AZUCENA VILLAFLOR, FUNDADORA DE LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO
Hubo años que quedaron marcados en la memoria colectiva de todos los argentinos. La segunda mitad de los ´70 transcurrieron bajo un régimen militar que, al mando del país, manejó con mano dura y a fuego los destinos de la patria. Fueron años de sueños, de conquistas, de logros, pero no todo transcurrió en paz y, las diferencias se zanjaron de la peor manera. La historia de hoy transcurre en esos años de plomo y su protagonista fue una valiente mujer que, buscó sin cesar, a su hijo y nuera, que habían sido secuestrados. Azucena Villaflor nació en Avellaneda (Buenos Aires) el 7 de abril de 1924, hija de Florentino Villaflor, de 21 años, trabajador de una fábrica de lana y de Emma Nitz, de tan sólo 15 años. El origen obrero de su familia, hizo que muy jovencita comenzara a trabajar y, a los 15 años ingresó a una fábrica de vidrios y, al año siguiente era telefonista en la empresa de electrodomésticos SIAM. Allí conoció a Pedro Carmelo De Vincenti, delegado sindical de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), con quién se casó en 1949, a los 25 años. Trabajó hasta el 31 de julio de 1950, cursando un embarazo de 6 meses. De esa unión nacerían Pedro, Néstor, Cecilia y Adrián. El segundo de ellos, Néstor, estudiaba arquitectura y militaba en la Juventud Peronista y, a los 24 años estaba de novio con Raquel Mangin, que compartía sus ideales. Eran tiempos difíciles y la juventud estaba "marcada" por las fuerzas militares, debido a ideas de izquierda, no compatibles con la doctrina que ellos pregonaban. Los colegios secundarios y universidades eran los lugares a vigilar, pues allí (de acuerdo al pensamiento militar) se infiltraban personas sospechosas que luego, captando adeptos, formaban los futuros líderes "subversivos". Se propusieron cortar la cuestión de raíz y, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 fué el comienzo. Néstor De Vincenti estaba "marcado". Alguna vez, la mucama de la familia, Elvira, contó que al encontrar a Néstor en las marchas de la Juventud Peronista, éste le decía que no lo llamara por su nombre en ese lugar. Varias veces discutió con su padre por su extremada militancia, ya que temía por él. "Yo sólo no quiero avanzar papá, no me interesa, yo me quiero salvar si se salva todo el pueblo", le dijo muy convencido. Él convivía con su novia en un pequeño taller en Villa Dominico y, meses antes había visto como, luego del ataque del ERP al cuartel de Monte Chingolo, militares recogían cadáveres despedazados y ensangrentados luego de ese ataque y, los llevaban a una fosa común. El 30 de noviembre de 1976, en un operativo realizado de noche, un "grupo de tareas" ingresó al taller y se llevó a Néstor y Raquel. Ese día marcaría un antes y un después en la vida de Azucena que, comenzó a buscar a su hijo. Recorrió comisarías, hospitales, edificios estatales y, nunca obtuvo respuestas. En varias de esas búsquedas coincidió con otras madres que seguían el mismo objetivo : conocer el paradero de sus hijos. Los meses pasaban y... ninguna noticia, nadie sabía nada. Mandó una carta con pedido de audiencia en el Ministerio del Interior, presentó un recurso de "hábeas corpus" e insistió con entrevistarse con el vicario militar Adolfo Tórtolo. Todas eran evasivas o silencio, pero tanta insistencia dió sus frutos y, junto con otras madres, fueron recibidas por el secretario del vicario, Monseñor Eduardo Teodoro Grasselli. Las hicieron esperar un largo rato. En ese momento, Grasselli le confirmaba al actor Marcos Zucker que su hijo había muerto en un "enfrentamiento". Azucena, mientras esperaba, alcanzó a oír esa infausta noticia e, indignada y golpeando su cartera contra una de sus piernas, exclamó levantando la voz : "Tenemos que ir a la Plaza de Mayo, porque allí se produjeron a través de los años, las más grandes concentraciones y los hechos políticos y sociales significativos. Y una vez allí, cuándo seamos muchas, debemos ganar la calle y meternos en la Casa de Gobierno, para imponerle a Videla lo que pretendemos". Azucena estaba convencida que, el reclamo en un lugar público y siendo el mismo colectivo y no individual, tendría más fuerza en la sociedad y visibilidad en la prensa. Fué así que, a 6 meses de iniciada la búsqueda, el sábado 30 de abril de 1977, a las 4 y media de la tarde, se congregaron en la Plaza de Mayo : Azucena Villaflor, Josefa de Noia, Raquel de Caimi, Beatriz de Neuhaus, Delicia de González, Raquel Arcusín, Haydeé de García Buela, Mirta de Varavalle, Berta de Brawerman, María Adela Gard de Antokoletz y sus 3 hermanas, Cándida Felicia Gard, María Mercedes Gard y Julia Gard de Piva. Estuvieron 30 minutos y dejaron una nota con pedido de audiencia para el Ministro del Interior, Albano Harguindeguy, en la Casa Rosada. La segunda concentración se realizó el jueves siguiente, quedando ese día como el estipulado para reunirse todas las semanas, pero a las 15:30 hs. Habían nacido las "Madres de Plaza de Mayo". Azucena propuso el lema de éste grupo de mujeres : "Todas por todas y todos son nuestros hijos". La idea de hacer la ronda surgió de casualidad, cuándo en una reunión irrumpió un militar, con la orden de : no detenerse, ni agruparse, hay que circular. " ¡ Circulen, circulen, a ver señoras, no pueden estar quietas en un lugar... circulen, por favor ! " fué el mandato del guardián del orden y, entonces decidieron caminar alrededor de la Plaza. Pero la respuesta al pedido de audiencia, tardó en llegar y, recién fueron recibidas el 11 de julio por el ministro Harguindeguy. Azucena, líder natural, increpó al ministro : "De la Plaza no nos vamos a ir hasta que nos digan dónde están nuestros hijos. Nos vamos a quedar sin piernas de caminar en ésta Plaza, pero ustedes nos tienen que decir dónde están...! El militar, sin perder la serenidad (acostumbrado a dar evasivas), le contestó : "No señora, no pueden estar acá, porque hay estado de sitio". Ella no se quedó atrás e, irónicamente "retrucó" : "Bueno, entonces dennos el patio interior, ¿ no quiere que nos reunamos afuera ? Déjenos entrar acá adentro, pero de acá, de la Casa de Gobierno, no nos vamos a ir..." Para el mes de octubre, decidieron concurrir a la peregrinación a la Virgen de Luján y, para reconocerse entre la multitud, acordaron llevar pañuelos, chalinas, pañales o trapos blancos en la cabeza, ya que irían otras madres de otros puntos del país y por otros medios u objetivos. Ya eran una organización conocida, que llamaba la atención y, eso ponía los "pelos de punta" al gobierno militar. Durante la semana, planeaban reuniones clandestinas para pasarse datos e informaciones nuevas y, para que no se aglomeraran tanto ni levantaran sospechas, se dividieron en zonas, de acuerdo al barrio en el que vivían. En una ocasión se juntaron en el Parque Pereyra Iraola con la "excusa" de celebrar el cumpleaños y jubilación se María Adela Gard (eso argumentarían si caía una requisa por parte de la policía) y, la reunión servía para intercambiar datos e informaciones que estaban "camuflados" en los paquetes de regalos. El 5 de octubre apareció una solicitada avalada por 237 firmas de madres y familiares de desaparecidos en el diario "La Prensa", bajo el título "Sólo pedimos la verdad". El 14 de octubre, las Madres organizaron una marcha para entregar un petitorio, con 24.000 firmas para presentar ante la Comisión de Asesoramiento Legislativo, para solicitar el esclarecimiento del paradero de los desparecidos por el accionar de los grupos de tareas. Fué una marcha masiva, a la que adhirieron otros sectores y, dónde hubo represión policial, con 300 personas detenidas. Las Madres fueron derivadas a la Comisaría 5ta. bajo el cargo de "Escándalo en la vía pública". Luego de varias horas detenidas, fueron liberadas una por una. El 20 de octubre, llegó al país el Secretario de Estado de Estados Unidos y, Azucena instó a sus compañeras a ir a verlo al día siguiente, para visibilizar su reclamo. Sabiendo que no serían recibidas, se organizaron y fueron a la Plaza San Martín a esperarlo. Ya reunidas, con sus pañuelos blancos, gritaban a viva voz : "! Que aparezcan nuestros hijos, que liberen a los secuestrados ¡ Éste accionar y otros anteriores, irritaron al gobierno de facto, que veía crecer éste grupo y, puso a trabajar a la S.I.D.E. (Servicio de Inteligencia del Estado), para desarticularlas. Fué así que, el joven militar de la marina, Alfredo Astiz, se infiltró en las marchas de las Madres, haciéndose pasar por hermano de un joven desaparecido, bajo el falso nombre de Gustavo Niño. Argumentaba que su hermano gemelo, Horacio Eduardo, había sido secuestrado el 25 de marzo de 1976 (un día después del golpe de Estado) y, que su madre discapacitada le pedía que, por favor lo buscara. La ocasión para acercarse fué una misa por el día de la madre en la Iglesia San Nicolás de Bari, a la que acudieron las Madres. El impostor, sabiendo que Azucena era la líder de ellas, se "pegó" inmediatamente a ella, para ganar su confianza. Iba regularmente a las marchas, a veces acompañado por un niño, que decía ser su sobrino y, otras veces por una joven. El espionaje dió sus frutos y fué el principio del fin para varias de las Madres. El 8 de diciembre, Astiz informó que estarían reunidas en la Iglesia Santa Cruz y, de allí saldrían a visitar algunos amigos con el objetivo de juntar fondos para la solicitada que sacarían en el diario "La Nación" y para otras cuestiones. Fueron interceptados y secuestrados por un "grupo de tareas", Ángela Auad, Remo Berardo, Raquel Bullit, Horacio Elbert, Julio Fondovilla, Gabriel Horane, Patricia Oviedo (activistas de derechos humanos) y la monja francesa Alice Domon. Simultáneamente, también secuestraron a María Ponce de Blanco y Esther Ballestrino de Careaga (Madres de Plaza de Mayo) y a Léonie Duquet, otra religiosa gala, relacionada con Domon. Un dato falló en ese "operativo", pues esperaban encontrar también a Azucena Villaflor. Pero ella se encontraba en la casa de Emilio y Chela Mignone, preparando la solicitada, con los nombres de todos los desaparecidos, que publicaría "La Nación". Fué cuándo llegó María del Rosario Cerutti a contarles la infausta noticia. Enteradas de lo sucedido en la Iglesia Santa Cruz, no claudicaron y, Azucena dejó ésta sentencia : "Si me pasa algo, ustedes siguen". Al día siguiente, el 9 de diciembre, llevaron la solicitada al diario, que no se las recibió, porque estaba manuscrita. Inmediatamente, Nora Cortiñas, otra de las Madres, usando a su marido de contacto (trabajaba en el Ministerio de Economía), hizo realizar 5 copias en máquina de escribir. Volvieron con el dinero y las 2500 firmas que avalaban su publicación. Las mujeres aparecían con sus apellidos de casadas, para poder identificar a sus hijos por el apellido. Estaba la firma también del "infiltrado" Gustavo Niño. Quince Madres debieron pedir certificado de domicilio a la policía, para cumplir con las exigencias para la publicación. Se titulaba "Sólo pedimos la verdad" y, estaba dirigida al Presidente, a los altos mandos de las Fuerzas Armadas, a las autoridades eclesiásticas y a la prensa. Tenían sólo monedas para pagar, producto de las colectas para tal fin y, luego de varias negativas, el diario aceptó el pago de esa forma. El 10 de diciembre, día de la publicación, no fué elegida al azar, ya que se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos. Ese día, la ansiedad pudo más que Azucena, ya que quería ver la solicitada en el diario. Muy temprano compró "La Nación" y volvió a su casa para leerlo. No quedó muy conforme, porque una parte estaba borrosa. Antes de las 9 de la mañana, se preparó para hacer las compras para el almuerzo y, le preguntó a su hija Cecilia, aún en cama, que quería comer. Apenas dándose vuelta y balbuceando, ella dijo : "Pescado". Salió y, al llegar a la esquina de su casa, un grupo clandestino de la Armada, le cruzó dos Ford Falcon, con varios hombres. La golpearon y, al querer introducirla a uno de los autos, logró tirarse al suelo y gritó (eso le habían recomendado que hiciera, si le pasaba algo), pero la golpearon aún más. Fué trasladada al centro de detención y tortura que funcionaba en la E.S.M.A. (Escuela de Mecánica de la Armada) y la llevaron a un altillo, dónde depositaban los secuestrados que mantenían más en secreto. Le pusieron una capucha en la cabeza y la ataron de manos. Sin embargo, ella trató de averiguar los nombres de los secuestrados que estaban allí con ella, creyendo que saldría de allí. Esa misma noche la torturaron y volvió al calabozo sin conocimiento. Permaneció aproximadamente una semana en la E.S.M.A. y, junto a otros secuestrados, fueron arrojados vivos al mar desde un avión, en una práctica aberrante, denominada tristemente como "los vuelos de la muerte". Además los "atontaban" inyectándoles previamente una dosis de pentotal. Se supone que los cuerpos fueron arrojados entre el 17 y 18 de diciembre, ya que el 20 de diciembre. aparecieron cadáveres provenientes del mar en las playas de Buenos Aires, a la altura de los balnearios de Santa Teresita y Mar del Tuyú. Médicos policiales determinaron la causa de la muerte con un dictamen tremendo : "choque contra objetos duros desde gran altura", con fracturas óseas, antes de morir por el brutal impacto contra el agua. Sin perder tiempo, las autoridades decidieron enterrar los cuerpos como NN en el cementerio de General Lavalle. Al borde del cinismo, luego del secuestro y desaparición de Azucena y otras Madres, Astiz fingió congoja y quiso unirse a una de las marchas y le dijeron : "Andate, que te van a agarrar". Recién con la vuelta de la democracia, en 1983, con el gobierno de Raúl Alfonsín, comenzó a investigarse todos los abusos a los derechos humanos ocurridos en la dictadura militar. Por ello, el 15 de diciembre de 1983 se conforma la CO.NA.DE.P. (Comisión Nacional de Desaparición de Personas), para investigar la violación a los derechos humanos. En 1984, en el marco de éstas investigaciones y del Juicio a las Juntas, se realizaron excavaciones en el cementerio de General Lavalle, encontrándose gran cantidad de restos óseos, provenientes de cadáveres hallados en las playas de San Bernardo y Lucila del Mar. Esos restos fueron guardados en 16 bolsas. Fué muy importante la tarea del juez Horacio Cattani, quién comenzó a acumular pruebas de los hechos y, a pesar de que las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (que beneficiaron a los militares), que paralizaron las investigaciones, igualmente logró armar varias causas en 1995. Sin embargo, pasaron muchos años para lograr algo de justicia. Recién en el año 2003, el intendente de General Lavalle, informa que se localizaron nuevas tumbas NN en el cementerio, por lo que se realizaron nuevas excavaciones, ésta vez a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Allí descubrieron dos líneas de tumbas (una encima de la otra) y, entre el 16 y 17 de diciembre de 2004 y el 4 de enero de 2005 exhumaron varios cuerpos. Se descubrieron 8 esqueletos (5 de mujeres), 2 de varones y uno calificado como "probablemente masculino". El juez Cattani envió los restos al Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (LIDMO), con sede en Córdoba y, los cotejaron con muestras de sangre de familiares. El 13 de mayo de 2005, el juez Cattani recibió el informe, estableciendo que uno de los esqueletos pertenecía a Azucena Villaflor (también estaban los de María Ponce de Blanco y de Esther Ballestrino de Careaga). Los restos fueron incinerados y sus cenizas enterradas a los pies de la Pirámide de Mayo, en el centro de la Plaza de Mayo, el 8 de diciembre de 2005, luego de una marcha. Sus hijos eligieron el lugar para depositar las cenizas, bajo azucenas blancas y claveles rojos. Sin embargo, mucho tiempo pasó de un silencio obligado acerca del paradero de los restos de Azucena y sus compañeras. Se evidencia ésto por documentos secretos desclasificados en 2002 por Estados Unidos, que prueban que el gobierno estadounidense sabía, desde 1978, que los cuerpos de Alice Domon, Léonie Duquet, María Ponce, Esther Ballestrino y Azucena Villaflor, fueron hallados en la playa. La información secreta y nunca comunicada a Argentina, era un documento dirigido por el embajador de Estados Unidos en Argentina, Raúl Castro, al Secretario de Estado del país del norte, con fecha 30 de marzo de 1978, con el título "Informe sobre monjas muertas" que, entre otras cosas, decía : "... La embajada tiene información confidencial obtenida a través de una fuente protegida del gobierno argentino, de que 7 cuerpos fueron descubiertos hace algunas semanas en la playa atlántica, cerca de Mar del Plata. De acuerdo a ésta fuente, los cuerpos eran de las dos monjas y cinco madres que desaparecieron entre el 8 y 10 de diciembre de 1977. Nuestra fuente confirma que éstos individuos fueron secuestrados por miembros de las fuerzas de seguridad, actuando bajo su amplio mandato contra terroristas y subversivos..." Al principio del informe, se nombra a ambas monjas francesas. La memoria de Azucena Villaflor perdura hasta hoy, ya que en Puerto Madero, una calle lleva su nombre. En 1997, el historiador Enrique Arrosagaray, publicó una biografía denominada "Los Villaflor de Avellaneda" y, desde 2003 se instituye el premio "Azucena Villaflor de De Vincenti" destinado a reconocer a los ciudadanos y/o entidades que se hubiesen destacado por su trayectoria cívica en defensa de los derechos humanos. Azucena Villaflor, ejemplo de lucha y perseverancia, para buscar uno de sus tesoros más preciados : un hijo. Con valentía enfrentó al macabro poder de facto de turno, lo que le costaría su vida. Sin embargo, dejó un legado en las Madres de Plaza de Mayo, de la que fué su principal impulsora y fundadora. Su nombre brillará como un faro, preservando la memoria de una época que, esperemos que no vuelva.
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