BENJAMÍN MATIENZO, PARA SIEMPRE EN LA CORDILLERA

Existen en la historia personas que por su personalidad, se convierten en personajes. Éste juego de palabras refiere a aquellos que por "batallas" personales, buscan superarse o asumen desafíos, uno tras otro. Ese ímpetu, ganas de superación, audacia y talento natural, hace que muchos puedan aventurarse en ello, pues poseen los atributos antes mencionados.  El inicio del siglo XX fué prolífico en hechos, proezas y hazañas que muchos lograron realizar y, lamentablemente otros dejaron la vida en esas empresas. Tal es el caso del aviador Benjamín Matienzo. Nació el 9 de abril de 1891 en San Miguel de Tucumán, su padre (que se llamaba igual que él) era un destacado e importante jurista y magistrado de la provincia y, su madre fué Adela López. Estudió en el Colegio Nacional de San Miguel de Tucumán y, a los 18 años ingresó al Colegio Militar de la Nación, dónde llegó al grado de Teniente, en el Arma de Ingenieros. Interesado en la aviación, cuyo auge estaba en la cima, pasó a formar parte de la Escuela de Aviación Militar, con sede en El Palomar, en 1916. Al año siguiente recibió el "brevet" de Piloto Aviador, luego ascendió a Aviador Militar Superior y, finalmente  alcanzó el máximo rango en 1918 : Aviador Militar. Era un piloto de eximia destreza y habilidad, aparte de su coraje. El 23 de Mayo de 1918, junto al Ingeniero Eduardo Lucius, concretó su primera hazaña : unió el campo de aviación de El Palomar, en Buenos Aires, con Tucumán, recorriendo 1135 kms., haciendo escala en Rosario, Rafaela, La Banda, Real Sayana y Santiago del Estero. Apasionado por los desafíos, junto a sus compañeros de armas del Batallón 5 de Ingenieros, el capitán Pedro Zanni y el Teniente 1° Antonio Parodi, planearon el cruce de la Cordillera de Los Andes. Partieron el 28 de mayo de 1919 desde el Aeródromo "Los Tamarindos", en Mendoza. Zanni y Parodi lo hicieron en dos biplanos "Ansaldo" y Matienzo en un Nieuport 28 de 165 HP. Eran las 6:40 de la mañana y debían volar a 6000 mts. de altura para lograr su cometido. Zanni se quedó sin combustible y regresó y Parodi sufrió un desperfecto en su nave, que lo obligó también a regresar. Pero de Matienzo no había noticias. Las comunicaciones eran precarias, los biplanos no tenían radio, por lo tanto si no regresaba un aeroplano, no había noticias del mismo. Los pronósticos no eran alentadores, nevaba mucho y eso dificultaba la búsqueda. Se enfocaron en zonas como Las Cuevas, Zanjón Amarillo y Tupungato, sectores donde debería haber pasado, pero no tuvieron éxito, pues la nieve acumulada hacía imposible cualquier intento. La suerte estaba echada para Matienzo, pues se suspendieron las búsquedas. Pasado el invierno y producido el deshielo en la Cordillera, se reanudó el periplo para hallar el cuerpo de Matienzo. El 17 de noviembre la patrulla buscó todo el día, sin éxito. Al día siguiente, la misión a cargo del Subcomisario Pujadas continuó buscando. Llegado el mediodía, descansaron y comieron en una pequeña construcción perteneciente a las minas de cobre del valle de Las Cuevas, para continuar a la siesta. Caminaron 14 kms. más al norte y fué entonces cuando el Guarda Hilos de la Compañía Telegráfica del Sud, el chileno Juan Hernández, conocedor del lugar, divisó el cuerpo. !! Ahí está Matienzo !!! gritó desaforado el integrante de la expedición. Estaba reclinado en la saliente de una gran roca, con sus piernas ligeramente recogidas y los brazos extendidos a ambos lados. Tenía un uniforme color caqui (una especie de marrón claro, usado en la milicia), una tricota blanca (había sido desgarrada por las aves de rapiña y dejaba ver su caja torácica), el pantalón, ropa interior de lana y las botas negras. El hecho de ser rapiñado por las aves y la ausencia de hielo y nieve, hacía que el olor a descomposición comenzara a invadir el ambiente. Su cara estaba descarnada, los dientes apretados (síntoma de extremo frío) y su cuello y visceras habían sido comidos por los cóndores. Sus manos estaban quemadas por la acción de la nieve (de color negro al reverso y los dedos). Aún conservaba en uno de sus dedos el anillo de oro con sus iniciales y al lado, un lápiz negro. A 20 metros estaba su casco, pasamontañas, restos de vestimenta que arrastró el viento y el revólver (al cuál le faltaban 2 balas). Se supone que caminó bastante, pues sus botas estaban literalmente peladas. La hipótesis más cercana afirma que agotó su combustible y logró descender en una zona llamada "Quebrada del avión", apta para el aterrizaje. Salió caminando, bajó del terreno nevado hasta la base del cerro Pan de Azúcar, desandando el valle hacia el sur. Llegó hasta la zona de las minas de cobre (probablemente las vió antes desde el aire), y solo le faltaron 90 metros para llegar al refugio de la Casa de Minas. Tal vez la nieve no le permitió verla o ya estaba desfalleciente. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio del Oeste de Tucumán. Su aeroplano fué encontrado 31 años después, en 1950, sobre una empinada montaña del lado argentino, a 4500 mts. de altitud y a 150 mts. de la frontera, por la expedición del teniente Víctor Bringas y su par, Manuel Svars. Estaba tapado con piedras, con el motor intacto, incluso con aceite. El altímetro marcaba 3900 mts. y estaba el reloj pulsera de Matienzo, ya roto, con las manecillas clavadas en las 10 horas. Donde fué hallado su cuerpo se construyó un monolito, con placas en su honor. En 1970, por ley nacional, se lo declaró "Precursor y Benemérito de la Aeronáutica Argentina". En la Antártida, una base lleva su nombre y el aeropuerto de Tucumán se llama "Teniente Benjamín Matienzo". Hay escuelas con su nombre en Córdoba, Chaco, Ciudad de Buenos Aires, Neuquén, Tucumán y Provincia de Buenos Aires. También hay clubes deportivos con su nombre en Romang (Santa Fe), Monte Buey y Villa de Soto (Córdoba), Goya (Corrientes), Ingeniero Luiggi y Alberdi (Buenos Aires). Benjamín Matienzo vió truncados sus sueños a sus jóvenes 28 años de edad, cuando quiso cruzar la Cordillera, pero ésta, como con muchos otros, lo atrapó y se lo llevó consigo. Queda su espíritu indomable flotando en el aire...ese lugar donde siempre quiso estar.

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