EL "CHACHO" PEÑALOZA, EL ÚLTIMO CAUDILLO

La raza humana ha escrito capítulos de lucha contra la opresión, pudiendo ser ésta producto de invasiones, abuso de poder, ansia de superioridad étnica, política, religiosa o económica. Como sea, siempre habrá personas y grupos que combatirán contra ésta opresión, comandadas por un líder. Los caudillos provinciales de nuestro país, luego de la independencia, son muestra fiel de ello, ya que Buenos Aires quiso tener al país (Confederación en esa época) en un puño, con un falso federalismo, que lo tenía como provincia dominante sobre las demás. Buscaban un centralismo porteño, liso y llano. Las luchas internas de nuestra tierra, donde se derramaba sangre de compatriotas entre sí, hizo que San Martín partiera al exilio europeo, pues no aceptaba semejante circunstancia. La lucha entre federales y unitarios desangró a un país que pocos años antes había cortado sus cadenas con el reino de España. Entre los caudillos más notables del interior, tal vez el último que quedaba, está nuestro protagonista de hoy : Ángel Vicente "el Chacho" Peñaloza. Nació en el paraje Guaja, departamento Malanzán, un pueblito cerca de la Sierra de los Llanos, en La Rioja, el 2 de octubre de 1798.  Hijo de Juan Esteban Peñaloza y Úrsula Rivero, estuvo al cuidado de su tío abuelo, Pedro Vicente Peñaloza, sacerdote de la región, pero éste murió cuando "el Chacho" tenía 5 años. Él fué el responsable de su apodo que lo inmortalizaría, pues lo llamaba "Muchacho", pero sólo se escuchaban de su boca las 2 últimas sílabas : "Chacho". A pesar de ser una familia con recursos, en la zona no había escuelas y, las pocas que habían, estaban bastante alejadas, por lo que el caudillo no pudo aprender a leer ni escribir. En 1822, se casó con Ana Victoria Romero, con quién tuvo 2 hijos, ambos fallecidos al poco tiempo de nacer. Luego, adoptaron al hijo de un pariente, el pequeño Indalecio Peñaloza. Muy joven, se unió a las fuerzas comandadas por Facundo Quiroga, en su lucha contra los unitarios. Dicen que se conocieron en una fiesta realizada en una pulpería. Disputaron una pulseada que terminó empatada, porque se rompió la mesa. Allí nació su amistad. Su bautismo de fuego fué en la Batalla de El Tala, en 1826, donde vencieron al ejército del gobernador de Tucumán, el General Lamadrid. En esa lucha fué gravemente herido y, por su valor en combate, fué ascendido a Capitán de Milicias. Milagrosamente se recuperó y, unos años más tarde , en 1831, en la Batalla de La Ciudadela, dónde volvieron a vencer a Lamadrid, realizó una de sus proezas más recordadas : demostró su habilidad y coraje, al capturar un cañón con su lazo y lo arrastró hasta su posición, acción por la cuál fue ascendido a mayor. Bajo el mando de Quiroga luchó con ahínco en Rincón de Valladares, La Tablada y Oncativo, siendo derrotados por el General Paz en ésta última. El posterior asesinato de Quiroga en 1835, en Barranca Yaco, fué un duro golpe para los federales y, sobre todo, para Peñaloza. Estaban convencidos de la complicidad de Rosas, gobernador porteño, en ese homicidio. Ya sin su jefe y mentor, "el Chacho" comienza a escribir su propia leyenda. Es el creador de las "montoneras", formaciones militares irregulares, formadas por habitantes de una misma región (por lo general, gauchos), que brindan apoyo armado por una causa, a un líder. Cabalgaban "en montonera", algo desorganizados y, luego de cada lucha, se desparramaban en los montes, para luego reorganizarse. Siempre iban montados. En 1836, colabora en la invasión de su provincia, apoyando al caudillo sanjuanino Yanzón, pero son derrotados por el gobernador Tomás Brizuela. Sin embargo, éste lo perdona y lo nombra Comandante de Milicias, convencido del valor de tener al "Chacho" de su lado, por sus condiciones innatas de liderazgo. La lucha contra el centralismo porteño continúa y las provincias norteñas se unen en 1840, formando la Coalición del Norte (Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja). El ejército riojano era el más numeroso y mejor equipado, quedando el gobernador de La Rioja, Brizuela, como jefe y, obviamente, Peñaloza a cargo de las acciones militares. Ellos desconocían la autoridad de Rosas, quitándole el manejo de las Relaciones Exteriores (ellos mismos negociaban o firmaban tratados con el extranjero). Sólo Santiago del Estero se negó a formar parte de ésta coalición. Un año más tarde, la Coalición del Norte es definitivamente derrotada en la Batalla de Rodeo del Medio, en Mendoza.  Vencido,"El Chacho" huye a Chile, cruzando la Cordillera de Los Andes, donde se exilia 6 meses, acompañado siempre por su esposa. A la vuelta, rearma su ejército, pasando por San Juan, La Rioja y Catamarca, reclutando soldados. En 1842, en Tucumán, "el Chacho" es vencido por el gobernador de San Juan,  Nazario Benavídez, en la Batalla del Manantial. El sanjuanino lo sigue hasta los Llanos riojanos y lo vuelve a vencer en la Batalla de Illaca. Peñaloza, debe huir nuevamente a Chile, donde vivió 3 años en absoluta pobreza. "En Chile y a pie", solía decir cuando le preguntaban como andaba. Vuelve a rearmarse y, tras ser vencido en la Batalla de Telarillo en 1845, otra vez regresa a Chile. En la más absoluta miseria, se juega una carta arriesgada, ya que vuelve a San Juan y le pide ayuda a su vencedor, el gobernador Benavídez. Éste, conocido como "el caudillo manso", por su respeto a los vencidos y la ausencia de venganzas, le otorga un indulto y le permite volver e instalarse en San Juan. Rosas le pide que se lo  entregue, para escarmentarlo, pero Benavídez se niega. Le había dado su palabra al "Chacho". Todo cambiaría a nivel nacional en 1852, cuando Urquiza vence a Rosas en la Batalla de Caseros. Así, el entrerriano se convierte en la principal figura de la Confederación y, Peñaloza ya no corre peligro. Debido a ésto, 7 meses después de Caseros, Buenos Aires se separa de la Confederación. En 1853, Urquiza es proclamado presidente, se dicta nuestra Constitución Nacional y se proclama a Paraná, como sede de gobierno. Los porteños, a pesar de la derrota, "se cortan solos". En tanto, Peñaloza, en 1855, llega a su máximo esplendor, al ser nombrado por Urquiza como General de la Confederación. Sin embargo, en 1858, el General Benavídez, es brutal e injustamente asesinado en su provincia, por partidarios de los unitarios, que habían ganado las elecciones. Urquiza manda a intervenir dicha provincia y, manda al "Chacho" como mediador, ya que era respetado por ambos bandos. Pero, en 1861, el ejército porteño de Mitre, vence a Urquiza en la Batalla de Pavón y Buenos Aires vuelve a dominar la escena nacional, imponiendo condiciones y nombrando a Mitre como presidente. Luego de ello, Peñaloza se unió con el gobernador tucumano Celedonio Gutiérrez para seguir resistiendo y fueron derrotados en la Batalla de Río Colorado. Huyó a La Rioja, siendo perseguido y, a los que alcanzaban los torturaban, degollaban y fusilaban, aún rendidos, provocando una verdadera masacre. Con pocos hombres, volvió a combatir en Aguadita de los Valdeses, cayendo nuevamente. Luego, como siempre, se rearmó y sitió San Luis y el gobierno nacional le ofrece un pacto, una especie de tregua y no agresión, a cambio de los prisioneros. Así, el 30 de Mayo de 1862 se acuerda el Tratado de La Banderita. El "Chacho" acepta y entrega sus prisioneros, pero es vilmente traicionado por el Coronel Sandes, que no le entrega ningún prisionero, pues ya los había hecho fusilar. La falta de códigos militares indigna a Peñaloza que, analfabeto, confía en el valor sagrado de la palabra (la que tuvieron con él los gobernadores Brizuela y Benavídez). El "Chacho" tenía ahora un enemigo poderoso en San Juan, ya que Sarmiento era gobernador y, era conocida su aversión a lo popular y/o gauchesco, creando su dicotomía "civilización o barbarie" (nombre que también dió a un libro, subtitulado "Facundo", en referencia al caudillo riojano Quiroga). Así, por ejemplo, escribía luego de la Batalla de Pavón, : "animales bípedos de penosa condición, que no sé que obtenga con tratarlos mejor", al referirse a los vencidos. Los montoneros del "Chacho", sumidos en la pobreza, sobrevivían robando ganado para comer. Con Mitre presidente, Sarmiento le insiste al porteño para combatirlos y recibe como respuesta : "Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía, declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles honor de partidarias políticas, lo que hay que hacer es muy sencillo".  Sarmiento responde : "no economice sangre de gauchos, es lo único que tienen de humanos". Peñaloza no se amilana y, por enésima vez rearmado, invade San Juan en respuesta a la política sarmientina. Al mando del ejército sanjuanino está el sanguinario Coronel Sandes, ex montonero, conocedor de los trucos del riojano, quién lo vence en la Batalla de Loma Blanca. Huye a Córdoba y le pide, por carta, a Urquiza que se haga cargo del ejército federal para combatir a Mitre, pero el entrerriano no le contesta. Tiene un pacto tácito de no agresión con el porteño. El 28 de junio de 1863, el riojano se enfrenta al ejército de Sandes y el General Wenceslao Paunero en la Batalla de Las Playas. Allí, los mitristas tienen armas autómaticas y ametralladoras traídas desde Inglaterra por el gobierno nacional. La diferencia es enorme, la batalla se decide en pocos minutos a favor de los porteños, siendo el saldo de 300 muertos y 700 prisioneros de los federales del interior, contra solo 14 bajas porteñas. Apelando a su crueldad, el Coronel Sandes ordenó quemar, de noche, el campo de batalla, sin siquiera retirar a los heridos. La última carta se la juega Peñaloza, 2 meses después, al reunir 1000 hombres y volver a San Juan, ya que su plan era raptar a Sarmiento. Pero, el Coronel Pablo Irrazábal (que reemplazó a Sandes, asesinado por un gaucho fugitivo) lo vence en Caucete, el 30 de octubre, en otra masacre. Se refugia en La Rioja, cerca de Olta, en un rancho. Ahora sí, está rodeado. Una partida, al mando del Comandante Ricardo Vera, antiguo prisionero suyo y familar de su esposa, llega a su escondite y, amablemente lo insta a rendirse : "Compadre, su causa es causa perdida, si usted se rinde al Gobierno, yo le aseguro la vida". El "Chacho" acepta e ingresa al  rancho para entregarle a Vera su puñal, la única arma que le queda y es maniatado. Vuelve  a su habitación y charla con su esposa (que lo siguió a todos lados, incluso combatiendo con él) y su hijo. Confía en la palabra de Vera. Pero Irrazábal, enceguecido de odio, llega al lugar donde está Peñaloza. Es el jefe. Exaltado baja del caballo y grita : " !! Quién es el  bandido del Chacho, donde está !!! " . El riojano sale y responde : " ¡¡ Yo soy el Chacho, y no soy ningún bandido !!! ". Iracundo, Irrazábal lo insulta, recoge una lanza y la clava en el pecho del caudillo..."¡¡¡ Cobarde...matar a un hombre rendido...!!! alcanza a balbucear Peñaloza. Trascartón, es acribillado en el suelo por los fusiles de los soldados, ante el llanto y desesperación de su mujer e hijo. Otra vez  " el Chacho" es traicionado, sólo que ésta vez le costaría la vida, el 12 de noviembre de 1863.  Su cadáver es ultrajado de mil maneras, ya que cortan su cabeza y la misma es clavada en un asta en la plaza de Olta, exhibiéndola como trofeo y ante su familia. También le cortaron una oreja y la enviaron a Buenos Aires, para exhibirla en una bandeja en una fiesta. Su esposa fué llevada a San Juan y, encadenada, fue obligada por Sarmiento a barrer la inmensa plaza mayor de allí. El maestro sanjuanino, que había sido nombrado Director de Guerra por Mitre, para exterminar la resistencia del "Chacho", estaba exultante : "No sé que pensarán de la ejecución del "Chacho", yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados, he aplaudido la medida, precisamente por su forma, sin cortar la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en 6 meses". Con la muerte de Peñaloza, caía el último caudillo del interior y, el "federalismo porteño" imponía condiciones al resto de las provincias y comenzaba una nueva era. Su facón se encuentra en el Museo de Historia, con una placa que dice : "Naides, más que naides y menos que naides". En 2013, se inaugura un monumento en su honor en La Rioja, al cumplirse 150 años de su asesinato. En la provincia de Córdoba, en el departamento Minas, cerca del límite con La Rioja, una localidad lleva su nombre : El Chacho.  Peñaloza luchó fervientemente por la justicia e igualdad en su provincia y país, fué traicionado varias veces porque creía en el valor de la palabra y eso le costaría la vida. El contexto político nacional cambiaría a partir de allí, por eso Ángel Vicente Peñaloza, "el Chacho", fué sin dudas, el último caudillo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ROMINA TEJERINA... Y EL ROSTRO DE SU VIOLADOR EN SU HIJA...

MARCELO SAJEN... HISTORIA DE UN VIOLADOR SERIAL...

"TANGUITO", OLVIDADO PIONERO DEL ROCK