ESTEBAN LAUREANO MARADONA, MÉDICO RURAL, EJEMPLO DE RENUNCIAMIENTO
Los seres humanos tienen, naturalmente, una tendencia al bienestar propio, que les mejore su calidad de vida, tratando de obtener todos los elementos que satisfagan sus necesidades básicas (y no tan básicas también). El objetivo es tener una vida digna, sin sobresaltos y, si por fruto del trabajo y esfuerzo se puede progresar, habrá logrado su meta. Sin embargo, existen casos particulares y dignos de ser considerados, debido al desprendimiento, altruísmo y simpleza de sus protagonistas. Nuestra historia de hoy es un canto a la humildad, solidaridad, de una persona que fué ejemplo toda su vida de todos los atributos que hemos mencionado. Y si su apellido es Maradona, el caso es más relevante aún. Sí, no hay equivocación ni error, en nuestro país existió un Maradona ilustre, que no tiene nada que ver con el mejor jugador de fútbol de la historia. Es más, se encuentran ambos en las antípodas de la forma de vivir. Se trata del doctor Esteban Laureano Maradona, nacido por casualidad en Esperanza (Santa Fe), dónde su padre inauguraba el 1° Congreso Agrícola del país, el 4 de julio de 1895. Era el noveno hijo de Waldino Maradona Garramuño, quién fuera senador por esa provincia y que fuera descendiente del prócer sanjuanino Plácido Fernández Maradona (ex gobernador) y de José Ignacio Fernández de Maradona (ex senador). Su madre fué Petrona Encarnación Villalba Sosa, quién era encargada de la hacienda de los Ezeiza, una familia muy aristocrática y rica de la época. Por razones políticas, los Ezeiza debieron exiliarse del país y, cuándo volvieron comprobaron con asombro que Encarnación había cuidado con responsabilidad la hacienda, a punto tal que las ganancias se habían duplicado. Semejante muestra de honestidad y lealtad hizo que la familia Ezeiza recompensara a la mujer con patacones de plata. Sin dudas, esa honestidad heredó nuestro protagonista de hoy, como veremos más adelante. Con el dinero obtenido, la familia se mudó hacia Santa Fé y, bordeando el Río Paraná, se establecieron entre Barrancas y Coronda, dónde compraron una hectáreas. Su padre, luego de dejar la senaduría, se dedicó a la producción rural, fué maestro en la zona y ejerció el periodismo. El pequeño Esteban creció en medio del monte, rodeado de la naturaleza y se convirtió en un excelente pescador y cazador. Hizo sus estudios primarios y secundarios en Santa Fe y luego ingresó en la Facultad de Medicina en Buenos Aires, dónde tuvo como maestros al Premio Nobel, Bernardo Houssay y al reconocido pediatra Pedro de Elizalde. Acostumbrado a la vida de campo, asistía a clases con un enorme chambergo criollo, en contrapartida de los bonaerenses, que iban de galera. Se recibió en 1926 e inmediatamente instaló un consultorio en su ciudad. Duró poco, ya que decidió trasladarse con el mismo a Resistencia, dónde además ejerció el periodismo en el diario "La Voz" y realizó exploraciones y estudios de Botánica en la isla del Cerrito Argentino, ávido de conocer la flora y fauna de la región. En esa época, la lepra era una enfermedad muy común y extendida en esas zonas y, decidió colaborar en la construcción de un lazareto para leprosos. Entre 1931 y 1932 dió una serie de conferencias sobre seguridad laboral en el marco de la Ley del Trabajo. Ésta "instrucción" muy valiosa para los trabajadores, le trajo varios inconvenientes con el flamante gobierno de facto de José Félix Uriburu (había derrocado a Yrigoyen), por lo que debió marcharse al exilio, a Paraguay. Ese mismo año comenzó la Guerra del Chaco (que enfrentó entre 1932 y 1935 a Paraguay y Bolivia), en la que éstos países se disputaron el control del territorio denominado Chaco Boreal. El doctor Maradona se anotó como médico camillero y, prestaba auxilio a soldados heridos en combate de ambos bandos, porque según él : "el dolor no tiene fronteras". Los paraguayos, enterados de ésto, lo encarcelaron creyendo que era un espía, pero el doctor logró convencerlos sobre la acción altruísta que estaba realizando. Fué liberado y lo nombraron jefe del Hospital Naval de Asunción. Siempre activo y solidario, redactó el Reglamento de Sanidad de Paraguay y colaboró con la colonia de leprosos de Itapirú. Allí conoció el amor y se comprometió con Aurora Ebaly, sobrina del presidente, pero la tragedia se cruzó en medio y la joven murió de fiebre tifoidea el 31 de diciembre de 1934. Al finalizar la guerra, el gobierno paraguayo (ganador de la misma) le pidió que se quedara para dirigir el sistema de salud de ese país. Pero, el doctor tenía decidido volver a su Patria ("lo único que me retuvo aquí después de lo de Aurora, fue la guerra") y, armó un itinerario de varias escalas. Iría a Formosa, luego en tren a Salta, pasaría por Tucumán a visitar a su hermano y, finalmente recalaría en Lobos (Bs. As) donde pondría un consultorio, ya que en esa ciudad vivía su madre. Pero los planes se trastocaron por completo. Al llegar a Formosa, el tren hizo una parada en la Estación Guaycurrí (hoy localidad de Estanislao del Campo). Fué allí que unos pobladores, desesperados, preguntaron si no había un médico en el tren, porque había una mujer a punto de dar a luz, pero en mal estado. No lo dudó el doctor Maradona que, tomó su maletín, subió a un sulky que guiaba una mujer y fué donde estaba la parturienta. Fué una intervención difícil, pero finalmente, la joven Mercedes Almirón, dió a luz una nena. Luego de eso, la gente del lugar, le pidió que se quedara porque no había médico a varios kilómetros a la redonda, además de carecer de luz eléctrica y agua potable. En esa época Formosa era Territorio Nacional (no era provincia y dependía del gobierno central) y estaba muy desolado. Ese 2 de noviembre de 1935, con 40 años, cambiaría para siempre la vida de Esteban Laureano Maradona ("la gente tenía las manos como de cuero, las orejas mutiladas, me suplicaban" dijo). Decidió quedarse, el tren se fué y sus planes se diluyeron, pero estaba convencido y decidido de lo que estaba haciendo. Así relata su arribo a la zona: "Cuando llegué, empezaron los problemas. Todo era monte, 4 o 5 ranchos, todo rodeado de indios, que me querían matar" y prosigue diciendo : "Uno me agarró de las solapas y me amenazó. No le tuve miedo ni me asusté. No porque soy valiente, es que soy así nomás". Pero, todo cambiaría con el tiempo, ya que con palabras simples y de aliento, dándoles medicinas, tabaco y ropa, los ánimos se calmaron. Tardó un tiempo en ganarse a todos, pues por su condición de "blanco" a veces recibía maltratos. Trabó amistad con los caciques y eso le facilitó el trabajo, se ganó el respeto de todos, pues se involucró y salvó muchas vidas, luchando con enfermedades que son mortales si no se las trata, como el chagas, la tuberculosis, el cólera, la sífilis y la lepra. Lo llamaban "Piognak", que en pilagá significa "Doctor Dios". Siendo coherente con su accionar, vivió como ellos, en una vivienda de ladrillo, sin luz, ni agua potable. Jamás les cobró por sus servicios a las comunidades toba, mocoví, mataco y pilagá que atendía. Además de curar, quería cambiar la situación de miseria del lugar y, consiguió que el gobierno le cediera tierras fiscales donde, en 1948, fundó la colonia aborigen "Juan Bautista Alberdi". Allí, les enseñó a trabajar la tierra, a construir casas con ladrillos que ellos mismos hacían. Con su propio dinero adquirió las semillas y herramientas de labranza para que los nativos pudieran trabajar. La mayoría de la población estaba desnutrida, mal alimentada y vivían del intercambio de las artesanías que realizaban por ropa y comida. Al aprender a trabajar la tierra, produjeron su propio alimento y su nutrición cambió. También el doctor fundó lugares para recibir indígenas marginados, colaboró con dinero para mejorar la estación del ferrocarril y erigió una comisaría. Fundó una escuela, a la que puso el nombre de su tatarabuelo, José Ignacio Maradona, quien fué el responsable de abolir el tributo que los indígenas pagaban a la Corona española. Allí fué maestro durante 3 años. Denunció la explotación que los ingenios azucareros realizaban con los indígenas. Algunos políticos lo escucharon y, le otorgaron un programa de apoyo de promoción humano y social. La enjundia y perseverancia del doctor Maradona lograba grandes avances. Todo lo transcribió en un libro llamado "A través de la selva", que es un formidable trabajo antroplógico sobre los nativos de la región. Esteban Laureano Maradona se quedó 51 años en el monte nativo y, en 1986, con 91 años, enfermo, no pudo seguir y volvió a Rosario, dónde se quedó a vivir con su sobrino. Sobrevivió de casualidad, porque había llegado en muy mal estado. Fué homenajeado en muchas oportunidades, quisieron darle una pensión vitalicia, a la que, por supuesto, se negó. El doctor Maradona murió de vejez, a los 99 años, el 14 de enero de 1995. Durante su trayectoria, recibió en 1981, el Premio Médico Rural Latinoamericano (con el dinero del premio compró semillas y arados para toda la comunidad), también recibió por parte de la ONU, la Estrella de Medicina para la Paz. Fué nombrado miembro de la Sociedad de Médicos Escritores, cuya sede está en París y es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Rosario. Hay escuelas y calles con su nombre en Formosa, Rosario y Esperanza y un busto en Santa Fe. La casa dónde vivió en Formosa (con pared y piso de ladrillo, techo de zinc, sin luz ni agua, dónde compartía baño externo y aljibe en el patio con otra familia), fué declarada Monumento Histórico Nacional. También el Correo emitió sellos postales con su rostro en 1966. Lo más importante, por ley N° 25448, el día de su nacimiento (4 de julio) se conmemora en el país, el día del médico rural. Absoluta justicia en ésta ley, pero aún el Congreso Nacional tiene una deuda con el doctor Maradona, ya que no ha hecho cumplir una resolución de 1984, en la que 20 obras del doctor (sin editar), deben precisamente ser editadas para donarlas a bibliotecas públicas del país. Tres frases pintan de cuerpo entero el pensamiento y actitud del doctor Maradona : "Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes". La segunda dice : "Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado". Por último : " Cuando conocí a los indios, comprendí que eran seres postergados, que habían soportado siglos de explotación, de desprecio y olvido. Sentí un gran dolor en el corazón". Fué nominado para el Nobel de la Paz, pero no quiso aceptar. Esteban Laureano Maradona, ejemplo incomparable de nuestra tierra, sus acciones hablan por sí solas, renunciando a todo para servir a los desprotegidos. Es el otro Maradona del país, al que debemos conocer, respetar y no verlo como ídolo (seguro él no hubiera querido), sino como un hombre con todas las letras.
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