GAUCHITO GIL. EL "SANTO" DE LAS RUTAS Y BANQUINAS
El ser humano necesita creer en algo, encomendar las cosas que quiere a una fuerza divina, sobrenatural, que todo o casi todo lo puede. La Iglesia Católica marcha al frente en éstas cuestiones por éstas latitudes, dónde sus fieles piden y rezan a Dios, la Virgen y una lista de santos consagrados y reconocidos por el propio Vaticano. Sin embargo, hay otros "personajes", elevados a la categoría de milagrosos, incluídos en la lista de paganos, según los entendidos. Muchas veces sus acciones son puestas en duda o se cree que hay exageraciones por parte de los difusores de ellos. Como sea y como se planteó al principio, la FE y la necesidad de creer en algo o alguien para conseguir algo, traducido ésto en milagros, hace que las personas, literalmente, hagan un culto a éstas creencias. Nuestro país es abundante en éstos "milagrosos" y, el más popular hoy en día es el Gauchito Gil que, con el tiempo, ha desplazado a la Difunta Correa al segundo lugar. Su nombre completo era Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez, hijo de José Gil y Encarnación Núñez y había nacido en un paraje llamado Pay Ubre, cerca de Mercedes (Corrientes) el 12 de agosto de 1840. Como todo joven de la zona, se empleó en una estancia del lugar, realizando tareas campestres, siendo un hábil jinete y, además, manejaba muy bien el facón. Su patrona, una viuda adinerada, la mayor de varios hermanos, de singular belleza, era pretendida por el comisario del pueblo. Ésta situación, que se repite en varias historias (como la de Juan Moreira, Bairoletto o "Mate Cosido"), revela como la ley y el orden, representada por jueces y policías corruptos y prepotentes, pretendían salirse con la suya a fuerza de su mal manejada autoridad. Si alguien se interponía entre la mujer deseada y ellos, era presa de persecución, tormentos e injusticias. Parcialmente se salían con la suya, porque no podían atraparlos, pero éstos comenzaban un camino de eternas huidas errantes. En el caso del "Gauchito", había una atracción mutua entre él y su patrona, de nombre Estrella. Una noche, en una celebración en su casa, los hermanos de Estrella invitan al comisario al baile, ante la negativa y enojo de ella. Había varias razones para rechazarlo, además de no sentir nada por él, sino que el comisario casi la doblaba en edad y eso ella se lo hacía notar cada vez que el hombre de la ley se le insinuaba. Ante la imposibilidad de entrar al baile, el "Gauchito" cita para el día siguiente a Estrella en un lugar cerca del río. Cuando se estaban besando, son sorprendidos por el comisario, que la había seguido. Se trenzan en lucha y Gil vence al policía, pero lo deja con vida. Escapa, ante la catarata de insultos de su vencido, que promete perseguirlo hasta el final. Con toda la ley buscándolo sin motivo, ya que no había delito alguno, el "Gauchito" huye y se enrola en el ejército del General Madariaga, en la Guerra de la Triple Alianza. Aquí el imperio brasileño quería expandir sus dominios hacia Uruguay y poner un gobierno afín. Ante ello, el gobierno paraguayo fue en ayuda de los orientales sofocando el ataque brasileño e invadiendo la zona de Matto Grosso. La guerra estaba declarada. Paraguay pide permiso a Argentina para pasar por Corrientes y enviar refuerzos a Uruguay, a lo que nuestro país se niega, aduciendo neutralidad. Paraguay responde capturando un barco patriota y al presidente Mitre no le queda otra que declarar la guerra. Así se arma la Triple Alianza y allí el "Gauchito" va a combatir. En 1870, finalizada la contienda, regresa y se junta con dos paisanos sin trabajo, Ramiro Pardo y Francisco Goncalvez y, junto a ellos sobrevive robando ganado. Sin embargo, siempre le dan animales o dinero a los pobladores que menos tienen, siendo una especie de Robin Hood (como lo fue Bairoletto y "Mate Cosido"). Una tarde, estando en una pulpería, llega una partida del ejército correntino, reclutando soldados a la fuerza. Había una lucha interna en Corrientes, entre el Partido Liberal y el Partido Autonomista, por el poder. Era una lucha entre hermanos al que el "Gauchito", igual que su coterráneo San Martín en su momento, no quería participar. Dijo haber tenido un sueño y una visión, donde le decían que de ninguna manera debía derramar sangre de hermanos. Pero el coronel Salazar, del Partido Liberal, lo recluta junto a sus amigos. Gil era partidario de los Autonomistas, cuyo color rojo era su distintivo y, él llevaba un pañuelo y vincha de ese color. Pero, indomable como era, planeó la huida, dándose cuenta que en los cambios de guadia no los vigilaban. Fué así que, en la lentitud de un cambio de guardia nocturno, aprovecha para huir con sus compañeros. Siguieron con la misma modalidad, cuatrereando para sobrevivir y el excedente lo repartían a los más necesitados. A eso, había que agregarle el cargo de desertor del ejército, un delito grave para la época. Una noche, con Pardo y Goncalvez, acuden a la celebración de San Baltazar, del cuál el "Gauchito" era devoto. Se amanecieron y, a la siesta, cansados de tanta juerga, se acostaron a dormir. Fué entonces que una partida los sorprende apuntándoles mientras estaban acostados. Sus compañeros pretendieron huir y fueron abatidos, mientras que Gil es capturado. La partida tenía orden de llevarlo a Goya, para ser juzgado, pero tal era el odio hacia el "Gauchito", que se detienen en un paraje cercano a Mercedes y deciden ejecutarlo allí. Gil, presintiendo su final, le dice : "con la sangre de un inocente se curará otro inocente". Al preguntarle el coronel, que quiere decir, continúa diciéndole : " cuando vuelvas a tu casa y veas a tu hijo enfermo, decí mi nombre, que él se va a curar". Enfurecido ante el conocimiento de su vida personal por parte del detenido (en realidad había oído decírselo a uno de sus segundos), el coronel Salazar ordena que lo degüellen, pero ningún soldado se atreve, ya que conocen algunas de sus andanzas y ayudas a pobres, como ellos. El coronel ordena colgarlo de los pies en un algarrobo y, con la cabeza casi tocando el suelo, lo degüella. Al regresar a su casa, el hijo del coronel "volaba" de fiebre en la cama, muy desmejorado. Fué entonces que salió afuera desesperado y, mirando el cielo con los ojos llorosos, pronunció el nombre del "Gauchito", le pidió perdón e imploró por su hijo y que Dios se apiadara de todos los inocentes. Minutos después, el niño estaba sin fiebre y pudo levantarse. Inmediatamente, el coronel fué al lugar del ajusticiamiento, bajó del árbol el cuerpo y lo sepultó, colocando una cruz de ñandubay. Su verdugo fué su primer devoto, ya que luego le construyó un santuario en el lugar. Años más tarde fué indultado por la Justicia y, el santuario fué trasladado ante el temor de que se produjera un incendio, producto de las velas encendidas. El comisario que había ordenado el traslado, tiempo después cae enfermo y en un rapto de lucidez, le pidió al "Gauchito" por su salud. Se curó y decidió volver el santuario a su lugar, en agradecimiento. Desde entonces, el lugar se convirtió en sitio de peregrinación de fieles. Gil fué degollado el 8 de enero de 1878 y en esa fecha se celebra "su santidad pagana". Los camioneros son muy devotos de él, ya que el santuario es paso obligado hacia las rutas del Mercosur, y tocan bocina cuando pasan por ahí o se bajan y le dejan una ofrenda. Al santuario concurren alrededor de 300.000 fieles cada 8 de enero y, para pedirle un milagro o por un cambio de suerte, se escribe el pedido en una cinta roja y de noche se la deja en la rama de un árbol o, también se puede prender una vela roja. Hay santuarios en Chile, Uruguay, Bolivia y Barcelona (España), una calle en Berazategui (Buenos Aires) lleva su nombre y los grupos musicales "Los Sultanes" y "Científicos del Palo" le escribieron una canción. Sus restos se encuentran en el Cementerio de Mercedes. Su historia, o mejor dicho leyenda, puede tener cuestiones incomprobables o difíciles de creer, pero de eso se construyen los mitos y leyendas populares. El "Gauchito" Gil, el "santo pagano" más popular en ésta época, cada vez gana más adeptos, imantados por su "milagrosidad" y por su triste historia plagada de injusticias, huidas y una muerte violenta evitable. Su pañuelo y vincha, tan rojas como su sangre vertida injustamente, ya son parte eterna del paisaje correntino y del país, en sus rutas y banquinas.
Comentarios
Publicar un comentario