LAIKA, UNA ESTRELLA MÁS EN EL CIELO
Sorprendió al mundo hace pocos días, el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin, al informar que su país ya tenía desarrollada la vacuna para el Covid-19. La llamaron Sputnik V, en honor al satélite que fue nave insignia en la carrera espacial con Estados Unidos en la Guerra Fría de mediados del siglo pasado. "Rusia ha vuelto a llegar primero", dijo el premier ruso, en solapada referencia al gigante norteamericano. El nombre del satélite y la competencia eterna con Estados Unidos, nos retrotrae a 1957, cuando la Sputnik 1 orbitó con éxito alrededor de la Tierra, pero sin tripulación. Se cumplían 40 años de la Revolución Bolchevique que destronó a los zares y, el primer ministro Nikita Kruschev, entusiasmado por ese logro, quería inmediatamente otro viaje, pero tripulado, para festejar ese aniversario. Kruschev, como un niño caprichoso, le puso fecha al próximo lanzamiento, sin consultar. Sería un mes después del Sputnik 1, había que humillar a los yanquis. Es decir que, los científicos e ingenieros tenían poco más 30 días para preparar el lanzamiento. Totalmente inadmisible, desde el sentido común. Ese tiempo era notoriamente insuficiente. Pero debían obedecer y, la solución fue buscar un perro, para la hazaña. Recorrieron las calles de Moscú, buscando perros, acostumbrados al hambre y el frío. Así quedó sellado el destino de nuestra heroína: la perra Laika. Tenía 3 años, pesaba 5 kilos y de perra callejera pasó a ser astronauta. La entrenaron con otras 2 perras, siendo finalmente ella elegida por su predisposición y docilidad. Fueron pruebas durísimas de acostumbramiento (la colocaban en espacios reducidos donde apenas podía moverse), de resistencia al ruido (la explosión de los motores al despegar). Sufrió cambios metabólicos (no orinaba ni defecaba) que deterioraron su estado. Sin embargo, la misión seguía. Una cuestión era segura y, hoy da escalofríos escucharla: Laika no volvería con vida, puesto que no estaba desarrollado un sistema seguro de vuelta para traerla de regreso. Inclusive faltaron pruebas de seguridad, indispensables para cualquier misión. Unos días antes, uno de los científicos del proyecto, Vladimir Yazdovsky, llevó a la perra a su casa, para que jugara con sus hijas. "Debía hacer algo bueno por ella, sabiendo que le quedaba tan poco tiempo de vida", dijo después. Laika despegó el 3 de noviembre de 1957 a las 7:22 hora de Moscú, en el Sputnik 2. Tenía un dispositivo que se abriría 2 veces por día para permitirle comer y su cuerpito fue cableado por todas partes para registrar pulsaciones y ritmo cardíaco, entre otras cosas. Al momento de la máxima aceleración, su ritmo respiratorio aumentó 3 o 4 veces más de lo normal y su frecuencia cardíaca pasó de 103 a 240 latidos por minuto. Pero todo empeoraría: a pesar de desprenderse con éxito la punta del satélite, la otra sección no se desprendió y eso evitó que funcionara el sistema de control térmico. Traducido ésto: la cápsula se iba a recalentar. Habían pasado 3 horas y el corazón de Laika marcaba 102 latidos por minuto, signos inequívocos y evidentes de estrés. Transcurridas entre 5 y 7 horas cesaron los signos vitales, Laika no lo pudo soportar (en realidad, nadie hubiera podido). El satélite orbitó 163 días alrededor de la Tierra, dando 2570 vueltas y se desintegró al entrar en contacto con la atmósfera el 14 de abril de 1958, con el cuerpo inerte de la perra adentro. El aparato de propaganda ruso mintió descaradamente dando noticias como si la perra estuviera viva, y luego dando versiones erróneas de la suerte corrida por Laika: que había muerto al sexto día, que se quedó sin oxígeno...sin embargo la realidad es que su muerte se produjo por sobrecalentamiento, deshidratación y estrés sufrido por las condiciones en que viajaba, a las 5 horas de haber despegado (ésto se supo 45 años después). La sensación de culpa nunca dejó dormir a Yazdovsky, que en una entrevista, al disolverse la URSS en 1998 dijo: "cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No debíamos haberlo hecho. Ni siquiera aprendimos lo suficiente para justificar la pérdida del animal". La nave no fue diseñada para ser recuperable, es decir no volvería y, por lo tanto sabían que no sobreviviría. A pesar de ello, Laika está presente en un monumento de bronce de 2 metros, enfundada en su traje espacial, que la recuerda en Moscú y en el Monumento de los Conquistadores del Espacio, donde está con otros astronautas rusos. También se la recuerda en la canción "Laika" del grupo Mecano (que recomiendo escuchar), principalmente en una estrofa que dice: "en la Tierra hay una perra menos, en el cielo una estrella más".
Excelente....historia que muchos no conocemos... gracias...
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