EVARISTO MENESES, LA MEJOR VERSIÓN DE UN POLICÍA
Son días duros para la institución policial. Una serie de hechos graves, que involucraron a miembros de la fuerza , hizo caer hasta el piso la imagen de la Policía. Casos de "gatillo fácil", con posterior asesinato, robos, coimas, en fin delitos de los más variados. Córdoba ha quedado conmocionada por el caso Blas Correas, el adolescente que murió al ser alcanzado por una bala policial, cuando iba en un vehículo,( con otros amigos) , que no frenó ante un control policial. Después vendría una maquinaria para encubrir ese homicidio que involucró a elementos de diverso rango de la fuerza. Éste hecho, hace descreer a la comunidad sobre la actuación de los uniformados. Pero, no hay generalizar. Como en todos los oficios y profesiones existen buenos y malos en lo que hacen: buenos y malos periodistas, buenos y malos políticos, buenos y malos dirigentes. La noticia tratada por los medios, siempre tiende a resaltar un hecho negativo y, muy pocas veces uno positivo, por esas cuestiones del impacto periodístico y el rating. Por eso, el caso del Comisario Evaristo Meneses sería una gota en el desierto. Lo descubrí hojeando una vieja revista de historietas que conservo, "Fierro", una publicación nacional que hizo furor en los ´80, compitiendo con "El Tony" y "D´artagnan". El comisario en cuestión fué un personaje real y, su leyenda y mito trascendió los tiempos, logrando que se editara una historieta que lo tenía como protagonista. Se desempeñó como jefe de la División Robos y Hurtos de la Policía Federal en los '50. Había que ser un tipo recio para ocupar semejante cargo. Como una burla al sentido común, Meneses había nacido en 1907, en un pueblito, cerca de Bahía Blanca, llamado...Cuatreros...!!! Justo allí...!!! quién luego sería el "terror de los ladrones". Hoy ese pueblo se llama General Cerri y es una ciudad pujante. Sus facciones favorecían ese gesto de dureza que siempre lo acompañaba. Grandote, peinado a la gomina, de traje negro, con su infaltable cigarrillo, y la pistola (camuflada), un combo que hacía que su presencia intimidara. Era un "distinto", porque hacía sus investigaciones recorriendo e investigando durante la noche, a pesar de su rango. Las calles de Buenos Aires "hablaban", sólo había que recorrerlas y, para tal fin no usaba uniforme. No era un policía "de escritorio". Lo apodaban "El Pardo" y, durante su juventud había sido boxeador amateur, realizando cerca de 70 peleas, De ahí que tuviera la nariz achatada. Visitaba cabarets, bares de mala muerte, bodegones y conseguía información valiosa, contactos y tanteaba el ambiente. Las chicas del cabaret eran su mejor fuente de información, pues le contaban cuando iba "un pesado" y en qué andaba. Se ganó el respeto de todos los delincuentes, porqué jamás "plantaba" una prueba para perjudicar a alguien, no aceptaba coimas o sobornos. "Mi picana era el lápiz, los asustaba haciéndoles cosquillas con la punta. Sabían que conmigo no había arreglo", solía decir. Terminó (al menos en la comisaría dónde mandaba) con las detenciones "por portación de rostro". Una vez hizo soltar un hombre, acusado de robo, que tenía los zapatos rotos ("lo primero que hace un buen ladrón es afanarse zapatos"), algo muy común en la época...y ahora también lo es. Tenía códigos. Su mito se agranda, porque cuándo él tenía la comisaría a cargo, reinaban delincuentes con mayúsculas: el "Loco" Prieto (el mayor asesino del país, con 80 homicidios), Jorge Villarino, ("el rey del boleto o la fuga", pues siempre se escapaba de la cárcel) y "Pichón" Laginestra (crónico ladrón de bancos). Uno de los casos más resonantes fué la recuperación de un cargamento de lingotes de oro, en el aeropuerto de Ezeiza (unos hombres, de overol, simulando ser trabajadores de una empresa, a punta de pistola, robaron 360 kilos en barras de oro). En 72 horas, Meneses no sólo recuperó el oro, sino que apresó a los ladrones. Durante 30 años de carrera, esclareció 1117 robos y recibió más de 30 medallas. Ese "buen accionar" le valió muchos enemigos dentro de la misma policía, celosos de su efectividad y honradez, ya que lo acusaron de manejar un cabaret, ser dueño de varios taxis de dudosa procedencia, y de tortura. Nunca se probó nada. Se lo querían sacar de encima "por bueno". Cuándo sonaba para ascender a Comisario General, lo pasaron a retiro en 1964. Se dedicó a la pintura y, de vez en cuando, le picaba el bichito del investigador privado y tomaba algunos casos. Murió solo, pobre y olvidado, como sucede con los grandes héroes, en 1992. La revista "Fierro", como ya se dijo, lo inmortalizó en el papel con la historieta "Evaristo", basada en sus casos más resonantes. Policías como Meneses enaltecieron y dejan bien arriba la institución policial, sin dudas en su mejor versión.
Que grande Evaristo!!
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