CANCHA RAYADA, LA DERROTA QUE NO CONOCEMOS...
Si hay un héroe que no admite discusiones en nuestro altar de próceres, es el General San Martín. Ni siquiera el revisionismo histórico, que sacó los "trapitos al sol" de varios de los protagonistas de la historia argenta, pudo con la figura del militar correntino, quién tiene ganado justicieramente el título de Libertador de América. Aunque existen otros libertadores que actuaron en pos de la independencia sudamericana, como Bolívar, Sucre y O´Higgins (de allí el nombre de la Copa de Fútbol de clubes más importante de Sudámerica). Sin embargo, también San Martín mordió el polvo de la derrota en el campo de batalla, aunque en circunstancias especiales. Entre las resonantes victorias de Chacabuco y Maipú, que aseguraron la independencia chilena, en el medio como una dolorosa cuña, está el desastre de Cancha Rayada. Un título trágico y pomposo, como solía ponérseles a las derrotas y que poco y nada nos enseñaron en la escuela. La historia dice que luego de la victoria en Chacabuco, en tierras chilenas, el ejército realista diezmado, vuelve en barco a Perú, dominio aún en poder de la corona española, ya que allí era la capital del Virreinato que quedaba. Contrariado, el virrey Joaquín de la Pezuela, comienza a urdir el plan de reconquista de Chile. Se tomará su tiempo, pero quiere terminar con la resistencia americana. Mientras tanto, el 12 de febrero de 1818, justo 1 año después de la victoria de Chacabuco, Bernardo de O´Higgins, director supremo chileno (cargo que fué ofrecido a San Martín, pero que rechazó, argumentando que el puesto debía ocuparlo un chileno), declara la independencia. San Martín había vuelto a Buenos Aires a visitar a su esposa, Remedios de Escalada, que estaba enferma. Luego de una breve estadía, el general regresó a Chile, fué la última vez que vió a su esposa, que moriría poco después. En tanto, en Perú, está todo listo y envían un nuevo ejército, con refuerzos llegados desde España. Desembarcaron en el puerto de Talcahuano e hicieron base cerca de allí, en Talca. La misión : recuperar territorio chileno y desbancar al gobierno local. Avanzaron en grupos de reconocimiento y se trenzaron en pequeñas escaramuzas con hombres de O´Higgins. Llegada la noche, ambos grupos regresan a sus bases y acampan. El ejército patriota, avisado de un posible ataque realista, había conformado un numeroso escuadrón de casi 8000 hombres (de O´Higgins y San Martín). Sin saberlo, ambos ejércitos habían acampado muy cerca uno del otro. Las fogatas de los hombres de O´Higgins, ubicados en el llano delatan la posición patriota. Allí, los realistas, desde un sector más alto, se dan cuenta de la magnitud del contrincante, ante la extensión de las fogatas. El Coronel José Ordóñez, segundo jefe de los realistas, convence al Brigadier Mariano Osorio de atacarlos por sorpresa. Es la noche del 19 de marzo y el ataque se produce dividido en 3 divisiones de soldados. El soldado patriota, que está de guardia, divisa el peligro y corre desesperadamente a avisar al campamento. Pero es tarde. El desorden y caos impera en la noche, donde no se sabe a ciencia cierta quién está en frente. El General O´Higgins reacciona y sale a combatir, pero un fogonazo mata su caballo y otro lo hiere gravemente en un brazo. San Martín repliega su unidad unos 200 metros y, con lo que tiene, contesta el fuego. Pero el más lúcido fué el jefe de la otra división, el General Juan Gregorio de Las Heras, que situado al extremo posterior del campamento, ordena el inmediato repliegue y retirada de 3500 soldados. Ésta maniobra de Las Heras, felicitada luego por San Martín, permitió conservar casi la mitad del ejército en perfectas condiciones para posteriores combates. En éste ataque sorpresa en Cancha Rayada (llamada así por los surcos y huellas que dejaba el ganado a su paso, marcando y generando una especie de zanjas), murieron 120 hombres, hubo 300 heridos, 2000 soldados se dispersaron ante el pánico y sorpresa (muchos luego recuperados por Las Heras en la retirada), 21 cañones se perdieron y todos los pertrechos del campamento (balas, armas), además de 4 banderas. Las Heras pudo salvar 5 cañones, pero el armamento quedó en el campamento atacado. Las noticias llegaron a Santiago, la capital y, para tratar la situación se convoca a un Cabildo Abierto. Allí, uno de los que estuvo en el campamento y huyó, el General chileno Miguel Breyer, informa errónea y exageradamente lo sucedido, diciendo que el ejército estaba destruído, que San Martín y O´Higgins habían muerto y que la revolución había fracasado. En tiempos de hoy, una fake news, para desestabilizar y convencer, divulgada por éste militar chileno que escapó en medio del ataque y casi no vió nada. Ante el deconcierto general, es clave la participación del coronel chileno Manuel Rodríguez, quién arenga a los presentes diciendo : "Todavía hay patria, señores", instando a no abandonar la lucha. A pesar de ello, familias distinguidas escriben cartas para congraciarse con los realistas, pidiendo perdón. Otros, más combativos, seguían a Rodríguez. Pero, la calma retornaría y la verdad saldría a la luz, ya que el 24 de marzo, 5 días después de la derrota, O´Higgins, aún herido, llega a Santiago y asume el mando. Al día siguiente, arriba San Martín y tranquiliza a los chilenos : "la Patria existe y triunfará y, yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a América del Sur". Y, el 28 de marzo; Las Heras ingresó a la capital con el ejército intacto. A casi 10 días de la derrota, el ejército estaba reorganizado, con 4900 hombres. A los chilenos, les volvió el alma al cuerpo y, en un acto de grandeza, San Martín, que había recibido las cartas que se iban a enviar a los realistas pidiendo perdón, las quemó y perdonó a los "infieles", comprendiendo que habían sido víctimas de un engaño. Luego, escribe a Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, contándole la situación. Éste, como siempre, lo apoya y le da el visto bueno para seguir. Pero, no todas eran rosas, ya que el traspié en Cancha Rayada los había dejado sin armas para combatir. Aquí surge la figura del cura/capitán Fray Luis Beltrán, quién estaba a cargo del taller de fabricación de armas, ya que cuándo el Libertador le preguntó como estaban de armamento, le dijo que tenían de sobra. En realidad, era un deseo, porque sólo contaban con los 5 cañones que había salvado Las Heras. Buscó apoyo en el Coronel Rodríguez y le pidió que consiga muchas personas, ya sea hombres, mujeres y menores para trabajar en la fabricación de armas. Los soldados recogieron todo el hierro, acero o metales existentes y, con 93 hombres (que fundían el metal), 22 mujeres (que cosían los cartuchos para la artillería) y 47 menores (que confeccionaban los cartuchos de fusil), en 2 semanas hicieron 22 cañones, repararon los 5 recuperados, y decenas de miles de cartuchos y armas. Se trabajó las 24 hs. en turnos rotativos. El Ejército Libertador estaba listo y armado nuevamente y el 5 de abril (17 días después de la derrota), venció en Maipú y la independencia chilena quedó a salvo. Sin dudas, Cancha Rayada, la única derrota sanmartiniana, sirvió como empujón definitivo para la total independencia americana de España. El error realista, creyéndose ya victorioso luego de ese ataque, fue su falta de reacción, lentitud y exagerado optimismo, pues no siguió y acosó a un ejército que estaba desarmado y conmocionado. Ésto le dió tiempo a San Martín para reorganizarse, fabricar las armas y vencer en Maipú. El Padre de la Patria, supo capitalizar una derrota, para seguir con su plan de independencia continental. Y, un día, mejor dicho una noche, Cancha Rayada pasó a la historia como la única derrota del gran José de San Martín, por eso en la escuela casi ni se nombra. Nada empaña su enorme epopeya, o mejor dicho en sus palabras : "seremos libres...lo demás, no importa nada..."
Comentarios
Publicar un comentario