BONECO, AMOR Y LEALTAD, MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Existen afectos, amores y lealtades que perduran para siempre, incluso más allá de la muerte. Los vínculos que la gente establece en su existencia, en algunos casos suelen ser tan sólidos y perdurables que muchos de ellos son dignos de conocerse. Y, si el protagonista es un perro, la historia siempre emociona. Ésta es la historia de "Boneco", el perro callejero que le salvó la vida a un hombre, para luego convertirse en su más fiel ladero, para saborear juntos las mieles de la fama, gracias a ese vínculo irrompible que construyeron. Pero comencemos por el principio : Estamos en la década del '70 , Juan Carlos Madolín, alias "Lolo", era un vagabundo brasileño, afincado en nuestro país, que sobrevivía en la pobreza extrema, "viviendo" debajo de un puente cerca del barrio porteño de Palermo. Sumido en la indigencia total y el abandono, Lolo estaba desahuciado por una gangrena que comenzaba a avanzar lentamente por su pierna y, ya había intentado suicidarse. Una mañana cualquiera apareció un perro, también vagabundo que, al buscar refugio debajo del puente, se topó con Lolo. Tímidamente se acercó y comenzó a lamerle la pierna maltrecha. Se quedó a su lado, como sabiendo que eran dos almas solas que necesitaban compañía. Así pasaron los días y, el perro seguía la "tarea curativa", con su lengua como antibiótico. Increíblemente, después de un tiempo, la pierna de Lolo se curó, el perro lo había logrado, manteniendo limpia su herida y, tal vez sin saberlo, había actuado a tiempo. Lolo lo bautizó con el nombre de "Boneco", que significa muñeco o monigote en portugués, porque la cara del perro se asemejaba a eso. A partir de allí se hicieron amigos inseparables, para toda la vida. Lolo ya podía caminar, tenía otro semblante, le habían vuelto las ganas de vivir. "Boneco" tenía facilidad para hacer piruetas, era despierto e inteligente y Lolo le enseñó muchos trucos, que lo convirtieron en sensación, pues actuaba en las plazas o espacios públicos "a la gorra", quedando todos maravillados con el perro. Así, una tarde, una persona del público los contrata para una fiestita infantil. La bolilla sobre un perro artista se multiplicó y, así vinieron cumpleaños y celebraciones de todo tipo, dónde "Boneco" dejaba a todos boquiabiertos. Incluso un circo los contrató como uno de los números salientes de cada función. Una tarde cualquiera, el periodosta Hugo Doliani, vió una inscripción en una pared, debajo de ese puente, que decía : "Aquí vive un hombre solo, como si estuviera en el destierro, pero tal vez lo tenga todo, porque tiene a su perro". Escribió la historia en una revista y, Pipo Mancera, famoso conductor de la televisión de la época, la leyó y no dudo en invitarlos a "Sábados Circulares", un programa ómnibus que duraba toda la tarde por Canal 9. Éxito rotundo fué, hoy diríamos que la actuación de "Boneco" se viralizó, ya que apareció en el programa de mayor rating del fin de semana. Hasta que llegó una propuesta impensada, por lo espectacular : el perro es contratado para aparecer en un programa de televisión, en 1972. Se trataba de una comedia costumbrista llamada "Gorosito y Sra.", protagonizada por Santiago Bal y Susana Brunetti, sobre las vivencias de un matrimonio muy particular. Tenían unos vecinos un poco "molestos", que además contaban con un perro travieso y un jardinero particular. Esos eran los roles actorales de "Boneco" y su dueño. La vida de Lolo dió un giro de 180° gracias al fiel can. Con el sueldo del perro y lo que le pagaron a Lolo, éste alquiló un departamento y luego compró una pequeña casa, dónde ambos vivirían. El puente como morada, había quedado atrás. Luego, Lolo adquirió un Fiat 600, le sacó la parte trasera y la acondicionó como una cucha, para que "Boneco" viajara cómodo, mientras recorrían distintos puntos del país. La consagración llegó en 1975, cuando es convocado para filmar la película "No hay que aflojarle a la vida" con Palito Ortega. Allí "Boneco" actúa bajo el nombre de "Federico", un perro que el cantante encuentra por casualidad y lo lleva a vivir con él a la pensión cuándo llega a la gran ciudad. Por supuesto que el perro demuestra en el film todas sus habilidades. También tuvo una participación en la película "Los gauchos judíos" ese mismo año. Pero la gran fama de "Boneco" adquiriría ribetes internacionales, ya que desde 1973 estaba muy vinculado a Independiente, el "Rey de Copas", máximo ganador de la Copa Libertadores de América, con 7 conquistas. Una tarde estaban nuestros protagonistas en los bosques de Palermo, practicando destrezas y, en un momento pasan trotando los jugadores de Independiente, cumpliendo su rutina de entrenamiento, con su preparador físico. Al ver a "Boneco" quedaron maravillados con sus habilidades. Lolo preguntó a los jugadores, entre ellos Ricardo Bochini, máximo ídolo de los "diablos rojos", si podían visitarlos en el club. Obviamente accedieron y el perro no sólo iba a las prácticas, sino que también a las concentraciones previas a los partidos, "Boneco" divertía con sus ocurrencias a los jugadores y cuerpo técnico. Ya era la mascota del equipo y, entonces Lolo fué por más y les pidió a jugadores y dirigentes si "Boneco" podía entrar a la cancha con el equipo. Por supuesto que aceptaron y el perro ingresó a la cancha al lado del capitán Ricardo Pavoni, enfundado con el escudo de Independiente en su vestimenta, en un clásico frente a Racing. Fué goleada 4 a 1 y resultó ser la única vez en su carrera que Bochini hizo 3 goles. En esa época también, Independiente jugaba Copa Libertadores y, comenzaron a llevar a "Boneco" a los partidos de visitante en el exterior, ya que era una especie de talismán. El club le reservaba el pasaje, lo pagaba y también le gestionó un pasaporte. Pero su finalidad no era solamente traerle suerte al equipo, ya que ingresaba con el equipo enfundado en su vestimenta del club, con 2 banderines sostenidos en su boca (uno del país y otro del club), daba la vuelta por toda la cancha, se detenía un momento parándose en 2 patas, en señal de saludo a cada una de las tribunas. Al finalizar, entregaba los banderines y posaba con los jugadores en la clásica foto. Era una celebridad y los diarios de otros países dónde iba a jugar Independiente lo reflejaban en sus ediciones. Con "Boneco" en la cancha, los rojos ganaron 4 Copas Libertadores consecutivas entre 1973 y 1976, también 2 Copas Interamericanas en 1973 y 1976 y la Copa Intercontinental de 1973, venciendo en la final a Juventus de Italia. En el plano local, obtuvo los torneos Nacionales de 1977 y 1978. Sin dudas el can había calado hondo en el corazón de la institución, pues una vez Bochini dijo : "cuando nos falta "Boneco", sentimos su ausencia como la de uno de nosotros". Dos anécdotas pintan de cuerpo entero al perro, una de ellas sucedió en un partido contra Vélez, que Independiente perdía 1 a 0 al terminar el primer tiempo. En la segunda etapa, el rojo salió como una tromba a empatar. Vélez, para enfríar el partido y frenar el ímpetu de su rival, mete un perro a la cancha. Rápido de reflejos, un auxiliar se da cuenta y manda a "Boneco" a la cancha a sacarlo. Toréandolo y corriéndolo, lo consigue. Resultado : Independiente dió vuelta el partido y ganó 2 a 1. La otra historia dice que a "Boneco" le daban un pañuelo y le decían que se lo entregue a tal jugador, por ejemplo Bertoni, y el perro por obra y gracia de su "inteligencia", le entregaba el pañuelo a ese jugador, habiendo 15 más presentes. Pero todo tiene un final. En 1980, muere Lolo y, en el velorio "Boneco" se quedó todo el tiempo echado debajo del ataúd. Cuando lo llevaron al cementerio se quedó al lado de su tumba, no se movió, ni aceptó comida, simplemente se dejó morir. Amaneció echado, con las patas tendidas hacia adelante y su cabeza reposada sobre ellas, como si estuviera rezando. Se fué junto a su amigo, para seguir juntos en el más allá. Los restos de "Boneco" descansan en la cancha de Independiente, detrás del arco que da a la tribuna local . El perro "Boneco", genio y figura, que rescató a Lolo de la muerte y, cuando ésta lo alcanzó, decidió acompañarlo.
Comentarios
Publicar un comentario