HIROSHIMA, EL DÌA QUE EL SOL SE HIZO PEDAZOS Y CAYÒ...

El 6 de agosto puede considerarse una de las fechas màs nefastas en la historia de la Humanidad. En un contexto de guerra, los Aliados, en cuyas filas estaba Estados Unidos, daban las ùltimas estocadas para batir al "eje del mal" en la Segunda Guerra Mundial. Hitler, ante la amenaza real de la caìda del Tercer Reich, eligiò suicidarse con una pìldora de cianuro y un balazo en la cabeza, antes que la "deshonra" (segùn su particular criterio) de la rendiciòn. Mussolini, tambièn huìa ante la inminente ocupaciòn de Italia. Lo hizo disfrazado de diplomàtico, pero fue descubierto en la frontera con Suiza y fue fusilado, y luego exhibido su cadàver colgado, para que fuera maltratado y escupido.  Asì, de ese "eje del mal", que conformaban  Berlìn, Roma y Tokyo, sòlo quedaba en pie èste ùltimo. Muertos el Fuhrer (lìder) y el Duce (guìa), el emperador Hirohito se negaba a rendirse. Japòn no tenìa chances de seguir la contienda y, no aceptaba de ninguna manera las condiciones que los Aliados le proponìan para una capitulaciòn digna, pues debìa ceder la soberanìa y quedar bajo el tutelaje de sus vencedores. Inaceptable, deshonroso, los japoneses querìan algo màs digno, compatible con su honor milenario.  Fuè asì que el presidente Truman decidiò dar el golpe de gracia. Estados Unidos, habìa invertido 2 mil millones de dòlares en la preparaciòn de armas de destrucciòn masiva. Nacìa la bomba atòmica, un aparato con un poder de destrucciòn nunca visto. Por su condiciòn insular, a Japòn era màs efectivo y sorpresivo ata -   carlo por aire que por mar. El factor sorpresa fue determinante para utilizar la bomba. Resulta curioso como ciertos nombres quedaron asociados a la tragedia: el bombardero     B-29, bautizado "Enola Gay" en honor al nombre de la madre del piloto, Paul Tibbets o el cinismo de llamar a la bomba "Little Boy" (Muchacho). La misma era de uranio 235 y fue lanzada a las 9 y cuarto de la mañana de ese dìa de agosto de 1945. Explotò a 600 mts. del suelo, la temperatura subiò a 1 millòn de grados centìgrados, producièndose una "lluvia negra" de polvo, hollìn y sustancias radiactivas, incluìdos rayos gamma y radiaciòn infrarroja. La onda expansiva, que recorriò kilòmetros, rompiò la barrera del sonido, desgarrando cuànto cuerpo encontrara. Los que habitaban la ciudad, fueron calcinados o desintegrados, quedando como huella del horror su figura en las paredes. Inmediatamente se formò una nube ascendente, en forma de hongo, que alcanzò los 16 kilòmetros. Murieron en el acto 80.000 personas en solo 9 segundos y, morirìan 30.000 màs despuès, producto de las graves heridas y los efectos de la radiaciòn. No fue casual la elecciòn de Hiroshima, pues la ciudad no habìa sido bombardeada en toda la guerra. Debìa quedar un testimonio del poder destructor del vencedor. Fuè un golpe de knock out para los nipones, que ya no tenìan màrgen para nada. Pero la violencia le ganò la pulseada a la razòn y, tres dìas despuès una segunda bomba, llamada "Fat man" (Gordo) de plutonio 239, màs potente que la anterior, fue lanzada en Nagasaki. La Providencia salvò a la isla de Kokura (destino original de la bomba), debido a la abundante nubosidad. El aviòn continuò viaje y, al borde de quedarse sin combustible y con nubes aùn que dificultaban la visiòn del suelo, decidieron arrojarla en Nagasaki. Cayò en unas montañas, debido al error de precisiòn por la visibilidad. Murieron 30.000 personas. Las nubes, como designio del cielo, y la montaña habìan atenuado el horror. Unos dìas despuès, Japòn se rendìa y terminaba oficialmente la guerra. Se dijo que no era necesario tanta muerte y destrucciòn, pues los del Sol Naciente se rendirìan màs temprano que tarde. Para terminar con el cinismo, el presidente Truman, con la alegrìa marcada en el rostro en un mensaje televisivo al paìs dijo que, "la bomba ha sido una apuesta cientìfica y hemos ganado". El Proyecto Manhattan habìa sido un èxito, la afrenta por Pearl Harbor estaba saldada, los yanquis querìan una rendiciòn por la fuerza, no diplomàtica. Se convertìan en el "Soldado Universal", que todo lo puede y va a todos los conflictos bèlicos (aùn hoy lo hace). Quedan como enseñanzas y heridas que nunca cicatrizaràn, los sucesos aquì narrados, algunas frases, como la de Robert Lewis, tripulante del aviòn, al arrojar la bomba y ver el espectàculo dantesco debajo de èl; " ! Dios mìo ! ¿ Què hemos hecho ? ". Ese dìa, para uno de los sobrevivientes, "el sol se hizo pedazos y cayò". Dos testimonios, el mismo horror.

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