FALUCHO, LA LEALTAD A CAMBIO DE LA VIDA
Argentina es un país que hace culto de sus héroes pasados. Muchos no estarán de acuerdo con ciertos próceres, cómo Sarmiento, Rivadavia, Mitre, Saavedra, Rosas, Liniers...y la lista puede ser interminable. Después de todo eran humanos y cargaban con los mismos defectos y miserias que cualquier mortal, solamente que su participación en la construcción de la Nación los hizo más visibles y menos terrenales. Sin embargo, el revisionismo histórico, se ha encargado de poner las cosas en su debido lugar y, entender algunas cuestiones que "estaban debajo de la alfombra". Ya se dijo en éste blog que el camino hacia nuestra libertad definitiva del yugo español, contó con detractores en nuestras propias huestes. Entre la Revolución de 1810 hasta la declaración de la Independencia en 1816, sucedieron muchas cosas, la mayoría desconocidas, y por el adoctrinamiento escolar que tuvimos, no nos permitió conocer la otra cara de la historia. Y, en ese contexto, aparecen héroes de una sola acción, de un momento supremo, momento que les servirá para pasar a la inmortalidad de nuestra historia por la lucha en pos de la libertad. Aquí se habló sobre Cabral, salvador "in extremis" de San Martín y de Pedro Ríos, el niño héroe de Tacuarí, con un tambor y su coraje como únicas armas. La trilogía la completa un tal Antonio Ruiz, alias el negro "Falucho". Nuestro personaje en cuestión era un hijo de esclavos africanos, que nació en Buenos Aires. Obviamente su apellido derivaba del de su amo, como era natural en esa época, cuando la personas eran "propiedad" de otra. Antonio consigue su libertad al sumarse al batallón de negros del ejército, única opción para ser libre. Bajo las órdenes de Belgrano, en el Ejército del Norte, peleó en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, en territorio boliviano. Cuando ese ejército pasa a manos de San Martín, participa en las victorias de Chacabuco y Maipú y la derrota en Cancha Rayada, además de cruzar los Andes. Era bravo "Falucho", apodo que le ponían a algunos soldados negros en relación al gorro que usaban en el cuartel, muy preciado para ellos, además de identificarlos. Cuidaba tanto su gorro que su nombre mutó al de éste elemento. Luego de la liberación chilena y peruana, San Martín cede el mando a Bolívar en Guayaquil. Hasta que éste llegara y se hiciera cargo,"Falucho" pasa al Regimiento Río de la Plata, formado por los artilleros que venían de Chile, los batallones 2 y 5 de Buenos Aires, algunos Granaderos y el resto del Ejército de Los Andes, es decir, un conjunto de retazos de hombres cansados de luchar, mal alimentados y con demoras en sus pagas. Fueron enviados a los Castillos del Callao, una fortaleza donde harían base y esperarían órdenes. El fastidio y malhumor era creciente, pues les debían 5 meses de sueldo y, se habían enterado que, en una partida de monedas que llegó, habían cobrado los jefes y oficiales, además de comida. A ellos...nada (cualquier semejanza con Malvinas, es pura coincidencia). Fue la gota que colmó el vaso y, los soldados se rebelaron : el pago o vuelta a casa, puesto que luego debían ponerse a las órdenes de Bolívar. Como siempre, hubo promesas que, se sabía, no se cumplirían y aumentaban el descontento y la tensión. Enterado de ésto, el coronel español Carriego, que estaba preso en esa fortaleza, aprovechó la situación en su beneficio y les "llenó la cabeza" a los que estaban a cargo (es un decir, porque ante la falta de un líder, su autoridad era figurativa), el sargento Dámaso Moyano y el mulato Francisco Oliva (a éste le hizo la propuesta el prisionero, cuando le llevó la comida a su celda). Tal propuesta consistía en que lo liberaran, se pasaran de bando y así todas sus penurias terminarían. Traición lisa y llana. Tardó 3 días en convencerlos. Los traidores fueron a enarbolar la bandera española esa noche, para que amaneciera flameando al otro día. No contaban con que el guardia al pie del mástil era "Falucho", que se opuso terminantemente a esa bajeza, al decirles que estaba de acuerdo con el motín iniciado días antes, pero que de ninguna manera iba a traicionar a su patria. Ofuscados, sus "compañeros" le gritaron : ¡ Revolucionario, revolucionario !!, a lo que él contestó "Malo será ser revolucionario, pero peor es ser traidor" y, luego de ese grito desgarrador, rompió su fusil contra el mástil, de pura impotencia, además de estar en desventaja. Sus propios compañeros (con algunos combatía hacía más de 10 años), lo ejecutaron de 4 tiros, alcanzando a decir ¡¡ Viva Buenos Aires !! antes de caer. Lo que no pudieron las derrotas belgranianas y la única derrota sanmartiniana, lo hicieron sus compañeros de armas. Ésto bastó para que "Falucho", con su lealtad a la Patria, sea catapultado al nutrido grupo de héroes locales. Aunque hay historiadores que afirman que pudo haber sido cualquier negro del ejército (porque a muchos los apodaban así) y que fue visto con vida años después, otros corroboran su existencia con San Martín como fuente indiscutible. Lo cierto es que ante acciones como la narrada, el rigor histórico pasa a segundo plano. En la actualidad hay estatuas y monumentos que lo recuerdan, una ciudad en La Pamapa lleva su nombre y un club de Jesús María se llama así. Antonio Ruiz, "Falucho", el hombre que pudo ser libre peleando por su tierra y murió con las botas puestas, creyendo en lo que peleaba...
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