EL TAMBOR DE TACUARÍ, EL ARMA DE UN NIÑO HÉROE

La escuela primaria ha servido siempre para transmitir historias épicas, heroicas, de hombres y mujeres que pelearon por nuestra libertad e independencia, elevándolos en la mayoría de los casos a la categoría de mito. Ésta historia tiene como co-protagonista a Manuel Belgrano, quizás el más sufrido y terrenal de nuestros próceres, merced a los mandatos, muchas veces inconcebibles, de los gobernantes de turno, a los cuáles el Creador de la Bandera debía obediencia. Así, un año después de la Revolución de Mayo, los protagonistas más rectos e impetuosos fueron desplazados disimuladamente de la Junta para cumplir "otras tareas". Moreno, enviado en misión a Europa (eran notorias sus diferencias con Saavedra, que no terminaba de cortar el cordón umbilical con España), murió sorpresiva y misteriosamente en altamar (algunas versiones hablan de envenenamiento), y su cadáver arrojado al mar en pleno viaje. Castelli fué enviado a lo que hoy es Bolivia a pelear con los realistas y la misma misión se encomendó a Belgrano, pero en Paraguay. Fuera de la "mesa chica" de las decisiones quedaron éstos 3 próceres. De ésta forma, las jornadas de Mayo de 1810 quedaban en una simple proclama, puesto que Saavedra no tenía ningún apuro en independizarse, ni siquiera lo tomaba como prioridad. Así las cosas, el objetivo de la Junta era organizar expediciones al Alto Perú, Paraguay y Montevideo para extender territorialmente la Revolución a esos puntos del Virreinato. Suena como un  contrasentido, pero no lo era tanto, porque los ejércitos que se enviaban para esas travesías siempre estaban mal alimentados, peor armados y nunca les mandaban refuerzos cuando los necesitaban. No es de extrañar entonces que, recién en 1816 se declarara la independencia...6 años después...!!! Pero, volviendo a la historia que nos reúne hoy aquí, Belgrano, con lo que después sería el Ejército del Norte, pasa por Corrientes para ir a Paraguay. En el camino, funda Mandisoví y Curuzú Cuatiá, y luego se detiene en Yaguareté Corá, un pequeño poblado, a descansar, juntar provisiones y reclutar más soldados. Luego de su habitual rezo en la capillita del lugar, al salir es abordado por los pobladores para saludarlo. Allí aparece un niño, de sólo 12 años, que le pide insistentemente alistarse, pero Don Manuel  se niega, porque es un niño. Razón suficiente para la negativa. Sin embargo, para sorpresa del General, el padre del niño, ofrece a su hijo para combatir, porque es lo único que tiene para ofrecerle a la Patria, pues él no puede por su edad (65 años) y achaques de salud. Es aceptado, pero para tareas que no tuvieran que ver con el frente de batalla. Así, Pedro Ríos, correntino como San Martín, con sólo 12 años (faltaban meses para cumplir 13), ingresaba al Ejército. Tal vez coincidió con otro héroe correntino, (también reclutado por Belgrano), el Comandante Andrés Guacurarí (Andresito), de quién ya contamos su historia en éste blog. Y así, vino el bautismo de fuego para el pequeño valiente, en la batalla de Paraguarí, dónde el ejército patriota es vencido. En éste combate, Pedro estuvo en la retaguardia, fortificando las carretas que servían como barricada y dando una mano en el hospital de campaña, con los heridos. Tuvo tiempo de batir el parche de su tambor y se prometió participar en la próxima batalla. Las cosas no venían bien para el Creador de la Bandera, pues luego de esa derrota no le llegaban los refuerzos prometidos desde Buenos Aires. Pasaron 2 meses y Belgrano contaba con 250 hombres, ésta vez tenía armamento, pero pocos soldados. Ante el avance realista, tomó posición a la vera del Río Tacuarí, para mantener la posición como cabecera de playa, hasta que vinieran los refuerzos...que nunca llegarían. La desventaja con el enemigo era obscena, ya que con los refuerzos que sí le llegaron a los españoles, eran 2000 contra 250. La estrategia era aguantar, la topografía del terreno ayudaba, pues a ambos lados del río se levantaba un bosque espeso. No tenían por dónde entrarle. El General paraguayo, afín a los realistas, Manuel Cabañas, se dió cuenta de la situación y mandó rodear el río, aprovechando su supremacía y así atacar los flancos laterales. Ésta tarea le llevó varias horas, por eso la Batalla de Tacuarí duró 7 horas...!!  Una vez hecho el rodeo, los españoles avanzaron hacia el objetivo, ya la derrota patriota era un hecho consumado. Sin embargo, se oyó el sonido del tambor del pequeño soldado Ríos, que gritaba: Avancen...!!!! Era su oportunidad de entrar en combate y, su ímpetu y empuje le jugaron una mala pasada, pues se puso al frente de la tropa, que lo siguió. A su lado iba el Coronel Celestino Vidal, que tenía serias dificultades de visión, luego de ser herido cerca de los ojos en Paraguarí. Pedro era una especie de lazarillo para Vidal, que lo seguía por el ruido del redoblante y la sombra de su figura. El enemigo abrió fuego y, 2 balas ingresaron en el juvenil pecho del niño, que moriría instantes después. Cuenta el Coronel Vidal que esa acción le salvó la vida, puesto que se agachó para socorrer a Pedro al "ver" que su guía caía. Inmediatamente vinieron más ráfagas que ultimaron a los que venían detrás de Vidal. Era el 9 de marzo de 1811, cerca del mediodía, en la Batalla de Tacuarí, Pedro Ríos, de 12 años pasaba a la inmortalidad criolla como "El tambor de Tacuarí". Esa segunda derrota, determinó el fin de la expedición al Paraguay y su lógico fracaso. Belgrano capituló ante el General Cabañas, que reconoció la bravura de sus soldados y los trató como héroes.  Podrá decirse, en éste siglo que los niños no deben ir a la guerra, ni siquiera ser reclutados y es lógico que así sea, pero en tiempos de lucha por la Independencia, los niños  "crecían de golpe", tenían la guerra en sus narices. La inocencia y valentía de Pedro, propia de los niños de su edad, lo llevó a la muerte prematuramente. Pasó a la historia nacional, por esa necesidad que tienen los países de crear héroes, para alimentar el patriotismo y ser nacional. En su Corrientes natal, hay estatuas, calles y escuelas que lo recuerdan. El 9 de marzo, en su provincia es el día del Niño Correntino y el Senado de la Nación también reconoció su proeza. Ya no es Pedro, es el Tambor de Tacuarí, el niño que cumplió su sueño de defender su tierra, a costa de su temprana muerte.

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