VICENTE ALMANDOS ALMONACID, EL VOLADOR NOCTURNO
Cada vez que surge o se conoce una hazaña o proeza del ser humano, suele ser protagonista de ella, un compatriota nuestro. Sin lugar a dudas existe un "gen argentino", aquel que nos caracteriza por tratarse, a veces, de hazañas imposibles o temerarias. Puede ponerse cualquiera de los dos adjetivos y estaría correcto. O más bien, le caben los dos adjetivos. En nuestras tierras existieron siempre espíritus aventureros, emprendedores y gustosos de los desafíos. Uno de ellos es nuestro protagonista de hoy : Vicente Almandos Almonacid, "el cóndor riojano". Nació en la Navidad de 1882 en San Miguel de Anguinán, un pueblito cerca de Chilecito. De familia de buena posición, su padre (que se llamaba igual), fué gobernador de La Rioja entre 1877 y 1880. En 1891, con 9 años, queda huérfano de padre y, su madre decide mudarse a Buenos Aires, en busca de mejores oportunidades. Ya en la metrópoli, estudió y se recibió en el prestigioso Colegio Nacional de Buenos Aires, para luego ingresar a la Escuela Naval, dónde se preparó como guardiamarina. Sin embargo, más tarde abandonó por un entredicho insalvable con su superior. Deseoso de seguir aprendiendo, cursó materias en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Finalmente, entró en Ingeniería y egresó con su diploma nacional. Mientras estudiaba, aplicaba su inventiva en forma práctica, diseñando y construyendo su propio aeroplano, al que llamó "Aeromóvil". Pudo volarlo, no sin dificultades. Por ello, decidido como era, en 1913 partió hacia Francia, cuna de la aviación, para perfeccionarse y aprender más. Apenas llegado fué a la escuela de aviación francesa. El idioma era un problema para el riojano, por ende la comunicación no era fluída y mucho menos exacta. Había llevado los planos de su "Aeromóvil" y los galos pensaron que era un experto. En realidad lo era, pero diseñando, no piloteando. Al subirse al monomotor que le dieron para probarlo, había algunos "mecanismos" que no dominaba, sabía lo básico. Así fué que en el aire, sin querer, hacía giros, contragiros o picadas, todas maniobras arriesgadas, producto de su desconocimiento de los citados "mecanismos". Por ello tuvo que hacer luego, el curso de piloto, recibiendo su "brevet" en 1914. Vicente estaba listo y, justo comenzaba la 1° Guerra Mundial, por lo que se incorporó a la aviación francesa, formando parte de la famosa Legión Extranjera, cuyos soldados eran altamente entrenados, que provenían de otros países y servían a Francia. Estuvo afincado con su división en Bélgica y, como piloto de avión, su misión era hacer guardia para alertar sobre la presencia de aviones alemanes y los famosos "zeppelins" (los dirigibles). Sin embargo a esas misiones le faltaba adrenalina, según su parecer. Fué entonces que comenzó a realizar vuelos nocturnos de reconocimiento, toda una novedad porque nadie los hacía. Pero, ¿cuál era su método ? Muy sencillo, se valía del resplandor que la luz lunar efectuaba en ríos y vías férreas. Hacía ésto porque consideraba que éstos elementos eran guías seguras para tomarlas como referencia. Fué reprendido duramente, ya que volar de noche estaba prohibido. Obstinado, redobló la apuesta y voló nuevamente de noche, pero ésta vez llevó bombas que arrojó sobre posiciones enemigas, a las que, obviamente, sorprendió. Ya convencidos de su maestría y coraje, sus superiores le pidieron que instruyera a los demás pilotos sobre como volar de noche. Fué transferido a la 27° escuadrilla para entrar en combate. Como dato interesante vale recordar que, en la escuadrilla 26° volaba su amigo Roland Garrós, héroe nacional francés (a tal punto que, el Abierto de tenis de Francia, uno de los 4 Grand Slam, lleva su nombre). Garrós fué el primer piloto que incorporó armas tipo ametralladoras, pues todos los aeroplanos eran de reconocimiento y espionaje y sólo algunos arrojaban bombas. Almonacid, en tanto, siguió con sus vuelos nocturnos y se especializó en bombardear estaciones, fábricas y depósitos de municiones, dejando sin artillería al enemigo. Por sus proezas fué ascendido a subteniente y ya también comenzó a derribar aviones. La misión que más impacto causó fué un bombardeo a una base de gases asfixiantes, ubicada a 150 kms. de la frontera. Salió a las 4 de la mañana y, tras 2 horas de vuelo, arrojó 7 bombas. Los alemanes, ya alertados de las incursiones nocturnas de Almonacid, lo estaban esperando y lo siguieron para derribarlo. Con astucia, el riojano los llevó directamente hacia donde estaba la artillería francesa. Dos aviones alemanes fueron derribados y su nave, a duras penas, llegó todo acribillado. "Ví la muerte cerca", dijo esa vez. Por supuesto, fué condecorado. En una de sus últimas misiones, fué a tomar fotos de posiciones enemigas, para un posterior ataque. Le dispararon con todo, destrozando un ala. El avión cayó abruptamente y el riojano salió ileso. Increíble, pero real. Por esa acción le dieron La Cruz de Guerra. A lo largo de su servicio a Francia, diseñó un mecanismo para arrojar bombas y un sistema óptico de puntería. La guerra finalizó en 1919 y Almonacid ya era capitán y había logrado muchas medallas además de la mencionada Cruz de Guerra, pues logró la Insignia de la Legión de Honor y la medalla de la Liga de Aeronáutica Francesa. Volvió al país ese año y fué recibido por una multitud y llevado en andas. Al año siguiente se casó con Dolores Güiraldes, hermana de Ricardo, el autor de "Don Segundo Sombra", tuvieron 4 hijos y se separaron 2 años más tarde. Ese mismo año lograría una de sus más grandes hazañas, ya que cruzó la Cordillera de los Andes en aeroplano, de noche. Otra vez la naturaleza fué su aliada, ya que tomó como referencia el reflejo lunar sobre los picos nevados. Al llegar a Chile, se guió por la espuma de las olas para aterrizar en la costa del océano. El aeroplano quedó maltrecho, pero Almonacid como siempre ileso y con la misión cumplida. Al volver al país, otra vez fué recibido en andas en la Estación de Retiro. Pasados los años se dedica al comercio y funda "Aeroposta Argentina" en 1927, siendo el primer correo aéreo que conectaba distintos puntos del país, haciendo los recorridos Buenos Aires - Río Gallegos, Buenos Aires - Mendoza y Chile y Buenos Aires - Asunción del Paraguay. Puede decirse que fue el precursor de la aviación comercial, ya que en esa época los aviones no llevaban gente, sino correspondencia. Uno de sus empleados, era su amigo Antoine Saint-Exúpery, el autor de "El Principito", también eximio piloto. En 1932, cuando estalló la guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, ofreció sus servicios a éstos últimos, ya que tenía contactos con ese gobierno por su trabajo en la Aeroposta. Organizó todo lo referente a la parte de aviación, pero al poco tiempo renunció, ya que sus consejos para adquirir equipamiento no fueron escuchados. Durante la 2° Guerra Mundial fué cónsul en Boulogne Sur-Mer, dónde era encargado de proteger la casa dónde murió San Martín. Años más tarde, con Perón en el gobierno, su empresa fué expropiada. Falleció el 16 de diciembre de 1953 a los 71 años. Por pedido del gobierno francés, sus restos descansan en el panteón que pertenece a ese país, en el Cementerio de San Isidro. En Francia es héroe nacional y su apellido está grabado en el ala derecha del Arco de Triunfo en París. En nuestro país, el aeropuerto de La Rioja se llama "Capitán Vicente Almonacid" y el helipuerto presidencial en Buenos Aires lleva su nombre. "El cóndor riojano", el bravo piloto que se atrevió a volar de noche y que es héroe en 2 países, subió a los cielos, seguramente buscando más aventuras y proezas...al fin y al cabo, esa era su vida y pasión.
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