CABRAL : EL SARGENTO QUE NO FUÈ...
La vieja escuela primaria nos enseñaba de una forma muy particular la historia de nuestro paìs. Con San Martìn, Belgrano y Sarmiento en el podio de pròceres nacionales, nos pintaron una Patria romàntica, con hèroes, cuyas aventuras eran de historieta, con grandes hazañas (por cierto, sì las hubo), inmaculados y perfectos en sus procederes. Nos decìan que Belgrano mirò el cielo para ponerle los colores a la bandera, que French y Beruti repartìan escarapelas celestes y blancas, que el 25 de mayo llovìa, que Sarmiento iba a clases incluso cuando habìa temporales, que los vecinos de Buenos Aires le tiraron aceite hirviendo a los ingleses invasores. Todos relatos, para chicos, que fueron refutados màs tarde. En cierto modo, eran verdad, pero con algunas licencias que lo hacìa màs pintoresco y valorado.
En tal sentido, es digno recordar la figura del Sargento Cabral. ¿ Sar
gento ? Còmo toda historia pasada, hay discusiones y debates al respecto, pero de ninguna manera èsta simple cuestiòn de rango militar opaca su proeza. Comencemos por el principio. Juan Bautista Cabral era un soldado correntino, que fue reclutado por la milicia cuando tenìa poco màs de 20 años. Era usual en las èpocas de la independencia "reclutar" a la fuerza a los jòvenes para enrgrosar el ejèrcito. Cabral era zambo, ya que su padre era un indìgena guaranì y su madre una africana de Angola. Ambos trabajaban, en calidad de esclavos, en la plantaciòn de Don Luis Cabral, en Corrientes. Su padre heredò el apellido de su amo y, por ende, nuestro hèroe tenìa un apellido impuesto (otra aberraciòn de la època, los esclavos tenìan los apellidos de sus amos). De piel muy oscura, rasgo heredado de su madre, el jòven Juan Bautista Cabral, era corpulento y aguerrido. Era comùn en el Regimiento de Granaderos a Caballo y otras tropas, la presencia de zambos, mulatos y mestizos, quiènes siempre iban al frente en la batalla. Fuè asì que, en su primera acciòn bèlica, Cabral pasarìa a la inmortalidad. El Combate de San Lorenzo (que algunos califican de una reyerta) sòlo duro 15 minutos. Los 125 Granaderos de San Martìn estaban ocultos en el Convento de San Carlos, un monasterio situado cerca del Rìo Paranà, por donde desembarcaron los realistas, que doblaban en nùmero al ejèrcito patriota. Fuè un ataque sorpresa, por dos flancos, una maniobra "envolvente". Balas y bayonetas surcaban el aire ribereño. Y llega el momento que quedò inmortalizado en los manuales de historia : el caballo de San Martìn (que, a pesar de ser el jefe, peleaba codo a codo con sus soldados) es herido de bala en el pecho y cae pesadamente, aprisionando una pierna del entonces coronel correntino. Los españoles, advierten la situaciòn del jefe caìdo y lo atacan. Con un movimiento milagroso esquiva una bayoneta que, sin embargo, le dejarìa una cicatriz de por vida en su mejilla. Allì aparece en escena el granadero Juan Baigorria (hoy, una ciudad santafesina lleva su nombre), que ultima al realista y cubre a San Martìn de otro ataque. Desde atràs, herido de bala, asoma Cabral, que lo toma de los hombros para sacarlo y allì recibe el puntazo mortal. Sobrevivirìa un par de horas màs. En ese combate murieron 14 granaderos (luego fallecerìan 2 màs a causa de las heridas), entre ellos el teniente Dìaz Vèlez, el capitàn Bermùdez (que lideraba el otro pelotòn y que, tambièn hoy existe una ciudad que lo honra con su nombre) y, por supuesto, Cabral. Son ciertas las ùltimas palabras emitidas en su ùltimo aliento, por el bravo correntino: "Muero contento, hemos batido al enemigo". Asì lo certifica el Padre de la Patria en su parte de guerra. Ahora bien, surge el interrogante ¿ era sargento ? Sòlo tenìa 24 años y hacìa un año habìa sido reclutado. Algunos historiadores manifiestan que los ascensos post-mortem no existìan en esa època (aparecen en la 1ª Guerra Mundial). Incluso, en la "Marcha de San Lorenzo" hay una estrofa que dice: "Cabral, soldado heroico". Otros afirman que tenìa el grado de cabo. Sin embargo, no hay ningùn registro oficial de la època que lo acredite como sargento. Ante èsta duda, el Instituto Sanmartiniano instò a la Junta de Historia y al ejèrcito de regularizar èsta situaciòn, para que Cabral tuviera los honores merecidos (recordemos que la escuela de suboficiales de la Naciòn se llama "Sargento Cabral" y serìa una anomalìa). Para lamento de todos, ese tràmite`està paralizado o "cajoneado". Tal vez sea hora de ser justos con Cabral. Sin embargo, no importan los grados y los rangos. Para los niños de la "vieja escuela", Cabral siempre serà el sargento que diò su vida por San Martìn
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