminar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Rosario, se trasladó a Buenos Aires para estudiar abogacía en la Universidad de esa ciudad. Con sólo 20 años egresó y, su tesis final trataba sobre el "Régimen Municipal", pues pensaba que "en la comuna es dónde reside la fuerza y la vitalidad de los pueblos libres". Simpatizaba con el radicalismo y, por sus ideas, era un elemento valorable para el partido (en ese momento se denominaba como Unión Cívica). Por ello participó en la revolución de 1890, llamada Revolución del Parque, donde se quiso derrocar al gobierno de Juárez Celman, del Partido Autonomista Nacional, sumido en una gravísima situación económica. La revuelta fué fallida, pero determinó la salida de Juárez Celman y su reemplazo por Carlos Pellegrini, su vicepresidente. Luego de esa derrota, la Unión Cívica se preparó para las elecciones presidenciales de 1891 y colocó como candidato a Bartolomé Mitre, sin embargo una jugada maestra de Julio Argentino Roca, que por algo lo apodaban "El Zorro", buscó dividir la oposición y le ofreció a Mitre encabezar una fórmula de unidad nacional. Obviamente, su propósito era dividirlos, pues eran una amenaza concreta. Y, lo logró, porque Mitre aceptó el ofrecimiento y, Leandro N. Alem, ante éste desplante disolvió la Unión Cívica y fundó la Unión Cívica Radical, proclamando como candidato a Bernardo de Irigoyen. Por supuesto que De la Torre apoyó incondicionalmente lo actuado por Alem. El poder del Partido Autonomista peligraba ante ésta nueva fuerza y, otra jugada artera los sacó de competencia. Ésta vez fue el presidente Pellegrini que denunció falsamente un complot de la UCR para matar a los líderes oficialistas. Por ello decretó el estado de sitio y detuvo a los líderes opositores más encumbrados, entre ellos Alem. Las elecciones se realizaron y, sin la participación de la UCR, ganó el candidato oficialista, Luis Sáenz Peña. De esa manera era imposible tener elecciones libres, ya que el Presidente tenía amplios poderes, como decretar el estado de sitio, intervención de provincias, manejo de las Fuerzas Armadas, facultades éstas contempladas por la Constitución, pero usada con fines represivos y electoralistas aquí. Ya libres, los miembros radicales no se quedaron de brazos cruzados y se rearmaron para una nueva revolución que tendría lugar en 1893. En una reunión secreta, De la Torre es convocado por los referentes radicales Aristóbulo del Valle, Alem y Bernardo de Irigoyen, para transmitirle la idea de un golpe de estado, en el cuál De la Torre quedaría al frente del gobierno en caso de éxito, con el total apoyo de la UCR. La revolución se puso en marcha y De la Torre dirigió las acciones en su territorio, Rosario, donde con bombas y fusiles tomaron la Jefatura de Policía. En tanto, en Santa Fé, Mariano Candioti, con 300 hombres, tomó los principales edificios y echó a tiros a los partidarios de Roca, proclamándose gobernador. Santa Fe había caído en manos de los rebeldes. Pero no pasó lo mismo en el resto de las provincias, donde los insurgentes fueron derrotados. Ante la soledad en que se encontraban, el bastión santafesino, único triunfante, debió abandonar la lucha. Abatido por la derrota de la revolución, se retiró al campo para dedicarse a la agricultura y ganadería. En 1895, Aristóbulo del Valle le pide que vuelva a la arena política y le propone la dirección del periódico "El Argentino", destinado a levantar un movimiento electoral en contra de la candidatura de Roca. El "bichito" político aún le picaba y acepta. Sin embargo, repentinamente fallece Aristóbulo del Valle en enero de 1896 y unos meses después, en julio, se suicida Leandro N. Alem. Es un masazo para la UCR que se queda sin líderes. De la Torre propone una alianza con Mitre para enfrentar a Roca, pero se topa con la negativa inflexible de Hipólito Yrigoyen, sobrino de Alem y nuevo conductor del partido. Nacerá allí una enemistad manifiesta entre ambos. Por ello pega el portazo de la UCR, diciendo : "El partido radical ha tenido una actitud hostil y perturbadora, la del Sr, Yrigoyen, influencia oculta y persistente que ha operado por lo mismo antes y después de la muerte del Dr. Alem, que destruye en éstos instantes la gran política de coalición, anteponiendo a los intereses del país y los intereses del pueblo, sentimientos pequeños e inconfesables," Ofuscado, Yrigoyen lo retó a duelo, ya que así se dirimían las diferencias entre caballeros en esa época, dándole la potestad de elegir las armas. De la Torre, experto en esgrima, pues practicaba ese deporte en el Jockey Club, elige el sable. Yrigoyen contrata un maestro para que le enseñe en pocos días. Increíblemente, el duelo efectuado el 6 de septiembre de 1897 , en unos galpones de las Catalinas Sur y que duró media hora, terminó con De la Torre con heridas en la cabeza, antebrazo, nariz y mejilla. En ésta sufrió un corte que lo hizo usar barba el resto de su vida para disimular la cicatriz. Luego vuleve a Rosario, donde en 1898 funda el periódico "La República", con el objetivo de combatir a Yrigoyen. En 1900 viaja dos veces a Estados Unidos para estudiar el régimen municipal de allí, recabar información y experiencias y volcarlas aquí. Nuevamente se encuentra con fuerzas y, en 1903, en el Teatro Opera de Rosario funda la Liga del Sur, que reúne a la burguesía rural y comercial de Rosario y el sur de Santa Fe. Cuenta con el apoyo de inmigrantes y pequeños productores. El movimiento hace hincapié en la necesidad de una organización municipal autónoma, opuesta a la administración política hegemónica y centralizada de Santa Fe y la zona Norte. En 1912, es elegido diputado nacional en representación de la Liga del Sur, por Santa Fe. Es el terreno propicio y el momento adecuado para presentar el proyecto de ley de régimen municipal, basándose en argumentos como que, en Santa Fe, solo 4 de los 250 centros urbanos de la provincia tenían municipalidad (Rosario, Santa Fe, Casilda y Esperanza), que abarcaban un 28 % de la población, mientras que el 72 % restante estaban privados de cualquier organización municipal (los intendentes los elegía el gobernador y no tenían Concejo Deliberante). Eso pasaba en todo el país, pero la iniciativa no prosperó.  En 1916, para competir en los comicios presidenciales de ese año, funda el Partido Demócrata Progresista, que presenta la fórmula Lisandro de la Torre - Alejandro Carbó, como una alternativa a los radicales que postulaban a Yrigoyen y Pelagio B. Luna.  En su plataforma  proponía una Reforma Tributaria que gravara la riqueza para aliviar los impuestos sobre el consumo, la creación de una Marina Mercante y Proteccionismo a la Industria Nacional, todas éstas medidas para reactivar la economía. Pero su pasado radical le pasó factura y, el partido Conservador de Buenos Aires y el presidente actual, Victorino de la Plaza, le negaron su apoyo. Así, Yrigoyen, al derrotar a De la Torre se convertiría en el 1° presidente radical de la historia. Vuelve a su provincia y, en 1920 se realizan las elecciones de constituyentes para reformar la Constitución Provincial de Santa Fe. Es elegido y participa en la reforma, donde hay cambios sustanciales como la eliminación de la religión católica como credo, la creación de Corte Suprema de Justicia Provincial e implantación de Jury de enjuiciamiento por mal desempeño. Pero, el gobernador Mosca (que luego sería vicepresidente de Alvear en 1922), desestimó todo lo tratado y no lo promulgó. En las elecciones de 1922, donde como se dijo, ganó la UCR con Marcelo T. de Alvear al frente, De la Torre vuelve a ser elegido diputado por su partido. En 1926, desencantado de todo por falta de apoyo, vuelve al campo y compra una estancia en el paraje Las Pinas, en el límite entre Córdoba y La Rioja, dedicándose a tareas del agro. En 1928, vuelve a ganar la UCR, con un anciano Yrigoyen, pero el gobierno tiene fuerte oposición por la figura del veterano caudillo, naciendo el antipersonalismo, en contraposición del manejo personal de Don Hipólito. Hay descontento generalizado, sumado eso a la crisis económica imperante provocada por el crack de Wall Street. Comenzó a gestarse un golpe, liderado por el general José Félix Uriburu. Éste, sabiendo de su rivalidad con Yrigoyen y, para captar apoyo, lo visita y le ofrece el Ministerio del Interior de un posible gobierno de facto. De la Torre se niega rotundamente, a pesar de la amistad entre ellos, y reflexiona : "El programa de Uriburu es más amenazador que el de Yrigoyen. El general desconfía de la capacidad del pueblo por gobernarse, no cree en la elevación moral de los hombres políticos y atribuye a las instituciones libres vicios orgánicos que lo conducen a la demagogia. Yo creo exclusivamente en el gobierno de la opinión pública". Con el golpe de Estado consumado por Uriburu contra Yrigoyen en 1930, comienza en Argentina una etapa sombría de su historia llamada  "Década Infame", El país era un polvorín, manejado por una estructura cívico-militar que comienza con Uriburu en 1930 y continúa con el general Agustín P. Justo en 1932. Impedida de participar la UCR de los comicios, la opción era De la Torre que se presenta como candidato haciendo dupla con el socialista Nicolás Repetto, representando a la Alianza Democrática Socialista. Pero, los propios radicales que detestaban a Yrigoyen formaron otro partido (UCR Antipersonalista) y junto a los conservadores y una rama del Socialismo (independiente), formaron la "Concordancia" y se impusieron en esas elecciones que estuvo plagada de irregularidades, ya que aparecieron votos de fallecidos, quema de urnas y hubo matones y extorsionadores del Partido Conservador en las mesas de votación. El fraude y la trampa se habían consumado y, De la Torre volvió a perder. Por pedido de sus seguidores, Don Lisandro asume com diputado nacional por el Partido Demócrata Progresista, que se había impuesto en Santa Fe. Su presencia en el Congreso es una garantía para la oposición. Luego, un hecho ocurrido en 1932, le daría gran protagonismo a De la Torre a nivel nacional. Agobiada por la crisis económica derivada del crack de 1929 en Wall Street, la corona inglesa reúne en Canadá a sus colonias y ex colonias para reorganizar su comercio exterior y, decide dejar de comprar los productos que le vendía Argentina y adquirírselos a Canadá, Australia y Nueva Zelanda. La decisión cae como una bomba en la economía argentina, que aún mantenía el modelo agroexportador. Los productores ganaderos de agarraban la cabeza incrédulos y, pidieron al presidente Justo que intercediera. Fué así que envió en una misión a su vicepresdiente, Julio A. Roca (hijo) para llegar a un acuerdo. El encuentro, con el Secretario de Comercio inglés Walter Runciman, se llevó a cabo a través de una cena de gala y, literalmente, la misión argentina se puso de rodillas ante los enviados de la reina. El director de ferrocarriles en Argentina expresó : "Argentina es una de las joyas más preciadas de su graciosa Majestad" y, Roca, para completar la humillación pública, dijo : "Argentina, desde el punto de vista económico, es una parte integrante del Imperio Británico". Runciman se frotó las manos y pidió cláusulas favorables al Reino Unido y desventajosas para nuestro país, entre ellas que Inglaterra solo se comprometía a seguir comprando siempre y cuándo el precio sea menor al de los otros vendedores. También pidió liberación de impuestos que pesaban sobre los frigoríficos ingleses situados en Argentina y el compromiso de no permitir la instalación de frigoríficos de origen nacional. Toda  esa negociación humillante fué aceptada, incluso el monopolio del transporte de carnes a firmas inglesas. Éste acuerdo nefasto, firmado en 1933 pasó a la historia como el Pacto Roca-Runciman. El revuelo que causó tal improperio llegó al Congreso y, la figura y tarea de De la Torre fue superlativa. Denunció corrupción a la más alta escala, aportando pruebas de como se ocultaba información contable en cajas selladas por el Ministerio de Hacienda y desnudó la impunidad de los frigoríficos ingleses (Armour, Swift, Velsey) que no pagaban un centavo ni recibían inspecciones. El tema, muy espinoso, se debatió en el Congreso, con presencia de público, ávido de escuchar a De la Torre. Fué magistral en su ponencia : "El gobierno inglés le dice al gobierno argentino : no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a frigoríficos extranjeros. En esas condicones no podría decirse que Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a sus dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de ésto podremos seguir diciendo al gran pueblo argentino, salud.." El debate fué subiendo de tono ante las pruebas irrefutables que presentaba don Lisandro y  apuntó a otro de los frigoríficos (Anglo) de evasión impositiva y corrupción, señalando como responsables a Federico Pinedo (Ministro de Hacienda) y Luis Duhau (secretario de agricultura). Éste último lo amenaza diciendo : "Ya pagará bien caro por las afirmaciones que ha hecho". Luego, se levanta en busca de De la Torre, quién no se queda atrás y lo enfrenta a puro insulto. Desde su banca, Pinedo también lo insulta. Trascartón, Duhau empuja a don Lisandro, quién cae al piso. Al retroceder, Duhau tropieza y también cae. El tumulto es generalizado, hay gritos, insultos y, un grupo de legisladores se levanta a socorrer a los caídos. Entre ellos, el senador Enzo Bordabehere ayuda a De la Torre y, sucede lo inesperado. Un matón de los conservadores que se encontraba en el recinto, sacó un arma y disparó contra don Lisandro. Era un ex policía llamado Ramón Valdéz Cora. Fueron 3 disparos que dieron en la humanidad de Bordabehere (dos en la espalda y uno en el pecho) al tratar de reincorporar a su colega. El senador murió horas después en el Hospital Ramos Mejía. A pesar de lo ocurrido, tanto Pinedo como Duhau retaron a duelo a De la Torre para limpiar su honor. No aceptó el de Duhau por no considerarlo digno de caballero, pero sí aceptó el de Pinedo. Se enfrentaron con pistolas, De la Torre disparó al aire y Pinedo marró su disparo. Por otro lado, el debate se cerró por éste hecho desgraciado y el tema quedó inconcluso. Agobiado y apenado por lo ocurrido, principalmente con Bordabehere, De la Torre renunció a su banca en 1937. No podía creer tanta impunidad y comenzó a retirarse lentamente. Tenía pocas apariciones públicas y de vez en cuando daba conferencias en el Colegio Libre de Estudios Superiores. Se recluyó en su departamento de calle Esmeralda, en Buenos Aires, ya que el Banco Español se había quedado con su campo en Córdoba por un litigio por falta de pagos debido a la sequía. Vivía solo allí, ya que no se le conocieron parejas estables. Finalmente, el 5 de enero de 1939, al mediodía, se suicidaría de un disparo en el corazón. Ya lo tenía decidido y meticuloso como era, se despidió de todos sus afectos y dejó instrucciones de qué hacer con su cuerpo. Ese día tenía pensado almorzar con el Dr, Díaz Arana y, a la mañana le entregó una carta de despedida escrita a máquina a su mucama Clotilde Vergara para que se la entregue al Dr. Díaz Arana. La misma tenía un encabezado de 57 nombres de los que se despedía y decía: "Les ruego que se hagan cargo de la cremación de mi cadáver. Deseo que no haya acompañamiento público, ni ceremonia laica ni religiosa alguna, ni acceso de curiosos y fotógrafos a ver el cadáver, a excepción de las personas que uds. especialmente autoricen. Si fuera posible debería depositarse hoy mismo mi cuerpo en el crematorio e incinerarlo mañana temprano, en privado. Mucha gente buena me respeta y me quiere y sentirá mi muerte. Eso me basta como recompensa. No debe darse una importancia excesiva al desenlace final de mi vida, aún cuando sean otras las preocupaciones vulgares. Si uds. no lo desaprueban, desearía que mis cenizas fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndose con todo lo que muere en el Universo. Me autoriza a darles éste encargo el afecto invalorable que nos ha unido. Adiós" Luego agregó una parte manuscrita donde explicaba que no dejaba deuda alguna y aportaba los últimos $ 250 para gastos. También dejó una carta a su mucama, agradeciéndole los 7 años que le sirvió y dejándole la suma de $ 200. En Rosario hay un barrio que lleva su apelativo y el estadio "Gigante de Arroyito" del club Rosario Central tiene oficialmente su nombre.  La película "Asesinato en el Senado de la Nación" de 1984, se refiere al famoso debate del pacto Roca-Runciman. Lisandro de la Torre luchó toda su vida combatiendo los poderes opresores que regían el país, pero muchas veces lo dejaron solo y, por eso, no pudo con ellos. Se ganó el mote de "El fiscal de la Patria" por su permanente denuncia a la corrupción. Muchos años después su idea del régimen municipal se cristalizó en todo el país. Dejó un legado que debe servir de espejo para combatir el flagelo de la corrupción y, como sus cenizas, estará presente en los vientos de justicia que hacen falta en nuestro país.

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