EL PETISO OREJUDO, LA MACABRA HISTORIA DE UN ASESINO SERIAL
El destino...palabra ambigua y misteriosa que marca el rumbo de nuestras vidas. Muchas veces decide que pasará con nosotros, sin que lo sepamos, ni imaginemos. Influyen también otros factores que moldearán el recorrido terrenal. Una serie de circunstancias encadenadas que pueden generar resultados o efectos impredecibles. La historia de hoy refiere a Cayetano Santos Godino, el primer asesino serial del país, y tal narración puede encajar en ésta introducción...¿ Qué es un asesino en serie ? Aquel que siempre obra más o menos de la misma forma y con víctimas que comparten características comunes : edad o sexo entre otras cosas. Era uno de los 10 hijos que tuvo la pareja de inmigrantes italiana, conformada por Fiore Godino y Lucía Rufo, quiénes arribaron al puerto de Buenos Aires en 1884, en busca de mejores oportunidades en la incipiente América. Fiore era un padre alcohólico y golpeador que contrajo sífilis en varias oportunidades, lo que influyó en la genética posterior de sus hijos. Cayetano nació el 31 de octubre de 1896, con graves problemas de salud, debido a lo explicado sobre el estado de su padre. Estuvo al borde de la muerte, al padecer enteritis, una diarrea crónica, en la cuál las deposiciones son pastosas o líquidas, varias veces al día, que produce gran debilidad y baja de defensas. Debido a su precario estado de salud permanente, su padre lo golpeaba y maltrataba con frecuencia. Además, su hermano mayor, Antonio, quién era epiléptico, también comenzó a beber y, por ende, también lo golpeaba. Para escapar de eso, vagaba todo el día por la calle. Concurrió a varias escuelas, pero fué expulsado por su falta de interés en el estudio y su comportamiento rebelde. Con sólo 7 años, su mente ya pensaba en hacer sufrir y maltratar hasta el punto máximo, en éste caso, a niños, sus víctimas favoritas. Fué así que, el 28 de septiembre de 1904, a fuerza de engaños, se lleva al pequeño Miguel Depaola, de sólo 2 años a un baldío. Lo golpeó y lo arrojó a un montón de espinas, pero justo pasó un policía, que vió el hecho y lo detuvo. Lo trasladaron a la comisaría más cercana, dónde luego de los trámites de rigor, lo entregaron a su madre. Quedó como una travesura, nadie se imaginaba lo que en esa mente comenzaba a gestarse. Al año siguiente, en 1905, su víctima fué la pequeña Ana Neri, de 1 año y medio. Nuevamente fué a un baldío y comenzó a golpearla repetidamente en la cabeza con una piedra. Como un calco de lo anterior, un policía llega a tiempo y salva a la niña. Otra vez a la comisaría y es liberado por su corta edad. Su primer crimen lo comete el 29 de marzo de 1906, cuándo aún tenía 9 años, pero el mismo pasó desapercibido. ¿ Porqué fué ésto ? Porque el asesino confesó mucho después. La crónica de la época dice que la pequeña María Rosa Face, de 3 años, fué llevada a un baldío por Cayetano y allí quiso estrangularla. No pudo hacerlo y la enterró viva en una zanja y la cubrió con latas. El agresor, meses después confesó el crimen y marcó el lugar donde ocurrió todo. La policía concurrió allí y...ya habían edificado una casa de 2 pisos..!!! La niña nunca fué encontrada, aunque en los registros de la policía figura una denuncia por desaparición de ésta pequeña, justamente el 29 de marzo. A pesar de su confesión, no había pruebas terminantes para encerrarlo. Estaba descontrolado y, su propio padre, el 5 de abril, lo denuncia por martirizar las aves domésticas de la casa. Aparece un pájaro muerto en un zapato y, debajo de su cama, había una caja con varios cadáveres de aves. Impresiona el texto de la denuncia, que dice : "...Cayetano, de 9 años y 5 meses, el cuál es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos, que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a ésta Policía para que lo recluya dónde crea oportuno y para el tiempo que quieran". Con asombro, el Comisario Francisco Laguarda recibió y firmó acuse de recibo de la insólita denuncia. Fué recluído 2 meses y, no sirvió para nada. Volvió a las calles a vagar, y la escuela se transformó en un lejano recuerdo. El 9 de septiembre de 1908, retoma sus andanzas y lleva al niño Severino González Caló, de 2 años, a una bodega ubicada frente a un colegio. Allí, lo sumerge en una pileta donde bebían los caballos y luego lo cubrió con una tabla para ahogarlo. La providencia quiso que el dueño de la bodega, Zacarías Caviglia, llegara en ese momento. Manipulador, Cayetano le dice que al niño lo había llevado hasta ahí una mujer vestida de negro y además la describió. Película repetida : lo llevan a la comisaría y al día siguiente, lo liberan. Una semana después, quema con un cigarrillo los párpados de Julio Botte, de sólo 22 meses, pero es descubierto por la madre de éste y huye. La situación era insostenible y, cansados, los padres, lo entregan nuevamente a la policía. Cayetano tiene 12 años y es alojado en la Colonia de Menores de Marcos Paz, dónde estuvo 3 temporadas. En ese período, va a la escuela, aprende a leer y escribir un poco. El 23 de diciembre de 1911, antes de Navidad, es liberado, pero está más frío y calculador, su maldad, lejos de atenuarse, aumentó. Le consiguen un trabajo en una fábrica, pero dura 3 meses y es despedido por problemas de conducta. Ya adolescente, con 15 años, la calle sigue siendo su lugar en el mundo y, comienza a frecuentar lugares poco recomendables, dónde comienza a beber. Ésto le trae fuertes dolores de cabeza y esa irritación se traduce en ganas de matar. Cada vez que vuelve a su casa a dormir, su madre lo trata de curar con paños fríos en su cabeza y frente. Ya era conocido por su apodo que lo haría eterno : "El Petiso Orejudo", dado el enorme volumen de sus orejas. El 17 de enero de 1912, comienza a desarrollar su otra debilidad : causar incendios. Ese día ingresa a una bodega y le prende fuego. Tras 4 horas de arduo trabajo, los bomberos sofocan el siniestro. En el colmo del cinismo, luego declararía : "Me gusta ver trabajar a los bomberos. Es lindo ver como caen en el fuego". Diez días después comete su segunda asesinato. La víctima es Arturo Laurora, de 13 años. Su cadáver apareció golpeado y semidesnudo en una vivienda que se alquilaba. Además, tenía un cordel o piolín rodeando su cuello. "El Petiso Orejudo" confesaría el crimen casi un año después. El 7 de marzo, su víctima fué la niña Reyna Bonita Vainicoff, a quién le prendió fuego a su ropa. Agonizó 16 días y murió en el Hospital de Niños. Luego, produciría 2 incendios más, sin consecuencias. Meses después consigue trabajo en una bodega, perteneciente a Paulino Gómez, y allí, mata de 3 puñaladas a una yegua. No hubo pruebas suficientes de su autoría y es liberado. Obviamente, pierde su trabajo. Luego, una estación de tranvías es incendiada por él, sin consecuencias. No podía parar de hacer daño y, el 8 de noviembre, convence a Roberto Russo, de 2 años, para ir a un almacén a comprar caramelos. Sin embargo, llega a un alfalfar, le ata los pies y lo ahorca con un trozo de cuerda que usa para atarse los pantalones. En el momento, pasa un peón, quién lo detiene y lo entrega, pero Cayetano miente, diciendo que encontró atado al niño e iba a liberarlo. Lo dejan ir, una vez más, por falta de mérito. Como una sucesión de hechos idénticos, el 16 y el 20 de noviembre intenta golpear en un baldío a Carmen Ghittone, de 3 años primero y a Catalina Naulener, de 5 años después. En ambos casos, la llegada providencial de alguien, le impide cumplir su cometido y huye. Finalmente, el 3 de diciembre cometerá el crimen más horrendo y que sería el punto final de su historia criminal. Como todos los días, luego de desayunar, Gesualdo Giordano, de 3 años, salió a la vereda a jugar con sus amiguitos. "El Petiso Orejudo", como siempre, vagaba por las calles y, divisa una presa más que fácil y apetecible. Disimulando, se acerca a los niños, se gana su confianza y, convence a Gesualdo para que lo acompañe a comprar caramelos. Previamente, había intentado lo mismo con Marta Pelossi, de 2 años, que, asustada, se fué a su casa. Compran 2 centavos de caramelos de chocolate y, el niño le pide. Le da algunos, a cambio de que lo acompañe a un lugar, que es la Quinta Moreno. Al llegar, el niño comienza a llorar y se resiste a entrar, pero él lo zamarrea con violencia y lo hace ingresar. Allí, lo arrincona contra un horno de ladrillos, lo voltea y le pone la rodilla en el pecho. Con el piolín que sostiene el pantalón, le enrolla el cuello, dando 13 vueltas y lo estrangula. Gesualdo, increíblemente, resiste, lucha, queriéndose levantar, por lo que lo ata de pies y manos y va a buscar algún objeto contundente para lograr su cometido. Mientras husmea, fuera de la quinta, aparece el padre del niño, que está buscándolo. Éste le pregunta si no lo vió y Cayetano le responde negativamente y, le sugiere que vaya a la comisaría a hacer la denuncia. Al irse el padre, encuentra el "arma homicida" : un clavo de 10 cms (4 pulgadas) y, desata su furia sobre Gesualdo. Usando una piedra como martillo, le hundió el clavo en la sien al pequeño. Luego lo tapó con un chapa de zinc y huyó. El pobre niño murió de la manera más cruenta y, al día siguiente, mientras lo velaban en su casa, Cayetano llegó al lugar, en otra muestra del más puro cinismo y perversión. Se acercó al ataúd y, por primera y única vez, el remordimiento invadió su conciencia, rompió en llanto al verlo y salió corriendo. Luego, declararía que fué al velorio porque quería ver si aún tenía el clavo incrustado. Fué su final. El subcomisario Preire y el principal Bassetti ataron cabos y concluyeron que "El Petiso Orejudo" era el asesino. A la madrugada allanaron su casa y lo arrestaron. En sus bolsillos encontraron un artículo del diario sobre el asesinato y restos del piolín con que quiso ahorcar a Gesualdo. Al ser detenido, confesó 4 homicidios (todos niños) y muchas tentativas. En noviembre de 1914, el juez Ramos Mejía lo absolvió por considerarlo penalmente irresponsable y remitió las actuaciones para internarlo por tiempo indefinido. Fué recluído en el Hospicio de Mercedes, en el pabellón de alienados delincuentes. Estando allí, atacó a un inválido en cama y a otro en silla de ruedas y, luego, intentó huir. Finalmente, luego de una apelación presentada, la Cámara de Apelaciones en lo Criminal resolvió confinarlo en una prisión por tiempo indeterminado, la Penitenciaría Nacional. Allí estuvo 10 años y, en 1923 lo trasladaron al Penal de Ushuaia, conocida como la "Cárcel del Fin del Mundo". En una decisión que aún sorprende, por lo inverosímil, los médicos del penal creían que la maldad de Godino radicaba en el enorme tamaño de sus orejas y recomendaban una cirugía para achicarlas. Obviamente, la operación no funcionó. En 1933, tiró al gato mascota del penal a los leños del fuego y, por ello, los otros reclusos lo golpearon tanto que tardó más de 20 días en salir del hospital. En 1936, pidió la libertad, pero se la negaron, ya que el informe psicológico fué lapidario : "es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso, instintivo, extremadamente peligroso para quiénes lo rodean". Otros informes anteriores fueron igual de lapidarios, rozando la humillación en los escritos. Por ejemplo : "No sabe leer, solo firmar. Su suma de conocimientos generales son muy malos, por lo que es inadaptable para la enseñanza común (sólo tendría una posibilidad si es en forma individual). Priman en él instintos primarios de la vida animal, es agresivo, sin sentimientos e inhibición. Su alineación mental reviste la forma de imbecilidad, incurable, irresponsable de sus actos. Debe permanecer indefinidamente aislado en el manicomio donde está. Padece idiotez afectiva". En una entrevista psicológica, le preguntaron : ¿ siente usted remordimientos por lo que ha hecho ? No entiendo, fué su lacónica respuesta. Su última carta la recibió en 1923, meses después de ser trasladado a Ushuaia y no recibió jamás visitas. Se dice que trabajó en el penal por 2 centavos diarios. Murió el 15 de noviembre de 1944, a un mes de cumplir 48 años, aunque hay dos versiones de su deceso : una dice que fué una hemorragia interna causada por una úlcera gastrointestinal y la más difundida asegura que lo mataron a golpes los otros presos porque mató al gato que era mascota del penal (antes lo había hecho con otro). También se asegura que los otros reclusos lo maltrataban, sabiendo de su pasado, e incluso lo violaban. El penal fué definitivamente cerrado en 1947 y hoy es un museo, dónde hay murales, fotos y estatuas de cera del "Petiso Orejudo". Cuándo el cementerio fué removido, tras el cierre, no se encontraron los huesos de Godino, ya que habían sido saqueados. "El Petiso Orejudo", una vida tormentosa, marcada por el deseo de matar, proveniente de una infancia infeliz, que lo marcó para siempre. Su maldad, única e inigualable, quedó eternamente en las páginas más negras de la historia policial nacional. Tal vez, su deceso, solo y olvidado, en un lugar con un nombre emblemático y su posterior "desaparición", sea el final más acorde a su triste leyenda.
Comentarios
Publicar un comentario